El Futuro de la Caballería (I)

El Futuro de la Caballería (I)

Leopard 2A6M en Afganistán
Leopard 2A6M en Afganistán. Fuente: Defenceindustridaily.com

 

El futuro de la Caballería (I)

¿Un arma todavía necesaria?

 

“No cabe duda que las operaciones y procedimientos propios de la Caballería son cada vez más difíciles; el conocimiento perfecto del terreno es absolutamente necesario, y la capacidad para comprender y evaluar la situación rápidamente, junto con un espíritu audaz e iniciativa en todo momento, representan la esencia de la Caballería “

Mauricio de Sajonia (“Mes Rêveries“, 1732)

 

 

Con plena actualidad, las palabras de Mauricio de Sajonia son perfectamente aplicables a la realidad del momento que vivimos. Precisamente cuando casi hemos convertido a las Armas en meras especialidades de un Cuerpo General aun no muy bien definido ni comprendido que, en realidad, no responde nada bien ni a las tradiciones ni al espíritu mismo del Ejercito español, el hablar del papel y misiones de la Caballería en el siglo XXI, puede parecer un contrasentido totalmente carente de objetividad.

 

Sin embargo, nada más lejos de la verdad, ya que de manera cada vez más exigente, en el marco de ese Ejército moderno, eficaz, pequeño pero profesional, que debería ser, la Caballería está llamada a jugar un papel esencial y determinante, si se pretende que el Ejercito sea un instrumento eficaz y funcional.

Otra cosa es la realidad, y lo que verdaderamente pretenden quienes gobiernan y rigen la defensa nacional en España. Para el Arma de Caballería, en general, el siglo XX ha sido una etapa muy compleja en la que, a causa de los avances de la técnica, ha pasado del caballo al carro de combate y al helicóptero, todo ello en muy pocos años.

La Caballería que, pese a su nombre, no nació con el caballo sino con la rueda, una vez más tiene que elegir hoy aquellos medios que mejor garanticen el cumplimiento de sus misiones. Por encima de la natural añoranza de los viejos jinetes –entre los que me considero-, subsiste la realidad comentada por el general británico “Boney” Fuller de que:

“Nunca estuvo la esencia de la Caballería en luchar a caballo”.

Esta evolución no ha sido por doquier simultánea ni homogénea, y se puede constatar, por ejemplo, un creciente desfase entre los cambios efectuados en la Caballería española respecto a las de otras naciones europeas. Quizás no sea del todo ajena a este fenómeno la neutralidad de España en ambos conflictos mundiales, de cuya experiencia se ha aprovechado siempre tarde y mal.

Carga de Caballería obra de José Cusachs Cusach
Carga de Caballería obra de José Cusachs Cusach

Durante la Primera Guerra Mundial, la enorme potencia de fuego de las armas, reforzadas por los obstáculos naturales, condujo a la estabilización de los frentes y, consecuentemente, a modificar de modo radical el uso de la Caballería. Con todo, y lamentablemente, la Caballería española se quedó cada vez más retrasada. La testarudez de algunos de nuestros jinetes, que sobrevaloraron al caballo en detrimento de los demás medios, la mala interpretación de las experiencias de la Primera Guerra Mundial por el Estado Mayor y la cúpula militar, así como la acción destructora de algunos gobiernos de la Segunda República, que emprendieron importantes reformas orgánicas del Cuerpo de Oficiales pero que nunca pretendieron potenciar las posibilidades del Arma, fueron las principales causas de este atraso. Nada que no sea ajeno a la realidad actual.

Si bien fue Francia, durante la Primera Guerra Mundial, la primera nación que formularía el concepto de autoametralladora (un vehículo ligero, dotado o no de blindaje y cuyo armamento es, por lo menos, una ametralladora), el Ejército español ya había considerado desde 1909 el empleo de vehículos similares. Aunque las primeras orientaciones sobre el empleo táctico de estos vehículos se redactaron en Francia en septiembre de 1916, no será hasta 1921 cuando el Ejército francés dispondrá de unas Instrucciones provisionales sobre el Empleo y la Maniobra de las Unidades de Autoametralladoras de Caballería.

Fue la orgánica reflejada en las citadas instrucciones la que copiaría el Ejército español cuando se decidió dotar al Arma de Caballería de una unidad de este tipo. Y en 1924 comenzó a fraguarse en España la idea de disponer de unidades de esta clase y en la Doctrina para el Empleo de las Armas y los Servicios publicada ese mismo año, se determinaba la constitución de las mismas como:

“…elementos pertenecientes a agrupaciones de orden superior a las de regimiento, organizadas en escuadrones sueltos compuestos de P.M. (Plana Mayor) y cuatro secciones, a cuatro automóviles de combate..”.

Cuatro años después se publicó en España el “Reglamento de Organización y Preparación del Terreno para el Combate” donde, todavía sin concretarse nada en la realidad, se descendía más al detalle y se proponía ya la constitución de un Grupo a base de cuatro escuadrones, con cuatro secciones y cuatro vehículos por sección. Nada mal para la época. Mediante una orden circular posterior, de fecha 16 de septiembre de 1932, se concretaba ya la dotación completa de vehículos, incluyendo tanto los de combate como los de apoyo.

El automóvil blindado británico Lanchester de 1914 no era sino un Rolls Soyce modificado.
El automóvil blindado británico Lanchester de
1914 no era sino un Rolls Soyce modificado.

De este modo se llegó a 1936, momento en el que, si todo el Ejército era una especie de esqueleto, mucho más lo eran las Unidades de Caballería que, en realidad, no existían. Las dificultades para su organización fueron grandes e insalvables, pues se decía que era un Arma cara y se carecía de dinero. ¿Alguien ha oído ya esto? Así, mientras todos los países van desmontando sus escuadrones para convertirlos en unidades acorazadas, la única División de Caballería española existente mantuvo una organización similar a la de 1928.

