Armas Contracarro de la Segunda Guerra Mundial

Armas Contracarro de la Segunda Guerra Mundial

El “Pak 44” de 128 mm fue el cañón contracarro más impresionante de los utilizados en la SGM.
El “Pak 44” de 128 mm fue el cañón contracarro más impresionante de los utilizados en la SGM.

El empleo masivo de los carros durante la SGM, propició la apari­ción de numerosas armas contracarro para In­fantería diseñadas específicamente para destruirlos, ya que la defensa no podía encomendarse únicamen­te a la Artillería como se había he­cho hasta entonces. Dada la limita­da extensión de un trabajo como éste, me limitaré a tratar sobre las armas empleadas en cierta cantidad, viendo de pasada los pro­yectos que finalmente no cristaliza­ron, a pesar de que algunos eran realmente curiosos e interesantes, como ya veremos. Así mismo, deja­ré todo lo relativo a los cañones de asalto y blindados cazacarros, a menudo empleados en sustitución de los carros y que, dada su importancia, sería necesario dedicarles un libro completo.

 

*

 

Cañones contracarro

En el período entreguerras apa­recieron diversas piezas ligeras para Infantería, basadas en gran medida en el cañón de trinchera Becker de 20 mm de la PGM. Entre esas piezas había modelos de 25, 37, 40, 45 y 47 mm que, si bien permanecieron en servicio durante algunos años, pronto se quedaron obsoletos dada la creciente protección de los carros. Por ello, antes de la guerra, comenzaron a proyectarse otras versiones más potentes, al tiempo que alargaron su vida útil con la incorporación de nuevas municiones de núcleo de tungsteno. Un caso especial fue el del PAK 36 alemán que, en 1941, quedó relegado a un segundo término, siendo rehabilitado el año siguiente con el empleo de una granada de carga hueca[1].  De esta forma, se convirtió en un arma muy efectiva aunque de alcance li­mitado.

A lo largo de la guerra entraron en servicio cañones cada vez más potentes y, como es natural, tam­bién más pesados, hasta el punto de que la Infantería tenía graves pro­blemas para su transporte. Dos claros ejemplos fueron el Pak 44 alemán de 128 mm y el 32 libras inglés, del que sólo se fabricaron dos ejemplares, que necesitaban un vehículo pesado para su remolque. Como es lógico, muchos de estos cañones sirvieron también para dotar a los carros y cazacarros debidamente modificados.

Iniciada la SGM, los cañones de pequeño calibre como “SA-L” francés de 25 mm se quedaron obsoletos muy pronto.
Iniciada la SGM, los cañones de pequeño calibre como “SA-L” francés de 25 mm se quedaron obsoletos muy pronto.

Algunas pie­zas de Artillería también sirvieron en misiones contracarro, sobresalien­do los soviéticos de 76 mm y el famoso antiaéreo alemán FLAK 18 de 88 mm que, empleado con notable éxito en la guerra civil española, más tarde dio lugar al contracarro PAK 43 del mismo calibre. El desproporcionado au­mento de peso de los cañones, trajo como consecuencia la aparición de numerosas armas ligeras, y por lo tanto más móviles, como los  lanzagranadas y cañones sin retro­ceso, que veremos más adelante.

 

Cañones Contracarro

Modelo País de origen Calibre  (mm) Peso (kg) Longitud (m) Angulo horiz. Angulo elevac. Peso proyectil (kg) Veloc. inicial  (m/sg)
37/45 mm Italia 37 328 1,67 59º -8º a +25º 0,64 735
47/32 M35 Italia 47 277 1,68 60º -10º a +56º 1,44 630
Tipo 97 Japón 37 432 1,67 60º -8º a +25º 0,68 762
Tipo1 Japón 47 747 2,53 60º -11º a +19º 1,4 829
QF. 2 pr R. Unido 40 832 2,08 360º -13º a +15º 1 792
QF. 6 pr

