El Futuro de la Caballería (I)

El Futuro de la Caballería (I)

Leopard 2A6M en Afganistán
Leopard 2A6M en Afganistán. Fuente: Defenceindustridaily.com

 

El futuro de la Caballería (I)

¿Un arma todavía necesaria?

 

“No cabe duda que las operaciones y procedimientos propios de la Caballería son cada vez más difíciles; el conocimiento perfecto del terreno es absolutamente necesario, y la capacidad para comprender y evaluar la situación rápidamente, junto con un espíritu audaz e iniciativa en todo momento, representan la esencia de la Caballería “

Mauricio de Sajonia (“Mes Rêveries“, 1732)

 

 

Con plena actualidad, las palabras de Mauricio de Sajonia son perfectamente aplicables a la realidad del momento que vivimos. Precisamente cuando casi hemos convertido a las Armas en meras especialidades de un Cuerpo General aun no muy bien definido ni comprendido que, en realidad, no responde nada bien ni a las tradiciones ni al espíritu mismo del Ejercito español, el hablar del papel y misiones de la Caballería en el siglo XXI, puede parecer un contrasentido totalmente carente de objetividad.

 

Sin embargo, nada más lejos de la verdad, ya que de manera cada vez más exigente, en el marco de ese Ejército moderno, eficaz, pequeño pero profesional, que debería ser, la Caballería está llamada a jugar un papel esencial y determinante, si se pretende que el Ejercito sea un instrumento eficaz y funcional.

Otra cosa es la realidad, y lo que verdaderamente pretenden quienes gobiernan y rigen la defensa nacional en España. Para el Arma de Caballería, en general, el siglo XX ha sido una etapa muy compleja en la que, a causa de los avances de la técnica, ha pasado del caballo al carro de combate y al helicóptero, todo ello en muy pocos años.

La Caballería que, pese a su nombre, no nació con el caballo sino con la rueda, una vez más tiene que elegir hoy aquellos medios que mejor garanticen el cumplimiento de sus misiones. Por encima de la natural añoranza de los viejos jinetes –entre los que me considero-, subsiste la realidad comentada por el general británico “Boney” Fuller de que:

“Nunca estuvo la esencia de la Caballería en luchar a caballo”.

Esta evolución no ha sido por doquier simultánea ni homogénea, y se puede constatar, por ejemplo, un creciente desfase entre los cambios efectuados en la Caballería española respecto a las de otras naciones europeas. Quizás no sea del todo ajena a este fenómeno la neutralidad de España en ambos conflictos mundiales, de cuya experiencia se ha aprovechado siempre tarde y mal.

Carga de Caballería obra de José Cusachs Cusach
Carga de Caballería obra de José Cusachs Cusach

Durante la Primera Guerra Mundial, la enorme potencia de fuego de las armas, reforzadas por los obstáculos naturales, condujo a la estabilización de los frentes y, consecuentemente, a modificar de modo radical el uso de la Caballería. Con todo, y lamentablemente, la Caballería española se quedó cada vez más retrasada. La testarudez de algunos de nuestros jinetes, que sobrevaloraron al caballo en detrimento de los demás medios, la mala interpretación de las experiencias de la Primera Guerra Mundial por el Estado Mayor y la cúpula militar, así como la acción destructora de algunos gobiernos de la Segunda República, que emprendieron importantes reformas orgánicas del Cuerpo de Oficiales pero que nunca pretendieron potenciar las posibilidades del Arma, fueron las principales causas de este atraso. Nada que no sea ajeno a la realidad actual.

Si bien fue Francia, durante la Primera Guerra Mundial, la primera nación que formularía el concepto de autoametralladora (un vehículo ligero, dotado o no de blindaje y cuyo armamento es, por lo menos, una ametralladora), el Ejército español ya había considerado desde 1909 el empleo de vehículos similares. Aunque las primeras orientaciones sobre el empleo táctico de estos vehículos se redactaron en Francia en septiembre de 1916, no será hasta 1921 cuando el Ejército francés dispondrá de unas Instrucciones provisionales sobre el Empleo y la Maniobra de las Unidades de Autoametralladoras de Caballería.