En lo referente al material, al iniciarse la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, solo se disponía de doce vehículos blindados de ruedas, cantidad con la que apenas se completaba un escuadrón. A lo largo de la contienda la unidad no llegó a actuar como tal, y durante la Guerra Civil no fueron constituidas unidades acorazadas de Caballería, aunque algunos vehículos blindados desempeñaran misiones propias del Arma. Hubo que esperar al periodo de postguerra para ver la creación de esta nueva clase de unidad.

En 1940, recientemente finalizada la Guerra Civil, la situación general en España no era precisamente de bonanza. Se estaba en vías de reconstruir una nación devastada por la reciente contienda, tanto en la infraestructura civil como en la social y a pesar de la militarización en vigor, no había muchos recursos para acometer grandes programas ni grandes transformaciones en el Ejército; lo que es más, se había organizado un Servicio de Recuperación de Material y en lugar de adquirir medios y equipos más modernos se trataba de incorporar al Ejército todo aquel material abandonado y capturado al bando derrotado que fuera susceptible de ser reutilizado.

El resultado era un pandemonium logístico incalculable que restaba prácticamente toda operatividad y que, de hecho, convertía a las unidades del Ejército en poco más que unidades de guarnición, de limitada eficacia, que llegaba poco más allá de servir para garantizar el orden interno y dar imagen de presencia.

Naturalmente, muy pocos mandos se atrevían a plantear la realidad. El Ejército, a pesar de la situación, gozaba de una moral muy alta, vivía las mieles de la victoria obtenida sobre el Ejército republicano y no se tomaba muy
en serio el asimilar las enseñanzas obtenidas en la reciente campaña sobre Polonia –que había abierto la Segunda Guerra Mundial-, ni en la fulgurante victoria alemana en el frente occidental.

Es bien cierto que los ejércitos solamente aprenden con las derrotas y que la victoria enseña más bien poco y así para un amplio sector de mandos de la Caballería española –y en general del Estado Mayor y de todo el Ejército-, en la gran contienda en curso en Europa, y que pronto se iba a extender globalmente, había poco o nada que aprender.

Caballería Legionaria por Agustín Ferrer Dalmau.
Caballería Legionaria por Agustín Ferrer Dalmau.

Prácticamente la Caballería siguió toda a caballo, sin más modificaciones que la dotación de los Regimientos de Dragones, a lo largo de 1940, con material italiano, los carros ligeros Fiat L3 utilizados durante la Guerra Civil, y ruso –las autoametralladoras BA-3/6 y algunos carros T-26-, que realmente no eran dignos, en ningún caso, del nombre de carros, aunque pueda considerarse este hecho, sin embargo, como el principio de la Caballería Acorazada en España.

Finalizada la Guerra Civil, el grueso del Arma de Caballería se reorganizó en dos grandes bloques. Por un lado se constituyó una División de Caballería y, por otro, un conjunto de unidades de exploración y explotación del éxito para las grandes unidades tipo Cuerpo de Ejército en las que se había organizado el Ejército de la pos-guerra.

Hasta finales de la década de los 40 las unidades fueron modificándose, cambiando su denominación, su entidad y su orgánica, si bien no se produjeron modificaciones sustanciales en su equipamiento, tal y como veremos a continuación. Quizás el único cambio relevante en lo referente a unidades acorazadas se produjo en 1943 cuando, como consecuencia de la visita de una comisión del Ejército a Alemania, se decidió crear una gran unidad totalmente blindada, la División Acorazada Nº 1. Encuadrada dentro de la Reserva General, esta unidad –sin embargo de Infantería-, contaba con un grupo de exploración entre sus unidades subordinadas.

El modelo alemán de organización de unidades acorazadas era, posiblemente, uno de los menos adecuados para el Arma de Caballería por el papel marginal que se le asignaba, y por la concentración de los medios acorazados en las unidades de Infantería, pero fue el que se siguió en España, de alguna manera.

Fiat L3/33, algunos de los primeros carros de combate que se utilizaron en España
Fiat L3/33, algunos de los primeros carros de combate que se utilizaron en España

Hasta 1953-1954, y gracias a los “Acuerdos hispano-norteamericanos”, no vio la Caballería española el inicio de su mecanización. El caballo fue sustituido definitivamente por el carro de combate y los elementos mecanizados. No obstante, se fue haciendo de un modo progresivo y no llegó a ser una realidad total hasta 1965 y ya, de algún
modo, casi con la organización actual.

Al principio, la idea no fue compartida en las altas esferas del Ejército, e incluso del Arma, donde existía la opinión de que la Caballería debía estar ligada al caballo de una manera indisoluble y debía desaparecer con él para dar paso a una nueva Arma Acorazada. Sin embargo, las dificultades fueron tan grandes -el Arma Acorazada probablemente habría absorbido al Arma de Caballería o se habría constituido independientemente de ésta en el peor de los casos- que se optó por organizar, dentro de Infantería y Caballería, unidades acorazadas de forma parecida a lo ocurrido también, por poner un ejemplo, en el Ejército italiano.

El fin del aislamiento diplomático de España en 1953 estuvo motivado en gran parte por la reciente Guerra de Corea y por la constatación clara y sin equívocos de los Estados Unidos de que, al final, y después de todo, la Unión Soviética era su adversario y una grave amenaza para sus intereses, ante lo cual no podía prescindir de ninguno de sus potenciales aliados y menos de un país como España que ocupaba un lugar geoestratégico tan relevante ya fuera de cara al Océano Atlántico como al Mediterráneo Occidental.

