Adiós al Marruecos español: El fin del Protectorado

Adiós al Marruecos español: El fin del Protectorado

Jura de bandera en la Legión, en los años 20, en presencia de Franco. Foto - La Pandereta Nacional
Jura de bandera en la Legión, en los años 20, en presencia de Franco. Foto - La Pandereta Nacional

Casi no nos hemos dado cuenta, o hemos olvidado ya todo aquello, pero para muchos de nosotros hubo otra época. Una época en la que creíamos que España era grande, aun cuando pronto demostró no serlo. Muchos sacrificios y mucha sangre derramada, casi diría estérilmente. Pero el fin del llamado Protectorado no vino solo, y al poco trajo consigo una pequeña guerra, casi totalmente olvidada, y la pérdida de más territorios. Luego también vino el abandono del Sahara, y probablemente la historia no ha terminado aún. Asi empezó todo…

 

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El Protectorado español de Marruecos fue la figura jurídica aplicada a una serie de territorios del Marruecos de hoy, en los que España, según los acuerdos franco-españoles firmados el 27 de noviembre de 1912, ejerció un régimen de protectorado.

El protectorado consistía en dos territorios del actual Marruecos, geográficamente disjuntos: la zona del norte de Marruecos, que incluye las regiones del Rif y Yebala, y la de Tarfaya, lindando con el denominado Sáhara español, al suroeste y al norte con el río Draa como frontera. Ocho meses antes de los acuerdos, Francia había creado su propio protectorado sobre la mayor parte de Marruecos. Sin embargo, la creación de una administración colonial sobre los territorios del protectorado en el Rif no se produciría hasta 1927, una vez que la zona hubo sido pacificada. El protectorado duraría hasta 1956, salvo en lo que se conocía como el protectorado meridional o región norte, de las tres en que se dividió el Sáhara español.

Cuando la situación en el Marruecos francés se fue deteriorando, ya a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, los franceses consintieron finalmente en  permitir el regreso del sultan de Marruecos, Mohamed V, en 1955. Un año después, el 2 de marzo de 1956, Mohamed V consiguió el reconocimiento de la independencia de su país por parte de Francia. El 7 de abril de 1956, España, a pesar de las protestas formuladas por el Ejército (entre otros por el propio general García Valiño,hasta entonces Alto Comisario de España en Marruecos), hizo lo propio, reconociendo la independencia marroquí. Finalizaban de esta forma, los protectorados ejercidos por Francia y España respectivamente, sobre Marruecos.

La zona sur (Cabo Juby o Tarfaya) no pasó a soberanía marroquí hasta 1958, en tanto que Ifni, que se había convertido en provincia española ese mismo año, hizo lo propio once años más tarde, en 1969, siguiendo las resoluciones de las Naciones Unidas, si bien tuvo lugar, en 1958,  una breve y fugaz guerra en la zona, de la cual solo quedan hoy vagos recuerdos, y que es hasta negada o ignorada por el Estado, en ese fútil intento por olvidar todo lo que recuerde otras épocas, y especialmente si tienen que ver con el régimen anterior.

Abdelja­lak Torres. Foto - Zamane.ma
Abdelja­lak Torres. Foto – Zamane.ma

La política española había jugado hasta enton­ces el papel anticolonialista, negándose a reconocer al líder independentista Ben Arafa, pero dando asilo en el Marruecos español a dirigentes del Istiqlal y llamando a for­mar parte del gobierno al nacionalista Abdelja­lak Torres, con la insólita esperanza de sustituir la influencia francesa en su zona de protectora­do. Cuando finalmente llegó la independencia en marzo de 1956, España no tuvo más reme­dio que seguir idéntica política a primeros de abril, porque sus títulos de nación protectora no procedían de un acuerdo con Marruecos, sino que se derivaban del tratado con Francia citado, de noviembre de 1912.

La visita de Mohamed V a Madrid, en abril de 1956, para lograr la renuncia española fue muy tensa, y aunque los proyectos españoles se habían visto desbordados por la política de Francia, el Gobierno siguió manteniendo sus intenciones de protagonismo en Marruecos, a pesar de lo cual en 1956, España decía adiós a Marruecos, poniendo fin a una relación tradicional, y a una presencia histórica, con mucha sangre española derramada en aquellas tierras y mucho esfuerzo, que no serían nunca reconocidos.

