La militarización del Espacio

La militarización del Espacio

Satélite Helios-2b
Satélite Helios-2b. Fuente: Airbus.

 

La militarización del Espacio

¿Hacia una nueva Guerra Fría?

 

En las últimas horas saltaba la liebre; El CNI alertaba del peligro que supone para España la caducidad de su parque de satélites. Se pone en peligro la Defensa Nacional en su conjunto, pero también la lucha contra el terrorismo, cada vez más dependiente de la intercepción de comunicaciones y del seguimiento vía satélite. Si en el siglo XIX los ejércitos eran dependientes de sus estómagos -según Napoleón-, en el siglo XXI los ejércitos dependerán de la anchura de banda que puedan utilizar y de su superioridad en el espacio. La ambición del hombre por extender el horizonte y descubrir todo lo que es nuevo, existe desde el comienzo de los tiempos.

 

El desafío actual continúa siendo el espacio. El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética lanzó el primer satélite del mundo, el “Sputnik 1”; cuatro años más tarde el hombre lograba orbitar en torno a la Tierra por primera vez en la historia y el 20 de julio de 1969, el hombre ponía su pie en la Luna. Más de treinta años han transcurrido ya desde el primer lanzamiento y la investigación espacial generada, y en curso, ha provocado una verdadera revolución política, cultural y social. Las comunicaciones sin fronteras se llevan a cabo vía satélite, los intercambios de información y conocimientos, así como la investigación originada aportan constantemente nuevos datos tanto sobre la Tierra como sobre el espacio exterior. Los satélites de comunicaciones posibilitan el llevar la información a las partes más remotas del globo, conectando países del Tercer Mundo y en vías de desarrollo con las redes de las naciones más industrializadas. Los satélites meteorológicos proporcionan información continua y actualizada que permite efectuar previsiones acertadas. Por medio del radar, y sensores ópticos o infrarrojos, los satélites de observación mantienen una vigilancia constante sobre la Tierra, de día y de noche y en todo tiempo. Esta observación no se limita a la Tierra solamente, y quizás un día se descubra la respuesta al interrogante que siempre nos hacemos:¿existe vida exterior?.

Los satélites, por otra parte, presentan unas capacidades de excepción para su empleo en beneficio de la seguridad y defensa. España, en unión de Francia, Italia y Alemania, entró en esta faceta de la utilización militar del espacio, tras el lanzamiento del satélite Helios 1 en julio de 1995. Posteriormente se continuó con la puesta en órbita en diciembre de 2004 del satélite Helios 2 y más recientemente, en 2007, un nuevo acuerdo fue puesto en ejecución para un total de 6 naciones europeas, incluida España.

Maqueta del Sputnik, el primer satélite artificial que orbitó la tierra.
Maqueta del Sputnik, el primer satélite artificial que orbitó la tierra. Fuente: Airandspace.

Los nuevos procedimientos militares dependen cada vez más del empleo de satélites. No hay duda de que si para Napoleón la resistencia de sus ejércitos dependía de su capacidad logística, para los modernos ejércitos del siglo XXI, sus posibilidades están cada vez más ligadas a la posesión y utilización de satélites. La militarización del espacio no es un hecho nuevo, y lleva ya gestándose varias décadas, pero no hay duda de que recientemente, los acontecimientos han precipitado su actualidad y, muy posiblemente, una nueva carrera de armamentos ligada esta vez a la cuarta dimensión, se haya iniciado ya. Para las fuerzas armadas norteamericanas esto es una realidad palpable, pero no deja de comenzar a surgir también como una posible vulnerabilidad.

Sin duda la revolución de los procedimientos militares no es sino una derivación de la revolución de la utilización del espacio, y la superioridad aérea norteamericana no sería posible sin el dominio del espacio que hoy ejercen los Estados Unidos, casi sin oposición. Los procedimientos tácticos utilizados por el Ejército norteamericano tanto en Irak como en Afganistán dependen en gran modo de las comunicaciones y apoyo que se obtiene vía satélite. América resulta así, casi invulnerable, pero a la luz de las posibilidades demostradas por China, hace no mucho tiempo, podría haberse desvelado igualmente, en consecuencia, una seria vulnerabilidad.