Washington aceptó, como concesión a otros aliados europeos, que no se aprobase el ingreso de España en la OTAN –al menos mientras perdurase el régimen del General Franco-, pero compensó esta contrariedad con unos acuerdos militares bilaterales que, en el fondo, le resultaban mucho más productivos mientras que para España suponían volver a ser aceptada en la comunidad internacional y, de alguna forma, significaban un reconocimiento de su régimen político.

M-47 Patton del Regimiento Alcántara
M-47 Patton del Regimiento Alcántara

Para el Ejército español, los acuerdos supusieron un gran paso adelante y aún cuando mucho equipo y material que se recibió no era el último grito, una parte importante era material moderno que venía utilizando el propio Ejército norteamericano, y otros ejércitos europeos, como fueron los carros M-47 que, contrariamente a como se ha escrito muchas veces, no habían participado en combate en Corea, y en 1953 eran el carro más moderno en toda la OTAN, o los aviones de caza F-86 Sabre que eran el primer avión de reacción con que contaba por primera vez el Ejército del Aire.

Los acuerdos defensivos con los Estados Unidos han venido prorrogándose sucesivamente en el tiempo hasta nuestros días, incluso tomando ya forma de Tratado, aunque en la actualidad han perdido mucho de su sentido al estar ya España firmemente imbricada en las estructuras defensivas y políticas del mundo occidental.

En septiembre de 1953 se firmaron los Acuerdos bilaterales defensivos con los Estados Unidos que permitieron la modernización de las Fuerzas Armadas españolas y la renovación de su material acorazado, entre otros aspectos, y se equipó con carros ligeros M-24 Chaffee a los Regimientos de Dragones de Caballería, retirándose definitivamente del servicio los más que obsoletos Fiat L3. Esta fecha puede considerarse como el verdadero comienzo de la mecanización y la coraza para el Arma de Caballería española.

En 1957 se creó la División Experimental de Infantería, siguiendo el modelo americano, que contaba con un Batallón de Carros Medios de Infantería y una Agrupación Blindada de Caballería dotada con carros ligeros M-24 y carros medios M-47 Patton.

En 1958 se habían equipado ya tres de estas Divisiones Experimentales, lo que mostraba un considerable esfuerzo en la modernización del Ejército de Tierra. En África, en algún momento inmediato a la Campaña de Ifni, pero posteriormente al conflicto, ya en 1958, se llegó a disponer también de carros ligeros norteamericanos M-24 y M-41 Walker Bulldog, pero éstos pertenecían a las unidades de Caballería destacadas en la zona –dos Grupos de Exploración expedicionarios pertenecientes a los Regimientos Santiago 1 y Pavía 4-, y su permanencia fue solamente temporal, al igual que la de los otros medios acorazados destacados –carriers semiorugas M-3 y otros-, que finalmente regresaron a la Península.

Panhard AML 90
Panhard AML 90

Aparte de estas unidades y de la División Acorazada ya existente, se constituyeron también una División de Caballería con cuatro Regimientos Mecanizados y una Brigada de Caballería independientes y en en agosto de 1958, con base en la compra en Francia de autoametralladoras-cañón norteamericanas M-8 Greyhound, de ruedas de segunda mano. Se constituyeron en el Sáhara los Grupos Ligeros Blindados de Caballería I y II, que pasan a sustituir a las unidades de Caballería expedicionarias, integrándose en la Legión, y que pasaron a denominarse Grupos Ligeros Saharianos en 1966, desplegando en El Aaiún –el GLS I-, en el seno del Tercio III Juan de Austria, y en Villa Cisneros –el GLS II, encuadrado en el Tercio IV Alejandro Farnesio.

En ese mismo año 1966 se recibieron las autoametralladoras Panhard AML (Auto Mitrailleuse Légère) 245, vehículo también en servicio entonces en el Ejército francés, y que gozaba de excelente reputación, aunque nos parezcan un juguete. Los vehículos recibidos eran de 2 tipos: AML H 90 y AML H 60. La primera disponía de una torre considerablemente más amplia que la segunda e iba armada con un cañón de 90/33 mm. de baja presión dotado de freno de boca-, con municiones perforantes contracarro de carga hueca y de alto explosivo rompedor, mientras que la segunda contaba con un armamento principal a base de un mortero ligero, de retrocarga, de 60 mms., que al contrario de lo que sucedía con el cañón nunca resultó de gran utilidad, sobre todo dado su reducido alcance. Ambos vehículos contaban con sendas ametralladoras coaxiales de 7,62 mm. F1, francesas, como armamento secundario, y disponían de un pequeño proyector de luz blanca para señalamiento de objetivos en combate nocturno. En cualquier caso desarrollaron un excelente papel como medios de patrulla, en misiones de exploración y reconocimiento. Hasta 1970, fueron el único medio acorazado moderno desplegado en el Sáhara.

M-41 Walker Bulldog
M-41 Walker Bulldog.

Posteriormente se adquirieron más vehículos de este tipo que equiparían a otras unidades del Arma en la Península y archipiélagos. En total, con los acuerdos bilaterales con los Estados Unidos, se recibirían a partir de 1953, y hasta principios de los años 70, más de 400 carros M-47, del orden de 120 carros ligeros M-24 y M-41, unos 110 M-48 –éstos ya a mediados de los 60-, y unos 30 carros de recuperación M-74.