Mk II / IV

R. Unido 57 1.112 2,44/ 2,57 90º -5º a +15º 2,84 900
QF. 17 pr R. Unido 76,2 2.923 4,44 60º -6º a +16º 7,65 950
Bofors Suecia 37 380 1,67 50º -10º a +25º 0,74 850
Mod. 30 URSS 37 328 1,67 60º -8º a +25º 0,64 760
Mod. 1937 URSS 45 510 2,07 60º -8º a +25º 1,43 760
Mod. 1941 URSS 57 1.125 4,16 56º -10º a +18º 3,15 1.020
Mod. 1944 URSS 100 3.460 5,97 58º -5º a +45º 15,6 900

 

 

 

Fusiles contracarro y  granadas

Los fusiles contracarro fueron utilizados durante toda la SGM, capturándose algunos ejemplares soviéticos durante la guerra de Corea. Sin embargo, su relativo éxito no debe achacarse a su eficacia contra los carros, ya que muy pronto se quedaron obsoletos, sino más bien a que fueron empleados para atacar otros objetivos (vehículos ligeros o poco blindados, lanchas de desembarco, concentraciones de personal, etc)[2].

El Ejér­cito Rojo fue uno de los principales usuarios de este tipo de fusiles, ca­racterísticos por su gran longitud de tubo, disponiendo de dos modelos (PTRS y PTRD) a partir de 1941. La diferencia más destacada entre ambos, cuyo calibre era de 14,5 mm, radica­ba en que el PTRS incorporaba un mecanismo de accionamiento por gases y un cargador de 5 cartuchos, lo que ocasionaba frecuentes ave­rías, por lo que fue sustituido pro­gresivamente por el más simple PTRD. Sin embargo, ambos dispa­raban la misma munición de núcleo de acero.

Fusil contracarro soviético “PTRD” de 14,5 mm.
Fusil contracarro soviético “PTRD” de 14,5 mm.

Los alemanes emplearon bastantes fusiles contracarro sovié­ticos capturados, aunque también poseían dos modelos nacionales, los Panzerbüchse 38 y 39 de 7,92 mm, de los que sólo fue normalizado el se­gundo, dado que el 38 era excesivamente caro y complejo. Además, varias firmas realizaron numerosos prototipos, incluyendo la ame­tralladora MG­-141, que no llegaron a construir en serie. Debido a su pequeño cali­bre tenían escaso poder de perforación, a pesar de que fueron dotados de un proyectil de núcleo de tungsteno, copiado del que usa­ban los fusiles polacos Marosczek[3]. Así mismo, utilizaron un corto número de los suizos MSS 41 de 7,92 mm y Panzerabwehrbüchse 785 (s) de 20 mm, desarrollados a petición del Alto Mando Alemán.

Úni­camente a título anecdótico, men­cionaremos la Sturmpistole ale­mana, que era una pistola de señales modificada para disparar va­rios tipos de granadas, entre las que había una de carga hueca con un alcance máximo de 90 me­tros. Como es lógico, su eficacia dejó mucho que desear.

Los ingleses construyeron el fusil Boys de 13,97 mm, muy usado como arma de dota­ción de vehículos lige­ros acorazados. También fabricaron una versión simplificada (Mk 1*) que difería en el freno de boca, en utilizar el bípode de la ametralladora Bren y en ciertos cambios menores. En pequeñas cantidades, prestaron servicio en la Infantería de Mari­na de los EEUU, así como en el Ejército alemán que capturó algunos en Dunkerque.

Para finalizar con este apartado, no pode­mos olvidamos del Tipo 97 japonés que, con un calibre de 20 mm, incluía un sistema de recupera­ción accionado por gases y un cargador para 7 disparos. Al igual que los anteriores, muy pronto demostró que era incapaz de perforar la coraza de los carros medios, por lo que su empleo quedó muy restringido.

