Guadalajara, 1937… ¿Derrota o Empate?

Guadalajara, 1937... ¿Derrota o Empate?

Aviación republicana atacando
Aviación republicana atacando. Autor: Jesús Abellán

 

Combinar carros de combate con infantería a pié es tan absurdo como unir un tractor a una yunta de bueyes

General de División, J.F.C., “Boney”, Fuller, Ejército Británico, “Lectures on Field Regulations,” 1929

 

 

Guadalajara ha pasado a la historia como la gran derrota del bando nacional en la Guerra Civil, y sobre todo como la gran derrota del fascismo. Algún autor incluso ha comparado Guadalajara con Bailén, considerando que los efectos para la Italia fascista, especialmente para Mussolini, fueron los mismos que para Napoleón, y para Francia. La izquierda, sobre todo a la luz de la llamada “Memoria Histórica”, glorifica Guadalajara como una gran victoria. Creo que todo ello es exagerado, y no coherente con la realidad, por no decir otra cosa.

En primer lugar, y en cierto modo, ambas batallas sí pueden ser comparables si se considera que ninguna de ellas tuvo influencia decisiva en los respectivos conflictos. Bailén tuvo lugar en 1808, pero Napoleón no se sintió derrotado por ello, y la guerra aún duró seis años más. Guadalajara tuvo lugar en el primer trimestre de 1937, y la guerra aún se prolongaría dos años más, finalizando con la victoria del bando que, precisamente, había sido derrotado presuntamente en Guadalajara. Cierto es que Mussolini se sintió terriblemente amargado y contrariado, probablemente tanto como Napoleón, pero en Guadalajara, al contrario de lo que sucedió en Bailén, las tropas italianas no lucharon solas, ni tampoco lucharon contra un ejército meramente español. Bailén quizás tuvo un efecto galvanizador en la población española para seguir luchando contra el invasor napoleónico. Guadalajara, si tuvo influencia en la resistencia del bando republicano, fue bastante efímera.

Guadalajara, en cualquier caso, no modificó el resultado de la contienda, ni perjudicó o disminuyó las capacidades del Ejército Nacional. Tras la batalla, que vino a durar escasamente dos semanas, ambos bandos estaban donde estuvieron al principio. No se ganó prácticamente ningún terreno por ninguno de los dos bandos, y el frente se estabilizó en esos confines, casi durante todo el resto de la guerra. Eso sí, el campo quedó sembrado de cadáveres de ambos contendientes. ¿Derrota o empate? No pretendo desvelar nada nuevo aquí, se ha escrito mucho sobre este asunto y casi todos los archivos estan abiertos para los investigadores.  Sin embargo, hay que leer y saber interpretarlos. Veámos las circunstancias de lo que ocurrió en las llanuras de La Alcarria, en marzo de 1937, y su desarrollo.

 

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La toma de Málaga, en febrero de 1937, había resultado un gran desastre para los republicanos, y Mussolini[1] vio allí el éxito de las tropas italianas como un buen augurio, y como el preludio de algo que justificaba el incremento de la ayuda al bando nacional y la implicación de Italia en la Guerra Civil española a pesar de haber firmado el Pacto de No-Intervención[2]. El Mando italiano no supo ver que la fácil y rápida victoria en Málaga era debida, en realidad, a una combinación de buen tiempo, y de falta de experiencia, y medios, por parte de los republicanos, en la guerra movil, y con medios blindados. Guadalajara no iba a ser igual.

A finales de 1936, y principios de 1937, la atención e interés del bando nacional se centraba en tomar Madrid. Franco estaba obsesionado con lograr una victoria decisiva que permitiera conquistar la capital, y quizás acabar la guerra o acelerar su final. Esta obsesión llevó a la batalla del Jarama. Pero la realidad es que la batalla acabó en tablas y ningún bando se sintió conforme con el resultado. Los republicanos constataron que el río Jarama, en sí, no constituía un obstáculo serio, y de hecho el río se podía franquear sin problemas, por casi todos los lugares, en la primavera y en el verano. Para el bando nacional el resultado fue decepcionante ya que, como mínimo, habían pretendido cortar las comunicaciones con Valencia, y sitiar la capital, y no lograron ninguna de las dos.

Quizás Franco había depositado demasiadas esperanzas, con las escasas fuerzas disponibles, para un objetivo como Madrid, pero eso no fue el único factor que influyó en el resultado. Los nacionales lograron avances significativos, pero no lograron romper el frente ni cortar la carretera de Valencia. El apoyo soviético y las recién formadas Brigadas Mixtas del Ejército Popular probaron ser un obstáculo de mayor consistencia de la esperada, y frenaron el avance nacional.