Posteriormente, hacia 1970, se recibirían más carros ligeros M-41. Cuando comienza la década de los 70, la Caballería española ya está totalmente mecanizada, cuando no acorazada por completo si se quiere ser totalmente estricto, pero ya no hay dudas de cómo debe ser la moderna Caballería. Se había tardado 30 años en llevarlo a la práctica en relación con lo aplicado en otros ejércitos occidentales y la culpa no ha sido entera del Arma, las circunstancias que ha vivido España han sido ciertamente peculiares y el Ejército de Tierra ha pagado también su precio. La Caballería simplemente ha sido sacrificada y ha hecho honor, eso sí, sin necesidad, a su nombre: el Arma del sacrificio.

La Infantería, en cambio, sí ha mecanizado un buen número de unidades y los mejores batallones y regimientos de carros son regimientos de Infantería. No importa, lo que cuenta es el resultado y que la mecanización y la coraza se hayan introducido por fin en el Ejército.

No obstante, en 1970 el material empieza a presentar ya signos de obsolescencia. Prácticamente nada se ha hecho desde 1953 y los carros y vehículos recibidos entonces, acumulan ya casi 20 años de servicio ininterrumpido con un sistema de mantenimiento del que ciertamente no se puede estar orgulloso aunque se haya hecho lo que se haya podido y las carencias se hayan suplido con el celo. Esta deficiencia pronto se hará patente cuando se introduzca un nuevo material, que en aquellas fechas pasaba por ser de lo mejor en el mercado y que ciertamente representaba un notable avance con relación al material norteamericano recibido en 1953: el carro de combate francés AMX-30.

AMX-30E español expuesto en el Museo de Unidades Acorazadas de la Base de El Goloso (Madrid).
AMX-30E español expuesto en el Museo de Unidades Acorazadas de la Base de El Goloso (Madrid).

Los años 70 no fueron, en ningún caso, años fáciles. A la desaparición del General Franco, se unieron el abandono del Sáhara –en forma no muy honrosa para el Ejército-, y los comienzos de un nuevo orden social que, afortunadamente, se produjo en forma bastante moderada y con una transición que iba a ser el comienzo del desmantelamiento del Ejército.

Los años ’80 fueron años complicados para el Ejército, y la Caballería no iba a ser una excepción. A los primeros balbuceos de la recientemente introducida democracia se añadieron los coletazos provocados por el intento de golpe de Estado del 23-F, el ingreso en la OTAN y el referéndum consiguiente, y también el ingreso en la Comunidad Europea. Todo ello provocaba no poca desorientación y el Ejército trataba de mantenerse a flote en un mar agitado, sin saber muy bien cuál era su rumbo.

El ex-Ministro de Defensa Narcís Serra
El ex-Ministro de Defensa Narcís Serra. Fuente: Wikimedia Commons.

En 1982 subió al poder el primer gobierno socialista que volvía a gobernar España desde los tiempos de la República. La tensión entre el Gobierno y el Ejército era palpable y la desconfianza era mutua. El Ministro de Defensa, encargado de aplicar un enorme número de reformas y de reducciones drásticas, fue Narcis Serra sorprendentemente, y no Javier Solana, quien desde los bancos de la oposición en el Congreso, se había ocupado preferentemente de los temas de defensa a diferencia del Sr. Serra. Por otra parte, un ministro catalán también sobresaltó al ala más tradicional del Ejército.

Ya a partir de los años 90, las operaciones de ayuda humanitaria, mantenimiento e imposición de paz han venido siendo uno de los tópicos de discusión más importantes en cualquier debate de seguridad. Constituyen, sin embargo, un tema cuyos planteamientos cambian continuamente, presentándose cada vez problemas más difíciles de resolver.

El final de la guerra fría obligó a las Naciones Unidas a desempeñar un papel de primer orden en la resolución de conflictos de índole regional y España ha venido participando en las misiones acordadas con una presencia relativamente importante. Sólo entre 2006 y 2010 los cascos azules de la ONU han intervenido en más de una docena de operaciones militares, una cifra que supera el total de las acaecidas en los cuarenta años anteriores.

Sin embargo muchas de las operaciones que hoy tienen lugar, tienen mucho mayor alcance y son mucho más complejas que las realizadas en el pasado, habiendo incluso cambiado su naturaleza, que en algunas casos, ha llegado a ser más de imposición de paz, y de combate, que de mantenimiento de paz. Basta considerar en primer lugar el caso de Kosovo, por no citar ya la realidad aplastante de Afganistán. La misión genérica de toda fuerza de Cascos Azules en misiones de paz ha estado siempre claramente definida:

“supervisar las líneas de demarcación o acuerdos de alto el fuego, separar las fuerzas militares oponentes de acuerdo con las partes en litigio, y (en casos limitados) preparar el necesario ambiente político-social para que la población desplazada pueda retornar a sus quehaceres habituales”

De los participantes en estas misiones siempre se ha esperado una estricta imparcialidad, una limitación en el uso de su armamento y de sus medios defensivos, así como recurrir al uso de la fuerza lo menos posible y sólo ante situaciones extremas.

En resumen, los Cascos Azules son considerados más como un instrumento de la diplomacia de las Naciones Unidas y deben ser militarmente no provocadores ni agresivos. Siempre deben estar dispuestos a retirarse, si la nación anfitriona, o afectada, así lo exige o la situación política aconseja tomar una decisión en tal sentido. En resumen, una misión difícil a la que la Caballería española ha tenido que adecuarse y adaptarse, una vez más.

El Regimiento Alcántara en Kosovo
El Regimiento Alcántara en Kosovo. Fuente: alcantara.forogratis.es

 

La caballería hoy: Ruedas, cadenas y alas

La importancia y eficacia de la Caballería de cara a los planteamientos que se hacen en torno al posible empleo de la fuerza militar en el siglo XXI se han incrementado efectivamente de forma importante. La misión tradicional de la Caballería no es otra que proporcionar seguridad y obtener información, aspectos éstos que -para los tipos de misiones que con más probabilidad estarán llamadas a desempeñar las fuerzas terrestres en el marco de hipotéticos conflictos de baja intensidad-, son esenciales y de gran relevancia, como se ha puesto de manifiesto en todos los casos con reciente participación de fuerzas multinacionales (Kurdistán, Bosnia, Kosovo, Irak y Afganistán, e incluso Líbano).

