Guernica, Abril de 1937. La gran victoria propagandística de la República. Una aproximación militar

Guernica, Abril de 1937. La gran victoria propagandística de la República. Una aproximación militar.

"Guernica", de Pablo Picasso
"Guernica", de Pablo Picasso

Una nación sin crítica es una nación ciega

Octavio Paz

 

Robespierristas, antirrobespierristas: os pedimos por piedad que nos digáis, sencillamente, cómo fue Robespierre

Marc Bloch

 

 

Introducción

Son muchos los hechos que ocurrieron en España en 1937, hace ya ochenta años el pasado mes, y aunque pueda parecer que ha pasado mucho tiempo, las cicatrices están ahí, y hay muchos españoles empeñados aún en no olvidar, y probablemente tampoco en perdonar. Quizás esa es la gran desgracia de España.

Todos somos libres de detestar, o no, las llamadas “verdades oficiales” del régimen anterior a 1975, pero no deberíamos ser tan libres como para inventar, e imponer, una historia acorde con nuestras fobias particulares, como hoy se hace en muchas universidades, medios de comunicación e, incluso, instituciones políticas. Pero a ello parecen dedicarse muchos, y no solo en España.

Se puede argumentar que la verdad histórica es siempre interpretable, y quizás nunca del todo alcanzable, pero la atención a los datos contrastados y al análisis permite descartar gran número de errores, intencionados o no, y preparar así el camino para nuevas investigaciones. El apasionamiento que demuestran algunos autores en ciertos temas, impidiendo cualquier razonamiento, demuestra que en ellos estan envueltos profundos intereses y aspiraciones, ya sean individuales o personales, o colectivos.

Aunque para tener una imagen algo clara de cualquier acontecimiento, es esencial una visión algo escéptica y crítica, y siempre vamos a encontrar puntos de vista diversos, según las ideologías respectivas, en España nos encontramos ante una situación extrema en la que la crítica se transforma en denigración sistemática, y en pronósticos tendentes a la abolición absoluta de cualquier hecho protagonizado por el bando que, precisamente, ganó la Guerra Civil.

Es cierto que el desarrollo democrático de las naciones exige un proceso de revisión y transparencia de su vida pública y de su historia; exige conocer con claridad los sucesos y las instituciones políticas, expresar y discutir con libertad las ideas, y hasta cuestionar los más arraigados dogmas sobre los cuales se ha levantado un determinado régimen político.

Pero lo que hoy se está haciendo en España, con la complacencia de todos los ciudadanos en alguna forma, es otra cosa. Se trata, precisamente, de rehacer la historia, y de escribir una nueva “historia oficial” en la que priman los anti-héroes. De otro modo, no se podría justificar el soporte ideológico actual. Sin embargo, hay un precio que se está pagando por ello: la mutilación deliberada de la verdad.

Bombardeo de Guernica. Ilustración - Juan Antonio Abellán
Bombardeo de Guernica. Ilustración – Juan Antonio Abellán

La historia tiene diversos propósitos y por ende, puede ser interpretada de diversas maneras y a traves de múltiples ojos. La que hoy llamamos “memoria histórica’, creada por ley, busca crear imágenes ejemplares de nuestro pasado reciente, denostándolo y abjurando de él, que emulen la devoción por la transición realizada desde 1975 hasta llegar a la endeble democracia actual. No se trata de decir la verdad, sino, como decía Maquiavelo, de fabricar ejemplos que estimulen y sean útiles para la clase política que detenta el poder.

La tentación de utilizar políticamente a la historia es enorme, y pocos pueden resistirla. Balmes ya advertía de la dificultad de aproximarse a la objetividad histórica, por lo que decía: “Antes de leer una historia, estudiad la vida del historiador”.  ¡Qué sorpresa nos llevaríamos si buscásemos los antecedentes de muchos de los historiadores que hoy aseguran haber encontrado la historia definitiva del pasado reciente!

En efecto, incluso haciendo un esfuerzo real para brindar una visión objetiva y neutral de la historia, siempre encontraremos distorsiones afectadas por las preferencias e intereses de los historiadores. Ni yo mismo me considero a salvo de tal estigma. Pero cuando ello se hace de manera deliberada para promover determinadas causas ideológicas, y lo que es más se hace por ley, la distorsión puede ser aberrante.

“¿Qué es la historia?”, preguntaba Napoleón, y él mismo respondia: “Una sencilla fábula que todos hemos aceptado”.  Durante el franquismo, muchos aprendimos que la Guerra Civil se libró “para librar a España de sus enemigos y hacerla Una, Grande y Libre”, y efectivamente fue una, y grande en la medida de sus posibilidades, y libre en lo que era factible, dentro del orden mundial en que vivíamos. Hoy, en las escuelas se aprende otra cosa, y sin embargo, nadie dice que lo que hoy hay, no hubiera sido posible sin aquello, empezando por la monarquía constitucional actual. Ya el líder comunista soviético, Nikita Khruschev, en 1956, dijo aquello de que “Los historiadores son gente peligrosa; son capaces de ponerlo todo del revés. Deben ser dirigidos”.

