Breves apuntes sobre Rusia, el Heartland y la Flota del Mar Negro

Breves apuntes sobre Rusia, el Heartland y la Flota del Mar Negro

Mapa del Área Pivote o Heartland.
Mapa del Área Pivote o Heartland. Fuente: Wikimedia Commons.

 

Breves apuntes sobre Rusia, el Heartland y la Flota del Mar Negro

 

En los últimos años del S.XIX y especialmente en la primera mitad del S.XX tuvo un auge desmesurado una nueva disciplina científica: La geopolítica. Esta, mezcla como su nombre indica de geografía y ciencia política trataba de explicar las relaciones entre la vida de los estados y el entorno. Es más, pretendía establecer una serie de principios universales que ayudasen a entender las actuaciones de los estados en todo lo referente a su expansión física y también comercial en una época, la del colonialismo, en la que todos querían saber cual iba a ser el próximo paso de sus rivales y pretendían encontrar un cierto sentido a unos avances que, en ocasiones, parecían aleatorios.

Es con Rudolf Kjellén en primer lugar, pero muy especialmente con autores como John Mackinder, James Fairgrieve, Alfred Thayer Mahan, Friedrich Ratzel o Karl Haushofer que esta disciplina va tomando cuerpo y sirviendo para justificar lo que, en cada momento, cada nación necesitaba: Desde el expansionismo nazi en busca de su “área vital” a la política de Estados Unidos en el Caribe y América del Sur o, por supuesto, las actuaciones británicas respecto a Rusia, en esa serie de movimientos fascinantes que se dio en llamar el Gran Juego.

Sea como fuere, revisando sin mucha intención de profundizar ni de entrar en sesudos debates las grandes teorías geopolíticas clásicas -pues en el último medio siglo han ido apareciendo otras que bebían de las originales-, se pueden diferencias entre dos tipos de potencias:

  • Potencias terrestres: El ejemplo clásico es el Imperio Ruso, cuyos imperativos geoestratégicos, aunque con cambios fueron heredados por la Unión Soviética y actualmente, a menor escala, por la Federación Rusa.
  • Potencias marítimas: El Imperio Británico en su día y Estados Unidos actualmente son el ejemplo claro de lo que es una potencia marítima global.

Ambos tipos tenían, como es lógico, imperativos estratégicos diferentes:

Las potencias terrestres debían utilizar la capacidad de transporte interno por vía terrestre, así como la de explotar los recursos del territorio para expandirse y dominar un Heartland o Área Pivote.

Las potencias marítimas estaban obligadas a controlar el comercio mundial -eminentemente marítimo- y a aprovechar la capacidad de desembarcar en cualquier punto, especialmente en las penínsulas que rodean al Área Pivote, para frustrar el control de esta por las potencias terrestres.

Somos conscientes de que esta es una visión muy simplista o, si se quiere, para dummies, utilizando el término tan en boga. Es sin embargo la forma más sencilla de entenderlo. Como una imagen vale más que mil palabras, en el siguiente mapa se puede entender a las claras de qué estamos hablando, cual si partida de Risk se tratase:

Claro está, no todos los estrategas pensaban, como Halford Mackinder, que dominando el Heartland se podía dominar el mundo. Precisamente, Nicholas Spykman, uno de los primeros geopolíticos estadounidenses, aun aceptando la división del planeta propuesta por Mackinder, pensaba que la superioridad caía de aquel que era capaz de controlar el Rimland -que coincide más o menos con el creciente exterior o marginal y por ende, de cercar a la potencia terrestre. Huelga decir que esta teoría, basada en las ideas de Alfred Thayer Mahan sobre el poder naval, eran -y son- muy convenientes a la política exterior de EEUU…

En el caso que nos ocupa hoy, después de décadas de cierta relajación -me gusta denominarlos los “locos años 90”-, la partida por el control del Heartland está más viva que nunca. Dos potencias con intereses globales se juegan el control del Heartland y del Rimland enviando tropas y recursos allá a donde haga falta, como podemos ver en el caso de la Guerra de Siria, el conflicto yemení o los conflictos de Georgia y Ucrania.