Con carácter general, la Caballería se adapta muy bien al nuevo panorama del campo de batalla y al entorno asimétrico ya que, por su flexibilidad, es capaz de acomodarse a constantes cambios de situación, así como a modificar las prioridades a alcanzar y, a la vez, es capaz de proporcionar información y seguridad en tiempo real al Mando y al grueso de las tropas. Lo que es más, podemos decir que la moderna Caballería se configura como un elemento independiente de reconocimiento, con capacidades orgánicas propias para facilitar la toma de decisiones que refuerzan la capacidad del Mando y de la Autoridad, al transformar la información obtenida en el conocimiento preciso y detallado de la situación en el campo de batalla, algo que no siempre van a poder proporcionar con igual grado de fiabilidad los otros sistemas de información y reconocimiento de que se disponga.

Leopard 1 A5 en Afganistán
Leopard 1 A5 en Afganistán

Naturalmente, para llevar a buen puerto esta misión, tiene que estar dotada con los medios necesarios. La Caballería, bien equipada, representa además un elemento esencial que refuerza la capacidad de maniobra, permitiendo la ejecución de acciones ofensivas sucesivas en profundidad, reiterando las acciones y haciendo posible el insistir y aplicar el esfuerzo de la acción en el combate en aquellos puntos en donde se haya detectado una menor resistencia del adversario, o una mayor necesidad de información.

La Caballería protege al núcleo principal de las tropas, o proporciona escolta a los convoyes, mediante la realización de misiones de patrullas de reconocimiento y seguridad a distancia, proporcionando información oportuna sobre el despliegue y las intenciones del hipotético adversario o fuerzas hostiles, al tiempo que impide a éstas llegar al contacto y aproximarse a las fuerzas propias. Esta capacidad se ha revelado muy útil en las diversas operaciones y misiones de paz o de interposición de fuerzas que han venido teniendo lugar en las dos últimas décadas.

Ahora bien, el combate terrestre en el presente y en el futuro escenario asimétrico presenta diversas exigencias elementales de cara a las cuales será preciso contar con unas capacidades que la caballería apenas puede reunir hoy. Todas estas capacidades pasan por los sistemas digitalizados de mando, control, comunicaciones e inteligencia -C4I (Communications, Command, Control, Computering and Intelligence)-, actuales y futuros que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance. Así equipada, la caballería estará en condiciones de informar con oportunidad, precisión y claridad, con un rendimiento nunca antes visto.

Funcionamiento de un sistema C4I
Funcionamiento de un sistema C4I en el cual la caballería ocupa un papel fundamental al obtener información imprescindible. Fuente: Airbus.

Sus posibilidades para realizar misiones de reconocimiento y poder confirmar la información obtenida por otros medios, así como para proporcionar seguridad y protección, permitirán a la Caballería cumplir con las misiones tradicionales del Arma, incrementando la capacidad de maniobra y oportunidad de reacción de las fuerzas propias al conocer mejor cual es la realidad de la situación, permitiendo una mayor economía de medios al facilitar el acudir o actuar solamente dónde y cuando sea necesario. Esto mismo permitirá aumentar la fluidez de los propios movimientos tanto fuera de caminos como sobre la red vial existente, empleando los obstáculos activos disponibles para canalizar y limitar la posible progresión del adversario, dando seguridad al despliegue logístico y a la estructura civil propia y contribuyendo a mantener la oportunidad y continuidad de la información que necesitan las Autoridades en el transcurso de las operaciones. Todo esto, naturalmente, es la teoría.

 

Las misiones de la Caballería: Las exigencias elementales del combate convencional en el futuro

La presencia de la Caballería en el campo de batalla puede llegar a forzar y a adelantar la reacción del enemigo, lo que, en última instancia permitirá al Mando ocultar sus verdaderas intenciones hasta el momento decisivo. Como último recurso, la principal tarea de la Caballería será la de facilitar la ejecución de la decisión del Mando, lo que llevará a cabo marcando el ritmo de la operación, destruyendo o neutralizando las fuerzas enemigas que intenten obtener información sobre el despliegue propio y permitiendo al grueso de las fuerzas propias ejecutar el ataque y su maniobra sin ser hostigado.

La Caballería no es sino un Arma especializada en el reconocimiento y la seguridad que, además, aumenta, complementa y verifica la información táctica obtenida por otros medios y a su vez, proporciona un tipo de inteligencia que solo es posible obtener manteniendo un estrecho contacto con el enemigo, permitiendo la confirmación de los análisis sobre posibilidades del adversario que se hayan efectuado. Los resultados de la actividad de reconocimiento permitirán buscar y mantener el contacto con el enemigo, al objeto de lograr las condiciones óptimas que permitan llevar a cabo el ataque sobre el despliegue adversario.

El Royal Scots Dragoon Guards del Ejército británido dispone de carros de combate Challenger 2
El Royal Scots Dragoon Guards del Ejército británido dispone de carros de combate Challenger 2. Fuente: Wikimedia Commons.

En situaciones especiales, como pueden ser misiones de mantenimiento de paz, o de interposición de fuerzas, ayuda humanitaria u otros tipos de conflictos de baja intensidad o asimétricos, la Caballería está especialmente dotada para proteger líneas de comunicaciones, escoltar convoyes o dar seguridad a centros logísticos o áreas protegidas. Tras el cese de hostilidades, la Caballería resulta de especial utilidad a la hora de comprobar y asegurar el respeto de las partes a la tregua o términos del armisticio.

