Un análisis desapasionado sobre la Inteligencia en España

Un análisis desapasionado sobre la Inteligencia en España

Soraya Sáenz de Santamaría y Felix Sanz Roldán, máximos responsables de la inteligencia española a día de hoy
Soraya Sáenz de Santamaría y Felix Sanz Roldán, máximos responsables de la inteligencia española a día de hoy

Esto no es un servicio de inteligencia. Pero alguien ha pensado que por la módica cifra de 1.000 millones de pesetas anuales de presupuesto, se puede decir que se tiene un servicio de inteligencia”

(Capitán de Infantería Rafael Pérez de Sevilla Guitard, destinado en el  CESID en 1984)

 

 

Humildemente, se diga lo que se diga, opino que España carece de unos servicios de inteligencia de carácter nacional eficientes. Y no lo digo por la calidad del personal con que cuentan, sino más bien por la poca importancia, mal uso y desinterés que la administración y las instituciones del Estado les conceden. Ciertamente, la situación ha mejorado, en medios, capacidades, y en asignaciones presupuestarias, pero a fin de cuentas lo que hoy hay no es mucho mejor que lo hubo, tal como me corroboran aquellos pocos amigos que aún me quedan en la organización. Y lo que no ha mejorado, en absoluto, es ni la opinión ni la confianza que la clase dirigente deposita en ellos, empezando por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con los que se mantiene una rivalidad permanente.

En 1982, la situación del servicio de inteligencia español, ya CESID (Centro Superior para la Información de la Defensa) entonces, no era como para echar las campanas al vuelo. Las repercusiones del 23 de febrero de 1981 todavía estaban calientes y se notaba que había que reformar el servicio, dada la más que dudosa cooperación de algunos de sus miembros más relevantes en aquel desafortunado acontecimiento.

Contra todos los pareceres, y de forma sorprendente, el servicio se había confiado a un oficial, que por aquel entonces no era aún ni siquiera general, Emilio Alonso Manglano, y que cuando tomó el mando aún ostentaba el grado de teniente coronel, y solamente alcanzaría el generalato algún tiempo más tarde, en una de las más audaces acciones de absoluta falta de respeto con la legalidad interna de las Fuerzas Armadas, a las que nos tuvo acostumbrados el entonces Ministro de Defensa, Narcís Serra.

Muy probablemente si el Teniente Coronel Alonso Manglano hubiera permanecido en un destino puramente militar dentro del Ejército, nunca habría ascendido a general; la intriga y el dar la espalda a sus compañeros le valió, sin embargo, el ascenso. Curiosamente uno de los personajes depurados del CESID de entonces, fue el también Teniente Coronel Javier Calderón, quien 14 años más tarde volvería a dirigir el CESID, ya como teniente general retirado –tras Manglano-, y cuando nadie podía imaginar tal cosa. Sin duda la historia se escribe con renglones torcidos.

Emilio Alonso Manglano
Emilio Alonso Manglano

Diez años después, en 1992, la situación interna del CESID era casi de caos absoluto, a lo que había que añadir el control ejercido de forma total, y dictatorial, por el entonces ya Teniente General Manglano. El CESID se había convertido en un órgano totalmente al servicio, no ya del PSOE, como erróneamente se ha creído, sino al servicio del entonces Vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, que había ascendido al puesto desde el cargo de Ministro de Defensa, con la ayuda del General Manglano. Ya en esa época se podia adivinar el rumbo que habia tomado el Centro, y que posteriormente saltaría a la luz pública, -escuchas telefonicas, espionaje en “LA VANGUARDIA”-, etc…., culminando en 1995 con las dimisiones en cadena del propio Narcís Serra, del General Manglano, y del entonces Ministro de Defensa, Julián Garcia Vargas, escogido un poco como chivo expiatorio y que vino a pagar, en alguna forma,  el  desastre organizado por el tándem Serra – Manglano.

En 1996, tras la victoria electoral del PP, la situación del CESID seguía sin ser buena. El servicio no se ha había reformado, ni parecía que iba a reformarse a corto plazo, y aunque se había iniciado más apertura en los últimos días del PSOE, el General Félix Miranda, nuevo director en aquel momento, carecía del carisma y del empuje para abordar ningún cambio. Y mucho menos, el co-director –el famoso general-coronel o coronel-general Jesús del Olmo, un hombre elegido, sin duda, por el propio Manglano.