Desde el lanzamiento del primer satélite de reconocimiento fotográfico en 1959, la utilización militar del espacio ha ido profundizando y ampliando sus capacidades y posibilidades con objeto de facilitar la ejecución de operaciones tanto terrestres como aéreas y navales. Las actividades desarrolladas van desde misiones meteorológicas hasta de comunicaciones, ayudas a la navegación, geodesia, reconocimiento y vigilancia. El empleo de satélites ha permitido ejecutar todas estas misiones con mayor eficacia y precisión.

Imagen de satélite de un objetivo en Kosovo, durante la campaña aérea de 1999.
Imagen de satélite de un objetivo en Kosovo, durante la campaña aérea de 1999. Fuente: Fas.org

En Europa, la operación Fuerza Aliada en Kosovo en 1999, puso de manifiesto la importancia de contar con sistemas de observación basados en el espacio. La declaración de capacidades militares adoptada en Bruselas el mismo año resaltaba la insuficiencia que en el campo de la información, especialmente a nivel estratégico, afecta a los países europeos de forma general y menciona las acciones emprendidas por algunos de los miembros de la UE en este campo.

En cierto modo el uso de satélites de reconocimiento militar no ha tenido un uso extensivo por parte de la OTAN, aunque individualmente los EEUU hayan hecho de su uso una práctica habitual, y de hecho no se han fijado los requerimientos de su empleo en forma conjunta y de manera global por todos los aliados. Lo mismo se puede decir de la UEO, en cuyo marco se habla ahora de definir un uso conjunto del espacio. En realidad hasta el advenimiento del Proyecto Helios, Europa no había contado nunca con un sistema de satélites propio.

Fruto de la necesidad de una capacidad de observación espacial, compartida con otras naciones europeas, Francia proyectó el sistema Helios 1, de reconocimiento por satélite, y ofertó la participación en el programa a otras naciones. Italia y España acudieron a la llamada y entre los tres países lanzaron el primer satélite militar europeo de reconocimiento con una distribución de participación en el sistema de un 78,9% para Francia, 14,1% para Italia y 7% para España. Se lanzaron dos satélites, el Helios 1A en julio de 1995, y el Helios 1B en diciembre de 1999, que falló en 2004, lanzándose el Helios 2A, a continuación, y ahora un nuevo Helios 2B, previsto en diciembre de 2009. La finalidad del Proyecto Helios no fue otra que la de dotar a las naciones asociadas al mismo, con un sistema de reconocimiento y observación óptica mediante satélite, capaz de satisfacer las necesidades de inteligencia de los gobiernos y fuerzas armadas respectivas, para permitirles una adecuada evaluación de las amenazas.

Sede del CNES en Toulouse.
Sede del CNES en Toulouse. Fuente: Wikipedia.

En lo referente al funcionamiento operativo del proyecto, el centro de control Helios está a cargo del CNES francés y opera desde Toulouse, desde donde se efectúan las operaciones relativas a la órbita del satélite, en enlace permanente con las estaciones de seguimiento de Kourou y Kerguelen, esta última en el Pacífico. Por otra parte cada nación participante en el proyecto posee su propia estación receptora de imágenes: Francia, en Colmar, Italia, en Lecce, y España, en las Islas Canarias, en Maspalomas.

En España, la responsabilidad operativa del proyecto recae en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD), mientras que la gestión operativa y de interpretación de imágenes es competencia del Ejército del Aire, que tiene situado en la Base Aérea de Torrejón el Centro Principal Helios español (CPHE), creado en 1994 y que desde 2001, de cara a participar en otros posibles programas europeos, ha pasado a denominarse Centro de Sistemas Aeroespaciales de Observación (CESAEROB). La responsabilidad técnica y de participación es competencia de la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y del INTA. EL CNI es responsable de la codificación de las transmisiones. Prácticamente todos los organismos con competencias en materia de seguridad y las Fuerzas Armadas pueden hacer peticiones de imágenes, que son coordinadas y aprobadas por el EMAD, tras lo cual se remiten a Francia para su ejecución.

Imagen por satélite de la Base Aérea de Torrejón.
Imagen por satélite de la Base Aérea de Torrejón. Fuente: Google Earth.