Se puede alegar, con razón, que Rusia no es, ni por asomo, el tipo de potencia global que fue en su día la Unión Soviética. También que en la periferia, en el Rimland, han aparecido potencias que, por su poderío económico en unos casos y económico-militar en otros, tienen también intereses globales, como la República Popular China, la India o la Unión Europea.

Nada de eso invalidad el hecho de que la estrategia global de EEUU continúa pasando por dominar el Rimland y de que Rusia lucha una vez más, después de unos años de retraimiento impuestos por sus problemas internos, por controlar el Heartland. Es así como vemos a Estados Unidos enviar estos días al portaaviones USS Ronald Reagan con su grupo de combate a la península coreana, como le vemos bombardear Siria, reforzar la presencia en Europa a través de la OTAN mientras se financia a Ucrania y mantenerse fiel a Arabia Saudita y Turquía pese a las traiciones de la casa Saúd y de Erdogan.

Es también por esto que la Federación Rusa tiene tamaño interés en Crimea, en la base de Tartús en Siria y en mantener en el poder si no a Assad, si a un gobierno que asegure su influencia en la zona. Del mismo modo que refuerza su posición en Asia Central ayudando a mantener gobiernos déspotas o que intenta reforzar la natalidad -con cierto éxito- para prevenir el despoblamiento de Siberia, presionada por el auge chino.

Es obligatorio aquí hablar de China y de la Unión Europa. Si bien las potencias europeas, por una feliz casualidad histórica, durante la Edad Moderna y especialmente tras la I Revolución Industrial se vieron en posición de dominar por completo el orbe, hoy pese a su innegable poderío económico, al no cuestionar la supremacía naval de EEUU se ven otra vez abocados a la periferia. La República Popular de China, por su parte, trata de hacerse fuerte en su zona, expandiéndose por el Mar Amarillo y de intervenir en todo el mundo utilizando su influencia económica, pero no hay nada que indique que a medio plazo pueda cuestionar la superioridad militar de Estados Unidos a escala planetaria, pese a las palabras de los agoreros.

Claro está, como siempre ha sucedido, una coalición de dos o más de estas potencias “periféricas”, podría comprometer seriamente la influencia global de EEUU y es, precisamente esto, lo que EEUU más teme y lo que trata de evitar por todos los medios, introduciendo cuñas entre Europa y la Federación Rusa, entre la Federación Rusa y China y entre estos y la India o Arabia. Cierto es que no debe esforzarse demasiado, ya que debido a las desavenencias históricas entre estas, solo ha de molestarse en azuzarlas en muchos casos para lograr sus objetivos.

Además, y merecería capítulo aparte, China es posiblemente la mayor amenaza para Rusia, debido a la ingente cantidad de recursos que hay en Siberia y lo exiguo de su población acosada por la emigración china… Lo que no impide su unión frente a un rival que consideran más importante que sus propias desavenencias.

Presencia Militar de Estados Unidos en el Mundo en 2015. Fuente: Quartz.
Presencia Militar de Estados Unidos en el Mundo en 2015. Fuente: Quartz.

Tenemos pues, que hay dos potencias que por extensión o por intereses, tienen influencia y tocan con el otro en buena parte del mundo, desde el Estrecho de Bering al Polo Norte y desde Asia Central o las Islas Kuriles al Caspio y el Mar Negro. Es precisamente en torno a este, en donde se dirimen buena parte de las cuitas entre ambas potencias. Lo es, porque si bien antaño la Unión Soviética, al menos durante un tiempo, tuvo recursos suficientes como para plantear la rivalidad en cualquier escenario, la Rusia de hoy solo es capaz de atender a las zonas más importantes y de entre todas, la vital continúa siendo para ella el Heartland.

