El Marqués de la Victoria

Héroes olvidados: El Marqués de la Victoria

El Marqués de la Victoria
El Marqués de la Victoria

El 5 de Febrero de 1772 moría Don Juan José Navarro, Marqués de la Victoria. Siciliano y español, infante y marino, noble e hijo de militar, Juan José Navarro Viana y Búfalo había sentado plaza como soldado con apenas ocho años en el Tercio Fijo de Nápoles -no eran buenos tiempos para los derechos de los niños, ni de nadie- en 1680. Es cosa de imaginarse la situación: Carlos II el Embrujado intentando sobrevivir más que reinar en una España ya decadente. Los reinos que amenazaban con separarse y las aves de rapiña oteando el futuro de la antigua Reina de los Mares mientras la esterilidad del Rey, enfermo de algo que ahora llamamos sídrome de Klinefelter pero que entonces era simple y pura obra de Satanás auguraba años negros para la piel de todo.

En este contexto un joven Juan José Navarro que había aprovechado sus años cortos años en el Tercio para formarse, había pasado del Ejército a la armada, logrando formar parte del Tercio Viejo de la Mar de Nápoles. El mismo en el que su padre Ignacio había mandado una compañía y por el cual había fallecido preso en Argel, como muchos otros hombres de aquella época que, si bien no era la de un siglo antes, seguía dando más hombres valientes que maravedíes tiene un doblón.

Se podrían escribir tomos completos hablando de su vida militar, siempre ajetreada, pero baste reseñar que luchó en la Guerra de Sucesión del bando afrancesado que defendía los derechos de Felipe V. Lo hizo en Milán, hasta que dicha plaza fue evacuada en 1707 abandonándose así la que había sido base de partida de los Tercios Españoles a través del Camino Español en dirección a Flandes durante decenios y luchó también en la Expedición de socorro a Orán en donde logró hacerse por méritos propios con el mando de una compañía, aunque realmente no fuese capitán. Esto lo conseguiría ya en 1713 haciéndose con el mando de la compañía que había dirigido su padre años atrás, aunque no aguantaría demasiado allí.

Al conflicto sucesorio le siguió la Guerra de la Cuádruple Alianza, uno de esos conflictos de “España contra todos” en los que una España debilitada por la Guerra de Sucesión y los siglos ya de conflictos en toda Europa, rodomontada tras rodomontada, terminó perdiendo, no sin causar probablemente cinco o seis bajas enemigas por cada una propia. Allí nuestro joven héroe continuaría destacándose en más de una docena de combates hasta terminar comandando por derecho propio una compañía de granaderos.

Siempre inquieto y más inclinado, aunque su biografía parezca decir lo contrario, a los libros que a las armas, el joven Juan José Navarro ingresó en la Real Armada en 1717 como alférez para enseñar matemáticas y también táctica y manejo de las armas, conocimiento del que, después de tantos años de dar y recibir cera por media Europa, iba sobrado.

Anatomía de un navío del S XVIII
Anatomía de un navío del S XVIII. Juan José Navarro.

Organizó allí, con 100 hombres, una compañía de guardiamarinas que habría de tomar parte en la conquista de Cerdeña con Navarro al frente, a pesar de que, siendo ya Teniente Coronel, no tenía porqué exponerse de esa forma. Y sin embargo lo hizo, que es lo que separa a los héroes del resto.

Pasados esos años terribles tras la firma en 1720 del Tratado de la Haya, pudo encontrar cierta paz para dedicarse a la ciencia y a la escritura, logrando publicar varios volúmenes que permitieron una notable evolución de la ciencia naútica. Además escribió varias publicaciones de interés militar, entre ellas un Tratado sobre Operaciones Anfibias.

Siendo ya capitán de navío en 1729, habiendo logrado que el navío de 74 cañones San Fernando se convirtiese en el espejo en el que querían reflejarse el resto de capitanes de la Real Armada por la pericia de sus mandos y la diligencia de sus marineros, artilleros y de los infantes a bordo, amigo personal de los Reyes y prácticamente en la cima de lo que la época permitía a los hombres como él, las envidias le hicieron caer. Fue enviado a América para alejarlo de la Corte y el bueno de Navarro, ni corto ni perezoso decidició emplear el tiempo, en lugar de perderlo, en perfeccionar las banderas y señales de la Armada de forma que esta fuese más eficaz en combate al permitir una mejor comunicación y por tanto coordinación entre los buques que formaban cada escuadra. Era, por decirlo así, el primer boceto de lo que terminaría, en el aun lejano 1765 su “Código de Señales”, aprobado entonces por la Real Armada y para entonces, por supuesto, copiado ya por los enemigos de España que no dudaban en utilizar los inventos que nosotros mismos no sabían aprovechar.

Las guerras de la Oreja de Jenkins, como anteriormente la expedición contra Orán de 1732 en la que coincidiera con el Marqués de Santa Cruz y con Jorge Juan, otros dos españoles a la altura de su época y desde luego a mucha mayor altura que el resto de los mortales, no hicieron sino acrecentar su fama en vida, alcanzando el 13 de Diciembre de 1759 el grado de Capitán General de la Real Armada, puesto en el que continuó hasta su muerte, a los nada despreciables por aquel entonces 84 años en Isla de León.

Juan José Navarro, que había sido nombrado Marqués de la Victoria tras el combate naval del Cabo Sicié en 1744 cerca de Tolón había hecho de la naciente Real Armada Española un arma temible que daría, en las generaciones siguientes, marinos cuyos nombres han perdurado pese a su desgracia en vida.

No puede decirse, en puridad, como ha sucedido con otros de esos Héroes Olvidados de los que hemos hablado aquí, que Juan José Navarro lo fuese. Conoció tan altos honores en vida que hubo de crear títulos solo para él. Fueron reconocidas su pericia, su nobleza y su talento como militar. Su valor y su ingenio. Fue todo lo que podía ser como marino, como soldado con el pie en tierra e incluso formó parte de la Real Academia Española. Aun así, la Historia, siempre caprichosa pues está escrita por los hombres y estos son volubles, ha olvidado a Navarro y a sus sucesores. Ha olvidado su orgullo y su legado, desaparecido de los libros de texto. Ha olvidado lo que fuimos, dejándonos sin nada que ser.

 

Acerca de Jesús Campelo Gaínza 11 Articles
Capitán de Infantería de Marina. Actualmente destinado como Profesor en la Escuela Naval Militar de Marín (Pontevedra), donde imparte las asignaturas de Operaciones Anfibias, Apoyo de Servicios de Combate y Seguridad y Protección. Especialista en Artillería y Coordinación de Fuegos, ha participado en operaciones internacionales en la República Serbia de Bosnia, en Albania, en Haití y en la Federación de Bosnia y Herzegovina. Es autor del libro “Desde 1537: Historia de la Infantería de Marina más antigua del mundo”.

Be the first to comment

Leave a Reply