Guernica, Abril de 1937. La gran victoria propagandística de la República. Una aproximación militar

Guernica, Abril de 1937. La gran victoria propagandística de la República. Una aproximación militar.

"Guernica", de Pablo Picasso
"Guernica", de Pablo Picasso

Una nación sin crítica es una nación ciega

Octavio Paz

 

Robespierristas, antirrobespierristas: os pedimos por piedad que nos digáis, sencillamente, cómo fue Robespierre

Marc Bloch

 

 

Introducción

Son muchos los hechos que ocurrieron en España en 1937, hace ya ochenta años el pasado mes, y aunque pueda parecer que ha pasado mucho tiempo, las cicatrices están ahí, y hay muchos españoles empeñados aún en no olvidar, y probablemente tampoco en perdonar. Quizás esa es la gran desgracia de España.

Todos somos libres de detestar, o no, las llamadas “verdades oficiales” del régimen anterior a 1975, pero no deberíamos ser tan libres como para inventar, e imponer, una historia acorde con nuestras fobias particulares, como hoy se hace en muchas universidades, medios de comunicación e, incluso, instituciones políticas. Pero a ello parecen dedicarse muchos, y no solo en España.

Se puede argumentar que la verdad histórica es siempre interpretable, y quizás nunca del todo alcanzable, pero la atención a los datos contrastados y al análisis permite descartar gran número de errores, intencionados o no, y preparar así el camino para nuevas investigaciones. El apasionamiento que demuestran algunos autores en ciertos temas, impidiendo cualquier razonamiento, demuestra que en ellos estan envueltos profundos intereses y aspiraciones, ya sean individuales o personales, o colectivos.

Aunque para tener una imagen algo clara de cualquier acontecimiento, es esencial una visión algo escéptica y crítica, y siempre vamos a encontrar puntos de vista diversos, según las ideologías respectivas, en España nos encontramos ante una situación extrema en la que la crítica se transforma en denigración sistemática, y en pronósticos tendentes a la abolición absoluta de cualquier hecho protagonizado por el bando que, precisamente, ganó la Guerra Civil.

Es cierto que el desarrollo democrático de las naciones exige un proceso de revisión y transparencia de su vida pública y de su historia; exige conocer con claridad los sucesos y las instituciones políticas, expresar y discutir con libertad las ideas, y hasta cuestionar los más arraigados dogmas sobre los cuales se ha levantado un determinado régimen político.

Pero lo que hoy se está haciendo en España, con la complacencia de todos los ciudadanos en alguna forma, es otra cosa. Se trata, precisamente, de rehacer la historia, y de escribir una nueva “historia oficial” en la que priman los anti-héroes. De otro modo, no se podría justificar el soporte ideológico actual. Sin embargo, hay un precio que se está pagando por ello: la mutilación deliberada de la verdad.

Bombardeo de Guernica. Ilustración - Juan Antonio Abellán
Bombardeo de Guernica. Ilustración – Juan Antonio Abellán

La historia tiene diversos propósitos y por ende, puede ser interpretada de diversas maneras y a traves de múltiples ojos. La que hoy llamamos “memoria histórica’, creada por ley, busca crear imágenes ejemplares de nuestro pasado reciente, denostándolo y abjurando de él, que emulen la devoción por la transición realizada desde 1975 hasta llegar a la endeble democracia actual. No se trata de decir la verdad, sino, como decía Maquiavelo, de fabricar ejemplos que estimulen y sean útiles para la clase política que detenta el poder.

La tentación de utilizar políticamente a la historia es enorme, y pocos pueden resistirla. Balmes ya advertía de la dificultad de aproximarse a la objetividad histórica, por lo que decía: “Antes de leer una historia, estudiad la vida del historiador”.  ¡Qué sorpresa nos llevaríamos si buscásemos los antecedentes de muchos de los historiadores que hoy aseguran haber encontrado la historia definitiva del pasado reciente!

