Ciberespacio

Ciberespacio

Personal del Comando de Operaciones y Seguridad en la Base Aérea de Peterson
Personal del Comando de Operaciones y Seguridad en la Base Aérea de Peterson. Fuente: USAF

La ciberseguridad se ha convertido en una de las amenazas principales que recogen las agendas y estrategias de la mayor parte de los países. Esta preocupación, sin embargo, no siempre se traduce en políticas coherentes ni en una dotación adecuada de medios humanos y materiales para llevarlas a cabo.

Esta falta de coherencia suele obedecer a una deficiente comprensión de la verdadera naturaleza del ciberespacio, de los riesgos que presenta y de las oportunidades que ofrece.

La visión clásica del ciberespacio concebido como una red de comunicaciones hace tiempo que ha pasado a ser obsoleta. En la actualidad se ha convertido en una suerte de biosfera paralela a la física y tan real como ésta. En este mundo digital se desarrolla una actividad creciente y se está convirtiendo, por su idoneidad para ello, en el ámbito propio de la información y el conocimiento.

Su carácter transversal convierte al ciberespacio en un habilitador de capacidades, en una precondición para el uso de cualquiera otra. La pérdida de control sobre el entorno digital limita hasta la parálisis la acción en el mundo físico del siglo XXI; incluso provoca esta misma parálisis en la toma de decisiones al romper el ciclo de inteligencia adversario alterando las circunstancias antes de que finalice su análisis. Este hecho se refleja de forma particularmente clara en la utilización de los algoritmos financieros para la gestión de los fondos de inversión. La agilidad en la toma de decisión de estos se mide en fracciones de segundo y permite multiplicar sus márgenes de actuación.

Ya no hacen falta divisiones de infantería para desembarcar en territorio enemigo.
Ya no hacen falta divisiones de infantería para desembarcar en territorio enemigo. Fuente: Foreignpolicy

Dentro del entorno militar, esta parálisis tiene su reflejo en las perturbaciones de los sistemas de Mando y Control enemigos en acciones muy similares a las de guerra electrónica. La Operación Huerto llevada a cabo por Israel en septiembre de 2007 contra instalaciones nucleares sirias, es un ejemplo temprano de estas capacidades.

La principal diferencia entre el ciberespacio y el resto de los entornos de convivencia humana es su carácter artificial. Aparte de otras cuestiones relativas a la propiedad de sus infraestructuras –por otro lado, un tema realmente importante al estar, además, en su práctica totalidad en manos privadas– el diseño y la fabricación humana garantizan errores casuales o intencionados en todas las fases del proceso.

Estas imperfecciones suponen unas vulnerabilidades en el sistema. De hecho, en todas y cada una de las partes que componen el sistema. Errores en la configuración de la arquitectura física de las redes, en la formulación sintáctica de los protocolos que permiten el intercambio de información, en la semántica de los programas y bases de datos y, sobre todo, errores en la gestión que los usuarios hacen de sus personalidades digitales y de las relaciones sociales que mantienen a través de ellas. Todas y cada una de las capas que definió Martin Libicki son susceptibles de contener puertas traseras o vías de acceso a redes ajenas.

Nunca hasta el momento se había podido acceder de forma simultánea e interactiva a cualquier lugar de una red con distribución planetaria.
Nunca hasta el momento se había podido acceder de forma simultánea e interactiva a cualquier lugar de una red con distribución planetaria. Fuente: Internet.

De forma simultánea, el hombre ha decidido cuáles son las reglas por las que se rige el ciberespacio, tanto desde un punto de vista técnico como desde un punto de vista ético, político y legal. La gobernanza técnica del entorno digital pretende garantizar la eficiencia de su funcionamiento. Las gobernanzas de carácter social aspiran a regular nuestra convivencia –en tanto seres humanos– en la biosfera lógica que se conforma a su alrededor. La inseguridad jurídica del momento actual es fruto de la falta de adecuación de las normas clásicas al nuevo entorno. La inseguridad técnica proviene del diseño original de internet–orientado a su utilidad y no a su seguridad– y de la evolución de los mecanismos que lo regularon.

El alcance global y el tempo con el que evoluciona todo en el ciberespacio son otras características que lo hacen difícilmente comprensible para muchos; especialmente para aquellos que se empeñan en asimilarlo a los entornos físicos en los que se sienten cómodos. Nunca hasta el momento se había podido acceder de forma simultánea e interactiva a cualquier lugar de una red con distribución planetaria. En este caso, el matiz de la interactividad es fundamental en tanto que aproxima emocionalmente a los sujetos de la comunicación.