La historia oficial, la actual “memoria histórica”, ha cambiado la realidad de la nación, cuestionando hasta hechos notables como el descubrimiento de América, la Reconquista, o incluso la Guerra de la Independencia, a tenor de las circunstancias y las necesidades de la casta gobernante de turno. Hay, sin duda, una intención de control político y de manipulación ideológica en esta expresión de la nueva historia. Y es precisamente ésta, la “historia oficial”, la que se enseña de manera obligatoria en los colegios de toda la nación, con el consentimiento, en la actualidad, de un gobierno que se dice de “centro-derecha”. Se trata, de hecho, de una socialización política destinada a inculcar la aceptación incondicional del régimen político vigente, e incluso su sumisión hacia él, como pasa en determinadas comunidades autónomas.

Guernica, y lo que allí ocurrió hace ochenta años, forma parte hoy de esa manipulación de la historia, pasando incluso sobre la memoria individual de algunos que vivieron los hechos. Pero veamos cuales fueron los hechos, sin manipulación de ningún tipo, y veámoslos fríamente, desde un punto de vista militar.

Bombas en el ju-52
Bombas en el ju-52

 

 

Guernica, y la situación en la campaña del Norte

Guernica, en abril de 1937, era un pequeño pueblo de no más de 5.000 habitantes según el censo, aunque pudo haber algunos más debido a las circunstancias de la guerra[1], y ciertamente había más si se contabilizan las tropas republicanas que estaban de paso o temporalmente estacionadas en la zona[2]. No parece, en ningún caso, que hubiera más de 10.000 habitantes temporales, y de forma circunstancial[3]. Era, pues, un pueblecito y no una capital o ciudad industrial de relieve, independientemente de su carácter simbólico y foral para el pueblo vasco.

La cuestión primordial aquí es: ¿tenía el pueblecito de Guernica algún significado de importancia militar, táctica o estratégica, que justificase que fuera un objetivo, bien terrestre o aéreo, en el marco de la campaña que estaban llevando a cabo las fuerzas nacionales?

La respuesta es un Sí categórico. Y las autoridades vascas lo sabían. Y por esa razón se habían construido refugios antiaéreos en un pueblo tan pequeño como Guernica. La importancia militar de Guernica fue reconocida posteriormente por el gobierno vasco.

Guernica era ciertamente un objetivo militar, y no por las fuerzas que allí podía haber estacionadas ni por su ligera estructura industrial, que también era de interés, sino por su ubicación en el marco del despliegue general en el teatro de operaciones. Su posición, a unos 34 km. de Bilbao, en la retaguardia de la vía de comunicaciones con Bilbao significaba que su captura aislaría a las tropas en retirada de su organización de mando, y de sus bases de apoyo. Dada la inferioridad numérica en tropas terrestres de las fuerzas nacionales, el apoyo de la aviación era imprescindible, y además era necesario que fuera contundente, dentro de las posibilidades de los medios disponibles.

Por ello las acciones de bombardeo sobre la zona de Guernica que contemplaba el bando nacional formaban parte de una operación de apoyo aéreo más amplia dirigida a impedir el franqueamiento por parte de las fuerzas enemigas, de los cruces de carreteras y comunicaciones en la zona de Marquina-Guernica, y Lequeitio-Aulestia-Amorebieta, a unos 17 km de Guernica. Asimismo se consideró como objetivo secundario adicional la carretera que salía de Guernica, y cruzaba el llamado puente de Rentería sobre el río Oca, igualmente otro objetivo en ese marco.

Bombas en el ju-52. Vista interior.
Bombas en el ju-52. Vista interior.

La campaña del Norte se había iniciado el 31 de marzo, a los pocos días de darse por finalizada la frustrada batalla por Guadalajara, y aceptar Franco, finalmente, que la toma de Madrid no iba a ser fácil, ni posible por el momento. El plan estratégico era idea del General Juan Vigón, a la sazón jefe de Estado Mayor del Ejército del Norte bajo el mando del General Emilio Mola, quien consideraba que era el momento ideal para actuar en su teatro de operaciones, con el fin último de privar a la República de todo el tejido industrial, de minería, y de movilización potencial, que la conquista total del País Vasco, más Cantabria y Asturias suponía.

Tanto los mandos alemanes como italianos concordaban con la idea de Mola, y el General Ettore Bastico, que había sucedido al General Mario Roatta, tras Guadalajara, al igual que el General Hugo Sperrle, comandante en jefe de la Legión Condor, se lo habían expuesto a Franco, en su cuartel general en Salamanca. Era el momento de asestar un golpe mortal a la República, y el Norte era el lugar adecuado, dada la debilidad real de las fuerzas republicanas allí disponibles, la escasa aviación enemiga presente en la zona, y la poca coordinación existente entre el gobierno vasco y el gobierno central, en Madrid. Sorprende, la verdad, que un buen oficial republican de estado mayor como era Vicente Rojo, no supiera anticipar las intenciones nacionales.