Con la declaración de independencia de 7 de abril de 1956, resultado del acuerdo entre Marruecos y España, se inició un nuevo período en la historia de las relaciones bilaterales entre ambos países. Dicho texto especificaba que el Gobierno español y el Rey Mohamed V, considerando que el régimen establecido en Marruecos no correspondía a la realidad del momento, declaraban que el Convenio firmado en Madrid el 27 de noviembre de 1912 no podía regir en lo sucesivo las relaciones hispano- marroquíes y, en consecuencia, el Gobierno español reconocía la indepen­dencia de Marruecos, renovando su voluntad de respetar la unidad territorial del imperio que garantizaban los tratados internacionales, y se comprometía a prestar a Marruecos la ayuda y la asistencia que, de común acuerdo, se estimaran necesarias.

El Gobierno del General Franco reconoce la independencia y su plena soberanía al Reino de Marruecos del sultán Mohamed V
El Gobierno del General Franco reconoce la independencia y su plena soberanía al Reino de Marruecos del sultán Mohamed V

En el seno de mi familia la situación fue ampliamente debatida, y Marruecos ocupó siempre un lugar importante en mi infancia y en mi vida, en general, dados los lazos que mi familia materna había mantenido siempre allí, y que iban desde aspectos puramente sentimentales hasta relaciones económicas y profesionales. Algunos de mis familiares continuaron viviendo en Marruecos durante un cierto tiempo, a pesar de que la vida no fue especialmente fácil en el nuevo país. Recuerdo haber ido alguna vez de vacaciones, ya a mediados de los años 1960, y siempre resultó muy agradable. No obstante, al final, mis familiares acabarían trasladándose a la península, aunque hoy mi prima mayor Mary sigue en el cementerio español de Tánger, en donde falleció a una temprana edad.

¿Tuvo aspectos positivos para Marruecos la labor española durante el protectorado? Sin duda, aunque hay que añadir que, quizás, fueron escasos y modestos. Posiblemente los más importantes e incuestionables se refieran a la actuación en el campo sanitario. También se podría citar la incipiente, y aún más limitada, vertebración del territorio gracias a la construcción de vías férreas (con un total que apenas llegó a los 200 kilómetros), carreteras, pistas, puertos (Larache y Alhucemas) y aeropuertos (como Sania Ramel, en Tetuán). Sin embargo, y a pesar del pobre panorama presentado, las modificaciones introducidas por España en el protectorado fueron importantes. El Marruecos rural, con su tradicional organización tribal, con la explotación de tipo comunal, y con sus zocos, que continuaba presente en 1956, en el momento de la independencia, fue estando cada vez más integrado en una economía de mercado. 

En todo caso, es indudable que bajo el dominio español se formó el proletariado de la zona norte, que tuvo un papel importante en la lucha por la independencia. Igualmente hay que señalar el enrolamiento de algunos miles de marroquíes tanto en el Ejército español (Regulares) como en las fuerzas del Majzen marroquí (Mehallas, Mejaznías), lo que integró  más fácilmente a los citados individuos, y sus familias, en una economía monetaria de corte europeo. 

El Desastre de Annual
El Desastre de Annual. Fuente: El País.

Los cambios económicos introducidos, en especial el retroceso de la economía de subsistencia en beneficio de la economía de mercado, junto con el avance del fenómeno urbano, repercutieron en la renovación de la resistencia marroquí contra el dominio español. Se pasó de una lucha abierta con base rural –típica de principios del siglo XX-, a una lucha política de carácter urbano. La resistencia estuvo dirigida y articulada por una generación de intelectuales y políticos marroquíes, que supieron aglutinar en torno a sus ideales, las aspiraciones de los diversos sectores de la sociedad: la burguesía con su doble componente reformista e innovadora, el proletariado emergente, las capas campesinas y, finalmente, los integrantes del gobierno jalifiano (representantes del Majzen). La fuerza liberada por la unión nacional, fue la que terminó por desalojar de Marruecos, como potencia colonial, a España.

Para concluir, hay que valorar el protectorado desde el doble punto de vista del país colonizador y del colonizado. En el caso de España, la escalada militar, con la consiguiente sangría presupuestaria acumulada año tras año, y el tremendo coste en vidas humanas, no pudo evitar desastres de la magnitud de Annual y Monte Arruit. El deterioro de la situación política que generó tales hechos, favoreció el surgimiento de militares “africanistas”, y su levantamiento posterior contra el gobierno de la República en 1936. Sin embargo, la influencia de la aventura colonial en Marruecos en los destinos de la España contemporánea, hasta 1975, no puede ser negada ni ignorada, dada su evidencia. 