En lo referente a las granadas de fusil, sirvieron a todos los contendientes para diversas misiones, ya que hubo rompedoras, fumígenas, incendiarias y, especialmente, de carga hueca. Básicamente todas ellas eran muy similares, montando una cola con aletas estabilizadoras que se acoplaba a un adaptador (Schiessbecker alemán, Tipo 2 japonés, M-7 y M-8 norteamericanos, etc.) instalado sobre la bocacha del fusil, mientras que la carga explosiva ocupaba la parte delan­tera. Para dispararlas, era necesario un cartucho de pólvora cuya com­bustión producía los gases capaces de lanzarlas a una distancia no superior a los 200 ó 300 metros, y con una precisión mínima. Por otra parte, también existieron las deno­minadas Granadas Contracarro Manuales, entre las que destacaremos la Panzerwurfmine (L) alemana, las nº 73/74/75 británicas y las RPG soviéticas, que eran parecidas a las granadas de fusil aunque su alcance, como es lógico, era mucho menor. Para estabilizarse en el aire disponían de unas grandes aletas que se abrían durante el vuelo, depen­diendo su eficacia únicamente de la destreza del tirador.

Soldado norteamericano preparado para disparar una granada, apoyando la culata del fusil en el suelo para evitar las molestias derivadas del gran retroceso.
Soldado norteamericano preparado para disparar una granada, apoyando la culata del fusil en el suelo para evitar las molestias derivadas del gran retroceso.

Por último, destacaré el amplio uso de los llamados cócteles Molotov, inclu­so por fuerzas regulares que fueron adiestradas especialmente. Un claro ejemplo lo constituye la Granada Autoinflamable de Fósforo Núme­ro 76 británica, que no era otra cosa que una botella de leche que contenía una mezcla de fósforo, agua y benzina. De hecho, las cosas llega­ron mucho más lejos, llegándose a dotar la Guardia Territorial con el denominado Mortero Northover, más tarde conocido como Mortero de Botella y Proyector Northover, que podía lanzar granadas de fusil normales mediante una carga de pólvora negra, o bien, una granada número 76. Era un arma de gran sencillez pues carecía de siste­ma de retroceso y sólo contaba con un rudimentario mecanismo de cie­rre. Sin embargo, nunca entró en combate por suerte para sus usua­rios, ya que en los entrenamientos ocasionó bastantes accidentes al romperse las botellas dentro del tubo.

 

Fusiles Contracarro

Modelo País de origen Calibre  (mm) Peso (kg) Longitud (m) Velocidad inicial  (m/sg) Perforac. (mm)
Panzerbüchse 38 Alemania 7,92 15,88 1,30 1.210 30
Panzerbüchse 39 Alemania 7,92 12,43 1,58 1.210 30
Tipo 97 Japón 20 67,5 2,10 793 30
Marosczek wz. 35 Polonia 7,92 9 1,78 1.280 30
Boys Mk 1 R. Unido 13,97 16,56 1,61 990 21
MSS 41 Suiza 7,92 13,4 1,51 1.080 30
Panzerabwehrbüchse 785 (s) Suiza / Alemania 20 54,7 2,16 750 15 a 18
PTRS 1941 URSS 14,5 20,96 2,01 1.010 25
PTRD 1941 URSS 14,5 17,44 1,97 1.010 25

 

 

Lanzagranadas

Un lanzagranadas es básica­mente un tubo abierto por ambos extremos, en cuyo interior va insta­lada una granada (generalmente co­hete) estabilizada por aletas, de en­cendido eléctrico y dotada de una carga hueca. Precisamente el hecho de utilizar una carga de combate de ese tipo, fue el causante de que se empleara un cohete, imprescindible para mantener su capacidad de perforación[4]. Por ello, los EEUU decidieron realizar un sistema lanzacohetes contraca­rro, basándose en un programa de investigación desarrollado en el polígono de experiencias de Aberdeen a partir de 1933. De esta forma, nació el primer lanzagranadas operativo del mun­do, el Bazooka M 1 de 2,36 pulgadas (60 mm), sustituido más tarde por el M 9, que podía desmontarse en dos mitades para el transporte y, finalmente, por el M 18, construido enteramente de aluminio. 