La ofensiva nacional había dado comienzo con buen pié, a pesar de cierta inferioridad numérica inicial de las fuerzas nacionales[4], pero precisamente por este motivo se detuvo enseguida. La inferioridad nacional en infantería se compensaba con mayor proporción en artillería y en aviación. No obstante, dándose cuenta de la situación, el mando nacional decidió reforzar estas fuerzas, enviando una bandera de La Legión, dos tábores de Regulares, y tres batallones de infantería,que se sacaron del frente de Madrid.

En el momento que nos ocupa, y para intentar rectificar el frente y poder continuar el avance, el General Solchaga decidió una maniobra envolvente, hacia la zona de Elorrio, combinada con un ataque frontal hacia Elgueta, a cargo de las brigadas navarras mandadas por los coroneles Garcia-Valiño, y Alonso Vega, respectivamente. Dado el mal tiempo, esta maniobra no se pudo ejecutar hasta el 20 de abril, pero el 25 de abril, alcanzaron las tropas nacionales sus objetivos, rompiendo la línea de defensa del Ejército vasco. La siguiente línea de coordinación a alcanzar era la definida por las pequeñas poblaciones de Durango y Guernica.

Esquema del armamento de los Ju-52 alemanes durante el bombardeo de Guernica
Esquema del armamento de los Ju-52 alemanes durante el bombardeo de Guernica

 

 

En torno al empleo del Poder Aéreo en la campaña del Norte

La aviación desempeñó, sin duda, un papel esencial en la conquista de Vascongadas, Cantabria y Asturias, en toda la duración de la campaña del Norte. Las fuerzas aéreas empleadas por el bando nacional fueron muy superiores a las republicanas, y a ello contribuyó la falta de coordinación existente en la República, y su insolidaridad con el gobierno vasco, no enviando ni movilizando refuerzos cuando prácticamente casi toda la aviación de que disponía Franco estaba concentrada en el Norte.

Como el Gobierno de la República, en la primavera de 1937, conservaba una clara supremacía aérea en los frentes principales, el General Kindelán aconsejó a Franco no desplegar toda su aviación en apoyo de las fuerzas que habrían de iniciar el ataque, pero situó, en cambio, en la submeseta norte los grupos de bombardeo disponibles, que así se encontraban en situación de acudir indistintamente al Cantábrico, a Aragón o al Centro. Era una considerable ventaja de la que no podían gozar los republicanos, obligados a divider sus fuerzas aéreas o a renunciar a dar protección a una de las fracciones en que estaba dividido su territorio. Franco propuso al General Sperrle que trasladara al nuevo frente Norte, la Legión Cóndor, salvo los hidros y una fracción de su escuadrilla de reconocimiento, propuesta que, en su nombre, aceptó, aunque sin excesivo entusiasmo, el Coronel Wolfram von Richthofen, su jefe de Estado Mayor desde enero de 1937.

De esta forma la Legión Cóndor apoyaría a las tropas de Mola en el frente vasco, en tanto los mejores aviones españoles seguían en Andalucía. El despliegue aéreo de la aviación de Franco, que entonces disponía de unos 300 aparatos operativos, llevó al Norte 135[5], cubrió los restantes frentes con 144 y dejó 24 en los lejanos sectores de Marruecos y Baleares. Exceptuando a los frentes vasco y de Andalucía occidental, los destacamentos aéreos eran débiles en comparación con la potente aviación republican de aquel tiempo, pero Kindelán arriesgó todas sus posibilidades a una carta, que resultó ser la acertada.

Todos los medios aéreos que intervinieron en la ofensiva se pusieron operativamente a las órdenes del jefe de la Legión Cóndor, Sperrle, que así contó no sólo con sus propios aviones, sino también con los españoles disponibles de las Fuerzas Aéreas del Norte y, eventualmente, con los de la Aviación Legionaria italiana, estacionados en las bases de Logroño, Vitoria y Soria.

En el aire, los republicanos pudieron echar mano inicialmente de unos 25 o 30 aviones, toda una mescolanza de biplanos obsoletos requisados o comprados en Francia, cuyo conjunto se conocía con el nombre de “Circo Krone”. Por ello, desde Madrid, y a peticion del gobierno vasco, se esforzaron en enviar aviones al Norte, incommunicado con la zona Centro. Así pues, durante las siguientes semanas llegaron 50 aviones más, casi todos ellos soviéticos del tipo “I-15” e “I-16”. Unos 17 aviones quedaron basados en Lamiaco, y en Sondica, en las cercanías de Bilbao, mientras que el resto se repartieron por la cornisa cantábrica.

Ju-52 cargando bombas
Ju-52 cargando bombas

Muchos de estos aviones se encontraban muy desgastados, y usados tras varios meses de combates constantes en la zona Centro, y resultaron inoperativos, o fueron prontamente destruidos por la caza alemana e italiana. El dia 22 de abril quedaba solamente un caza republicano operative en Vizcaya. En total, combatieron en el Norte, unos 60 cazas “I-15”, pero nunca fueron una fuerza decisiva. Hay que decir que la República tampoco se esforzó demasiado en ayudar al gobierno vasco.