Durante las operaciones sobre Kosovo las condiciones meteorológicas limitaron seriamente la contribución del sistema Helios 1 en la adquisición de imágenes, ya que no era capaz de operar más que con tiempo claro y luz del día. Esta desventaja sería de gran trascendencia sobre Europa Central y del Este, por lo que la conveniencia de disponer de una capacidad de observación radar ha resultado indiscutible. El sistema Helios 2A fue puesto en órbita el 18 de diciembre de 2004 y el 21 de diciembre, el Ministerio de Defensa francés anunció que el satélite había realizado con éxito su primera misión y enviado sus primeras imágenes, tomadas sobre zonas situadas entre el Este de África y el Norte de Europa, y que por el momento servían para evaluar el despliegue inicial del satélite y la calibración de sus instrumentos.

 

El Centro de Satélites de la UE: Una Agencia Europea

Actualmente la única espacial de seguridad propia de la UE la constituye el Centro de Satélites de Torrejón (CSUE), inicialmente establecido para la UEO. Este es un centro de excelencia en la explotación de imágenes pero, al no poseer satélites propios, debe obtener las imágenes de fuentes comerciales como son los satélites IKONOS, QUICK BIRD, LANDSAT, EROS, etc, que están sometidos al control de la nación base de las empresas, (Shutter Control), que pueden ejercer en caso de conflicto, dejando sin suministro al CSUE, o al menos sin las imágenes deseadas. Este Centro también se nutre de imágenes militares procedentes del Helios 1, y ahora ya del Helios 2 también, tras el MoU firmado entre Francia, Italia y España, con la suma también de Bélgica últimamente, países participantes todos ellos en el sistema, y la UE.

El Centro de Satélites de la UE (CSUE), partiendo de la experiencia del Centro de Satélites de la UEO, está realizando un buen trabajo para la UE en el campo de la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD)Como dato, en el año 2002 llevó a cabo el análisis de 517 lugares de interés para satisfacer a las 63 tareas que le fueron encargadas; la mayor parte de ellas, concretamente el 52%, lo fueron por el Consejo de la UE. El CSUE utiliza también para sus trabajos imágenes satélite de fuentes comerciales como IKONOS, QUICK BIRD, LANDSAT, etc., cuyo mayor problema es que están sometidos al control de la nación base de las empresas. Naturalmente la cantidad de lugares y situaciones analizadas ha ido creciendo de forma casi exponencial durante los últimos años…

 

¿Cuál es el problema hoy?

El 11 de enero de 2007 China destruyó en el espacio un viejo satélite meteorológico que, al parecer, podía representar un peligro. La realidad es que, muy probablemente, el citado satélite no representaba ninguna amenaza; de hecho se trataba de un satélite del tipo Feng Yun 1C (FY 1C), puesto en órbita en 1999, y por lo tanto no muy viejo. El satélite fue destruido utilizando un sistema de arma anti-satélite, lanzada mediante un misil portador que se disparó desde el Centro Espacial de Xichang. La finalidad última de China, con toda probabilidad, no era otra que la de advertir a Estados Unidos su capacidad para destruir aquellos satélites que considerase como una amenaza a su seguridad, si llegase a necesitar hacerlo.

Satélite chino Feng Yun 1C
Satélite chino Feng Yun 1C. Fuente: Globalsecurity

El satélite chino se encontraba girando en una órbita baja (LEO) a una distancia de la superficie terrestre de unas 537 millas, y la plataforma utilizada para su destrucción fue con toda probabilidad un misil balístico de alcance medio DF-21, una de las armas que constituyen en la actualidad el sistema central de disuasión nuclear de China. La acción china, sin duda, puso de manifiesto la vulnerabilidad de estos satélites, y sin duda, constituirían el primer objetivo a eliminar en caso de conflicto de alta intensidad entre las superpotencias, y desencadenó una serie de protestas formales de Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Reino Unido, que consideraron los hechos como precursores de un posible rearme, y un intento de utilizar el espacio con fines militares por parte de China, independientemente del hecho de que la explosión ocasionase cientos de restos y partículas en el espacio, que podrían afectar a otros satélites en órbita, y que han sido la razón de base para justificar las protestas.