Paralelamente al desarrollo del Bazooka[5], los alemanes diseñaron un lanzacohetes de 88 mm denominado Raketenwerfer 43 o Püppchen (muñeca), que era realmente un pequeño cañón sin sistema de retroceso, con un alcance máximo de 700 metros, si bien el eficaz de combate no superaba los 250. No tuvo una vida muy larga, ya que poco después de su entrada en servicio, en 1943, los alemanes capturaron en Tunicia algunos M1 americanos y decidieron realizar un modelo similar pero de mayor calibre (88 mm). Denominado Raketenpanzerbüchse (RPzB 43), utilizaba el mismo co­hete que el Püppchen, pero con mecanismo de disparo eléctrico. Dado que el motor del cohete estaba encendido cuando salía del tubo, el tirador estaba obligado a emplear ropas protectoras. Para evitar este inconveniente, recibió un escudo protector en el tubo, dando lugar al modelo RPzB 54, seguido después por el RPzB 54/1, con un tubo más corto y un cohete de mayor alcance.

El “Bazooka”, que vemos aquí en sus versiones “M1” y “M9”, fue el primer lanzagranadas operativo del mundo.
El “Bazooka”, que vemos aquí en sus versiones “M1” y “M9”, fue el primer lanzagranadas operativo del mundo.

Casi al mismo tiempo que el RPzB entró en servicio el Panzerfaust (horror de los carros). No utiliza­ba proyectiles cohete pero se basaba en los mismos princi­pios. En líneas generales, estaba for­mado por un tubo desechable que contaba con una mira y un mecanis­mo de disparo muy simple, dentro del cual se encontraba la carga de proyección y la cola de la granada, cuya cabeza con la carga hueca so­bresalía por delante. El modelo ini­cial se denominó Panzerfaust  30 (30 metros de alcance), aunque posteriormente le fue añadido el sufijo Klein (pequeño) para diferenciarlo de una nueva versión que tenía una granada de mayor diámetro. Sucesi­vamente aparecieron las versiones 60 y 100, acabando la guerra cuando estaban desarrollándose las 150 y 250. A pesar de su corto alcance, los Panzerfaust demostraron ser muy eficaces y consiguieron un elevado prestigio, teniendo además a su fa­vor la ventaja de que su bajo precio permitió una distribución masiva.

Los ingleses sólo construyeron un arma que podríamos clasificar como lanzagranadas. Se llamó PIAT (Proyector de Infantería AntiTanque) y fue diseñado en un departamento que se conocía vul­garmente como la tienda de ju­guetes de Winston Churchill. Su característica más original la cons­tituía el sistema de lanzamiento, que estaba formado por un resorte de gran potencia y un canal abierto que guiaba la granada. Al apretarse el disparador, el muelle empujaba la granada, al tiempo que se encendía la carga propulsora, que también servía para amartillar el arma de nuevo. El principal inconveniente que le achacaron sus usuarios era que para montar el resorte hacían falta dos hombres, lo que podía repre­sentar un serio problema cuando fallaba una granada en mitad del combate. Sin embargo, era más versátil que sus homólogos, ya que también podía disparar grana­das rompedoras y fumígenas.

 

Lanzagranadas

Modelo País de origen Calibre 

Munición (mm)

Peso

total (kg)

Peso

proyectil

(kg)

Alcance contracarro (m) Perforac (mm)
Raketenwerfer 43 Alemania 88 149 2,66 230
RPzB 43/54 Alemania 88 12,45/14,45 3,25 150
Panzerfaust 30 (klein) Alemania 100 4,20 1,47 30 140
Panzerfaust 30 Alemania 150 5,21 3,06 30 200
Panzerfaust 60 Alemania 150 6,80 3,06 60 200
Panzerfaust 100 Alemania 150 6,80 3,06 100 200
Bazooka M 1 EEUU 60 7,55 1,54 90 119
PIAT R. Unido 14,4 1,35 100 100

 

 