Lo que la aviación nacional, esencialmente la Legión Cóndor y las Fuerzas Aéreas del Norte, iban a realizar en el Norte de España no era sino imitar la táctica que la aviación republicana, dirigida por el General soviético Smushkevich, había desarrollado con fortuna ya en Guadalajara: la utilización del poder aereo, con todo tipo de aviones, contra las columnas en movimiento o estacionadas, y el bombardeo de poblaciones próximas a las líneas del frente de combate, y paso obligado de las tropas como había sido Brihuega.

El problema se complicaba en el Norte donde había que desmantelar además una línea fortificada, construida sobre un abrupto escenario montañoso -el llamado “Cinturón de Hierro”-, y completar la desorganización del enemigo que la ocupaba con el bombardeo de los dos principales nudos de comunicaciones de su inmediata retaguardia: Durango y Elorrio.

Fue por ello que, al carecer del número de aviones necesario para acometer simultáneamente el bombardeo de las posiciones fortificadas, y de las poblaciones clave, von Richtofen pidió la colaboración de los trimotores Savoia SM.81, que los italianos tenían en Soria, y les encargó el ataque a las ciudades de Durango y Elorrio, sobre las que lanzaron doce y siete tonelada de bombas respectivamente, mientras los aviones alemanes y españoles -en tres acciones sucesivas, realizadas entre las ocho de la mañana y la caída de la tarde- arrojaban sobre el frente 73,5 toneladas, lo que suponía el 80 por 100 del total de las que lanzaron el 31 de marzo de 1937, fecha inicial de la ofensiva.

Durango, en cualquier caso, fue bombardeada tres veces: el 31 de marzo, el 2 de abril, y el 4 de abril. Pero hay que tener en cuenta que Durango albergaba los acuartelamientos de, al menos, tres batallones de infantería, y un regimiento de artillería, además de algunos centros de municionamiento, y un depósito de intendencia. Casi todos ubicados mayoritariamente en conventos e iglesias, y algo parecido sucedía en Guernica. En cualquier caso, nunca bombardearon Durango, y sus alrededores, más de 11 o 12 bombarderos SM.81 pertenecientes a las escuadrillas italianas 213 y 214. El objetivo de las acciones aéreas, tanto sobre Elorrio como sobre Durango, era destruir los acuartelamientos y depósitos identificados, y copar a las tropas enemigas allí localizadas. Algo totalmente legítimo, y consecuente con el derecho de la Guerra, y autorizado por la Convención de Ginebra, por lo que es falso lo que clama la izquierda de que ambas poblaciones eran ciudades en la retaguardia, que no constituían objetivos militares[6].

Guernica tras el bombardeo
Guernica tras el bombardeo

El 25 de abril, el General Mola, aferrado como siempre a sus planes, en vez de aprovechar la ruptura lograda, y ordenar seguir hacia Guernica, mantuvo su idea inicial de ocupar antes Durango, pero el mando de la Legión Cóndor creyó ver clara la conveniencia de abandonar el forcejeo ante Durango, y en su lugar, lanzarse en tromba hacia Guernica  y cortar la retirada a los 12 batallones vascos que aún se mantenían en los sectores de Eibar, Marquina y Lequeitio, y que, de quedar copados, dejarían abierto un boquete irrellenable en dirección a Munguía y Bilbao. Por ello también era Guernica un objetivo, y esto fue lo que motivó una áspera discusión entre von Richthofen y Mola.

La guerra aérea en la ofensiva del Norte, en cualquier caso, se fue desarrollando de acuerdo con los principios del apoyo aéreo  a las operaciones terrestres en el campo de batalla. Eran operaciones simples de apoyo aéreo cercano, el “ataque a las trincheras”, y de interdicción del teatro de operaciones, o “ataque a tierra” sin más.

Por apoyo aéreo cercano se entiende toda “acción aérea contra blancos hostiles que se hallan próximos a las fuerzas armadas y que requieren integración detallada de cada misión aérea con el fuego y movimiento de estas fuerzas“. Pero la interdicción aérea en el campo de batalla no se define tan nítidamente. La interdicción aérea tradicional se define como el conjunto de aquellas “operaciones aéreas realizadas para destruir, neutralizar o retrasar el potencial militar enemigo antes de que pueda aplicarse eficazmente contra fuerzas amigas a una distancia tal de las fuerzas amigas que no requiera una integración detallada de cada misión aérea con el fuego y movimiento de las fuerzas propias“, lo que puede resultar algo nebuloso si no hay un estado mayor aeroterrestre apropriado.

En otras palabras, no se trataba de acciones estratégicas ni para aterrorizar a la población civil, sino de acciones de apoyo aéreo, directo e indirecto, a las operaciones en tierra. De haber sido diferente, la aviación del bando nacional hubiera actuado de forma muy distinta. Y no podía ser de otro modo, ya que aunque la aviación nacional era superior, en el Norte, a la republicana, no lo era tanto como para poder efectuar acciones estratégicas, ni tenía ni el número ni el tipo de medios adecuado a esos objetivos, ni siquiera se contemplaban esas acciones en sus procedimientos. De hecho, ninguno de los aviones de bombardeo con que contaron ambos bandos, puede ser considerado, en propiedad, como apto para las acciones aéreas estratégicas; eran simplemente aviones de bombardeo táctico con mayor o menor capacidad.

