España conquistada: La Batalla de Guadalete

España conquistada: La Batalla de Guadalete

La Batalla de Guadalete
La Batalla de Guadalete. Fuente: National Geographic.

Muy posiblemente, de todas las derrotas y vicisitudes sufridas en lo que hoy llamamos España, sea la ocurrida en el año 711 la que más trascendencia y repercusiones ha tenido, y cuya influencia llega incluso hasta nuestros días. En las orillas del Guadalete –y en la zona antes también conocida como Laguna de la Janda, en la provincia de Cádiz, hoy desecada e inexistente ya-, se abrió la puerta a un enemigo implacable que, en poco tiempo, se hizo con las riendas de una nación desencantada con sus gobernantes. Es difícil entenderlo sin ese desencanto, sin esa falta de ideales que hizo sumamente fácil para los invasores musulmanes ocupar prácticamente toda la península, en relativamente poco tiempo, y borrar casi de forma total todo vestigio de una monarquía y una sociedad decadentes que iban a la deriva ya desde el siglo VII. Con la batalla del río Guadalete comenzó, no obstante, una época de tinieblas en la Historia de España que duraría hasta el siglo XV, independientemente de que mucho antes una lucha heroica de un pueblo que quería recuperar su identidad –lo que conocemos como Reconquista-, hubiera ido recobrando de forma gradual y paulatina los territorios conquistados por los invasores árabes. Esta influencia del invasor ha recobrado auge en la actualidad y efectivamente para muchos radicales fundamentalistas islámicos, gran parte de España sigue siendo Al-Andalus, y muy posiblemente esté su recuperación en la mente de más de un soñador.

En alguna medida el año 711 resulta tan trascendental para la Historia de España como 1492, sin duda por motivos no solo diferentes sino hasta opuestos. En 711, los invasores musulmanes echaron abajo un reino en franca decadencia que, no obstante, se había consolidado en la península al desaparecer el imperio romano. Aquel año poco más de 20.000 guerreros norteafricanos, y árabes, aniquilaron al ejército visigodo del rey Don Rodrigo en las llanuras de la Hispania Bética, en donde habían logrado desembarcar sin que nadie les opusiera resistencia, algo que solo puede explicarse dado el caos reinante y la falta de lealtad de algunos de los llamados nobles, que colaboraron abiertamente con el invasor islámico a cambio de privilegios y prebendas que, ciertamente, nunca recibieron.

 

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Antecedentes

La situación que atravesaba la Hispania visigótica en el siglo VIII no era ciertamente esperanzadora. A la escasez, y penuria existente, se unía una situación de desgobierno y casi de guerra civil. Tras la muerte del rey Egica en 702, subió al trono del reino, en Toledo, su hijo Witiza, un rey del que se sabe poco y que falleció a temprana edad, en cualquier caso, nombrando herederos a sus tres hijos, de corta edad, y que, como es natural, no estaban cualificados para gobernar. Los seguidores del fallecido Witiza eligieron como monarca al mayor de los hijos –Agila-, que contaba solamente diez años de edad, y que, debido a este hecho y con cierta justificación, fue recusado por la nobleza más conservadora que veía el peligro de que el reino pudiera fragmentarse en pequeños estados, como de hecho así fue.

Los nobles visigodos convocaron el Aula Regia –especie de asamblea parlamentaria y de consejo del reino-, eligiendo como sucesor de Witiza al Duque de Bética, Don Rodrigo, hijo del Duque Teodofredo, supuesto hijo del rey Chindasvinto -que se había alzado ya anteriormente en Córdoba contra el Rey Witiza, pagando con su vida por ello-, ungiéndole como rey el 1 de marzo de 710. Al no aceptar los partidarios de Witiza la decisión del Aula Regia, se declaró la guerra civil, que se desencadenó con gran violencia, añadiendo más miseria y desgracia a la ya existente.

Los hermanos del Rey Witiza -Don Oppas, obispo de Sevilla y el noble Sisberto -, se conjuraron y se refugiaron en la plaza fuerte de Ceuta, en el N.de África, donde gobernaba el Conde Don Julián, un noble también a favor de los hijos de Witiza, y enfrentado con Don Rodrigo por motivos personales. Son estos personajes los que, para conseguir sus objetivos particulares, buscan la ayuda musulmana, cerrando una alianza a principios de 711.

En julio de 2016 se cumplieron 1305 años desde que las tropas cristianas fueran derrotadas en estos campos de Cádiz
En julio de 2016 se cumplieron 1305 años desde que las tropas cristianas fueran derrotadas en estos campos de Cádiz

En el N. de África, en lo que hoy conocemos como el Reino de Marruecos, gobernaba Musa Ibn Nusayr por delegación del Califa de Damasco, y a él acudieron los partidarios de Witiza con sus pretensiones. El impulso conquistador alentado por Mahoma desde el siglo VII, había extendido el Islam por todo lo que hoy conocemos como Mahgreb y no se debe descartar que Hispania figurase en la agenda de próximas conquistas a obtener para la causa musulmana. De hecho, la conquista de Hispania no era sino un eslabón más en la creación de un imperio islámico gestado en el otro extremo del Mediterráneo, y como prueban algunos descubrimientos arqueológicos efectuados, ya monedas acuñadas en Tánger entre 709 y 711 contienen alegorías a una Yihad que iba más allá de los Pirineos. Estas ansias expansionistas encontraron su fin, no obstante, en 732, cuando Carlos Martel, en la batalla de Poitiers puso fin a las ilusiones islámicas. Entonces los musulmanes se concentraron de nuevo en Hispania, culminando la conquista y consolidando su dominio que duraría casi ochocientos años.

Tras los primeros contactos, una primera partida de 500 guerreros beréberes –de ellos 100 jinetes-, puso pie, en algún momento de la segunda mitad de 710, en lo que hoy conocemos como Tarifa, ciudad que debe su nombre al caudillo árabe Tarif Ibn Malluk, realizando un primer reconocimiento del terreno –al parecer recorriendo la campiña desde Tarifa a la actual Algeciras-, y regresando a África con un cuantioso botín. Coincidió en aquellos días que la población vascona de Pamplona se soliviantó contra el reino, por lo que Don Rodrigo movilizó el ejército y partió para sofocar la rebelión. El momento no pudo ser más propicio para los partidarios de Witiza y sus aliados musulmanes, y es obvio que se estaba a la espera de una ocasión favorable, lo que demuestra incluso la existencia ya de alguna incipiente red de información e inteligencia musulmana en la Hispania visigótica.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 41 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

2 Comments

  1. He disfrutado mucho de la lectura de este artículo sobre un momento de la Historia de España crucial a muchos niveles. Como bien dice su autor, las analogías con el momento actual son sobrecogedoras. Las conclusiones que señala son muy valiosas, sobre todo aquellas en torno al reconocimiento y estudio de las derrotas como acto de igual o mayor utilidad que muchas victorias. Comprendo como él que la derrota no es desonrrosa si no queo es el repetir los mismos errores porque el orgullo y la vanidad nos han “impedido” mirar de frente a la realidad.
    Creo que el español es de esos raros seres que no tiene problema en reconocer derrotas ya que echar piedras contra nuestro tejado nos encanta. El problema es que suelen ser concesiones que hacemos sin estudio previo, víctimas del panfleto y el discurso derrotista que tanto nos gusta. Y sin estudio previo de nuestra Historia, que tan poco nos interesa, esas derrotas no sirven para nada.

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