Cañones sin retroceso

Para encontrar el nacimiento de los cañones sin retroceso, o lo que es lo mismo, cañones carentes de siste­ma de retroceso y recuperación, hay que remontarse hasta 1910, cuando un norteamericano, el co­mandante Davis, patentó una idea consistente en un cañón con dos tu­bos unidos por el centro a una recá­mara común. El tubo delantero dis­paraba un proyectil convencional, mientras que el trasero lanzaba un contraproyectil de igual peso y a la misma velocidad, pero en sentido contrario; de esta forma, las reacciones (retroceso) de los dos tubos se anulaban entre sí. La principal desventaja de este cañón era, como resultaba obvio, que necesitaba una gran zona de seguri­dad en la parte trasera. Para evitarla, o mejor, disminuirla, fue sustituido el contraproyectil macizo por uno de grasa con trozos de plomo.

Cañones de este tipo fueron usados durante la PGM por el Servicio Aéreo de la Marina Real británica y por la RAF, aunque no se tiene constancia de su empleo en combate; sin embargo, se construyeron modelos de 2, 6 y 12 libras (1,57; 2,45; y 3 pulga­das de calibre), algunos de los cuales se conservan en el Imperial War Museum de Londres. Posteriormente, se hicieron ensayos con armas de este tipo en Rusia y Ale­mania, que es donde realmente recibieron el impulso definitivo los caño­nes sin retroceso (CSR), especial­mente por parte de las firmas Krupp y Rheinmetall. La primera de ellas, siguiendo las teorías de Davis y Newton llegó a la conclusión de que en lugar de lanzar dos proyectiles del mismo peso y a idéntica veloci­dad, se podría lanzar hacia atrás un proyectil dos o tres veces menos pesado, pero al doble o al triple de velocidad. Siguiendo este proceso lógico, un chorro de gases a gran velocidad podría contrarrestar el retroceso del cañón. Para conseguir este efecto, se practicó un orificio en el bloque del cierre con un tubo venturi, que aceleraba los gases en su salida hacia la parte trasera. Los gases eran producidos por la carga propulsora que iba dentro de la vai­na del proyectil, cuyo culote era de material plástico que se fundía du­rante el disparo, permitiendo la sa­lida de los gases hacia atrás. El primer cañón fabricado siguiendo estos principios fue el LG 1 de Krupp, más tarde conocido como LG 40 de 75 mm. Entró en combate por primera vez en 1941, durante el ataque a Creta, fabricándose un total de 450 ejemplares.

Los cañones sin retroceso del británico “Burney” no estuvieron listos antes del final de la guerra. En la foto, el modelo de 93,98 mm.
Los cañones sin retroceso del británico “Burney” no estuvieron listos antes del final de la guerra. En la foto, el modelo de 93,98 mm.

Los éxi­tos obtenidos por el LG 1 hizo que se encargaran modelos de 105 mm, tanto a Krupp como a Rheinmetall, dando lugar al LG 2 Kp y al LG 2 Rh, que entraron en servicio en 1943 con las denominacio­nes de LG 40 de 105 mm y LG 42, respectivamente. Inicialmente, to­dos estos CSR fueron ideados para susti­tuir a las piezas convencionales de Artillería, pero una vez comprobadas sus posibilidades se decidió emplearlos en funciones contracarro. Por ello, la empresa Bohler recibió la petición de desarrollar un modelo de 75 mm para Infantería que resultó ser excesivamente com­plejo y de pobres resultados, pasán­dose el encargo a Krupp que realizó un cañón de una gran sencillez de­nominado RfK 43 (Rückstossfreikanone – Cañón sin retroce­so). Era tan simple que carecía de elementos de puntería y de direc­ción, moviéndose a mano. Poste­riormente, aparecieron dos modelos de 150 mm para sustituir al obús de Infantería sIG 33 (LG 240 y LG 290), pero la escasez de mate­rias primas impidió su construcción en serie, entrando muy pocos en servicio. En 1944, fueron abandonados todos los proyectos de CSR en favor de los cañones de presión alta-baja, que no presenta­ban los inconvenientes del gran rebufo y excesivo consumo de propulsor.

