La OTAN abandona la lucha contra la piratería somalí. ¿A qué espera la UE?

La OTAN abandona la lucha contra la piratería somalí. ¿A qué espera la UE?

Abordaje de una balsa de piratas por parte de tropas de la UE.
Abordaje de una balsa de piratas por parte de tropas de la UE.

Imagínense la paradoja. Dos misiones militares internacionales nacen con un mismo objetivo con apenas semanas de diferencia. Ocho años después, una de ellas considera que el objetivo se ha cumplido. Y que debe dedicar sus medios a otros escenarios emergentes más problemáticos. Sin embargo, la otra decide prorrogar su misión dos años más. ¿Es razonable un comportamiento tan asimétrico ante un mismo problema y, más aún, si tenemos en cuenta que buena parte de los países que participan en ambas misiones son los mismos?

En efecto, este pasado mes de noviembre se ha producido un hecho singular. Dos operaciones internacionales de la OTAN y de la Unión Europea puestas en marcha en 2008 para hacer frente a la piratería somalí han llegado a conclusiones distintas.

Arresto de piratas somalíes

Arresto de piratas somalíes

 

La OTAN se va

Para la OTAN la piratería somalí se ha reducido significativamente “sin barcos capturados en las costas de Somalia desde mayo de 2012. La actividad se ha reducido de múltiples incidentes mensuales a cero en los últimos dos años”[1].

El portavoz de la OTAN, Dylan White, señala que en los últimos años se han producido cambios importantes en la seguridad internacional y que los buques de guerra de la Alianza deben adaptarse a ellos. De ahí que se hayan incrementado las patrullas marítimas en el mar Báltico y el mar Negro (para contener a Rusia, se sobreentiende), y que también se pretenda ayudar a luchar contra el tráfico de seres humanos en el Mediterráneo.

Y, en coherencia con dicha postura, este mismo mes de noviembre, a la vez que la OTAN ponía fin a su última misión antipiratería (llamada Escudo oceánico), inauguraba en el Mediterráneo su operación Guardián del mar, desplegando actividades de vigilancia, contraterrorismo y construcción de capacidades de las armadas de la región. Esta nueva misión sustituye a la Active Endeavour, puesta en marcha tras los atentados del 11 S. Además del componente antiterrorista, la operación también se centrará en aspectos como la libertad de navegación, la interdicción marítima, la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva o la protección de infraestructuras críticas. También pretende dar apoyo logístico a la misión europea Sophia, desplegada asimismo en el Mediterráneo para hacer frente a las mafias migratorias. La decisión de crear la misión Guardían del mar se tomó en la cumbre de la OTAN celebrada en Polonia el pasado mes de julio.

D4 durante la operación Atalanta
D4 durante la operación Atalanta

 

La Unión Europea se queda

Por su parte, la operación EUNAVFOR Atalanta ha sido la primera misión naval desplegada por la Unión Europea. Su objetivo es la disuasión, prevención y la represión de los actos de piratería y del robo a mano armada frente a las costas de Somalia. Se puso en marcha en diciembre de 2008. Ha venido prorrogando su mandato cada dos años. El actual terminaba en diciembre de este año, pero el pasado 28 de noviembre el Consejo Europeo decidió extender su mandato otros dos años más, hasta diciembre de 2018.

En el comunicado en que se anunciaba dicha decisión podíamos leer que, aunque los ataques piratas sobre buques mercantes que transitan el golfo de Adén y el océano Índico han sido erradicados en la actualidad, “los piratas todavía tienen la intención y la capacidad de salir al mar y montar un ataque”[2].

Sin embargo, los piratas somalíes ya no son lo que eran. Financiar una operación para secuestrar un buque no es barato y requiere la participación activa de inversores dispuestos a arriesgar su dinero. ¿Quién invertiría en un negocio en el que hace casi cinco años que no se obtiene ningún ingreso? Porque desde mayo de 2012 los piratas somalíes no consiguen capturar un mercante que les permita obtener un rescate. Y, si se logra capturar una presa, mantener un barco secuestrado es muy costoso y requiere pagar a quienes deben vigilar a la tripulación, alimentar a los rehenes, contratar un negociador…

Asimismo, el comunicado de la operación Atalanta recuerda el incidente ocurrido el 22 de octubre de este año  cuando un buque cisterna fue atacado por seis hombres armados a 330 millas náuticas de la costa oriental de Somalia. Y se nos recuerda que “el ataque fue confirmado después de una investigación exhaustiva del incidente”. Es interesante conocer los detalles de dicho incidente, detalles en los que no se centra el comunicado. Porque surge una duda. ¿El barco fue capturado por los piratas? Negativo. ¿Fue alguno de los navíos de la operación Atalanta  quien logró evitar el secuestro? No. En realidad, y tal y como viene ocurriendo desde hace años, fue la presencia de un grupo de vigilantes armados embarcados en el mercante la que puso en fuga a los piratas. Es más. El único papel que tuvieron las fuerzas navales en dicho incidente fue que “los piratas fueron rastreados (…), pero desafortunadamente no fueron encontrados”. Es decir, fueron los vigilantes de seguridad, contratados por la empresa propietaria del mercante, los que evitaron el secuestro. Porque, como es sabido, ningún buque que lleve embarcado un equipo de seguridad privada armada ha sido secuestrado por piratas somalíes.

Es cierto que este incidente es el primero en esa zona en dos años y medio. Pero difícilmente ese hecho aislado puede servir de justificación a la presencia de una operación militar que, por otra parte, y respecto a este mismo ataque, ni fue capaz de evitarlo ni logró detener a los supuestos piratas. Por lo tanto, la conclusión parece evidente: no es previsible que se produzcan secuestros, incluso aunque los buques de guerra dejen de estar desplegados en la zona.

De hecho, ya en marzo de 2015 Italia anunció que sus fuerzas dejaban de formar parte de la misión antipiratería de la OTAN. Es más, los efectivos militares italianos desplegados en buques mercantes de su propia bandera también se retiraron en beneficio de la contratación de vigilantes privados de seguridad[3]. ¿Acaso no es razonable que la industria asuma el coste de su propia protección?.

Incluso Dinamarca, cuya poderosa industria naviera es un lobby de primer orden, ha decidido que sus buques de guerra deben abandonar la lucha contra los piratas somalíes y dirigirse a paliar la situación de inseguridad marítima en el Mediterráneo. Y, por cierto, con la comprensión de la propia industria[4].

Acerca de Fernando Ibáñez 3 Articles
Doctor en Conflictos, Seguridad y Solidaridad por la Universidad de Zaragoza. Es profesor del Master en Operaciones de Inteligencia y Contrainteligencia del Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa (CISDE) y del Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA). También es Director del Curso de Técnico Avanzado en análisis del fenómeno de la Piratería y del curso de Técnico Avanzado en Metodología de la Investigación que se imparten en CISDE.

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