El modesto alcance de la tarea de modernización llevada a cabo por España en el protectorado, hipotecó el futuro de la zona norte de Marruecos en el momento de la independencia. En efecto, la empobrecida zona norte quedó irremediablemente supeditada a los intereses y necesidades del resto del país, más desarrollado gracias a la mayor potencia y recursos de Francia, lo que fue una suerte para el conjunto. Ello explica porque el idioma y la cultura española no han perdurado apenas, mientras que Marruecos de alguna forma, se considera país francófono e integrado en la órbita política, y hasta cultural y social, francesa. Superar el desequilibrio regional derivado de la ocupacion española y francesa, sigue siendo uno de los problemas que tiene planteados todavía Marruecos en la actualidad, pero las relaciones hispano-marroquíes siguen estando teñidas de conflictividad, dados los muchos frentes que siguen abiertos y que nunca se han cerrado con legitimidad, y reconocimiento internacional, por mucho que en ello se empeñen algunos visionarios.

Protectorado español de Marruecos. Foto - El País
Protectorado español de Marruecos. Foto – El País

 

 

Sidi Ifni: una consecuencia menor del fin del Protectorado de Marruecos y una pequeña guerra ya olvidada

Si la guerra de 1898, entre España y los Estados Unidos, fue calificada por algunos autores norteamericanos como “a little splendid war”, la llamada Guerra de Ifni también resultó algo parecido para la España de Franco, en 1957, aunque no tan espléndida.

Aún recuerdo como me enteré de la noticia. Fue en algún momento de enero de 1958, y aunque ya había llegado algún rumor o comentario a mi conocimiento, escuchando la radio, o a raíz de alguna conversación entre mis padres, en esta ocasión fue de un modo ya más directo, ya que recibí la visita de mi tío Antonio, hermano menor de mi padre, que venía a despedirse. Yo estaba enfermo, con anginas, tenía escamente ocho años de edad, y ví a mi tío preferido –era mi padrino-, que, de uniforme, venía a darme un beso y decirme que se iba a la guerra contra los moros. Le veía como a un héroe, y eso de ir a luchar contra los moros me parecía fascinante.

Mi tío Antonio era entonces teniente de Infantería, recién salido de la Academia, y estaba destinado en el Regimiento de Infantería Argel 27, de guarnición en la ciudad extremeña de Cáceres. Este regimiento, uno de los de mayor tradición del Ejército, se constituyó, con otras unidades y regimientos, en fuerza expedicionaria que fue enviada a toda prisa a Sidi Ifni –lo que entonces se llamaba África Occidental Española (AOE)-, para contrarrestar la rebelión y agresión sufrida en el territorio, territorio considerado soberano español en aquellos días, a manos de “bandas incontroladas e irregulares”, según se dijo oficialmente.

Legionarios caidos en Edchera el 13 de enero de 1958. Foto - El rincón de Sidi-Ifni
Legionarios caidos en Edchera el 13 de enero de 1958. Foto – El rincón de Sidi-Ifni

En realidad la guerra de Ifni enfrentó a fuerzas españolas con marroquíes en la pretensión por parte de estas últimas de controlar el territorio de Ifni y Tarfaya, por entonces bajo administración española, como parte de sus posesiones en África Occidental, entre octubre de 1957 y abril de 1958, y culminó con el abortado asedio de la ciudad, entonces española, de Sidi Ifni.

Esta guerra tuvo lugar en el contexto del proceso de descolonización de África durante la segunda mitad del siglo XX. La guerra fue dirigida fundamentalmente por elementos del llamado Ejército de Liberación Nacional marroquí, -la antigua fuerza de liberación que luchó por la independencia contra los franceses, liderados por el dirigente del Istiglal, Ben Hammu, que una vez obtenida la independencia, mientras que, aproximadamente la mitad de los miembros del ejército de liberación se constituían en el Ejército Real Marroquí –dentro de las Fuerzas Armadas Reales (FAR)-, el resto se dirigió al Sur, para conquistar las todavía posesiones españolas, sin duda con la aprobación tácita del ya Rey de Marruecos, Mohamed V, y hasta con cierta implicación personal del príncipe heredero Hassan.

