El Programa S-80 (II)

El Programa S-80 (II)

Maqueta oficial del S-80 Antes del rediseño. Fuente: Ministerio de Defensa
Maqueta oficial del S-80 Antes del rediseño. Fuente: Ministerio de Defensa

 

El Programa S-80 (II)

(1992-1997)

 

Si al final de la anterior entrada habíamos hablado del “dividendo de la paz”, así como de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, comenzamos esta segunda parte de la Historia del Programa S-80 precisamente en ese momento de cambio geopolítico que fue clave para el devenir del proyecto.

El tumultuoso inicio de la década de los 90 supuso un paréntesis de más de un lustro en el proyecto de construcción submarina encabezado por la Empresa Nacional Bazán -hoy Navantia-. Si hasta entonces se consideraba que el primer submarino debía estar listo al finalizar dicha década, con la repentina paralización de las actividades de la Armada Roja, la redefinición de las necesidades defensivas entre los miembros de la OTAN y los propios problemas internos españoles, llevaron a dejar el S-80 en barbecho…

 
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Congelación del proyecto y creación del consorcio Scorpene para no perder las capacidades de diseño y construcción

Ha de tenerse en cuenta que para 1992 no solo la Armada Rusa (de ahora en adelante VMF – Voyenno-Morskoy Flot-) havía cesado casi por completo sus patrullas en el Mediterráneo y el Atlántico, sino que además, con la “Guerra del Golfo”, plasmada en la operación “Tormenta del desierto”, se comenzó a debatir acerca de si el tiempo e la preeminencia de los submarinos había llegado a su fin dado que las características de los nuevos conflictos que comenzaban a atisbarse en el horizonte necesitaban de doctrinas y materiales que nada tenían que ver con los poderosos -y carísimos submarinos-.

José María Aznar en su primera época de Presidente del Gobierno de España.
José María Aznar Fuente: Wikipedia.

A las numerosas dudas y nuevas ideas respecto al papel de las armadas en general y de los submarinos en particular se sumó en España un clima de crispación política que apenas vivió tregua en ese año especial que fue para los españoles 1992, cuando se celebraron en territorio nacional no solo la Exposición Universal sino también -y sobre todo, los Juegos Olímpicos-. Para 1993, ese breve respiro había quedado en nada y los problemas económicos sumados al evidente desgaste del Gobierno de Felipe González -que ganó las elecciones del 6 de Junio de ese mismo año dejándose 16 diputados mientras el Partido Popular de José María Aznar ganaba 34- desaconsejaban la toma de cualquier decisión importante.

En resumen, tenemos que para 1992 la situación en cuanto al diseño y construcción de un futuro submarino estaba completamente estancada por una miríada de motivos tanto internos como ajenos a la política nacional que podemos resumir en:

  • Cambios estratégicos: La desaparición del Pacto de Varsovia tuvo un efecto inmediato en cuanto a la reducción del gasto de defensa en general entre las naciones europeas y muy especialment en el ámbito de la guerra submarina. La VMF, que para 1989 disponía de hasta 196 submarinos de propulsión nuclear entre SSBN, SSN y SSGN, así como más de una treintena de submarinos convencionales de las clases Kilo (Proyecto 877 Paltus) y Tango (Proyecto 641B) dejó de ser una amenaza y hacía mediados de la década de los 90, más de la mitad de los mismos habían sido retirados del servicio, aunque la cruda realidad es que en 1997 y 1998 prácticamente se habían reducido a cero las patrullas por la crisis económica que padeció Rusia. A esto se une que, con la Guerra del Golfo tras la invasión de Kuwait por las tropas iraquíes en 1991, pasó a cuestionarse la idoneidad de los submarinos de cara a los futuros conflictos, ya que en ese caso en particular, tuvieron una participación prácticamente nula, no así la aviación naval. Como quiera que los militares siempre suelen preparar los conflictos que vienen en virtud de lo visto en los inmediatamente anteriores -y que en el caso una tanto especial de Iraq no pintaban nada- los submarinos parecían condenados al ostracismo, algo que como se verá, ha cambiado nuevamente desde entonces.
Submarino Clase Kilo.
Submarino Clase Kilo. Fuente: Quba.org
  • Problemas económicos: Comparada con la iniciada en 2008, la crisis de los años 1993 a 1995 fue un un pequeño resfriado, no obstante, en el clima de crispación política, con los ecos de la reconversión industrial todavía resonando y el rápido y desproporcionado aumento del paro en relación a la caída del PIB, que llegó al 24,1% en 1994, tuvo una importancia capital. A su vez, el Presupuesto de Defensa, que había venido creciendo de forma sostenida hasta 1992, se estancó durante esos años y no se recuperaría hasta la llegada del Partido Popular al poder tras las elecciones anticipadas de 1996.
  • El Presupuesto de Defensa: Relacionado con la crísis económica, como es lógico, el camino seguido por el Presupuesto de Defensa también cambió. Si en 1990 se inviertieron 11.735,78 millones de euros en las Fuerzas Armadas, la cantidad fue menguado hasta los 9.232,37 millones de 1992 y los 8.341,68 de 1993, un camino que, por cierto, en líneas generales ya no se ha detenido y no hemos vueltos a sobrepasar nunca la cifra de los 9.000 millones de euros que sin embargo se superaba siempre de forma holgada durante los años 80.
Evolución de los Presupuestos de Defensa en España.
Evolución de los Presupuestos de Defensa en España. Fuente: ABC
  • Problemas políticos: Los dos últimos gobiernos de Felipe Gonzalez estaban ya acosados por las crecientes pruebas de corrupción que afectaban a los máximos dirigentes del Partido Socialista y a prominentes miembros del Gobierno como el Ministro de Interior José Barrionuevo, acusado por el caso GAL. Se podría enumerar una interminable lista con casos sonados como FILESA, Fondos Reservados o el caso Roldán por citar solo algunos de los más conocidos. Todo lo anterior, sumado nuevamente al terrorismo de ETA, que se llevó por delante la vida de hasta 37 personas entre 1993 y 1996 y la crispación política auspiciada por el PP como estregia electoral hacían imposible cualquier tipo de acuerdo sobre defensa o la adopción de algún programa importante de nuevo cuño. Esto, con la honrosa excepción del Programa Leopard, pues no fue sino en 1994 cuando finalmente se materializó la realidad del proyecto en una carta de intenciones que firmaron el ministro de Defensa, García Vargas, y su homólogo alemán, Volker Ruhe, en la ciudad holandesa de Noordwijk el 14 de noviembre, en el marco de un Consejo de Ministros de Defensa de la UEO que tenía lugar en la citada ciudad. No obstante, la excepción no hace en este caso sino confirmar la regla, como reza el dicho.
Imagen del promer Gobierno de Felipe González. Para la época que tratamos en esta parte del artículo son pocos los nombres que no se veían salpicados, cuando no ahogados por la corrupción.
Imagen del promer Gobierno de Felipe González. Para la época que tratamos en esta parte del artículo son pocos los nombres que no se veían salpicados, cuando no ahogados por la corrupción. Fuente: El Mundo.

Así las cosas, España se encontraba en una dificil situación en la que pendía sobre ella la amenaza de quedarse sin relevo para sus cada vez más obsoletos S-60 y sobre todo, de terminar perdiendo las capacidades en cuanto a ingeniería y capacidad de construcción de submarinos que se habían ganado durante las décadas anteriores. Esto es así en tanto no había ninguna posibilidad de exportar o diseñar un submarino propio en ese momento y tampoco había carga de trabajo para los astilleros de Cartagena que llevaban desde la finalización del S-74 Tramontana sin lograr más contratos que los propios de mantenimiento de las naves en servicio. Una situación difícil que solo se solucionó gracias una vez más a la “ayuda” de DCN.

Quizá el lector no recuerde, por edad -como es el caso de quien les escribe- o por otras razones, cual era la situación de Cartagena en 1992, pero navegando en las hemerotecas se entiende que era necesario un cambio sustancial en la política industrial de la ciudad y de la región y sobre todo, que hacían falta contratos y que hacían falta ya. En lo que nos concierne, que es básicamente la situación de la Empresa Nacional Bazán y sus diversas instalaciones a lo largo y ancho del campo de Cartagena, hay que decir que para 1992, aproximadamente 1.000 trabajadores, de los 6.600 de la plantilla estaban sometidos a una “regulación temporal de empleo”. La crisis industrial de Cartagena y su comarca, con constantes enfrentamiento entre manifestantes y Policía llegó a su punto álgido con el incendio del Parlamento murciano, el 4 de febrero de ese mismo año, con lo que la urgencia por encontrar soluciones era máxima -y no solo en cuanto a construcción naval, por supuesto-. Y se encontró.

Acerca de Christian D. Villanueva López 202 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha escrito y trabajado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

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