Imagen del bombardeo de Jaén, ocurrido un mes antes de el de Guernica y en el que hubo un mayor número de víctimas. Foto - El Confidencial
Imagen del bombardeo de Jaén, ocurrido un mes antes de el de Guernica y en el que hubo un mayor número de víctimas. Foto – El Confidencial

 

 

Guernica, el bombardeo

La ofensiva nacional se había visto detenida debido al mal tiempo y no se reanudó hasta el 20 de abril, lo que trajo consigo el desplome general del frente en los sectores de Eibar y Marquina. El 25 de abril, con las fuerzas nacionales a unos 15 km de Guernica, combatiendo en Marquina, tiene lugar una áspera discusión entre Mola y von Richthofen, a propósito de qué objetivos se deben alcanzar, ya que mientras Mola prefiere avanzar sobre Durango, el alemán opina que se debe ir directamente a Guernica. Una vez alcanzadas y ocupadas Durango y Guernica, quedaría abierto el camino hacia Bilbao.

El principal problema era la independencia con que operaban las fuerzas de la Legión Cóndor, ya que atendiendo a lo que von Richthofen dejó escrito en su diario, en la madrugada del 26 de abril mantuvo un último intercambio de pareceres con el General Vigón, y tras confirmar éste que la I Brigada de Navarra avanzaba ya hacia Guernica, decidió proporcionarle apoyo aéreo para facilitar su avance. Los objetivos para la aviación eran el puente de Guernica, y las carreteras y comunicaciones que desembocaban en la villa.

Es decir, la idea de bombardear la zona de Guernica no estaba predeterminada con antelación, sino que se tomó en la misma madrugada del día 26, entre von Richthofen y Vigón. Quizás por este motivo no figuraba en ningún plan previo, ni el General Kindelán lo menciona en sus “Cuadernos de Guerra”. Fue una simple acción táctica de apoyo a las operaciones terrestres, y no fue ninguna operación estratégica, ni para aterrorizar a la poblacion civil, ni ninguna de las muchas memeces que se han llegado a escribir. Hubo mucha similitud con lo acaecido en Durango.

Asimismo, el número de aviones que tomaron parte no deja lugar a error al considerar el tipo de acción que tuvo lugar en Guernica. Un total de 24 bombarderos y 15 cazas de escolta. Como se ve, ¡una considerable fuerza estratégica!

Estos aviones, además, tomaron parte en la acción de forma escalonada, y en tiempos distintos. El primer avión que, hacia las 16:30 horas, apareció sobre la villa fue un solitario Dornier Do-17E alemán, que volaba muy bajo y lanzó tres bombas de 250 kg sobre el puente, sin lograr destruirlo, pero ocasionando, obviamente, daños colaterales[7]. Poco después, casi simultáneamente, aparecieron tres bombarderos italianos SM.79 Sparviero italianos, que lanzaron igualmente sobre el puente un total de 36 bombas de 50 kg, desde una altura de unos 3.800 m, por lo que la precisión del ataque fue escasa, y el puente tampoco fue destruido, pero sí alcanzaron edificios cercanos. El ataque de los aviones italianos se hizo en una sola pasada y duró menos de un minuto. Ambos ataques se realizaron sin escolta de caza.

Hacia las 18:00 horas, surgió un único avión de nuevo, pero esta vez se trataba de un Heinkel He-111B, bimotor, que también atacó el puente sin éxito[8]. Este avión lanzó seis bombas de 250 kg, en una sola pasada, alcanzando diversos edificios en la zona próxima al puente. Por razones no aclaradas suficientemente hasta la fecha, este bimotor contó con la escolta de cinco cazas italianos Fiat CR-32.

Guernica instantes antes del bombardeo del 26 de abril de 1937
Guernica instantes antes del bombardeo del 26 de abril de 1937

Pasado ese momento se puede decir que los daños provocados eran escasos, y el puente seguía intacto, por lo que, en alguna medida, se puede decir que los tres ataques realizados habían sido un fracaso.

Aproximadamente media hora más tarde, a las 18:30 horas, apareció en el cielo el grueso de la fuerza de ataque: 19 aviones Junkers Ju-52 3/m, escoltados por cinco cazas italianos Fiat CR-32, biplanos, y cinco cazas monoplanos Messerschmitt Bf-109B, recién llegados de Alemania. Los Ju-52, en formación de 6 patrullas de tres aviones, efectuaron una sola pasada y lanzaron unas 22 toneladas de una mezcla de bombas de 250 kg, e incendiarias de 1 kg, desde una altura de 2.300 m, y en un frente de 150 m. En esta ocasión además, los cazas efectuaron pasadas de ametrallamiento al suelo, principalmente sobre las carreteras y contra objetivos en movimiento. El bombardeo tampoco afectó al puente.

La misión de los Junkers no era, sin embargo, el puente ya, sino los arrabales de Guernica, los cruces de carreteras y el ferrocarril. El objetivo era impedir, o dificultar la retirada de las tropas republicanas, y eso sí se logró. Fue una típica accion de interdicción del campo de batalla. Aun asi, 19 aviones de transporte, convertidos en bombarderos de fortuna, no cualifican como “fuerza estratégica”, ni podían llevar a cabo un bombardeo “en alfombra” como alguien ha sugerido.