Los grupos armados marroquíes –a los que sorprendentemente se les permitió inicialmente cruzar el territorio de Ifni, por parte de las autoridades españolas que creyeron que sus motivos eran otros-, llegaron a operar  por  todo el territorio del Sahara, incluido el ocupado aún por Francia al Este –en Argelia-,  y al Sur, en la actual Mauritania. Naturalmente cuando su enemigo –el Ejército francés-, demostró ser un hueso demasiado duro de roer, se volvieron contra el enemigo más débil: España.

El territorio de Ifni había sido cedido por el sultán de Marruecos, Mohamed IV, a España –entonces bajo el gobierno del General O’Donnell y durante el reinado de Isabel II-, por el Tratado de Uad-Ras, firmado en Tetuán, el 26 de abril de 1860, que puso fin a la Guerra de África, y fue la consecuencia de las sucesivas derrotas sufridas por Marruecos, en su enfrentamiento con las tropas españolas –dirigidas sobre todo por el General Prim-, en particular tras la batalla de Uad-Ras. En virtud de este tratado, se acordó la cesión a perpetuidad a España de un territorio alrededor del fortín de Santa Cruz de Mar Pequeña, que se había establecido en la costa atlántica, en tiempos de los Reyes Católicos. Con ello se recuperaría la explotación de la pesca en la zona y este territorio es el que pasaría a llamarse más tarde, Ifni, con capital en Sidi Ifni.

Paracaidista retirando a un compañero herido en la zona de Ifni. Foto - Reyournal
Paracaidista retirando a un compañero herido en la zona de Ifni. Foto – Reyournal

Durante las siguientes décadas, aun con la reticencia de Francia, pero con el reconocimiento internacional obtenido en la Conferencia de Berlín, en 1884, se fueron estableciendo más poblaciones en la costa situada al sur de Ifni: Cabo Juby (Tarfaya), Saguia El-Hamra, Villa Cisneros y La Güera (Río de Oro), territorios prácticamente deshabitados, que formaron posteriormente el Sahara Occidental español.  En 1946, todos los enclaves de la zona fueron integrados en la denominada África Occidental Española (AOE). Tras obtener en 1956, la independencia, Marruecos empezó a expresar su interés por descolonizar las posesiones españolas, fundadas en los proclamados vínculos históricos y geográficos de dichos territorios con Marruecos. El sultán marroquí, Mohamed V – a pesar de una aparente excelente relación con España y hasta personal con Franco-, alentó, sin duda, los esfuerzos para reclamar las posesiones españolas, e incluso parece que apoyó y financió a los rebeldes anti-españoles, que reclamaban Ifni.

Las hostilidades se iniciaron abiertamente el 23 de octubre de 1957, cuando dos pueblos en los alrededores de Sidi Ifni, -Goulimine y Bou Izarguen-, fueron ocupados por más de 1.000 rebeldes o insurgentes marroquíes. El cerco de Ifni había comenzado, y las líneas de comunicaciones con los puestos avanzados en la frontera fueron cortadas, al tiempo que otras fuerzas irregulares asaltaban las guarniciones del territorio, así como el aeródromo y el arsenal de Sidi Ifni.

Aunque la incursión principal contra Sidi Ifni fue rechazada, los puestos avanzados cercados fueron abandonados, o perdidos, ante el ataque enemigo, en tanto que tres destacamentos que se harían famosos: Tiliuin, Telata y Tagragra, quedaron rodeados y permanecieron bajo estrecho asedio. El 6 de diciembre, tras destruir las fortificaciones, Tiliuín fue abandonado definitivamente y los supervivientes evacuados.

En Tiliuin, 60 soldados defendieron el puesto, así como a su población civil, ante el ataque de cientos de marroquíes. El 25 de noviembre, un intento de rescate fue autorizado por las autoridades españolas desde Madrid. Ante el aparente veto de los Estados Unidos[1] –algo nunca comprobado realmente-, para que España utilizara aviones o armas norteamericanas, se tuvo que recurrir a utilizar los bombarderos alemanes Heinkel He-111, y algunos cazas Messerschmitt 109, todavía en servicio, basados en las Islas Canarias, para atacar las posiciones de los insurgentes, mientras que desde aviones de transporte, tambien alemanes, Junkers Ju -52, saltaban sobre el puesto avanzado, por primera vez en combate, 75 paracaidistas al mando del capitán Sánchez Duque. Estas fuerzas también quedaron cercadas en el poblado, y no fue hasta el 3 de diciembre, cuando la Sexta Bandera de La Legión rompió el cerco, y liberó finalmente a los sitiados. Todo el personal, civil y militar, fue entonces evacuado por vía terrestre a Sidi Ifni.