En efecto, incluso haciendo un esfuerzo real para brindar una visión objetiva y neutral de la historia, siempre encontraremos distorsiones afectadas por las preferencias e intereses de los historiadores. Ni yo mismo me considero a salvo de tal estigma. Pero cuando ello se hace de manera deliberada para promover determinadas causas ideológicas, y lo que es más se hace por ley, la distorsión puede ser aberrante.

“¿Qué es la historia?”, preguntaba Napoleón, y él mismo respondia: “Una sencilla fábula que todos hemos aceptado”.  Durante el franquismo, muchos aprendimos que la Guerra Civil se libró “para librar a España de sus enemigos y hacerla Una, Grande y Libre”, y efectivamente fue una, y grande en la medida de sus posibilidades, y libre en lo que era factible, dentro del orden mundial en que vivíamos. Hoy, en las escuelas se aprende otra cosa, y sin embargo, nadie dice que lo que hoy hay, no hubiera sido posible sin aquello, empezando por la monarquía constitucional actual. Ya el líder comunista soviético, Nikita Khruschev, en 1956, dijo aquello de que “Los historiadores son gente peligrosa; son capaces de ponerlo todo del revés. Deben ser dirigidos”.

La historia oficial, la actual “memoria histórica”, ha cambiado la realidad de la nación, cuestionando hasta hechos notables como el descubrimiento de América, la Reconquista, o incluso la Guerra de la Independencia, a tenor de las circunstancias y las necesidades de la casta gobernante de turno. Hay, sin duda, una intención de control político y de manipulación ideológica en esta expresión de la nueva historia. Y es precisamente ésta, la “historia oficial”, la que se enseña de manera obligatoria en los colegios de toda la nación, con el consentimiento, en la actualidad, de un gobierno que se dice de “centro-derecha”. Se trata, de hecho, de una socialización política destinada a inculcar la aceptación incondicional del régimen político vigente, e incluso su sumisión hacia él, como pasa en determinadas comunidades autónomas.

Guernica, y lo que allí ocurrió hace ochenta años, forma parte hoy de esa manipulación de la historia, pasando incluso sobre la memoria individual de algunos que vivieron los hechos. Pero veamos cuales fueron los hechos, sin manipulación de ningún tipo, y veámoslos fríamente, desde un punto de vista militar.

Bombas en el ju-52
Bombas en el ju-52

 

 

Guernica, y la situación en la campaña del Norte

Guernica, en abril de 1937, era un pequeño pueblo de no más de 5.000 habitantes según el censo, aunque pudo haber algunos más debido a las circunstancias de la guerra[1], y ciertamente había más si se contabilizan las tropas republicanas que estaban de paso o temporalmente estacionadas en la zona[2]. No parece, en ningún caso, que hubiera más de 10.000 habitantes temporales, y de forma circunstancial[3]. Era, pues, un pueblecito y no una capital o ciudad industrial de relieve, independientemente de su carácter simbólico y foral para el pueblo vasco.

La cuestión primordial aquí es: ¿tenía el pueblecito de Guernica algún significado de importancia militar, táctica o estratégica, que justificase que fuera un objetivo, bien terrestre o aéreo, en el marco de la campaña que estaban llevando a cabo las fuerzas nacionales?

La respuesta es un Sí categórico. Y las autoridades vascas lo sabían. Y por esa razón se habían construido refugios antiaéreos en un pueblo tan pequeño como Guernica. La importancia militar de Guernica fue reconocida posteriormente por el gobierno vasco.

Guernica era ciertamente un objetivo militar, y no por las fuerzas que allí podía haber estacionadas ni por su ligera estructura industrial, que también era de interés, sino por su ubicación en el marco del despliegue general en el teatro de operaciones. Su posición, a unos 34 km. de Bilbao, en la retaguardia de la vía de comunicaciones con Bilbao significaba que su captura aislaría a las tropas en retirada de su organización de mando, y de sus bases de apoyo. Dada la inferioridad numérica en tropas terrestres de las fuerzas nacionales, el apoyo de la aviación era imprescindible, y además era necesario que fuera contundente, dentro de las posibilidades de los medios disponibles.