El General Calderón, elegido por el PP en un primer momento, no fue sino una segunda edición del General Manglano y era absolutamente la persona menos conveniente para dirigir el Servicio, y rotundamente con ninguna lealtad hacia el PP, a cuyos dirigentes, incluido el Presidente Aznar, se sabe que despreciaba. Calderón fue nuevamente el hombre de confianza de Eduardo Serra, una persona tan intrigante y enigmática como su predecesor del mismo apellido. Dentro del propio servicio, los cambios de personal fueron escasos y más bien cosméticos, y lo que es más, hombres de la máxima confianza del General Manglano se introdujeron  en el Palacio de la  Moncloa, algo que ni siquiera sucedió en el periodo socialista.

¿Cómo el gobierno de Aznar pudo permitir que semejante despropósito llegase a suceder? Es difícil encontrar una explicación, pero desde luego las consecuencias directas se pudieron ver en cómo se desarrolló la crisis desatada tras el atentado del 11-M, y la consiguiente caída del gobierno del PP en marzo de 2004. Las quejas y reclamaciones que hoy todavía hacen los actuales líderes del PP, no pueden interpretarse más que como lágrimas de Boabdil.

El manejo y tratamiento dado al CESID, y en general a todos los servicios de inteligencia e información, por el PP durante sus ocho años ejerciendo el poder, fueron un cúmulo de despropósitos. Desde la tan cacareada reforma de los servicios, pactada con el PSOE a cambio de nada, y que no produjo ningún resultado práctico –de hecho solamente un cambio de nombre-, Centro Nacional de Inteligencia (CNI)-, hasta la anunciada desvinculación del Ministerio de Defensa y la entronización de un diplomático poco brillante, vinculado al PSOE, que acabó, en pago a sus servicios, primero como embajador ante la Santa Sede y después tras un breve periplo, en agradecimiento a los servicios prestados, como director general de Repsol, y finalmente como embajador en Washington,  pasando por la creación de un comité de coordinación de los servicios de inteligencia que nunca se ha llegado a reunir, todo, absolutamente todo, ha sido fiel reflejo de un desprecio por las funciones de inteligencia imposible de narrar y de entender. Solamente es un reflejo más del desprecio y desconsideración que se da a todo lo relacionado con la política de defensa y seguridad en la España actual.

¿Cómo puede explicarse lo ocurrido tras el 11-M en 2004? ¿Cómo puede ocurrir que, ante tamaño desastre, el mismo 11-M se reuniera el Gabinete de Crisis de Moncloa y el Director del CESID -entonces ya CNI-, no fuera ni siquiera convocado?

La situación hoy parece, cuando menos, incierta, y no se vislumbra claramente una actitud decidida y resuelta ante las amenazas que parecen estar configurándose. Los sucesos acaecidos en Paris, Londres, Niza, Berlín, a lo largo de 2015, 2016 y 2017, y en Europa, en general, no permiten ver una contribución decidida de la inteligencia española a la lucha global antiterrorista, por mucho que se cacaree lo contrario.  España está teniendo mucha suerte, y al margen casi exclusivo del 11-M, no pasa nada porque España importa muy poco en el mundo, y los mismos terroristas consideran que es un objetivo poco rentable, de cara a la galería, a pesar de lo fácil que pudiera ser llevar a cabo un serio atentado.

El CNI volvió a vincularse más, si cabe, con el Ministerio de Defensa y las reformas introducidas por Zapatero apuntaban, según todos los indicios, a colocar en los puestos de responsabilidad a personas más cercanas al PSOE en el poder, si cabe, que las anteriores, y de confianza, primero, del, en su día, cesado ministro de Defensa José Bono, y posteriormente del Presidente del Gobierno, algo que el PP, de forma totalmente suicida e incauta, nunca realizó y que le perjudicó notablemente. El posterior cambio o reajuste ministerial realizado no fue sino una confirmación de lo expuesto, ante la gestión excesivamente personalizada del Sr. Bono, y que vino a devolver el servicio al control personal del Presidente del Gobierno a través de la mediación del entonces Ministro de Defensa, Sr. Alonso, persona –ésta si-, de la entera confianza del Sr. Rodriguez Zapatero, como fue el General Sanz Roldán.