Telata era solo un puesto de policía, en absoluto preparado para un ataque. Aun así sus defensores estuvieron muy por encima de lo que tuvieron que sufrir, con gran mérito a pesar de los constantes ataques, llegando los insurgentes marroquíes hasta los mismos muros del fuerte, sin poder conquistarlo. Al mando del puesto de policía se encontraba en aquellas fechas el Teniente Cuevas Puente, que llegaría a coronel, y distante a poco más de un kilómetro estaba también un destacamento de Tiradores de Ifni, bajo el mando del Capitán Llorente Sanz, con algo más de un centenar de soldados.

Mapa de Ifni en 1957 y, después del conflicto, en 1958. Imagen - Pablovazram
Mapa de Ifni en 1957 y, después del conflicto, en 1958. Imagen – Pablovazram

A las 06.30 de la madrugada, del mismo día 23 de noviembre de 1957, bandas del Ejército de Liberación, atacaron el puesto de Telata, con intenso fuego de fusil, e incluso ametralladoras, y morteros. Tras repeler el primer ataque, con algunos muertos, y heridos, el puesto de Telata quedó asediado y sus defensores debieron hacer frente a continuas incursiones, equipados con un armamento obsoleto y escaso.  

La expedición de auxilio al puesto avanzado de Telata fue claramente menos exitosa que la de Tiliuín. Tras abandonar Sidi Ifni el 24 de noviembre, a bordo de viejos camiones, una sola Sección de paracaidistas, al mando del Teniente Ortiz de Zárate, avanzó por la pista que unía Sidi Ifni y Telata, resultando cercados igualmente. Aunque se les pudo enviar víveres desde los aviones, las bajas continuaron aumentando. Entre los muertos estaba el propio Teniente Ortiz de Zárate, que recibiría consideración de héroe desde entonces –tras conocerse su afirmación antes de entrar en combate de que “entraría en Telata o en el cielo”-, y cuyo nombre se daría posteriormente a una Bandera Paracaidista, concretamente a la III Bandera, hoy parte de la Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra.

No sería hasta el 2 de diciembre, cuando una columna de infantería que había salido de Sidi Ifni, compuesta por la 21ª compañía del IV Tabor de Tiradores de Ifni, al mando del capitán Rafael López Andión –padre de quien sería posteriormente uno de mis compañeros de promoción en la Academia General Militar, “Faluco”-, logró romper el cerco sobre los paracaidistas, y entró a continuación en Telata. El puesto fue destruido, como Tiliuín, para no dejar refugio posterior a los insurgentes marroquíes. Los supervivientes de Telata y de la sección de paracaidistas, estuvieron de vuelta en Sidi Ifni, el 5 de diciembre. Habían sufrido cinco muertos y catorce heridos. La prensa en España divulgó la noticia, que produjo no poca conmoción. Ortiz de Zárate era el primer oficial español caído en combate desde el fin de la Guerra Civil, y la Segunda Guerra Mundial, aunque ya antes de las hostilidades abiertas había habido otras bajas, al parecer.

Mohamed Ben Youssef se convirtió en Sultán en 1927, siendo proclamado Rey Mohamed V. Foto - Redmarruecos
Mohamed Ben Youssef se convirtió en Sultán en 1927, siendo proclamado Rey Mohamed V. Foto – Redmarruecos

Todavía caerían en combate dos jovenes tenientes paracaidistas más, Antonio Polanco –éste hermano de quíén más adelante sería mi profesor, y posterior Teniente General D. Luis Polanco Mejorada-, y Enrique Carrasco Lanzós, también hermano de un amigo personal de mi padre –Félix Carrasco Lanzós-, y posterior coronel de mi regimiento, Uad-Ras 55, ya en 1982. Asimismo, tambien cayeron algunos oficiales de complemento, notablemente el alférez Francisco Rojas Navarrete, de las Milicias Universitarias (IPS), que fue condecorado a título póstumo, con la Medalla Militar Individual.