El avión Junkers Ju-52 era un avión de transporte trimotor, y no un bombardero, por lo que su uso para este fin era totalmente inapropriado, y su precisión como su carga útil de bombas, mínima. La Luftwaffe no empleó nunca el Junkers como bombardero, y si se utilizó en España, fue debido a la escasez de verdaderos aviones de bombardeo como el Dornier Do-17 o el Heinkel He-111.

Algunos autores sostienen que hubo otra oleada de aviones de ataque, los cazas Heinkel He-51, que se dedicaron solamente a ametrallar la ciudad y los alrededores de la villa, pero ésto no se sostiene ya que desde febrero de 1937, los He-51 se habían retirado del servicio activo como cazas, y habían sido transferidos en su totalidad a la Aviación española, para misiones de apoyo aéreo táctico cercano sobre la propia línea del frente. No hubo aviones españoles sobre Guernica, y por tanto no hubo ningún He-51.

Aunque inicialmente solo un 25 por ciento de los edificios e instalaciones de la ciudad resultó afectado, debido al fuego acabó resultando destruido un 70 por ciento de la ciudad. Ni la famosa Casa de Juntas ni el Árbol de Guernica resultaron destruidos, por lo que se debe descartar cualquier motivación política o simbólica en el bombardeo, como sostienen falsamente también algunos autores.

El árbol hijo de Guernica, que se corresponde con el que presidía las Juntas en la época del bombardeo
El árbol hijo de Guernica, que se corresponde con el que presidía las Juntas en la época del bombardeo

 

 

Epílogo

Los resultados del famoso bombardeo de Guernica, por muy dolorosos que puedan resultar para las menos de 200 víctimas que se produjeron, fueron militarmente pobres, como pobres fueron los medios empleados. Otra cosa es la leyenda que la izquierda fue capaz de inventar. También es otra cosa la torpeza con que se trató el asunto en el bando nacional; y recuerda la igualmente torpe actitud con que se trataron el asunto del avión Yak-42, o el atentado del 11-M, muchos años después.

Se ha hablado mucho del tema del mercado en Guernica y el aflujo de población vecina que ocasionó, agravando la situación e incrementándose, en consecuencia, el número de víctimas. No es más que otra falacia que, sorprendentemente, nadie se ha preocupado en desmentir, dada la baja contabilidad de víctimas demostrada. Sin embargo, es fácil argumentar la realidad.

Para empezar, el día 26 de abril era el último lunes del mes, y, por lo tanto, el mercado no tenía la aglomeración que presentaba los primeros lunes de mes. Aun así, el horario habitual del mercado era desde las 09:00 hasta las 13:00, por lo que a la hora que apareció el primer avión sobre la villa, las 16:30, el mercado había finalizado hacía ya más de tres horas. Todo ello en el supuesto de que se hubiese celebrado el mercado, después de todo, algo no claramente constatado, y que, con las fuerzas nacionales a poco más de 15 km de la ciudad, resulta dudoso. Pero lo que es más, todavía, es que el propio alcalde de Guernica, Jose de Laburu, reconoce que había ordenado que el mercado, de celebrarse, finalizase antes de lo habitual, obedeciendo las instrucciones emitidas por el delegado gubernativo  del gobierno vasco, Francisco Lazcano, quien además, suspendió un juego de pelota previsto para la tarde del día 26[9]. Es decir, a las 16:30 no había actividades de ningún tipo en Guernica, y es obvio que a las 18:00, tras el bombardeo inicial, no había nadie ya en las calles, y los que se encontraban en la villa, o habían huido o se habían refugiado en donde mejor consideraron. De no haber sido así, hubiera habido miles de víctimas, lo que no fue el caso.

Guernica era un objetivo militar[10], y asi informó de ello el corresponsal de The Times, George Steer: “Guernica estaba en la vía de comunicaciones con Bilbao, …y su destrucción aislaría a los ejércitos en retirada…”, pero a ello habían contribuido los propios republicanos, ubicando en su entorno tres batallones y tres hospitales de campaña, aunque los hospitales no fueran objetivos legítimos. Pero sí lo eran los batallones que además, se habían alojado en tres conventos y en un colegio: el batallón Saseta en el convento de los Agustinos, el batallón Loiola entre el convento de Santa Clara y el convento de las Madres Mercedarias, y el batallón Gernikako Arbola, en el Instituto de Segunda Enseñanza, precisamente entre el puente y la estación de ferrocarril. Nada de esto se ha presentado por los que han dicho hablar en nombre de las víctimas.