La Caballería está capacitada, en particular, para valorar, con oportunidad y en tiempo real, el grado de desgaste infligido al adversario, lo que facilitará la decisión del Mando en cuanto a proceder a explotar el éxito obtenido o iniciar la persecución del enemigo en retirada. En situaciones de desventaja y en defensiva, la Caballería permitirá:

  • Ganar tiempo.
  • Retardar la progresión y avance del enemigo.
  • Facilitar la retirada, llegado el caso, permitiendo al grueso de las fuerzas propias romper el contacto, sin ser hostigado por el adversario.

El empleo de obstáculos activos por parte de la Caballería actuando como fuerza de cobertura, o en general proporcionando seguridad, permite asegurar la protección de la fuerza de maniobra y alcanzar las condiciones más favorables para la ejecución de la maniobra y del ataque. En particular, la utilización de las llamadas Municiones de Amplia Dispersión (Wide Area Munitions/WAM), o misiles guiados, como parte de un plan de destrucciones para retardar la progresión enemiga, ofrece unas posibilidades insospechadas para completar el cierre de las avenidas de aproximación del adversario, claro que, una vez más, hay que disponer de los medios adecuados.

El Royal Scots Dragoon Guard también utiliza vehículos de exploración Jackal, en este caso en Helmand
El Royal Scots Dragoon Guard también utiliza vehículos de exploración Jackal, en este caso en Helmand (Afganistán). Fuente: Wikimedia Commons.

 

La Caballería en Otros Ejércitos: Inglaterra, Estados Unidos, alemania y francia

Allende nuestras fronteras la situación ha sido muy diferente, y ya desde fecha muy temprana, entre los principales ejércitos europeos los vientos de la mecanización soplaron fuerte aunque, a decir verdad, el Arma de Caballería se mostraba reacia a los cambios casi con carácter general en todos los países. Sin embargo, la fuerza de los hechos y el progreso tecnológico eran imparables, por lo que el resultado final no era difícil de prever.

En el Reino Unido, por comenzar por la nación que puede atribuirse la invención del moderno carro de combate, ya en mayo de 1920, al ya mencionado General “Boney” Fuller, que luego sería 2º Jefe del Estado Mayor Imperial, en un trabajo que obtuvo la primera Medalla de Oro del Concurso de Ensayos Militares del Royal United Services Institute, exponía y postulaba la gradual sustitución de la Caballería por los carros y la organización de un nuevo tipo de división de infantería, concluyendo categóricamente que:

“el carro de combate puede reemplazar a la infantería y a la caballería”

A la vez, Fuller señalaba la posibilidad de lograr una reducción considerable en el número de efectivos merced a la mecanización. Del intercambio epistolar surgido entre Liddell-Hart y Fuller, a partir de 1920, es interesante destacar los siguientes comentarios:

“Necesitamos una infantería móvil y motorizada para cooperar con los carros de combate y formar parte de una fuerza blindada (…) la Caballería ha quedado anticuada para el combate e incluso para efectuar reconocimientos; los carros de combate y la aviación serán las armas que dominarán en la próxima guerra, debiendo coordinarse su acción”.

Curioso el planteamiento, y aplastante. Claro está que se referían a la Caballería a caballo. No obstante, la conversión fue lenta y prolija a lo largo de veinte años, acarreando el retraso de la modernización del Ejército británico a tiempo para la próxima guerra. Fue solo en 1928, cuando se dio el primer paso en la transformación de la Caballería británica mediante la conversión de dos de los 22 regimientos existentes en regimientos acorazados, aunque no comenzó su transformación total hasta 1937, de modo independiente y aisladamente de las vicisitudes propias del Real Cuerpo de Tanques (Royal Tank Corps), que, como ya es sabido, no tenía nada que ver ni con la infantería ni con la caballería.

General “Boney” Fuller
General “Boney” Fuller

El proceso de mecanización prosiguió lentamente hasta que, por fin, en 1939 las dos divisiones móviles de infantería que hasta la fecha se habían creado, se convirtieron en divisiones acorazadas, fusionándose la Caballería y el Real Cuerpo de Tanques en lo que se conoce en nuestros días con el nombre de Real Cuerpo Acorazado (Royal Armoured Corps-RAC) y dando así origen al Arma Acorazada británica actual.

En el moderno Ejército británico –fuera de la Caballería de la Guardia Real (Household Cavalry), que mantiene los caballos-, ni siquiera existe la denominación de Caballería como Arma, aunque se mantengan las tradiciones y la historia de las unidades. En la actualidad el RAC británico mantiene una fuerza de 335 carros Challenger y 320 Scimitar, de cadenas, para reconocimiento. Salvo en misiones internacionales, el Ejército británico no utiliza vehículos de ruedas. Los IFV Warrior, también de cadenas, son vehículos de infantería mecanizada.

La experiencia norteamericana en el campo de las fuerzas acorazadas siguió en un principio muy de cerca las enseñanzas británicas y posteriormente las alemanas , una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, de modo que se puede afirmar, sin incurrir en un error, que el éxito de la Blitzkrieg en Polonia y Francia tuvo una influencia decisiva en la creación del Arma Acorazada norteamericana actual.

Al acabar la Gran Guerra y ante el desconcierto que reinaba en torno al empleo del carro, éste acaba definiéndose como un medio más de apoyo para la Infantería, y de hecho el Acta de Defensa Nacional de 1920 asignaba el Cuerpo de Carros al Arma de Infantería. Sin embargo, en 1930, tomando como guía la experiencia británica de 1929 de crear una fuerza móvil, el Ejército nor- teamericano inició en Fort Eustis, Virginia, el camino hacia la creación de una fuerza mecanizada permanente. Éste es el punto de partida para la modernización de la Caballería norteamericana, que se produce con mucho menos rechazo que en otros países, quizás debido al propio carácter e idiosincrasia de los norteamericanos, que admiten con más entusiasmo y menos recelo todo lo que significa modernización y avance, sea cual sea el orden de la vida en que ello se produzca.