En el Reino Unido también se estudiaron diversos CSR, aunque no estuvieron listos antes del final de la guerra. Todos ellos fueron diseñados por el inventor Sir Charles Denistoun Burney, que siguió los mismos razonamientos que Davis y Krupp. Inicialmente, construyó una escopeta de cuatro cañones que le sirvió para experimentar, desarrollando después un cañón de 20 mm y otros de mayor calibre, que de­bían sustituir a diversas piezas de Artillería. Entre ellos, pode­mos destacar los de 87,63 mm, 93,98 mm, 95 mm y 119,38 mm, así como una  versión de 7,2 pulgadas (182,88 mm), para ba­tir defensas de hormigón que fue abandonada antes de construirse en serie y otra de 8 pulgadas (203,2 mm), cuyo único prototipo reventó el tubo al primer disparo, por lo que también fue desechado. La principal dife­rencia entre los cañones Burney y los modelos alemanes, residía en que los primeros utilizaban una vai­na perforada y recubierta de una fina protección de latón, que se fun­día durante el disparo, permitiendo así  la salida de los gases. Por otra parte, los gases no salían por un solo tubo venturi sino por varios (2, 4 ó 6). Es curioso que el posterior cañón BAT de 120 mm, antecesor de los Wombat, que fue declarado reglamen­tario en 1954, utilizara el mismo sistema que los alemanes, es decir, con la vaina rígida de base blanda y un solo tubo venturi.

os cañones “Kromuskit” de 57 y 75 mm fueron construidos en grandes cantidades. Después de la guerra apareció el de 106 mm que, junto al de 75 mm, todavía es empleado en numerosos Ejércitos de todo el mundo.
os cañones “Kromuskit” de 57 y 75 mm fueron construidos en grandes cantidades. Después de la guerra apareció el de 106 mm que, junto al de 75 mm, todavía es empleado en numerosos Ejércitos de todo el mundo.

En los EEUU hubo dos proyectos paralelos de cañones sin retroceso: Por una parte, se encontraban los realizados en la Sección de Artillería del Servicio de Investigación y Desarrollo, basados en un LG 40 de 105 mm que habían capturado, del que se diferenciaban muy poco; y por la otra, el denominado Kromuskit (derivado de los nombres de los diseñadores Kroger y Musser) que era en líneas generales muy pareci­do al diseño de Burney, aunque la vaina tenía muchos agujeros pequeños, en lugar de unos pocos grandes, y estaba revestida de material plásti­co. El primero de los proyectos dio lugar al obús de 105 mm T9 y a su versión para aviones con carga au­tomática (9 disparos) T9E2, ha­biéndose estudiado en 1945 otra variante de 156 mm, denominada T4. Por su parte, entre los modelos Kromuskit podemos mencionar el de 57 mm (del que se encargaron 2.000 ejemplares a principios de 1945), que fue seguido por el de 75 y 105 mm, aunque éste último no se fabricó en serie. Sin embargo, los otros dos modelos obtuvieron un gran éxito hasta el punto de que aún se utilizan en algunos países ibero­americanos. Finalmente, citaremos que se intentaron realizar dos mor­teros sin retroceso de 106, 68 y 60 mm, como era de esperar no pasa­ron de la fase de prototipo.

 

Cañones sin Retroceso

Modelo País de origen Peso

total (kg)

Peso

proyectil

(kg)

Alcance

Máximo

(m)

Velocidad inicial

(m/sg)

 75 mm LG 40 Alemania 146 5,9 6.800 350
105 mm LG 42 Alemania 553 14,98 7.950 335
15 cm LG 240 Alemania 851 37,68 5.250 241
57 mm EEUU 20,41 1,25 3.980 366
75 mm EEUU 52,21 6,54 6.400 305
87,63 mm R. Unido 25 4,99 914 274
93,98 mm R. Unido 113,4 9,98 2.740 305
95 R. Unido 1.100 11,35 9.875 488

 

 

Minas

A lo largo de la guerra, los diferentes Ejércitos colocaron varias decenas de millones de minas constracarro, para evitar o canalizar los movimientos de las formaciones acorazadas enemigas. Inicialmente, eran simples modelos de presión con caja metálica, pero muy pronto aparecieron modelos de madera, cristal o materiales plásticos, mucho más difíciles de detectar. Además, para dificultar su desactivación, a veces incluyeron sistemas antirremoción o fueron instaladas con trampas explosivas o  acopladas a otras contrapersonal.