Gudaris guipuzcoanos del Batallon Saseta en Asturias. Foto - Blog de José Antonio Bru
Gudaris guipuzcoanos del Batallon Saseta en Asturias. Foto – Blog de José Antonio Bru

El hecho de que el ataque aéreo tuviera lugar ya a la caída de la tarde habla por sí solo. La operación, en realidad, formó parte de una operación más amplia en dos fases que se lanzó para neutralizar los cruces de carreteras en las zonas de Marquina-Guernica, y Lequeitio-Amorebieta. Los aviones, por lo tanto, tuvieron que regresar a sus bases, rearmarse de nuevo, y reabastecerse de combustible. Por eso no llegaron hasta ya en la tarde, y el bombardeo principal no tuvo lugar hasta casi al caer la tarde, y cuando faltaban poco más de 2 horas para el crepúsculo. En su conjunto no era más que una acción pura de interdicción aérea de la retaguardia enemiga, y no tenía ningún carácter estratégico. Se había planeado y decidido, además, a última hora, en la madrugada del mismo día 26. Por eso tuvo lugar tan tarde, y no figuraba en ningún plan previo. Si verdaderamente se hubiera tratado de alguna acción de tipo estratégico, o para aterrorizar a la población, el objetivo hubiera sido Bilbao. Ahí sí se hubieran producido miles de víctimas, y sin embargo, no se hizo.

Los alemanes no sabían ni habían oido probablemente hablar nada sobre Guernica antes del día 26 de abril de 1937. Para ellos era solamente un puente y un cruce de carreteras. Por ello hay que desestimar las ampulosas declaraciones que el Mariscal Hermann Goering hizo al respecto en el juicio de Nuremberg. Lo que Goering dijo era pura fantasia, y expresaba solo el deseo de que se le reconociera una capacidad intelectual que, en realidad, no poseía. La realidad es que la Luftwaffe se había diseñado inicialmente solo como un Arma para apoyar las operaciones terrestres. Nunca poseyó la Luftwaffe capacidad estratégica, ni en sus bombarderos ni en sus cazas. Esa fue la principal razón del fracaso de las operaciones desarrolladas en el verano de 1940, contra Inglaterra, más conocidas bajo el nombre de “Batalla de Inglaterra”.  Los que hablan, por otra parte, de ensayo de la “guerra relámpago”, con todos mis respetos, no saben lo que dicen. En 1937 ni siquiera en Alemania se había acuñado ese término (blitzkrieg), y aun así, tras la conquista de Guernica el 29 de abril, aun tardaron las tropas nacionales dos meses en entrar en Bilbao. De relámpagos nada, más bien caracoles.

También se debe poner en duda la finalidad de experimentación que algunos autores quieren ver en el bombardeo, aunque siempre se obtuvieran consecuencias o se pudieran extraer lecciones de lo acontecido. En Guernica solo hicieron acto de presencia, durante breves minutos, dos aviones que pudieran ser considerados una novedad: un Dornier Do-17E, y un Heinkel He-111B. Los Messerschmitt 109 que escoltaron a los Junkers eran solo cazas, y en su función no había ninguna finalidad oculta. La utilización de aviones de transporte como bombarderos de fortuna revela que simplemente se echó mano de lo que se disponía, pero en ello no había experimentación alguna. Los resultados obtenidos pusieron de manifiesto que simplemente, no eran aviones aptos para la tarea encomendada.

Y hasta aquí lo que pasó, desde el punto de vista militar, en Guernica. Lo demás, incluido el cuadro pintado por Picasso, notorio miembro del partido comunista español (PCE), y por lo tanto, la voz de su amo, son solo fábulas, como ya dijo Napoleón.

 


 

Notas

[1] De acuerdo con el historiador Roberto Muñoz Bolaños, en su reciente obra “Guernica, una nueva historia”, aunque se considera que desde Guipúzcoa pudieron haber llegado unos 2.000 refugiados, parece que éstos eran desviados a otras zonas, y realmente en Guernica no había aumentado la población en más de 600 u 800 personas. Por otra parte, a medida que el frente se había ido acercando, mucha gente se había trasladado lógicamente a caseríos o aldeas fuera de la zona, y ello había hecho disminuir la población real efectiva.

[2] En abril de 1937, igualmente según el historiador antes citado, había sobre el papel, tres batallones republicanos en Guernica, y tres hospitales de campaña, pero la realidad era que los batallones no estaban al completo de sus plantillas, y además, un batallón al menos, había abandonado ya la zona. Por ello, se estima que, como mucho, podía haber en Guernica unos 400 militares republicanos. Por otra parte, según el periodista sudafricano George Steer, favorable a la causa republican, de The Times, en su obra “El árbol de Guernica”, afirma que el 26 de abril de 1937 “no había tropas en retirada atravesando la ciudad”, un testimonio relevante ya que Steer fue un testigo ocular de la situación, tras pasadas pocas horas de los hechos acaecidos.

[3] Roberto Muñoz Bolaños estima que, con todas las consideraciones citadas, se puede cifrar la cifra de habitantes reales el 26 de abril de 1937, en poco más de 5.600.

[4] Inicialmente las fuerzas nacionales estaban compuestas por la División de Navarra, al mando del General Solchaga, con cuatro brigadas, mas la Brigada Mixta hispano-italiana “Frecce Nere” (Flechas Negras), al mando del Coronel Sandro Piazzoni. Eran unos 30.000 efectivos.

Frente a estas fuerzas, el llamado Cuerpo de Ejército Vasco desplegaba unos 40.000 efectivos.