El problema que preocupó mayormente fue precisamente el efecto secundario y secuelas que la explosión pudo crear dada la gran cantidad de satélites en órbita en la actualidad –del orden de los 26.000-, incluyendo aquí la propia Estación Espacial Internacional, que no es sino un satélite en órbita a 220 millas de la Tierra. Los especialistas estiman que, de la explosión ocurrida, podrían haberse desprendido entre 300 y 800 fragmentos del tamaño de una pelota de baseball que, a la velocidad orbital, son más que suficientes para provocar daños irreparables a cualquier otro satélite con el que pudieran colisionar. Para hacernos ideas de la gravedad de la situación baste tener en cuenta que una simple fisura del grosor de un cabello en la lanzadera espacial, puede tener consecuencias catastróficas cuando vuelve a entrar en la atmósfera terrestre, según estudios realizados por la propia NASA.

Misil chino DF-21 en su vehículo lanzador durante una parada militar
Misil chino DF-21 en su vehículo lanzador durante una parada militar. Fuente: defence-blog

No obstante, detrás de todas las razones que podían justificar las protestas y exigencia de explicaciones, especialmente de Estados Unidos, se encuentra muy razonablemente la preocupación de los mismos Estados Unidos por sentirse ahora amenazados en un campo que, tradicionalmente, venían dominando y consideraban casi de su dominio exclusivo, y ello es lo que, sin duda alguna, ha llevado a la decisión norteamericana de destruir igualmente, a su vez, un satélite defectuoso.

Efectivamente, en febrero de 2008 la US Navy destruyó un satélite de observación errante de la Oficina Nacional de Observacion (National Reconnaissance Office / NRO) que se había salido de su órbita, a una distancia de 133 millas de la superficie terrestre, y por lo tanto se encontraba en una órbita mucho más baja que el satélite chino. Como no cabía menos esperar, China solicitó todo tipo de explicaciones a los Estados Unidos. El satélite fue destruido mediante un misil antiaéreo Standard SM-3 modificado lanzado desde el crucero USS Lake Erie, de la clase Ticonderoga, que alcanzó su objetivo sobre el Océano Pacífico a una velocidad de 17.000 mph.. El satélite, que había sido puesto en órbita en 2006, presentaba ciertas anomalías y se había salido de su trayectoria, amenazando con caer a la Tierra en la primera semana de marzo.

El USS Lake Erie, de la Clase Ticonderoga, lanzando un misil SM3
El USS Lake Erie, de la Clase Ticonderoga, lanzando un misil SM3. Fuente: USNavy

La precisión alcanzada con el disparo resultó de las más altas obtenidas hasta ahora con un misil SM-3 –especialmente si se tiene en cuenta que el centro balístico del objetivo al que el misil apuntaba no tenía más de 1 m. de diámetro-, superando en un 50% la media de otros lanzamientos anteriores, y poniendo de manifiesto que se puede utilizar un misil antiaéreo modificado, como el utilizado, para destruir satélites espaciales, hasta distancias de incluso 250 millas de la superficie terrestre. El misil fue modificado para poder ser utilizado en misión anti satélite en menos de un mes, sin necesidad de recurrir a un complicado proceso ni sin exigir una gran inversión. Ingenieros de la empresa Lockheed Martin trabajaron con el laboratorio de defensa anti-misiles de la US Navy, así como con otros científicos y especialistas de otras empresas para modificar el sistema de armas Aegis y adaptarlo a esta misión particular.

En esta misión el radar SPY-1B del crucero detectó el satélite durante su órbita y, mediante el equipo y los pro- gramas que forman el sistema de ar- mas Aegis, se procesó una solución de ataque de un misil contra el satélite. Una vez que el misil fue disparado desde uno de los lanzadores verticales MK-41, el sistema Aegis lo guió hasta la fase terminal de intercepción. Actualmente el sistema de armas Aegis está en servicio en 85 buques en todo el mundo, y su instalación está prevista en al menos otras 20 unidades. Además de Estados Unidos, el Aegis es el sistema de armas navales adoptado por España, para las fragatas F-100, Japón, Corea del Sur, Noruega y Australia.

