Los herederos de Franco (VIII): Llega Federico Trillo, probablemente el peor ministro de defensa de la historia

Los herederos de Franco: Llega Federico Trillo, probablemente el peor ministro de defensa de la historia

Federico Trillo deja su puesto como embajador
Federico Trillo deja su puesto como embajador. Fuente: publico.es

“Las tropas españolas fijarán su cuartel general en Diwaniya, capital de Al-Qadisiya, una zona bastante tranquila, en una provincia considerada como una zona hortofrutícola y floreciente»         

 Federico Trillo-Figueroa, Ministro de Defensa, 11 de julio de 2003, ante el Parlamento

 

Posiblemente nadie haya dicho nunca una memez más grande en el marco del Congreso de los Diputados, como la entrada a esta página, y sin embargo él que la pronunció había sido muy bien recibido, en su día, por las Fuerzas Armadas.

Federico Trillo fue nombrado Ministro de Defensa en abril de 2000, en la segunda legislatura ya del gobierno de José Mª Aznar. Aparentemente Eduardo Serra había renunciado a seguir en la Administración, deseando reintegrarse a sus ocupaciones civiles, y ni siquiera figuró en las listas del PP en las elecciones de 2000. Sin duda, la labor que había venido a hacer estaba ya realizada, y no tenía objeto su continuidad. Era el momento de recoger su paga, que por supuesto le llegó, y hoy Eduardo Serra, al margen de varios cargos de carácter filantrópico y sin trascendencia –Museo del Prado, Fundación contra la Drogadicción, etc,…pero de relieve, ha estado bien atrincherado como Presidente de UBS (Union de Banque Suisse), en España, entre otras cosas. Solo recordar que UBS fue uno de los principales bancos que respaldó la venta de la Empresa Nacional Santa Bárbara a la empresa norteamericana General Dynamics. Pero esto, como otros temas, no es objeto de estas páginas.

 

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Federico Trillo llegó al Ministerio de Defensa desde su puesto como Presidente del Congreso, donde había protagonizado alguna que otra anécdota simpática e inconsecuente, que le daban el aire de un ministro menos circunspecto y rígido que algunos de sus antecesores. En las Fuerzas Armadas su nombramiento fue bien recibido. Estaba relacionado estrechamente con la Marina, era oficial del Cuerpo Jurídico de la Armada en situación de supernumerario, hijo de un general también del Cuerpo Jurídico, y de alguna manera se le consideraba un “militar”, aunque se tratase de un “aspirino” (apodo cariñoso con el que se designaba a los oficiales de los Cuerpos de Sanidad, Jurídico, Intervención,…etc) por parte de la oficialidad del Cuerpo General de las Armas, en Tierra y Aire, y del Cuerpo General de la Armada. De alguna manera, en las Fuerzas Armadas se pensaba que alguien que conocía al estamento militar llegaba por fin al Ministerio, en plena democracia.

No resultaría así, sino más bien casi al contrario, y aunque no sea el objetivo de esta obra, hablar de los ministros, será imposible no hacer algunas referencias a sus acciones, ya que resultará obligado para desgranar toda la situación y escudriñar la actuación de los generales.

De su vinculación con las Fuerzas Armadas, Federico Trillo, lo quiso dejar patente en su discurso de toma de posesión del Ministerio de Defensa, cuando pronunció la conocida frase de “Soy uno de vosotros. Mis horizontes son vuestros horizontes. Mis valores son vuestros valores. Mis anhelos son vuestros anhelos”- aunque, a pesar de todo, no hizo y deshizo todo lo que quiso, ya que Eduardo Serra había dejado bien asentada su labor, y consolidado todo el proceso de desmilitarización iniciado por anteriores gobiernos, y un caso evidente fueron los nombramientos simultáneos del Almirante Francisco Torrente, hasta ese momento en la Dirección General de Política de Defensa, como Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, y del Almirante Antonio Moreno Barberá, como Jefe del Estado Mayor de la Defensa, en sustitución del General Santiago Valderas.

A pesar de lo que se ha dicho numerosas veces, Trillo fue un continuador de la labor de Serra, y los civiles siguieron controlando la cúpula del Ministerio de Defensa. No solo mantuvieron sus altos cargos, sino que los ampliaron. De hecho, la Dirección General de Política de Defensa –tradicionalmente un puesto ocupado por un militar-, se vio relegada, de alguna forma, y subordinada ahora a una pomposa Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL), de nueva creación, totalmente innecesaria, a cuyo frente Trillo puso al diplomático Francisco Javier Jiménez-Ugarte, un personaje complicado y arrogante que añadió una considerable dosis de tensión a las relaciones cívico-militares en el seno del propio Ministerio. Como Director General de Política de Defensa –y subordinado directo del Sr. Jiménez-Ugarte-, se designó al Vicealmirante Rafael Lorenzo, que su momento pasaría a ser consejero de la empresa Santa Bárbara, sin duda en premio a su docilidad.

Federico Trillo en el Congreso de los Diputados con el por entonces Príncipe de Asturias. Foto - Congreso de los Diputados.
Federico Trillo en el Congreso de los Diputados con el por entonces Príncipe de Asturias. Foto – Congreso de los Diputados.