Félix Sanz Roldán y el almirante Torrente. Foto - Belt
Félix Sanz Roldán y el almirante Torrente. Foto – Belt

Todo se confirmó nuevamente tras la segunda victoria socialista en 2008, y la designación de Carme Chacón, procedente del Partido Socialista catalán, como ministra de defensa. El cese –no importa cuántas declaraciones de confianza y satisfacción se hayan hecho-, del  anterior director del CNI, Sr. Alberto Saíz, anteriormente un probo funcionario de ICONA, ligado familiarmente al Sr. Bono, y posteriormente un funcionario corrupto e incompetente, fue solo cuestión de oportunidad, ya que ni hacía  ninguna función que no pudiera hacer otra persona, ni el Presidente del Gobierno confíaba realmente en él.

La designación nuevamente, y confirmación, de un general retirado –el General Félix Sanz Roldán-, un general totalmente afín al gobierno, y que se encontraba ya en situación de jubilación, no aportaba nada. Conocí bien al General Sanz Roldán cuando era un joven oficial y fuimos amigos. Desconozco al actual general retirado y director de la inteligencia española. Solo puedo decir que no le gustaban los servicios de inteligencia ni lo que hacía el CESID. Hoy, imagino que el apego al poder y el sentirse halagado por figurar en la cumbre de la estructura política en España, han podido con su integridad. El hecho de que el gobierno de Mariano Rajoy lo haya confirmado y mantenido en su puesto, sin tener en cuenta sus lealtades para con el PSOE, ni la edad ya avanzada del general tiene ya 73 años-, revela simplemente o que el PP, una vez más, no está interesado realmente en las cuestiones de inteligencia, o que su nivel de incompetencia ha llegado a su estado máximo. Pronto, el General Sanz Roldán habrá permanecido en su cargo tanto como el General Alonso Manglano. Inaudito.

El nombramiento, en su día, como Secretaria General del CNI, un puesto desde donde se dirige realmente el servicio, de la Señora Beatriz Méndez de Vigo, y ya en la época de Rajoy, es otro enigma difícil de adivinar. Ligada y muy cercana al PP –es hermana del ministro de educación-, Beatriz es una profesional de los servicios de inteligencia españoles desde muy temprana edad, y conociéndola como la conozco, puedo aventurar que la primera sorprendida de haberse visto donde ha estado fue ella misma. Aprecio y valoro mucho a Beatriz, y lamento que la hayan hecho sufrir, aunque como se dice “sarna con gusto no pica”.

El hecho de que desde que cesara el General Aurelio Madrigal solo haya habido mujeres en ese puesto, me deja perplejo, y lo reconozco. Primero fue una tal María Dolores Vilanova, luego Esperanza Casteleiro, Elena Sánchez, después vino Beatriz, y ahora viene Paz Esteban. También conozco, y bastante, a Paz (sobrina de un excelente funcionario que estuvo a mis órdenes), y ello hace que me sorprenda aún más. A riesgo de que alguien me llame misógino o algo parecido, me pregunto si lo que han querido siempre es un “Secretario General”, o simplemente una secretaria de gabinete. A todas las anteriores “número dos” se las premió con un destino en una embajada en un país conveniente (Cuba, Brasil, Estados Unidos, y ahora China, en el caso de Beatriz, según parece), lo que es una verdadera majadería desde un punto de vista profesional ya que alguien que ha sido “número dos” no pasa desapercibida. Me pregunto si alguien ha calibrado el que alguna de ellas pudiera ser objeto de una trampa, o un rapto sin más por parte de alguien con intereses en conocer todo lo que ellas saben. Y ojo! Ésto es válido tanto si fueran ellos como ellas, pero se da el caso de que son ellas. Desde aquí se lo digo alto y claro al Director Sanz Roldan, un “número dos” no es enviado nunca a otro país como premio de consolación. No, señor no.