Solo así se entiende que, en los últimos años pese a que sobre el papel, las Flotas del Norte y del Pacífico sean más importantes, sea la Flota del Mar Negro la que más se haya reforzado en proporción a su tamaño, a las capacidades de sus bases navales y al poder desplegado allí por las otras potencias regionales. Entre otros sistemas, que incluyen el despliegue de antenas OTH, la modernización de la aviación naval y la construcción de nuevas instalaciones en Crimea y así como de una imponente base naval en Novorosïisk, se han comisionado los siguientes:

  • 3 fragatas del Proyecto 11356P/M
  • 4 submarinos Proyecto 636.3
  • 2 corbetas Proyecto 21631 Buyan M, que deberán aumentar hasta seis en próximos años.
  • 2 Buques de la Proyecto 11711 Ivan Green

Se está hablando además continuamente de nuevas corbetas y fragatas, así como de aumentos en la aviación desplegada en la zona y sobre todo, de nuevas capacidades que van desde misiles Kalibr (3M-54 Club) -que hemos visto a Rusia utilizar en el conflicto sirio- a sistemas de defensa aérea S-400 y S-500 en breve.

Tenemos pues que, sin entrar en profundidad, todo indica que el Mar Negro, pese a los tímidos actos de presencia por parte de EEUU, es un “lago ruso” en toda su extensión, situación que no va a cambiar en los próximos años sino que se seguirá consolidando.

La diferencia, respecto a épocas pasadas es que, muy a pesar de los voceros de uno y otro lado, Rusia no da muestra alguna de querer avanzar hacia Europa del Este, las Repúblicas Bálticas o Escandinavia.  Tensa a diario la situación hasta el límite con sus bombarderos estratégicos, hostigando a los aviones de la OTAN o realizando ejercicios, pero es lógico, pues es ella la que se siente rodeada y amenazada al estar en una posición de debilidad frente a la Alianza Atlántica. No obstante, su política respecto a Ucrania, sin comprometerse más con los separatistas y echando agua fría sobre la situación para que no vaya a más o su disposición a colaborar incluso con EEUU, Francia y Reino Unido respecto a Siria son indicativos de sus verdaderas intenciones que pasan por:

  • Seguir fortaleciendo la posición óptima que ha conseguido con la reincorporación de Crimea para que esta no pueda volver a revertirse.
  • Fortalecer la Flota del Pacífico, pues es allí, una vez asegurado el escenario europeo en donde se juega su futuro.
  • Seguir avanzando en su control sobre las aguas del Polo Norte en previsión del aumento de tráfico marítimo y de la posibilidad de explotar los ingentes recursos de la región, que ya ha reclamado.

Ahora nos queda por saber si el rearme que parece va a vivirse en breve en la Unión Europea, toda vez que Alemania y Francia ya han comenzado a aumentar su gasto militar y parecen por una vez dispuestas a asumir el coste de su defensa en lugar de confiar en EEUU se gestiona correctamente. Rusia, para Europa, pese a sus ambiciones y peculiaridades, solo puede ser una oportunidad.

No hay peligro, ni por población ni por recursos ni por capacidades, de que sus divisiones blindadas avancen en unas semanas hasta Portugal ni nada por el estilo y si bien sería estúpido no ser cautos y mantener un nivel adecuado de defensa, lo cierto es que es un aliado de primer nivel si lo que queremos es imponernos en aquellos escenarios en los que de verdad los europeos nos estamos jugando el tipo, como son el Flanco Sur y Oriente Medio. Veremos.


Para saber más:

Acerca de Christian D. Villanueva López 180 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha escrito y trabajado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

2 Trackbacks / Pingbacks

  1. El futuro portaaviones de la Armada Rusa
  2. Rusia despliega el sistema antiaéreo S-400 Triumph en Crimea

Los comentarios están cerrados.