Fue la orgánica reflejada en las citadas instrucciones la que copiaría el Ejército español cuando se decidió dotar al Arma de Caballería de una unidad de este tipo. Y en 1924 comenzó a fraguarse en España la idea de disponer de unidades de esta clase y en la Doctrina para el Empleo de las Armas y los Servicios publicada ese mismo año, se determinaba la constitución de las mismas como:

“…elementos pertenecientes a agrupaciones de orden superior a las de regimiento, organizadas en escuadrones sueltos compuestos de P.M. (Plana Mayor) y cuatro secciones, a cuatro automóviles de combate..”.

Cuatro años después se publicó en España el “Reglamento de Organización y Preparación del Terreno para el Combate” donde, todavía sin concretarse nada en la realidad, se descendía más al detalle y se proponía ya la constitución de un Grupo a base de cuatro escuadrones, con cuatro secciones y cuatro vehículos por sección. Nada mal para la época. Mediante una orden circular posterior, de fecha 16 de septiembre de 1932, se concretaba ya la dotación completa de vehículos, incluyendo tanto los de combate como los de apoyo.

El automóvil blindado británico Lanchester de 1914 no era sino un Rolls Soyce modificado.
El automóvil blindado británico Lanchester de
1914 no era sino un Rolls Soyce modificado.

De este modo se llegó a 1936, momento en el que, si todo el Ejército era una especie de esqueleto, mucho más lo eran las Unidades de Caballería que, en realidad, no existían. Las dificultades para su organización fueron grandes e insalvables, pues se decía que era un Arma cara y se carecía de dinero. ¿Alguien ha oído ya esto? Así, mientras todos los países van desmontando sus escuadrones para convertirlos en unidades acorazadas, la única División de Caballería española existente mantuvo una organización similar a la de 1928.

En lo referente al material, al iniciarse la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, solo se disponía de doce vehículos blindados de ruedas, cantidad con la que apenas se completaba un escuadrón. A lo largo de la contienda la unidad no llegó a actuar como tal, y durante la Guerra Civil no fueron constituidas unidades acorazadas de Caballería, aunque algunos vehículos blindados desempeñaran misiones propias del Arma. Hubo que esperar al periodo de postguerra para ver la creación de esta nueva clase de unidad.

En 1940, recientemente finalizada la Guerra Civil, la situación general en España no era precisamente de bonanza. Se estaba en vías de reconstruir una nación devastada por la reciente contienda, tanto en la infraestructura civil como en la social y a pesar de la militarización en vigor, no había muchos recursos para acometer grandes programas ni grandes transformaciones en el Ejército; lo que es más, se había organizado un Servicio de Recuperación de Material y en lugar de adquirir medios y equipos más modernos se trataba de incorporar al Ejército todo aquel material abandonado y capturado al bando derrotado que fuera susceptible de ser reutilizado.

El resultado era un pandemonium logístico incalculable que restaba prácticamente toda operatividad y que, de hecho, convertía a las unidades del Ejército en poco más que unidades de guarnición, de limitada eficacia, que llegaba poco más allá de servir para garantizar el orden interno y dar imagen de presencia.

Naturalmente, muy pocos mandos se atrevían a plantear la realidad. El Ejército, a pesar de la situación, gozaba de una moral muy alta, vivía las mieles de la victoria obtenida sobre el Ejército republicano y no se tomaba muy
en serio el asimilar las enseñanzas obtenidas en la reciente campaña sobre Polonia –que había abierto la Segunda Guerra Mundial-, ni en la fulgurante victoria alemana en el frente occidental.

Es bien cierto que los ejércitos solamente aprenden con las derrotas y que la victoria enseña más bien poco y así para un amplio sector de mandos de la Caballería española –y en general del Estado Mayor y de todo el Ejército-, en la gran contienda en curso en Europa, y que pronto se iba a extender globalmente, había poco o nada que aprender.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 41 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

1 Trackback / Pingback

  1. Caballería española a principios del S. XX

Leave a Reply