Beatriz Méndez de Vigo. Foto - ESIC
Beatriz Méndez de Vigo. Foto – ESIC

Los servicios de inteligencia en España tuvieron su origen en la organización derivada de la Guerra Civil, y de la Segunda Guerra Mundial, con la precariedad de medios, humanos y materiales, que se derivaban de la propia situación nacional. En sus orígenes estuvieron obligados a mantener una estructura similar a la existente durante la guerra civil, como consecuencia de la amenaza que representaban, para el Estado, los republicanos que, poco después de finalizar la Guerra Civil, intentaron derrocar al nuevo régimen surgido al concluir la contienda.

Los servicios de inteligencia, o de información, totalmente militares y dirigidos por militares, estuvieron encaminados desde el principio a combatir la subversión y las amenazas interiores. La policía, y la Guardia Civil, enfocaban sus labores informativas, fundamentalmente, a la persecución del crimen y delitos comunes, aunque también se consideraba la subversión. No había un servicio de información exterior, como tal, dedicado a conocer de forma encubierta y secreta lo que otros países pudieran decidir, o llevar a cabo, que pudiera afectar a España. Además, los diferentes servicios de información trabajaban con una práctica y total descoordinación, y con tensiones y confrontaciones en cuanto a las competencias, aspecto que apenas ha cambiado en la actualidad.

Ante la amenaza de subversión latente, que hizo su principal aparición en la universidad, siguiendo otras corrientes mundiales, surgió el primer servicio de inteligencia de la post-guerra, la llamada Organización Contrasubversiva Nacional (OCN), que, con su evolución y ampliación de tareas a otros ámbitos de la sociedad española, constituyó el germen del Servicio Central de Documentación (SECED), directamente subordinado al entonces presidente del gobierno, Almirante Carrero Blanco, primer servicio realmente aparecido en España y que, tras su fusión con la Tercera Sección del Alto Estado Mayor, propició posteriormente el nacimiento del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), precursor del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Luis Carrero Blanco
Luis Carrero Blanco

Tradicionalmente las segundas secciones de los estados mayores, y del Alto Estado Mayor, tenían los cometidos referentes a la obtención de inteligencia e información sobre los ejércitos extranjeros, y el estudio de su organización. Eran, asimismo, las responsables de los servicios de información documental, de la captación e interceptación de mensajes, y de lo relativo a criptografía y claves.

La peculiar situación en que vivían los diferentes Servicios se normalizó algo en 1940, al disponerse que los servicios de información de policía, orden y vigilancia pertenecieran a la Guardia Civil, adscrita en alguna forma a las Fuerzas Armadas. Uno de sus primeros jefes, curiosamente, fue el entonces Comandante Manuel Gutiérrez Mellado.

Aquellos servicios redactaban unos breves informes titulados “Noticias recibidas del Servicio de Escucha sobre las operaciones en Europa”, y también unos boletines de información del Centro de Escuchas, con teletipos de la prensa internacional, en forma muy parecida a como haría el CESID más tarde. Con frecuencia semanal se redactaba un “Boletín de Información Secreto”, que contenía informes recibidos de agentes desplegados en el interior o, en algún caso, en el extranjero, prestando especial atención al tráfico marítimo de Gibraltar, a la situación de Tánger, y Portugal, y a las actividades de los nacionalistas marroquíes, incluyendo también noticias de los sabotajes producidos en territorio nacional, declaraciones de políticos españoles y extranjeros, protestas por detenciones y ejecuciones, y estados de opinión de los militares, que se recababan en las unidades, en forma muy parecida a como se vino haciendo luego. A pesar de ello, en 1956 el tema de la independencia de Marruecos cogió prácticamente por sorpresa al gobierno del momento.