En lo que se refiere al ritmo al que evolucionan los acontecimientos en la red, la velocidad a la que se muevan los mismos no supone más allá de un cambio cuantitativo respecto de otros medios de comunicación. Sin embargo, la aceleración continuada y exponencial a que crece dicha velocidad sí introduce factores diferenciales con respecto a los parámetros conocidos hasta ahora.

Estamos, pues, ante un entorno que abarca todos los ámbitos de actividad humana, que opera bajo reglas cambiantes en función de su origen y diseño artificial, que no conoce limitaciones en cuanto a su localización geográfica, que está sometido a una evolución que se produce a un ritmo acelerado, y que goza de un carácter interactivo que potencia su capacidad de influencia emocional.

Vivimos en un mundo, el basado en las redes sociales y en los algoritmos que las gestionan, en el que la realidad se convierte en irrelevante
Vivimos en un mundo, el basado en las redes sociales y en los algoritmos que las gestionan, en el que la realidad se convierte en irrelevante. Fuente: Michaelhacker.at

No es de extrañar, por lo tanto, que la Ley Campoamor sea aún de más aplicación en este mundo traidor en el que nada es verdad ni es mentira. Un mundo, el basado en las redes sociales y en los algoritmos que las gestionan, en el que la realidad se convierte en irrelevante, prestando su importancia a las percepciones que configurarán las narrativas y las formas de entender el mundo lógico tanto como el físico. Un mundo que ha consagrado el término post-verdad como término definitorio del último año.

De ahí la idoneidad del medio digital para llevar a cabo operaciones de influencia o, si se prefiere, operaciones basadas en afectos –parafraseando las operaciones militares basadas en los efectos que producían. La inmediatez conlleva obsolescencia, no solo de los sistemas y los equipos, sino también de las ideas que se transmiten por ellos. Producido el efecto del mensaje, poco importa su verificación o un desmentido posterior cuando otra noticia ha ocupado ya la atención de la audiencia objetivo.

En estos años de transición entre estructuras y organizaciones que responden a un modelo analógico y jerárquico de ver el mundo, y otro reticular y colaborativo, la misma falta de sintonía entre las vivencias y el entorno en el que ocurren lleva asociadas frustraciones e inseguridades. Las soluciones a los problemas digitales no vendrán de los modelos que resolvieron los analógicos ni podrán esperar a que las instituciones estén gobernadas por personas que comprendan el nuevo escenario.

Estas instituciones, trátese de Estados, Organizaciones Internacionales o empresas privadas, deberán comprender de forma acelerada las simetrías que introduce el ciberespacio en sus relaciones con el resto del mundo. En un entorno en constante cooperación y competición con los mismos actores, el número de estos se ha multiplicado hasta abarcar a los 3.500 millones de internautas que pueblan hoy el internet mundial. La biosfera digital aplana las diferencias entre unos y otros, y equilibra el poder de todos sus miembros en función del número de conexiones que es capaz de establecer y de la credibilidad que mantiene. Hoy, los Estados atacan a las empresas (caso Sony), los particulares a las instituciones e, incluso, grupo amorfos como Anonymous se convierten en protagonistas de conflictos bélicos o antiterroristas.

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Redacción Revista Digital Ejércitos sobre Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas.

1 Comment

  1. Hola

    Efectivamente, el ciberespacio es otro lugar similar al humano, porque está fabricado por personas, y somos incapaces de crear algo ajeno a nuestra naturaleza.

    Por eso la defensa o ataque en este territorio debe basarse en las mismas reglas, en las mismas doctrinas que usamos en en mundo físico.

    Actuamente estamos en la edad de piedra, o de bronce como mucho. Tenemos armas y escudos.
    Y somos tan brutos que no hemos inventado el espionaje. No hay nadie en nuestras filas que realice labor de inteligencia. ¿Sorprendente? No, la inteligencia en el mundo virtual “Hum”int/OSInt/Sigint Se hace con software, y no hay dinero para comprarlo/desarrollarlo.

    Para otras cosas sí hay dinero, pero para saber que planean los malos no hay un euro.

    Sí es verdad que se invierte en técnicos para crear software para protegerse y atacar. Eso es hasta donde llega la capacidad de comprensión de los cargos políticos, lo que mola, lo que sale en las pelis de Hollywood.

    ¿No hay ni un solo asesor que explique a los cargos a dedo que lo primero es disponer de INTELIGENCIA?

    Cierto, sí hay personas que realizan labores de inteligencia en el ciberespacio, y a las que admiro y aprecio mucho. Pero su trabajo se realiza a mano o con software opensource, gratuito, o baratillo, o pagado a precio de oro pero malo con ganas. Pero poco se puede hacer con pocos recursos en un mundo prácticamente infinito.

    Saludos

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