Las minas magnéticas fueron muy usadas por los equipos cazacarros. Por ello, los alemanes recubrieron algunos de sus carros con pasta anti-magnética “zimmerit”.
Las minas magnéticas fueron muy usadas por los equipos cazacarros. Por ello, los alemanes recubrieron algunos de sus carros con pasta anti-magnética “zimmerit”.

Entre las principales minas utilizadas destacaremos las Tellermine alemanas, construidas inicialmente con caja metálica y posteriormente con materiales indetectables, la Modelo 1938 soviética, también metálica que fue complementada por otras fabricadas de madera, la Nº 75 o Granada Hawkins, que también servía como granada normal, y la norteamericana M1, que tenía una placa de presión con forma de araña, por lo que su área de actuación era mucho mayor. Un caso especial, lo constituyeron las minas magnéticas que eran accionadas por un mecanismo de retardo tras ser colocadas en los vehículos, contando generalmente con una carga hueca. Por supuesto, también fueron empleadas todo tipo de minas de circunstancias, fabricadas a partir de proyectiles de artillería o explosivos, principalmente.

 

 

Otros proyectos

Además de las armas que hemos visto hasta ahora, hubo otras muchas que se quedaron en la mesa de dibujo o fueron construidas en corto número porque el final de la guerra impidió su desarrollo. Entre las más destacadas citaremos los cañones magnéti­cos, los de ánima cónica y los de presión alta-baja alemanes, así  como el adaptador LittIejohn y el cañón Smith de 76,2 mm y el Lanza­dor de Botellas Bates de Ocho Tu­bos, británicos.

La idea de construir un cañón magnético surgió el año 1902, vol­viendo a reaparecer en 1918, aun­que no se estudió a fondo hasta dos décadas más tarde, cuando el ingeniero ale­mán Otto Muck de la firma Siemens, propuso la fabricación de “un cañón eléctrico que puede dis­parar, sin ruido ni fogonazo, doce proyectiles por minuto con un al­cance superior a 250 Km. Los pro­yectiles son de calibre 150 mm y pesan 200 kg”. A finales de 1944, la idea estaba suficientemente desa­rrollada para la fabricación de un prototipo, pero finalizó la contienda antes de iniciarla. Hoy en día, aún siguen los estudios, siendo el gran consumo energé­tico el principal problema a resolver.

Cañón de ánima cónica “Gerlich” de 28 mm de calibre (21 en la boca) que ofrecía muy buenas prestaciones. Este tipo de cañones fueron abandonados dada la escasez de tungsteno, imprescindible para los proyectiles.
Cañón de ánima cónica “Gerlich” de 28 mm de calibre (21 en la boca) que ofrecía muy buenas prestaciones. Este tipo de cañones fueron abandonados dada la escasez de tungsteno, imprescindible para los proyectiles.

Los cañones de ánima cónica diseñados por Gerlich, según una idea patentada en 1909, estaban basados en un proyectil dotado de un collarín que quedaba aplastado al recorrer el tubo cónico, de manera que la presión de los gases aumentaba propor­cionalmente a la disminución de la superficie del culote del proyectil; consecuentemente, crecía la velocidad inicial y, por lo tanto, el poder de perforación. Inicialmente, aparecieron versiones de 28 y 42 mm (21 y 30 mm en la salida) denominadas Schewere Panzer­büchse 41 y Pak 41, respectivamen­te, que proporcionaban una velocidad inicial superior a 1.220 m/sg. Poste­riormente, fue presentado el PAK 42 de 75 mm (55 mm de salida), del que se entregaron 150 ejemplares hasta 1942, año en que cesó la producción como consecuencia de la escasez de tungsteno, imprescindible para los proyectiles.