En 1945, se precisaron con más detalle las atribuciones del Alto Estado Mayor, estableciéndose que: “Será de la incumbencia del Alto Estado Mayor cuanto se refiere al espionaje y contraespionaje de carácter militar, dentro y fuera del país. Incumbe a cada Ministerio, la información de carácter general, de acuerdo con sus necesidades. Corresponde al Ministerio de la Gobernación (Dirección General de Seguridad) cuanto se refiere a la seguridad interior del país. Se entiende por seguridad, el conocimiento anticipado y la destrucción o anulación de cuantas actividades se dirijan a perturbar el orden público o poner en peligro la vida del Estado”. Es decir, se encomendaba la llamada inteligencia interior al Ministerio de la Gobernación, hoy Ministerio del Interior. La coordinación entre servicios constituyó siempre un campo de batalla en el que habría que hacerse frente a múltiples situaciones, y que sigue sin solucionarse.

El servicio de información del Alto Estado Mayor comenzó sus trabajos con gran precariedad de medios. Muchas de las personas integradas en el mismo estaban pluriempleados, como sucedía a muchos de sus compañeros de profesión en las unidades, consecuencia de lo escaso de los haberes que percibían, por lo que su eficacia, durante muchos años, fue más bien escasa, y más acusada en algunos campos que en otros, como podía ser el de la contrainteligencia. Los oficiales españoles en el extranjero solían tener su sede en la Embajada de España, en el país donde se encontraban, con la misión de entrar en contacto oficialmente con los órganos de inteligencia del país en cuestión, para obtener la información oficial que pudiera ser de interés para nuestro país, prácticamente al igual que se hace hoy, por lo que realmente no eran “espías” sino meros oficiales de enlace, aunque se esperase de ellos siempre algo más. En forma que podemos calificar como general, las diversas embajadas no apoyaban especialmente a estos oficiales, algo que tampoco ha cambiado mucho en la actualidad, sino que más bien se lamentaban de que estuvieran allí.

Manuel Gutiérrez Mellado
Manuel Gutiérrez Mellado

No dejan de ser curiosas las afirmaciones que Gutiérrez Mellado llegaría a hacer, en declaraciones efectuadas a un periodista, en 1983[1], cuando dijo que: “el militar que pasaba excesivo tiempo destinado en los servicios de información, llegaba a sufrir un proceso de deformación profesional, que lo inhabilitaba para desenvolverse con naturalidad en el mundo castrense, y cuando se permanecía demasiado tiempo en el servicio de información, sin que el interesado se percatase de ello, iba dejando de ser un oficial para convertirse en un mero informador”. Esto lo decía precisamente alguien que casi lo único que hizo en su vida militar activa fue dedicarse al mundo de la inteligencia, para acabar aupándose al grado de teniente general, de jefe del estado mayor, y finalmente, de vicepresidente del gobierno para asuntos de la defensa, y lo decía en unas memorias tituladas “Un soldado de España”. No cabe duda de que Gutiérrez Mellado, posiblemente además de otras cosas, era un cínico solemne.

El General Gutiérrez Mellado intervino directamente en la instalación y seguimiento de las oficinas de información, llamadas “bases”, establecidas en las embajadas en Bélgica, Francia, Portugal y Suiza, y cuyo objetivo era fundamentalmente de orden interno de cara a la política nacional. A partir de 1955, tras el reconocimiento diplomático de los Estados Unidos y la existencia de bases militares norteamericanas en España, el objetivo soviético comenzó a tener una especial dimensión, especialmente en lo relativo al contraespionaje, lo que exigía una preparación más profunda en esa dirección. Oficiales españoles se desplazaron a países amigos, especialmente a los Estados Unidos, para recibir formación específica en el campo de la información, y se comenzó a desplegar más oficiales españoles en el extranjero, aunque siempre de forma limitada.

El asesinato de Carrero Blanco tuvo una gran influencia en el desarrollo posterior, y en la credibilidad del servicio entonces existente, pues no se fue capaz de detectar, de ninguna manera, ni siquiera la posibilidad de que fuera a cometerse el atentado. Hechos posteriores como el intento de golpe de estado del 23-F, no contribuyeron a mejorar la reputación del servicio.