Aunque los Estados Unidos ya habían realizado pruebas anti-satélite con anterioridad –incluyendo la destrucción real de un satélite en 1985 mediante un misil especial lanzado desde un caza-, éstas han sido más bien escasas. La diferencia mayor de lo realizado ahora por los Estados Unidos en relación con lo conseguido por China, estriba precisamente en que la acción se ha efectuado desde una plataforma naval, en medio del océano, poniendo de manifiesto –a diferencia de China que ha utilizado un misil balístico intercontinental basado en tierra-, que la Marina de Guerra norteamericana tiene capacidad anti-satélite casi ilimitada desde cualquier parte del globo. Es decir, una seria y firme capacidad militar totalmente flexible, sin duda a considerar en los debates que van a surgir en el futuro inmediato.

Detalle del radar SPY-1B de un crucero de la Clase Ticonderoga
Detalle del radar SPY-1B de un crucero de la Clase Ticonderoga. Fuente: US Navy

 

¿Y ahora qué?

Dado el peligro de un choque en el espacio, y ante el modo en que la utilización militar y civil del espacio han confluido, se hace obligatorio negociar bien algún acuerdo de control de armamentos, o cuando menos algunas reglas para el trafico espacial, ya sean éstas un nuevo acuerdo de control de armamento, o simples normas de utilización de satélites en el espacio. Resulta normal y comprensible que, tratándose del control de armamentos, los Estados Unidos se muestren prudentes, especialmente cuando son Rusia y China quienes han propuesto negociar un acuerdo, que nadie se atreve a afirmar que pueda ser factible.

Para empezar, habría que definir que se entiende por arma espacial ya que cualquier plataforma colocada en una órbita puede transformarse fácilmente en un arma. En segundo lugar, los Estados Unidos se muestran reticentes dado que entienden que tendrán mucho más que ceder que Rusia y China, que obviamente deberán ceder mucho menos dado su estado de avance tecnológico. En cualquier caso, a menos que se inicien unas negociaciones no se podrá nunca saber la conveniencia y factibilidad de un tratado de control y verificación. Por otra parte, sería discutible que sean los Estados Unidos quienes tengan más que perder, ya que, de hecho, al ser los Estados Unidos quienes más han invertido en el espacio, tam- bién son los que tienen más que perder en caso de accidente o conflicto.

Representación de un arma antisatélite de la Unión Soviética
Representación de un arma antisatélite de la Unión Soviética. Rusia, heredera de esta, tiene también capacidad ASAT. Fuente: Wikipedia.

Por ello, las principales naciones que han colocado satélites o plataformas espaciales en órbita deberían considerar abrir unas conversaciones que lleven a la definición de unas reglas de conducta en el espacio. En principio deberían definir qué actividades se consideran peligrosas, que distancias mínimas hay que mantener entre satélites, y adoptar aquellas medidas que se juzguen necesarias para impedir que se dañen accidentalmente los satélites de otros países. Si se da un mínimo de cooperación en el espacio, será fácil controlar los restos y basura espacial existentes.

No hay duda de que las repercusiones políticas de ambas acciones –China hace un año y Estados Unidos ahora-, van a ir mucho más allá de lo que cualquier contaminación química o de otra naturaleza -que podría haber tenido lugar si los satélites hubieran caído a la Tierra-, hubiera causado. Para empezar se puede considerar que ha que- dado abierta la veda para que cualquier nación con ambiciones espaciales, inicie o comience a probar sus posibles armas espaciales y anti-satélite. Rusia y China, sin duda, y Francia se verá obligada a no ser menos, pero detrás pueden venir otros, comenzando por India e Israel.

Lanzador Shavit utilizado por la agencia espacial de Israel
Lanzador Shavit utilizado por la agencia espacial de Israel. Fuente: Wikimedia Commons.

La destrucción del satélite chino, y ahora la del norteamericano, van a servir de excusa a todo aquel que quiera discutir la problemática del armamento espacial. Desde el punto de vista del control de armamentos, sería conveniente ampliar el alcance del Tratado sobre el Espacio Exterior de 1967, que los Estados Unidos, y otros 90 países, han ratificado. El Tratado prohíbe específicamente colocar en órbita armas de destrucción masiva, ni siquiera en la superficie de la Luna.

La tecnología, por otra parte, es, en cierto modo, un enemigo de la paz, en cuanto se refiere al espacio. Si la primera era espacial fue la era de la aventura, la experimentación y el descubrimiento, no hay duda de que se ha entrado en una nueva era, la era de la ejecución y desarrollo de operaciones en el espacio, hacia el espacio, y desde el espacio.