Por parte británica, tras diversos estudios realizados por el ingeniero checoslovaco Janacek y, después de las pruebas realizadas con un Gerlich de 28 mm, capturado en 1941, se decidió reali­zar el adaptador LittIejohn, empleado en diversos cañones monta­dos en vehículos acorazados, así como con el cañón norteamericano de 37 mm, aumentando considerable­mente sus prestaciones.

El grupo Rheinmetall-Borsig expuso en 1944 la idea de un cañón contracarro de poco peso denominado Sistema de Presión Alta-­Baja. Se  basaba en quemar el propulsor en una pequeña cámara cerrada (alta presión), per­mitiendo después que los gases pa­saran a una cámara mayor (baja pre­sión), en la que actuaban sobre el proyectil, que era una granada de mortero modificada con una carga hueca. La vaina del cartucho disponía de una tobera plana con  ocho orificios, que permitía el paso de los gases entre el proyectil y la carga explosiva. El único cañón que entró en servicio con este sistema fue el Panzer Abwer Werfer 600 de 80 mm. Tenía un peso en combate de tan solo 600 kg y se pensó para sustituir a todos los cañones sin re­troceso, aunque acabó la guerra an­tes de que hubiera una canti­dad suficiente para ello.

Único ejemplar construido del cañón “Smith” y de su remolque de municiones, conservado en el museo británico Royal Armouries.
Único ejemplar construido del cañón “Smith” y de su remolque de municiones, conservado en el museo británico Royal Armouries.

El cañón Smith de 76,2 mm era una curiosa pieza de ánima lisa montada sobre una cureña con dos ruedas cónicas. Para entrar en posición había que volcarlo para que quedara apoyado en una de las ruedas, lo que le permitía un giro horizontal de 360º. Incorporaba un escudo protector y alojamiento para cinco proyectiles de uso inmediato. También fue construido un remolque de tipo cilíndrico para transporte de municiones. Las granadas eran similares a las de mortero con cabezas de guerra rompedoras o de carga hueca.

Por último, el Lanza­dor de Botellas Bates de 8 tubos era similar al ya mencionado Proyector Northover aunque, como indica su nombre, disponía de 8 lanzadores para granadas o bo­tellas con un alcance de 100 metros. Por suerte, fue rechazada su pro­ducción por lo que nunca entró en combate.

 

 


 

Notas

[1]La granada, conocida como “Stielgranate 41”, era introducida por la boca y se disparaba con un cartucho de propulsión.

[2] En los últimos años, ha proliferado el uso de fusiles de precisión para tiradores selectos, de hasta 12,70 mm de calibre, algunos de los cuales son muy parecidos a los antiguos fusiles contracarro.

[3] En 1939 capturaron algunos de estos fusiles.

[4] Con proyectiles de gran velocidad y estabilizados por rotación, las cargas huecas se descomponen y pierden gran parte de su poder destructivo.

[5] Aunque sea de forma inapropiada, el nombre de “bazooka” es utilizado a menudo como sinónimo de lanzagranadas.

 

 

Acerca de Francisco Fernández Mateos 8 Articles
Coronel de Caballería (r), ha realizado labores de mando de Sección, Escuadrón, Grupo y de Regimiento, así como de administración (depósito de víveres), de plana mayor de Regimiento y enseñanza superior (Academia General Militar). Además, ha participado en diferentes programas de adquisición de materiales (radar Arine, soporte de lanzamisiles Milan para BMR, LMV lince, RG-31, VRC-105 Centauro, futuro VCR 8x8, etc), habiendo sido Jefe del Programa Pizarro Fase II / Centauro, entre 2007 y 2013. Hasta el momento ha publicado más de 500 artículos, diferentes manuales militares, 14 revistas monográficas y perfiles de IDS, y 13 libros en formato papel y/o electrónico.

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