Es en esta situación de grave crisis, cuando de la mano del Ministro de Defensa del gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, Alberto Oliart, llega a la dirección del CESID el Teniente Coronel Emilio Alonso Manglano. Considerado como monárquico y de carácter democrático, desembarcó en el Centro con ideas y órdenes claras sobre el futuro del servicio, y con el absoluto respaldo político tanto del que sería nuevo Presidente del Gobierno, Felipe González, como de su Ministro de Defensa, Narcís Serra. Manglano, en el momento del 23-F se había lanzado a la piscina literalmente, al telefonear directamente a la Casa Real, y garantizar que la Brigada Paracaidista, que él no mandaba, se mantenía leal al ordenamiento constitucional, saltándose al jefe de la misma, el General Mendizábal.

El ex-Ministro de Defensa Narcís Serra
El ex-Ministro de Defensa Narcís Serra. Fuente: Wikimedia Commons.

Él y sus colaboradores más cercanos, especialmente el Comandante Orzáez Lamoneda y otros, asumieron la responsabilidad de configurar la dirección del Centro, y los directivos inferiores fueron considerados más como especialistas sin que se les autorizase a tomar decisión alguna. Este período se caracterizó porque se produjo una separación entre la función de producción de inteligencia, y la de suministro de la misma al gobierno, de forma que el analista nunca sabía adónde iba a parar la inteligencia que el mismo había preparado.

La organización se profesionalizó, y la asignación de puestos de trabajo se hizo más especializada; de hecho de esta etapa partieron los primeros intentos del director, Manglano, por aprobar unos estatutos de personal que no verían la luz hasta que se produjera el escándalo de las escuchas ya en 1995. Durante esta fase, la comunicación en el Centro se hizo más formal e impersonal, y la jerarquía de títulos más intensa, en consonancia quizás con la mayor especialización de funciones, pero también motivada por la actitud casi dictatorial del entonces Coronel Alonso Manglano.

Manglano puso en ejecución el llamado “Plan Fénix” cuyo objetivo, en principio, era modernizar y adaptar los objetivos del CESID a las necesidades internas y externas de inteligencia del gobierno de España. El Plan Fénix enraizaba en el cambio de escenario que supuso la disminución del fenómeno involucionista en las Fuerzas Armadas y la necesidad de potenciar la contrainteligencia, la seguridad tecnológica y la inteligencia exterior de cara a la integración en la OTAN que, ya a finales de 1982, era manifiesto que España buscaba. Este plan, que había surgido del propio Centro sin ninguna otra orientación, se fue desarrollando, a partir de entonces, a través de diferentes normas y actuaciones hasta aproximadamente 1986. Nunca contó con la expresa aprobación del Gobierno que, probablemente no sabía nada al respecto, y que no obstante, había dado carta blanca a Alonso Manglano para organizar el CESID a su libre albedrío, siempre que sirviera a sus intereses, algo que hizo casi a la perfección.

Sede del CESID
Sede del CESID

Alonso Manglano posiblemente pretendía que el Centro dejara de funcionar de forma artesanal, y comenzara a comportarse como una organización moderna y profesionalizada. Dos años después de su llegada, y dentro de este proceso de configuración, el Real Decreto 135/1984 comenzó a perfilar la estructura final que acabaría teniendo el CESID. En él se establecía que cada una de las áreas de atención que la Orden Ministerial de 1982 había definido de forma genérica –esto es, interior, exterior, economía y tecnología y contrainteligencia–, serían a partir de entonces las estructuras básicas de trabajo del servicio de inteligencia. El director general estaría apoyado en su gestión por un gabinete técnico y una asesoría jurídica, quedando compuesto por cuatro divisiones: inteligencia exterior, contrainteligencia, inteligencia interior, economía y tecnología, así como por sendas subdirecciones generales de administración y servicios y de personal. Hasta ahí se puede decir que lo ejecutado era correcto y mejoraba lo existente hasta el momento.

Cada una de estas divisiones se subdividió a su vez en áreas, cuya estructuración se realizaba bien por zonas geográficas (inteligencia exterior) o bien por temas (contrainteligencia interior y economía y tecnología) contando cada una de ellas con una pequeña secretaría encargada de las necesidades de gestión. A su vez, en el interior de cada una de las áreas, la evolución de amenazas y el diseño de nuevos objetivos introdujeron alteraciones en su estructura. El complejo quedaba completado por otras dos unidades, por un lado, la agrupación de Apoyo Operativo y Medios Especiales (AOME) que estaba encargada de las misiones de puro espionaje y que posteriormente tendría una enorme relevancia en los escándalos que salpicaron al CESID; y por otro, la unidad de seguridad interior que siempre había existido.