Mayor General Adna R. Chaffee Jr
Mayor General Adna R. Chaffee Jr. Fuente: Wikimedia Commons.

Dos oficiales de Caballería destacaron en este esfuerzo: el coronel Daniel Van Voorhis, considerado por muchos autores como el verdadero impulsor de la fuerza acorazada norteamericana, y el teniente coronel Adna Chaffee, que dará nombre a uno de los primeros carros ligeros utilizados posteriormente por la Caballería española, el M-24 Chaffee. Sin embargo, la mecanización de la Caballería se realizó siguiendo una trayectoria independiente de la Infantería, decidiéndose, en una fecha que ha sido difícil de conocer con exactitud, pero que podemos situar entre 1937 y 1938, que tanto la Infantería como la Caballería dispusieran de carros de combate, ya que son las Armas que más provecho pueden sacar de las cualidades del nuevo medio de combate, como Armas de la Maniobra y Movimiento. (Orden del Ministerio de la Guerra, War Department de los Estados Unidos, de fecha no determinada).

En aquél momento la Caballería norteamericana disponía de la 7ª Brigada Mecanizada ubicada en Fort Knox, Kentucky, y se puede decir que es también el nacimiento del actual concepto de Arma Acorazada (Armor), en palabras de Chaffee, que contempla una fuerza compuesta por “Carros, Infantería, Artillería, Aviación, Zapadores, Transmisiones y aquellos servicios que sean necesarios”. Quizá las palabras de Chaffee iban demasiado lejos, pero los acontecimientos que se iniciaron en Europa aceleraron la puesta en práctica de sus ideas. En junio de 1940, Chaffee, ya General de División, escribía:

“…la consecuencia más importante a deducir de la conquista de Francia por parte de las tropas alemanas es la del éxito obtenido por una fuerza blindada que ha sido empleada como un Ejército, como un Arma independiente…”.

Así, por Orden del Ministerio de la Guerra del 10 de julio de 1940 se creó la Fuerza Acorazada norteamericana, constituida en aquel momento por la 1ª y 2ª Divisiones Acorazadas, que agrupaban los elementos blindados de Infantería y Caballería, así como por el 70º Batallón de Carros Independiente, procedente del Arma de Infantería.

La Caballería norteamericana desapareció como tal Arma y se integró en la nueva Arma (Armor), subsistiendo su denominación tan sólo para las misiones características del Arma, el reconocimiento y la exploración fundamentalmente. Es curioso, no obstante, que las tradiciones han perdurado hasta tal punto que en la actualidad la denominación de batallones (Battalions) y compañías (Companies) se aplica a las unidades de carros, procedentes del Arma de Infantería, y las de regimientos (Regiments), grupos de escuadrones (Squadrons) y escuadrones (Troops) se conserva en las formaciones procedentes de los antiguos regimientos de Caballería. El emblema actual del Armor, un carro visto de frente sobre los dos sables cruzados de la Caballería, resume así los dos componentes fundamentales de la nueva Arma: el Cuerpo de Carros, Arma independiente desde su creación, y la Caballería de modo similar al actual RAC británico.

M2/M3 Bradley en Iraq durante la operación Iraqi Freedom
M2/M3 Bradley en Iraq durante la operación Iraqi Freedom. Fuente: Wikimedia Commons.

Hoy día, sin embargo, tanto las Escuelas del Arma Acorazada como la de Infantería, se han fusionado en un único centro de pensamiento y enseñanza –Centro del Arma de Maniobra (War-fighting Manoeuver Center) en Fort Benning, Georgia, desapareciendo la anterior Escuela del Arma Acorazada, de Fort Knox, Kentucky, y las denominaciones del pasado –unidades acorazadas, mecanizadas,…etc…-, son ya historia, existiendo un conjunto de unidades de maniobra, pesadas o ligeras, con diferentes cometidos, entre los que permanecen los que daban nombre a la antigua Caballería.

Hoy, los Estados Unidos mantienen, no obstante, una flota de 7.620 carros M1 A1/A2 Abrams, 6.719 IFV M2/M3 Bradley, todos de cadenas, y 2.131 Strykers 8×8, de ruedas. No existe comparación posible con ningún otro ejército.

En Francia el Arma Acorazada ha sido siempre sinónimo de Caballería, coexistiendo las dos denominaciones de forma conjunta, l’Arme Blindée-Cavalerie o l’A.B.C., como es más conocido. Es curioso, sin embargo, que en el país vecino las primeras unidades de carros que actuaron en el frente occidental en 1917 eran conocidas como unidades de Artillería de Asalto (Artillerie d’Assaut).

Finalizada la Guerra, sin embargo se decidió transferir la responsabilidad sobre los nuevos ingenios blindados al Arma de Infantería, por decisión del Ministerio de la Guerra refrendada por el propio mariscal Pétain, a pesar de la oposición del General Estienne que pretendía la creación de una fuerza acorazada independiente.

Charles de Gaulle durante la II Guerra Mundial, cuando llamaba desde el Reino Unido a la resistencia contra el invasor alemán
Charles de Gaulle durante la II Guerra Mundial, cuando llamaba desde el Reino Unido a la resistencia contra el invasor alemán. Fuente: Wikimedia Commons.