Los primeros ataques de los insurgentes marroquíes habían tenido más o menos éxito. En el espacio de dos semanas, las bandas rebeldes habían conseguido controlar la mayor parte de Ifni, aislando y cercando a las unidades españolas dentro de la capital, Sidi Ifni. Además, otros ataques simultáneos habían sido lanzados por todo el resto del Sahara español, capturando guarniciones y emboscando convoyes y patrullas.

Sin embargo, los marroquíes subestimaron la fortaleza de las defensas españolas de la ciudad, y la voluntad del gobierno español. Abastecida por mar, mediante buques de la Armada y protegida por una línea de posiciones defensivas, Sidi Ifni resultó inexpugnable para las bandas armadas, que carecían de apoyo artillero, o de otros medios pesados.  El cerco duró hasta junio de 1958, y transcurrió sin grandes incidentes, y relativamente sin mayor derramamiento de sangre adicional.

En enero de 1958, Marruecos redobló su dedicación en la campaña contra España, reorganizando todas las unidades militares infiltradas en territorio español, y por ello se envió, como refuerzo, una Bandera de la Legión al Sahara para apoyar a las tropas ya allí estacionadas. El 12 de enero, una banda del Ejército de Liberación marroquí atacó a la guarnición española en El Aaiún. Derrotada, y forzada a retirarse, esta banda se volvió contra dos compañías de la Legión que estaban llevando a cabo una misión de persecución y reconocimiento en la zona de Edchera –al E. de El Aaiún-, aniquilándolas prácticamente.  En esta acción alcanzaría la gloria el caballero legionario Juan Maderal Oleaga, que fue condecorado a título póstumo, con la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración al valor en acción de guerra, al igual que el jefe de su sección, el Brigada Francisco Fadrique. Era la primera vez tras la Guerra Civil, que se concedían tales recompensas, y la última.

Ficha de enganche de Maderal Oleaga. Foto - SOS-UELBOEL.org
Ficha de enganche de Maderal Oleaga. Foto – SOS-UELBOEL.org

En febrero de 1958, ante el cariz que la situación iba tomando, y que afectaba también ya a las posesiones francesas en Mauritania y Argelia, Francia y España llegaron a un acuerdo y decidieron actuar conjuntamente, como habían hecho en otras ocasiones anteriores.  Así, a la manera de la campaña de Alhucemas en 1921, tropas franco-españolas lanzaron una importante ofensiva, que desmanteló con éxito al llamado Ejército de Liberación marroquí.

El poder aéreo, masivamente superior de Francia y España, aunque obsoleto, resultaría decisivo, y los primeros reductos en caer fueron las fortalezas montañosas marroquíes entre Tarfaya y Saguia el Hamra. Bombardeado desde el aire y bajo fuego de la artillería de fuerzas españolas venidas de El Aaiún y Villa Bens, y de las francesas de Fort Trinquet, el Ejército de Liberación marroquí abandonó sus reductos montañosos, y gran cantidad de material.

Fuerzas españolas, avanzando desde El Aaiún y Villa Cisneros (“Operación Teide“), junto a tropas francesas que operaban desde Fort Gouraud (“Operación Écouvillon“), atacaron contundentemente a los marroquíes el 21 de febrero de 1958, destruyendo las concentraciones de las últimas fuerzas del Ejército de Liberación marroquí.

La situación llevó a que el 1 de abril de 1958, se firmaran los Acuerdos de Angra de Cintra –una bahía al S. de Villa Cisneros-, entre Marruecos y España. Por este acuerdo se entregaba a Marruecos, Cabo Juby, entre el río Draa y el paralelo 27º40′ –territorio que nunca había sido de Marruecos-, excluyéndose Sidi Ifni y el resto del Sahara español.

España mantuvo la posesión de Ifni hasta 1969, consecuente a la resolución 2072 de las Naciones Unidas, de 1965, en la que se instaba a la descolonización de Ifni y el Sahara Occidental. Sin embargo, España seguiría en el Sahara Occidental hasta que –ya tras la muerte de Franco en 1975-, de acuerdo con Marruecos, se firmaron los Acuerdos de Madrid, donde España, como potencia administradora del territorio, lo transfería a una administración temporal tripartita, sin que la paralela declaración de independencia hecha por los nacionalistas saharauís –el llamado Frente Polisario-, se tradujera en la creación de una nueva nación. Antes bien, fue el inicio de un conflicto que dura hasta hoy, y sigue sin resolverse.