Ambos bandos procedieron a organizar el terreno y fortificar sus posiciones, permaneciendo en un compás de espera casi hasta el final de la guerra. Aunque el bando republicano celebró la batalla como si hubiera sido una gran victoria sobre el bando nacional, en realidad la batalla del Jarama solo había sido una confrontación más sin resultados decisivos, al igual que los combates en torno a Madrid, de noviembre y diciembre de 1936, que solo lograron frenar el avance nacional sobre la capital, pero sin rechazar al adversario ni desalojarlo de las posiciones alcanzadas. Aún así, el esfuerzo realizado había tenido un alto coste, ya que los republicanos tuvieron no menos de 10.000 bajas, contra 6.000 por parte de los nacionales, además de perder casi un 70 % del total de los medios acorazados recibidos hasta entonces. Ciertamente, para los republicanos, el Jarama no había supuesto un buen comienzo del año 1937.

Bandera Indomita recién llegada a puerto
Bandera Indomita recién llegada a puerto

No hubo actuación ninguna de las tropas italianas durante toda la batalla del Jarama. En cambio, tras Málaga, las fuerzas italianas dedicaron todo ese tiempo a trasladarse desde Andalucía hacia el centro y norte de España, y a reorganizar sus efectivos tras recibir nuevos refuerzos y material de Italia. A finales de febrero de 1937, se puede decir que los efectivos italianos en España alcanzaban ya casi los 50.000 hombres, estructurándose en un cuerpo de ejército con cuatro divisiones más apoyos y una organizacion logística, con un total de seis generales, 20 coroneles y 172 oficiales, 33 de ellos del estado mayor italiano[3]. Era lo que se conoce con el nombre de Cuerpo de Tropas Voluntario (CTV). Al mando estaba el General Mario Roatta, procedente de infantería, que había sido hasta el comienzo de la guerra, en 1936, el jefe del Servicio de Inteligencia Militar italiano (SIM), en Roma. Inicialmente había sido el encargado de canalizar la ayuda italiana a Franco, pero en diciembre de 1936 fue designado por Mussolini para tomar el mando de todas las tropas destinadas a España. Como su jefe de estado mayor, ejercía el Coronel Emilio Faldella, también de infantería y también perteneciente a los servicios de inteligencia, que había sido cónsul de Italia en Barcelona durante 1930 a 1935, y se suponía que conocía bien la idiosincrasia española.

Al mando de la fuerza acorazada del CTV, el llamado Raggruppamento Reparti Specializzati (RRS), estaba el Coronel Carlo Rivolta, igualmente de infantería. En total, a principios de marzo de 1937, esta fuerza estaba constituida por dos batallones de carros ligeros Fiat L3 CV33/35, con cuatro compañías cada uno, y cada compañía con 10 carros. Una sección de 4 carros por compañía venían a ser de la versión lanzallamas L3/lf. En total, el CTV en Guadalajara no disponía más que de 80 u 81 carros ligeros L3, y no las exageradas cifras que han dado algunos autores.

Aunque la idea de atacar hacia Madrid, desde Zaragoza, y conquistar la capital, era algo que ya el General Mola había planteado en algún momento, nunca se había podido llevar a cabo por falta de medios. El Mando italiano no quería permanecer ocioso y estaba ansioso por demostrar las capacidades de su moderno ejército, y realizar algo grandioso. En Roma pensaban que sería posible acabar la guerra a lo largo de 1937, y así Italia podría dedicarse a otros temas como consolidar la situación de Abisinia, y atender los asuntos europeos. Pero parece que fueron los propios mandos nacionales los que les dieron pié para comenzar el planeamiento de ideas sublimes.

Como la batalla del Jarama no iba muy bien, ya a mediados de febrero, Millán Astray urgió al Coronel Faldella a iniciar operaciones que aliviasen algo la presión republicana en el Jarama. Y también lo hizo el jefe de operaciones en el estado mayor de Franco, Coronel Antonio Barroso[4]. Los italianos llegaron a proponer una ofensiva desde Teruel hacia Sagunto, para dividir a la España republicana en dos y llegar al mar, algo que, no obstante, se realizaría en la primavera de 1938, y en lo que las tropas italianas tendrían un papel predominante, pero que por el momento Franco rechazó tajantemente, aunque sugirió que podría pedirles que atacasen Guadalajara.

Ello llevaría a otra propuesta que tampoco agradó demasiado a Franco, y aunque aceptó a regañadientes, dejó bien claro a los italianos que el nuevo plan no coincidía con sus ideas. Faldella proponía que el CTV fuese la parte norte de una pinza que, coincidiendo con otra que partiese del sur, se unieran en Alcalá de Henares, cerrando el cerco a Madrid. Franco casi amonestó a Faldella, reprochándole el papel predominante que los italianos querían tener, pero Faldella tenía órdenes estrictas de Mussolini de llevar a cabo una acción decisiva que pudiera llevar a acabar pronto la guerra, y estaba convencido de que su plan era lo más conveniente[5].

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 41 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

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