La situación continuaría sin cambios hasta 1934, año en el que la publicación del libro Vers l’Armée de Métier, escrito por un infante, sin embargo, el coronel De Gaulle, volvería a encender la llama de las aspiraciones de las fuerzas acorazadas. Ya hemos visto los orígenes de las autoametralladoras en el país vecino. Con todo la Caballería francesa comenzó realmente su mecanización hacia 1931, recurriendo para ello a un artificio semántico, dado que la normativa existente en el momento impedía que los carros de combate estuviesen asignados a otra Arma diferente de la Infantería. Así fue como se consolidó la palabra “autoametralladora”, pasando a denominarse “autoametralladoras de descubierta” (automitrailleuses de découverte-AMD) los vehículos blindados de reconocimiento, y “autoametralladoras de reconocimiento” (auto-mitrailleuses de combat- AMC) los carros medios.

El año 1934 vio el nacimiento de la primera gran unidad acorazada de la Caballería francesa, la División Ligera Mecanizada (División Lègére Mécanique-DLM), si bien las misiones que se daban a esta gran unidad eran tan sólo de reconocimiento y seguridad, a diferencia de lo que se estaba haciendo en Alemania. Una segunda DLM sería creada en 1938 y una tercera, la última, en agosto de 1939.

Los fundamentos del Arma Acorazada actual aparecen, sin embargo, sólo con las Fuerzas Francesas Libres, que se organizaron por los aliados hacia la mitad de la Segunda Guerra Mundial y cuyo mejor exponente fue la 2ª División Acorazada (2ª DB) que bajo el mando del General de Caballería Philippe Leclerc, liberó París en agosto de 1944.

AMX Leclerc
AMX Leclerc. En la actualidad es Francia la única entre las naciones desarrolladas que tiene todos sus carros de combate encuadrados en unidades de Caballería. Fuente: Wikipedia.

En la actualidad el Arma Acorazada francesa es la única entre los Ejércitos occidentales, que está constituida exclusivamente por la Caballería, que no ha perdido ni su nombre ni sus tradiciones, si bien ha pasado a llamarse Arma Blindada-Caballería (Arme-Blindée-Cavalerie o A.B.C.), hoy sujeta a una profunda transformación también, a resultas de la cual se prevé una reducción importante del parque de carros de combate y la desaparición de algunas unidades. Sin embargo, Francia considera que debe conservar una componente pesada a la altura de las demás naciones aliadas, y por ello, el peso de la reducción va a afectar, esencialmente, al componente ligero del Arma.

Alemania ha sido sin duda la nación que mejor y más provecho ha sacado de la aplicación del concepto esbozado en los años ’30 por los británicos en torno a las fuerzas acorazadas, y como señala Liddell-Hart en su libro The Other Side of the Hill, fue el desarrollo de las fuerzas acorazadas en el Ejército alemán lo que permitió a Adolf Hitler llevar a cabo sus conquistas.

Hans Von Seeckt
Hans Von Seeckt. Fuente: Bilder

Los comienzos de una fuerza acorazada en Alemania hay que atribuírselos al General Hans Von Seeckt, que consideraba que el ejército de tierra debía de ser una fuerza sumamente móvil. Von Seeckt expresó un gran interés por la mecanización del Ejército alemán, especialmente por los carros de combate, y fue, sin duda, el impulsor de una cierta inquietud que se manifestaba en un suplemento mensual de la revista profesional Militär Wochenblatt, titulado Der Kampfwagen (El Carro de Combate), que comenzó a aparecer hacia mediados de los años veinte.

Hasta el advenimiento de Hitler, en 1933, los primeros pasos de creación de una fuerza acorazada alemana estuvieron marcados por la dura lucha que se mantenía con el Arma de Caballería, celosa de sus misiones y desconfiada con relación al nuevo medio de combate, y con el Arma de Infantería, que consideraba a los carros solamente como un elemento auxiliar y que no estaba predispuesta a considerarlos como el Arma principal. 1931 fue el año que marcó el establecimiento de los cimientos de las tropas acorazadas alemanas.

Ya en febrero de 1933, en una visita realizada por Hitler a la Dirección General de Armamentos en Kummersdorf, éste mostró su interés por la nueva Arma, organizándose la Inspección de las Tropas Acorazadas, dentro de la Inspección General de las Tropas Motorizadas, y trazándose los fundamentos de la constitución de la División Acorazada (Panzer Division) a lo largo del mismo año.

La consolidación definitiva de las tropas acorazadas no se haría efectiva sino en 1935, or-ganizándose tres divisiones acorazadas el 15 de octubre y dándose ya a las unidades de carros la consideración de Arma independiente, ostentando sobre el cuello del uniforme el color rosa, que hasta nuestros días es el símbolo del Arma acorazada alemana, integrándose, no obstante, también en la nueva Arma tanto la Caballería (color amarillo) como la Infantería (color verde). La Caballería, perdió su nombre, aunque no sus tradiciones, siguiendo con el color amarillo en los rombos del uniforme, pasando a llamarse Arma de Reconocimiento Blindada (Panzeraufklärung), lo que perdura en la actual Bundeswehr.

IFV Puma del Ejército alemán
IFV Puma del Ejército alemán. Fuente: Kmweg

Las reducciones operadas en las fuerzas armadas alemanas han sido dramáticas, resultando su componente acorazado uno de los más afectados, hasta el punto de que –con un horizonte en 2015-, las unidades combinadas de Panzer y Panzeraufklärung contarán solo con 300 carros Leopard 2 A6, 350 IFV Puma, y 300 Wiesel ligeros de reconocimiento, todos de cadenas. Los Boxer, 8×8 de ruedas -272 en vías de adquisición-, son vehículos exclusivamente para misiones de infantería.

 

Antonio J. Candil Muñóz

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Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 36 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

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