A pesar de las energías gastadas en establecer un canal directivo para que fluyera la información y se favoreciera la gestión, y permitir así un crecimiento ordenado, el control de una organización cada vez más extensa se hizo difícil. Alonso Manglano perdió el control de la misma, no tanto porque los niveles inferiores reclamasen mayor autonomía en base a su conocimiento experto y a su mayor contacto con el cliente, sino porque la fueron adquiriendo de hecho ante la incapacidad de la dirección de controlarlos y guiarlos.

A principios de la década de los 90 el CESID había alcanzado una complejidad significativa que no tenía parangón con la de su momento de creación; de hecho, el Centro nunca fue concebido para ser una estructura tan importante en el entramado de seguridad e inteligencia español. La caída del Muro de Berlín, en 1988, abría un nuevo escenario que significó un aumento de las misiones de todos los servicios de inteligencia (crimen organizado, verificación de tratados de limitación de armamento, crímenes de guerra…) que los Estados no sabían a quién encargar.

Caída del Muro de Berlín
Caída del Muro de Berlín

Acreditado ante sus homólogos extranjeros, el CESID se había convertido en una fuente de información privilegiada en ciertas zonas del mundo debido a su expansión exterior. Con respecto a sus competidores internos, el CESID salía relativamente victorioso de los ataques de otros ministerios como los de Interior y Asuntos Exteriores, que también querían apropiarse de esta nueva parcela que se había creado en la estructura del Estado, y de la cuál quedaba ya poco que repartir, gracias al apoyo del ministro Serra. Éste fue el momento de mayor auge, intensidad y poder del Centro.

A pesar de su origen militar, en las relaciones con los ejércitos, y en especial con las segundas secciones de los estados mayores, se tuvieron algunos tropiezos. Muchas de las dificultades que se presentaron eran, en parte, responsabilidad del propio Centro, y fueron agravadas por la actitud del General Alonso Manglano. La inteligencia militar acabó estando prácticamente anulada durante décadas por la preponderancia inicial del CESID, y su posterior transformación en el CNI, que desconfiaba de los servicios de las Fuerzas Armadas por varias razones: prejuicios que se remontaban al 23-F; por no considerarlos verdaderos servicios; y por considerarlos competidores en la sombra. Al pasar el CNI a depender con el mandato del presidente Rajoy, a todos los efectos, de Presidencia, el Ministerio de Defensa se encontró con un déficit de inteligencia aún mayor, pues el acceso a la información clasificada no fue tan fluido como hasta entonces, si es que lo había sido en algún momento.

Alonso Manglano se endiosó lo que llevó a que ya en 1993 algún ministro “amigo” le sugiriese la necesidad o conveniencia de comenzar a pensar en su relevo, y él ignoró. Alonso Manglano, que llegó a estar catorce años al frente del Centro, cifra sólo superada por el mítico director del FBI Edgar Hoover, con nada menos que cuarenta, o por Yuri Andropov, del KGB, paulatinamente comenzó a perder el control de la organización ya que carecía de los ágiles reflejos necesarios para controlar algo tan grande mediante el único recurso del liderazgo carismático. De modo que finalmente llegó lo inevitable y el CESID se descontroló, como se descontroló su director. Deseo de todo corazón que Félix Sanz Roldán no siga este camino.

el mítico director del FBI Edgar Hoover
el mítico director del FBI Edgar Hoover

La oleada de escándalos en la que se vieron envueltos los servicios secretos españoles en los primeros años de la década de los años 1990 (y más concretamente en tomo a 1995) posibilitaron que éstos pasasen a ocupar por primera vez en la historia de la España contemporánea, y por un periodo relativamente prolongado además, el centro de la escena mediática. Pero no era debido a buenas percepciones sobre los mismos, sino todo lo contrario. Ese fue el final de la época Manglano.