[5] Para la ofensiva, las fuerzas nacionales contaron con unos 70 aviones  de la Aviacion Legionaria italiana, y unos 80 alemanes de la Legión Cóndor, de los cuales solamente menos de la mitad eran bombarderos, bimotores o trimotores, siendo el resto una combinación de cazas y aviones de reconocimiento, enlace y transporte.

[6] De acuerdo con Jon Irazabal Agirre, un autor nada sospechoso de favorecer al bando nacional, en Durango murieron 336 personas, ya más que en Guernica, y en Elorrio, al menos hubo 7 muertos, según su obra “Durango, 31 de marzo de 1937” (Vizcaya), 2001. Durango no alcanzó la popularidad de Guernica, quizás porque era una población que no simpatizaba excesivamente con el gobierno del Partido Nacionalista Vasco (PNV).

[7] Las primeras unidades del Dornier Do-17E, como bombardero bimotor, fueron integradas en la escuadrilla experimental VB/88 de la Legión Cóndor, en febrero de 1937, estrenándose este avión en España. Entre febrero y abril de 1937 vinieron entre 12 y 20 aparatos. Nunca hubo en España más aviones de este tipo, y al acabar la guerra un total de 13 se integraron en el nuevo Ejército del Aire.

[8] En febrero de 1937 llegaron a España los primeros cuatro ejemplares del bombardero bimotor Heinkel He- 111B-1, del casi centenar de He-111 de diversas versiones que combatieron en la Guerra Civil; los cuatro primeros fueron entregados a la unidad de bombardeo de la Legión Cóndor, el Kampfgruppe K/88 que llevó a cabo la primera misión operativa con este nuevo modelo el día 9 de marzo de 1937. Al terminar la guerra, quedaban unos 50 aparatos que permanecieron en España formando parte del Ejército del Aire.

[9] Roberto Muñoz Bolaños, “Guernica, una nueva historia: las claves que nunca se han contado”.

[10] Los republicanos eran conscientes de ello, y por eso se habían construido siete refugios antiaéreos en el interior de la ciudad.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 37 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

7 Comments

  1. Saludos. Hace poco se presentaron en Guernika unos familiares de los componentes de la Legión Condor, entre ellos el sobrino de von Richthofen, por supuesto a disculparse en nombre de los ya fallecidos. Con la perspectiva de todo lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, ¿como se prestan a humillarse de semejante manera? Con lo que vio von Richthofen por toda Europa ¿que supone el bombardeo de un pequeño pueblo? ¿Se prestará a hacer lo mismo en cada pueblo de Rusia en el que actuó su tío?

  2. Buena pregunta, amigo Rafa
    La Alemania actual tiene a gala abjurar de todo aquello y tienen razón, pero efectivamente no hace falta exagerar. Pero así es la política.
    Curiosamente no he visto a ningún oficial o político ruso venir a pedir perdón por el bombardeo de Cordoba, o el de Cabra. Ni tampoco por los fusilamientos en las checas.
    Un saludo.

  3. ¿Oscuro?, pues no esta suficientemente documentado, revisado y clarificado.
    Literatura sobre eso la hay a patadas y buena.

    Otra cosa es que esa campaña la miremos con los ojos de hoy, y juzguemos o saquemos conclusiones que nada cambian, los medios , la estrategia o las alternativas eran las que eran.

    saludos

    • La Ética de la guerra, la ética en guerra,precisamente fue un filósofo alemán al que atribuyen la frase, “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo”.
      Guerras justas o morales, injustas o inmorales, guerras de caballeros.Como mucho la legalidad en el orden internacional se puede discutir poco más una vez traspasada la linea. Nos vendieron desde tormenta del Desierto el cuento de las guerras limpias, quirúrgicas , cero bajas, con eufemismos como daños colaterales, cuando la guerra sigue siendo lo mismo desde tiempos de Caín, donde se pasaban a cuchillos villorrios enteros, o las decenas de miles de civiles franceses belgas y holandeses muertos mientras eran “liberados” durante los avances en el noroeste de Europa.

      A veces olvidamos que la 2GM fue una guerra total, no contra los jerarcas nazis o japoneses, no contra el ejercito nazi o nipón, fue contra Alemania y Japón como un todo.
      Definir la guerra aérea de entonces, los lanzamientos de las bombas atómicas como terrorismo, queda muy correcto o moral, pero sigue sin dar alternativas, aunque tampoco sirve dado que a lo hecho pecho.
      Examinar ahora bajo nuestro prisma aquellas acciones, pedir perdón las generaciones actuales sera muy políticamente correcto pero un absurdo.

  4. Yo con todo esto de los perdones y el revisionismo tengo mis más y mis menos.

    Ayer pude ver la pelìcula “Invencible”, que narra las peripecias de Louis Zamperini.Este hombre con el tiempo y pasada ya la IIGM, se reconciliò con los guardias de los campos de prisioneros donde estuvo recluido.Pero al fin y al cabo todos vivìan y eran coetàneos.El que los hijos o nietos de los miembros de la Legiòn Còndor vengan a pedir perdòn no me dice mucho, culparles a ellos de lo que hicieron sus padres o abuelos, me parece achacar mucha culpa.Y no digamos ya tener que pedir perdòn por las acciones de Cortès o Pizarro, como reclaman muchos sudamericanos.

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