Por ello las acciones de bombardeo sobre la zona de Guernica que contemplaba el bando nacional formaban parte de una operación de apoyo aéreo más amplia dirigida a impedir el franqueamiento por parte de las fuerzas enemigas, de los cruces de carreteras y comunicaciones en la zona de Marquina-Guernica, y Lequeitio-Aulestia-Amorebieta, a unos 17 km de Guernica. Asimismo se consideró como objetivo secundario adicional la carretera que salía de Guernica, y cruzaba el llamado puente de Rentería sobre el río Oca, igualmente otro objetivo en ese marco.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 40 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

7 Comments

  1. Saludos. Hace poco se presentaron en Guernika unos familiares de los componentes de la Legión Condor, entre ellos el sobrino de von Richthofen, por supuesto a disculparse en nombre de los ya fallecidos. Con la perspectiva de todo lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, ¿como se prestan a humillarse de semejante manera? Con lo que vio von Richthofen por toda Europa ¿que supone el bombardeo de un pequeño pueblo? ¿Se prestará a hacer lo mismo en cada pueblo de Rusia en el que actuó su tío?

  2. Buena pregunta, amigo Rafa
    La Alemania actual tiene a gala abjurar de todo aquello y tienen razón, pero efectivamente no hace falta exagerar. Pero así es la política.
    Curiosamente no he visto a ningún oficial o político ruso venir a pedir perdón por el bombardeo de Cordoba, o el de Cabra. Ni tampoco por los fusilamientos en las checas.
    Un saludo.

  3. ¿Oscuro?, pues no esta suficientemente documentado, revisado y clarificado.
    Literatura sobre eso la hay a patadas y buena.

    Otra cosa es que esa campaña la miremos con los ojos de hoy, y juzguemos o saquemos conclusiones que nada cambian, los medios , la estrategia o las alternativas eran las que eran.

    saludos

    • La Ética de la guerra, la ética en guerra,precisamente fue un filósofo alemán al que atribuyen la frase, “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo”.
      Guerras justas o morales, injustas o inmorales, guerras de caballeros.Como mucho la legalidad en el orden internacional se puede discutir poco más una vez traspasada la linea. Nos vendieron desde tormenta del Desierto el cuento de las guerras limpias, quirúrgicas , cero bajas, con eufemismos como daños colaterales, cuando la guerra sigue siendo lo mismo desde tiempos de Caín, donde se pasaban a cuchillos villorrios enteros, o las decenas de miles de civiles franceses belgas y holandeses muertos mientras eran “liberados” durante los avances en el noroeste de Europa.

      A veces olvidamos que la 2GM fue una guerra total, no contra los jerarcas nazis o japoneses, no contra el ejercito nazi o nipón, fue contra Alemania y Japón como un todo.
      Definir la guerra aérea de entonces, los lanzamientos de las bombas atómicas como terrorismo, queda muy correcto o moral, pero sigue sin dar alternativas, aunque tampoco sirve dado que a lo hecho pecho.
      Examinar ahora bajo nuestro prisma aquellas acciones, pedir perdón las generaciones actuales sera muy políticamente correcto pero un absurdo.

  4. Yo con todo esto de los perdones y el revisionismo tengo mis más y mis menos.

    Ayer pude ver la pelìcula “Invencible”, que narra las peripecias de Louis Zamperini.Este hombre con el tiempo y pasada ya la IIGM, se reconciliò con los guardias de los campos de prisioneros donde estuvo recluido.Pero al fin y al cabo todos vivìan y eran coetàneos.El que los hijos o nietos de los miembros de la Legiòn Còndor vengan a pedir perdòn no me dice mucho, culparles a ellos de lo que hicieron sus padres o abuelos, me parece achacar mucha culpa.Y no digamos ya tener que pedir perdòn por las acciones de Cortès o Pizarro, como reclaman muchos sudamericanos.

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