Desembarco del K-2 con el Regimiento de Húsares de Pavía. Sidi Ifni. Foto - Portal Fuenterebollo
Desembarco del K-2 con el Regimiento de Húsares de Pavía. Sidi Ifni. Foto – Portal Fuenterebollo

Había sido una “pequeña, espléndida guerra”[2], ciertamente no buscada por España, y aunque pareció que había sido una victoria -y así se transmitió por los medios de comunicación-, la realidad es que había sido un “pequeño desastre”, un desastre en el que aquel glorioso ejército victorioso carecía de casi todo: los aviones eran antiguallas de los años 30  y 40 -los Junkers, que Alemania había enviado a comienzo de la guerra civil, que, a falta de bombas, lanzaban  bidones de gasolina provistos de un sistema de explosión artesanal ideado por un teniente;  los soldados solo disponían de viejos fusiles Máuser Mod. 1943, de repetición, mientras que los nuevos fusiles de asalto CETME, automáticos, aún  no se habían fabricado en cantidades suficientes; las granadas de mano, Breda o P.O., eran casi una broma, y los legionarios calzaban alpargatas para combatir en un terreno abominable de arena y piedras; cargaban todavía con una manta y su ración alimenticia se reducía muchas veces a un chusco de pan y una lata de sardinas en aceite; para socorrer a los asediados se les lanzaba el agua dentro de neumáticos de camión, a falta de envases mejores, que reventaban al llegar al suelo; y para las comunicaciones, se usaban radios  con una dinámo de carga a pedales… Una pobre defensa llevada a cabo con “vieja chatarra cuidadosamente remendada“, como ha escrito el General, e historiador, Rafael Casas de la Vega.

Franco –que evitaba llegar a una confrontación abierta con Marruecos-, disculpaba al sultán Mohamed V -a quien llamaba su “hermano”-, que había logrado, de forma pacífica, la independencia de Marruecos un año antes, y hablaba, como siempre, de las amenazas y conspiraciones del comunismo internacional, al que culpaba de la situación. Pero las bandas atacantes, perfectamente organizadas -y mejor pertrechadas que las tropas españolas-, en formaciones de guerrilla, eran gente enmascarada del nuevo Ejército Real marroquí­, y muchos de sus oficiales habían estudiado en la Academia General Militar, de Zaragoza.

Las carencias operativas puestas de manifiesto por las Fuerzas Armadas españolas habían sido tremendas. La capacidad logística demostrada era poco menos que nula, y la maniobrabilidad política del régimen de Franco, casi virtual. Las consecuencias no fueron peores porque la capacidad del enemigo potencial, y sus posibilidades inmediatas eran aún menores –Marruecos estaba creándose como nación-, y porque la ayuda e implicación de Francia –guiada por sus propios intereses, por supuesto-, resultó decisiva. No se aprendió mucho, sin embargo, y menos de 20 años más tarde el conflicto volvería a surgir en la llamada África Occidental Española.

Naturalmente, yo, en aquellos días, no era consciente de esta realidad.  Recuerdo a mi padre, y a compañeros suyos, comentando en conversaciones privadas la situación, haber oído cosas preocupantes, pero no alcanzaba a comprenderlas. Para mí, con mi corto entendimiento, el Ejército español había obtenido una gloriosa victoria de la que mi tío Antonio había sido parte.

 


 

Notas

[1] Los hechos indican hoy que, en realidad, nunca hubo tal veto, sino que las Fuerzas Armadas españolas aun no estaban bien instruidas en el manejo del material moderno americano, como los aviones de reacción ni otros medios –recibidos a partir de 1954-, y tecnológicamente muy superiores a lo que se estaba habituado. De hecho, algún material americano sí se utilizó, como fueron aviones DC-3 y T-6, y helicópteros Sikorsky, y carros M-24 y autoametralladoras M-8, y equipos de transmisiones, en el Sahara, en 1958, lo que demuestra que no hubo veto.

[2] A España le costó 152 muer­tos, 58 desaparecidos y 518 heridos graves, “Ifni, la última guerra colonial española”, de Jose Ramón Diego Aguirre.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 37 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

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