Si Trillo puso al frente de la Dirección General de Armamento y Material nuevamente a un militar –el General de División del Aire Miguel Valverde Gómez[1], ascendido casi inmediatamente a Teniente General-, en sustitución del Sr. Pery, no es menos cierto que designó a un energético y activo civil como Secretario de Estado de Defensa, el Sr. Fernando Díez Moreno, que llegaba desde el Ministerio de Hacienda, en un momento en que en ese ministerio había estallado el escándalo de Gescartera, y en el que aparecían implicados dos hermanos, hijos de un coronel de la Guardia Civil, y uno de ellos, coronel en ese momento, que, finalmente, no sería ascendido a general. Para la Subsecretaría de Defensa, Trillo optó igualmente por alguien de su absoluta confianza, y nombró a Víctor Torre de Silva, que había sido jefe de su gabinete en la Presidencia del Congreso de los Diputados, una persona quizás excesivamente joven para el cargo, y para la labor que tenía que realizar, especialmente en el ámbito de la gestión de personal y de los recursos humanos, pero eso ¿a quién le importaba?

Miguel Valverde Gómez, era totalmente desconocido en gran parte de la administración militar, aunque había dirigido la Dirección de Sistemas del Ejercito del Aire. Era el primer director militar de la DGAM en muchos años. Curiosamente yo le conocía personalmente ya que él como teniente coronel, y yo como capitán, habíamos trabajado juntos cuando coincidimos como alumnos de las respectivas escuelas de estado mayor, en un ejercicio conjunto allá por 1981. Aunque no resultase relevante, personalmente me alegré de su nombramiento y mantuve una buena relación personal con él. Fue un buen director, sin ir a mayores, y actuó con ecuanimidad.

Trillo fue el ministro que puso fin al mando del Teniente General Calderón en el CESID, en junio de 2001, y además de cambiarle el nombre –a partir de ese momento, pasó a llamarse Centro Nacional de Inteligencia/CNI-, puso a su frente –por primera vez-, a un civil, Jorge Dezcallar de Mazarredo, diplomático de carrera, y hasta ese momento embajador en Rabat. Obviamente el asunto no era un capricho de Trillo, sino que la decisión provenía de las más altas esferas. Dezcallar dio al CNI, una impronta muy diferente de la de su antecesor, como era lógico y cabía esperar, y, curiosamente, su nombramiento respondía a un consenso especial, acordado por el Gobierno, con todas las fuerzas políticas –incluida Izquierda Unida-, cuando nadie le había pedido tal cosa a Aznar. Dezcallar era un “submarino” más en el gobierno de Aznar, había sido Director General para África, bajo Fernando Morán, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, y, entre otras cosas, le había pasado el testigo de su cargo a  Miguel Ángel Moratinos, que luego sería uno de los peores ministros de Asuntos Exteriores de España. Era un hombre del PSOE, a todas luces.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 41 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

6 Comments

  1. ¿Alguien concibe que el Almirante en Jefe de la VI Flota no estè presente en Nàpoles con las diferentes TF’s que la forman?, ¿o que el Comandante de la VII Flota no estè Japòn?, pues eso pasa por ejemplo con la AE.Ahora las antiguas Zonas Marìtimas tienen a sus supuestos jefes…en Madrid.

    Seguro que de la experiencia de Perejil quièn más aprendiò fue Marruecos.Y lo demuestran sus ùltimas inversiones en material militar, carros Abrams, TOW’s, fragatas francesas, submarinos convencionales rusos (o al menos esa es la intenciòn).

    Es una lástima que la Ley prohiba la apertura de casos ya juzgados, porque a toda esta caterba de inútiles habrìa que juzgarlos por traiciòn

  2. Dice el refranero español, ” Otro vendrá que bueno te hará” y hasta hoy sistemática y desgraciadamente se ha cumplido, en Defensa y en el gobierno en general.

    Estoy completamente de acuerdo y convencido que Trillo ha sido simplemente el peor, no merece más calificativos, salvo los que un Tribunal le aplicara, que bien merecidos se los tendría.

    Pero, que Dios nos coja confesados como algún día ,los bolivarianos pijiprogres lleguen al poder, ahí tendremos nuestro nuevo Guadalete, interno.

    Ese personaje que fue jefe de los ejércitos y ahora proclama que las FCSE vayan desarmadas, que los ejércitos luchen por la paz, solo por la paz, sin armas “of course” y al mismo tiempo claman por que las misiones humanitarias en curso son eminentemente imperialistas.

    Solo me apena el votante por convicción, o fe , de derechas , huérfano de esta opción real en España.

    saludos

  3. Efectivamente, amigo Six
    Lo que pasa es que a la situación actual se ha llegado gracias a los Trillo, Bono, Chacón, y a los muchos generales que se van citando aquí, que se han aprestado afanosamente a la tarea, solo en su beneficio personal exclusivo. Ningún general ha presentado su oposición nunca a nada de lo que se ha venido haciendo. Esa es la triste y única realidad, y tenían obligación de hacerlo.
    Los de ahora, se aprestan con igual o más ahínco.

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