 

¿Qué significa militarizar el espacio?

Es un hecho que los procedimientos militares actuales se apoyan en gran medida en la utilización de satélites. En la actualidad desde un relativamente pequeño centro de mando y control, escondido en algún lugar lejano, se controlan hoy todas las operaciones aeroterrestres militares norteamericanas y aliadas que tienen lugar desde Somalia a Afganistán. La mayoría de la información visual en tiempo real que se recibe, en todos los centros de mando aliados –incluyendo aquí el EMAD español-, llega vía satélite. Hoy ya no se combate, como se decía antes, envueltos en nieblas, sino en una gran nube de electrones. Es inmensa la cantidad de información que se remite de esta forma, bien a las fuerzas operativas sobre el terreno, bien a las autoridades y gobiernos.

Los aliados europeos mantienen una pugna inaudita en estos días, tanto a nivel de presupuestos como de definición de las políticas militares respectivas, para no perder el tren de marcha que los Estados Unidos han impuesto. Mucha de la información que se transmite es a través de satélites comerciales no protegidos, y en otros casos se utilizan sistemas conjuntos o compartidos entre varias naciones, como es el caso del sistema Helios citado.

Basura espacial
Con el aumento de estados con capacidad espacial y la dependencia de los satélites ha aumentado también la basura espacial, un peligro en sí misma. Fuente: NASA

Durante la Guerra Fría el espacio venía considerado como parte del ámbito de la guerra nuclear, y los satélites eran utilizados, principalmente, para observar las instalaciones nucleares del adversario, dar la alarma inicial, y ayudar a mantener las comunicaciones. Hoy día, por el contrario, hasta el jefe de un pelotón de infantería puede tener acceso directo a la información que envía un satélite.

Las capacidades de los satélites actuales han hecho posible que se puedan realizar acciones militares aire- tierra con una precisión casi quirúrgica. Pero la cuestión principal está derivando a una cierta duda creciente en cuanto a la gran dependencia contraída, y se plantea sí no será, después de todo, una gran vulnerabilidad. Los satélites, después de todo, se mueven en órbitas predefinidas, y en teoría, cualquiera que tenga posibilidad de llegar al espacio, puede ser capaz de destruir un satélite.

Los terroristas radicales, como Al-Qaeda o Daesh, pueden hacer muy poco en el espacio, y bastante tienen con mantenerse fuera de las vistas y observación de los satélites. Pero el problema verdadero comienza cuando se contempla un conflicto de mayores proporciones y las desavenencias surgen entre las grandes potencias. Aunque se disponga de sistemas duplicados, la realidad es que la estructura espacial existente es relativamente frágil.

La destrucción del satélite chino dio el aviso tanto a los Estados Unidos como a Europa, de que podían ser desafiados en el espacio. China pone en funcionamiento, por otra parte, de vez en cuando, su sistema de defensa aérea anti-misil e ilumina el espacio con potentes láseres que podrían cegar o iluminar, en cualquier momento, los satélites de observación occidentales. La conclusión no es difícil de obtener: el espacio ya no es un santuario a salvo; es un territorio disputado.

Incluso, sin llegar a considerar a China como una amenaza, el número de países con capacidad espacial ha aumentado peligrosamente. Hoy día, no menos de 10 países y 2 consorcios industriales pueden lanzar y colocar en el espacio, sus propios satélites. Aproximadamente otros 18 disponen de los medios necesarios para lanzar misiles balísticos capaces de llegar al espacio sideral. A principios de 2007, 47 países y varios grupos comerciales habían colocado ya satélites en órbita, bien por sí mismos o con ayuda de terceros. A día de hoy, son decenas las empresas que tienen sus propios satélites desplegados como parte de una tendencia que no puede sino seguir creciendo.

