Los Carros de Combate en la Guerra Civil

Los Carros de Combate en la Guerra Civil

Renault FT-17 en el Museo de Carros de El Goloso.
Renault FT-17 en el Museo de Carros de El Goloso. Fuente: Wikipedia.

 

Los Carros de Combate en la Guerra Civil

¿Fue la Guerra Civil un polígono de experiencias de cara a la Segunda Guerra Mundial en el ámbito de la mecanización?

 

En primer lugar vaya por delante lo que ya he dicho alguna vez, que la historia y evolución de los carros de combate y la mecanización en España han sido una prueba palpable y continua de negligencia y trato despectivo hacia los medios mecanizados por parte del Ejército, cuando no de incompetencia contumaz. Lo dije hace mucho tiempo ya, en un acto público de presentación de un libro mío, por parte del entonces secretario de Estado, y hoy ministro en funciones, Sr. Morenés, y lo ratifico ahora una vez más. Todo tiene su explicación.

La Guerra Civil, contrariamente a como algunos autores sostienen, no fue ni el primer acto de la contienda mundial que estaba por venir, ni ningún laboratorio experimental de nada. Otra cosa es que dado su alargamiento en el tiempo, cosa que inicialmente nadie esperaba, sirviera para experimentos y sacar conclusiones sobre procedimientos, armamentos y métodos. Pero, con cáracter general, se puede afirmar que los beneficiarios no fueron los españoles sino las potencias que habían aportado los diferentes medios, y no siempre, ni en la dirección apropiada.

Curiosamente, ninguno de los bandos enfrentados, ni los Nacionales ni los Republicanos, solicitaron medios acorazados ni blindados, en sus peticiones de ayuda y suministro de armamentos a los países que, finalmente, accedieron a proporcionar tal ayuda; solamente tres, a fin de cuentas: Italia, Alemania, y la Unión Soviética.

El pensamiento militar al respecto en el Ejército español, en 1936, estaba bastante retrasado (y en alguna manera no muy diferente del actual). Solamente había dos regimientos de carros, adscritos al arma de Infantería: el Regimiento de Carros de Combate núm. 1, en Madrid, y el Regimiento núm. 2, en Zaragoza, que, en total, desplegaban únicamente, entre los dos, diez carros Renault FT-17, totalmente obsoletos y en dudoso estado de operatividad. La Caballería estaba totalmente montada a caballo, aunque se había dotado experimentalmente al regimiento de Aranjuez con algunas autoametralladoras rudimentarias sobre ruedas, idénticas a las utilizadas por las fuerzas de orden public, pero ni había doctrina de empleo de los medios blindados ni nada parecido.

Es cierto, como dice Martinez de Merlo, que era algo muy novedoso y que no había experiencia en su uso, pero como dijo alguien: ni tanto ni tan calvo. El desinterés por el tema era algo endémico en el Ejército. Los carros Renault habían sido adquiridos directamente en Francia a principios de los años 1920 y desde entonces prácticamente no se había hecho nada. Se emplearon sin mucho éxito en la Guerra de Marruecos y tomaron parte en el desembarco de Alhucemas, pero nada más.

También es cierto que las condiciones económicas, industriales y políticas de España entonces no permitían demasiadas alegrías. Y aunque alguien tuvo la idea de fabricar una versión española del carro Renault,y en Trubia se hizo algo, los sectores de automoción, la siderurgia, la fabricación de municiones especiales, blindajes e incluso de óptica especializada, estaban muy atrasados o simplemente no existían, y era prácticamente imposible desarrollar nada serio. Los políticos del momento no querían ni oir hablar de lo militar y modernizar el Ejército no entraba en sus propósitos. Quizás no era todo esto muy diferente a la actualidad, lo dejo a la reflexión de los lectores.

En el Ejército el pensamiento dedicado a la mecanización y los carros era muy escaso. Algunos jovenes oficiales escribían al respecto, sin demasiado eco. Oficiales de mayor graduación, como el Coronel Beigbeder, futuro ministro de Asuntos Exteriores trás la Guerra Civil, desde su puesto de agregado militar en Berlin, sostenían que había que mantener un equilibrio entre mecanización y unidades con ganado, dudando mucho de la eficacia real de los primeros carros de combate que se observaban en Alemania. Monasterio, jinete a ultranza donde los haya, llegaba a afirmar que era una cobardía escudarse tras un blindaje para combatir al enemigo, aunque luego reconocía que se iban a necesitar carros de combate en el futuro y que estos podrían devolver a la Caballería su papel en el combate, pero sin renunciar completamente al caballo.

Los escritos y teorías de Fuller, Hobart o Liddell-Hart no se leían apenas en el Ejército. Franco nunca se pronunció al respecto, ni siquiera en su época de director de la Academia General Militar. Yagüe, que había seguido las campañas italianas en Abisinia, sí llegó a solicitar carros en su avance de recta final hacia Madrid, en 1936. Al igual que solicitaba constantemente aviación sobre su columna. Quizás el único que se interesó con mayor seriedad por la mecanización fue Vicente Rojo, desde su puesto de profesor en la Academia de Infantería, en Toledo, y luego en la Escuela de Estado Mayor, en Madrid. Pero Vicente Rojo en 1936 era solo comandante, y los Republicanos no le prestaban excesiva atención. Aún así, fue Vicente Rojo quien impulsó las ideas de ofensiva con empleo de carros en Brunete, Teruel e incluso en el Ebro, aunque sin éxito, pero eso era debido a otros motivos.

En este marco no hay que sorprenderse de que las peticiones de ayuda iniciales de los beligerantes no incluyeran medios blindados. Franco solicitó de Italia y Alemania, sobre todo aviones, para transportar el Ejército de África a la Peninsula; ni siquiera pidió personal aunque Italia mandó a sus soldados. Los Republicanos pidieron igualmente a Francia, y a la Unión Soviética, aviones, armas ligeras y artillería. El envío de las brigadas internacionales fue decisión de la Comintern. En alguna forma se puede afirmar que la Guerra Civil se internacionalizó desde los primeros momentos, pero poco más. La decisión de enviar medios blindados a España la tomaron esencialmente las propias potencias que decidieron conceder la ayuda solicitada.

Los primeros en enviar carros de combate a la España Nacional fueron los italianos. Una sección de cinco carros Fiat L3 CV33 al completo, con dotación y personal italianos, llegó al Puerto de Vigo, el 26 de Agosto de 1936. Da idea de la ignorancia reinante en el propio Ejército Nacional el hecho de que esta pequeña unidad, inicialmente, fuese encuadrada administrativamente en un regimiento de artillería, a la sazón en Valladolid. En total, Italia envió un total de 155 carros ligeros Fiat L3 CV33/35 a lo largo de la guerra, básicamente todos del mismo tipo, a excepción de algunos carros lanzallamas, una innovación notable,también sobre el mismo chasis del L3. Exceptuando los momentos iniciales, y ya desde enero de 1937, todos los carros italianos estuvieron integrados bajo mando italiano, en el marco del Cuerpo de Tropas Voluntarias italianas (CTV), aunque hubo tripulaciones mixtas, italianas y españolas.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 41 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

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