Parche de la misión NROL 55.
Parche de la misión NROL 55. La cantidad de satélites espía y de otros tipos que Estados Unidos tiene en órbita es tan grande, que da lugar a estas frivolidades. Precisamente por su dependencia de estos ingenios, EEUU es la nación más amenazada por la guerra en el espacio. Fuente: NASA

El espacio hoy, proporciona una plataforma natural desde la que observar, escuchar y dirigir la actuación de las fuerzas militares. La legislación internacional trata el espacio de la misma forma que se trata el concepto de alta mar y los océanos. Las naciones son libres de utilizar el espacio exterior para fines pacíficos, sin que se pueda establecer ningún derecho de reclamación o propiedad, ni utilizarlo para estacionar armas nucleares. El uso pacífico del espacio se ha venido entendiendo como uso no-agresivo antes que como utilización militar, y aunque la realidad es que el espacio está bastante militarizado, ninguna nación que se sepa, ha desplegado armamento en sus confines conocidos por ahora.

América, aunque haya denunciado el Tratado ABM y se mantuviese sola frente a la Asamblea General de la ONU, votando en contra de una resolución para apoyar las negociaciones para el control de armamentos en el espacio, no ha llegado a utilizar militarmente el espacio todavía. Quizás uno de los mayores obstáculos para ello radica tanto en su complejidad técnica, como en su elevado coste, y hasta el momento ningún presupuesto contempla ninguna partida con tal fin.

Un F-15 Eagle lanzando el misil ASM-135
Uaa imagen ya clásica: Un F-15 Eagle lanzando el misil ASM-135 en noviembre de 1985. Fuente: USAF

Para los Estados Unidos, evitar la guerra espacial es casi una cuestión de autodefensa. La USAF ha adoptado una doctrina de contra-operaciones espaciales que contempla tanto la destrucción de los satélites enemigos, en una hipotética guerra futura, como su neutralización temporal. Sin embargo, en esencia y por el momento, las operaciones norteamericanas en el espacio son esencialmente pasivas, y buscan ya sea evitar al posible agresor, cambiando de órbita, protegiendo los órganos vitales de sus satélites, o simplemente, utilizando medios alternativos, como son, hoy por hoy, los UAVs, etc…

Muy pocas de las opciones disponibles son gratis. Mejorar y dotar a los satélites disponibles, de defensas es complicado y caro; colocarlos en órbitas más alejadas de la Tierra, obliga a utilizar mejores sensores y antenas más potentes. Desplegar satélites baratos y sencillos, es algo no posible todavía. Todo ello nos lleva a concluir que el requisito esencial para una mejor seguridad en el espacio, no es otro que el mejor conocimiento mutuo y el intercambio de información. En suma, saber Qué (qué hay en el espacio), Quién (a quién pertenece) y Como (en qué forma actúa, agresiva o pacífica).

Detalle del misil antisatélite ASM-135
Detalle del misil antisatélite ASM-135. Fuente: Wikipedia.

El control y vigilancia del espacio parece un campo especialmente idóneo para la cooperación internacional. Sin embargo, americanos, chinos, rusos y europeos parecen, todos ellos, querer hacer sus propias cosas sin compartir ninguna, con un ansia absurda por el secretismo y no divulgar información. Para la mayoría de analistas militares las vulnerabilidades mayores no están en el espacio, sin embargo, sino en los respectivos países. Las estaciones de seguimiento, de mando y control, etc…, son instalaciones sujetas a posibles acciones de sabotaje o terrorismo. Los sistemas de comunicaciones están abiertos a todo tipo de interferencias y los equipos informáticos son susceptibles de agresión cibernética desde otros ordenadores.

Algún remedio se viene poniendo en práctica y las fuerzas militares están comenzando a instruirse para unas situaciones de emergencia en las que no haya comunicaciones o éstas sean mínimas, y ocasionalmente –como ocurre en los ejercicios aéreos Red Flag en los Estados Unidos-, se introducen acciones de ataque simuladas, tanto por parte de agresores utilizando medios en el espacio como cibernéticos. El espacio debería seguir siendo un entorno para la exploración y la investigación y no para desplegar y trasladar allí la faceta destructiva del ser humano. Sería triste e innecesario que sirva para que finalmente se inicie una nueva carrera de armamentos entre las naciones.■

 

Antonio J. Candil Muñóz

 

Acerca de Christian D. Villanueva López 140 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha escrito y trabajado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

1 Trackback / Pingback

  1. “La militarización del Espacio ¿Hacia una nueva Guerra Fría?” | Internacionalista web

Los comentarios están cerrados.