En mayo de 1995 la prensa desvelaba que el Centro había venido practicando actividades de escucha ilegal. El servicio de inteligencia se colapsó, hecho éste que fue aprovechado por ciertos grupos mediáticos, políticos y económicos, y lo que a su vez supuso que el escándalo cobrase una magnitud que no hubiera alcanzado en otros países. No en vano Alonso Manglano se había granjeado numerosos enemigos. Vapuleado como un muñeco de trapo, el servicio de inteligencia fue utilizado con el objetivo de debilitar al Presidente González, cuya cabeza buscaban los instigadores del escándalo. Los intensos ataques supusieron la dimisión del Vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, del Ministro de Defensa, Julián García Vargas y del propio director del Centro, Emilio Alonso Manglano. La incapacidad para abordar esta crisis generó una grave situación ya que el Centro debió buscar a un nuevo director para conseguir restablecer el rumbo sin poder contar ya con su líder primigenio. La situación de desprestigio que se generaría tanto dentro como fuera de España sería enorme.

Todas las acciones se dirigieron de forma indefectible a retomar las riendas de la organización y hacia la necesidad de someter a las actividades del Centro al imperio de la ley y a un férreo control. Con la misión de sacarlo de la crisis y llevarlo sin mayores vaivenes hasta la siguiente legislatura, en 1995 desembarcó en el Centro una nueva dirección bicéfala totalmente absurda configurada por los generales Miranda y Del Olmo, aunque este último fue posteriormente degradado al empleo de coronel al considerarse que su ascenso no había seguido la reglamentación vigente, algo verdaderamente inaudito.

Noticia acerca de la sentencia que revoca el nombramiento de Jesús del Olmo
Noticia acerca de la sentencia que revoca el nombramiento de Jesús del Olmo. Fuente: ABC

En 1995 se había llegado a un CESID en pleno funcionamiento, con una estructura modernizada y con una clara supremacía sobre ciertos campos de actividad que se solapaban con los del Ministerio del Interior y el de Asuntos Exteriores, con quienes colisionaba más que frecuentemente. A pesar de este predominio, el CESID comenzaba a manifestar de forma patente las deficiencias que le ocasionaba haber monopolizado la información exterior, tener una división de interior sobredimensionada y volcada en el terrorismo, una coordinación inadecuada con el resto del sistema de inteligencia, y carecer de un mecanismo de control acorde al volumen y complejidad que había alcanzado. En resumidas cuentas, las necesidades a las que se estaba enfrentando el CESID a finales de siglo no podían ser abordadas con la misma estructura con la que comenzó a funcionar a finales de los 70.

Alonso Manglano había introducido la planificación cuando llegó al servicio de inteligencia, copiando la dinámica de las secciones de inteligencia de los estados mayores de los ejércitos. A partir de la misma se realizaba un Plan Permanente de Información en el cuál se entregaban objetivos y recursos a las diferentes unidades del Centro. La excelente relación entre el Ministro de Defensa, Serra, y el director del CESID había llevado a que esta asignación de objetivos se estableciese entre ellos. Tras la crisis, uno de los errores que se manifestaron fue la inadecuada fijación de objetivos al servicio por parte del Gobierno, así como la necesidad de que el Consejo de Ministros aprobase formalmente los objetivos del Centro. Sin embargo esto no se consiguió hasta la Ley de 2002 por la que se creó el CNI, ya que hasta entonces, a lo más a lo que se pudo llegar fue a que el Consejo de Ministros se diera por enterado de la relación anual de objetivos asignados al Centro. Un despropósito absoluto.

Tras las elecciones de 1996 llegó a la dirección del Centro un viejo conocido de la Casa. El General Javier Calderón, que ya había sido secretario general del CESID durante el intento de golpe de estado de 1981, fue sorprendentemente el encargado de controlar y reorganizar el servicio. En esta fase de coordinación el CESID debería haber entrado en su fase divisional. No obstante, esta forma de trabajar coordinada de diferentes unidades que deberían haber alcanzado su máximo nivel no pudo lograrse, ya que el control, y borrar las pruebas de actividades dudosas, era la prioridad de aquellos años. Y la realidad no dejaría escapar al Centro de esa dinámica.

Luis Roldán y Emilio Alonso Manglano
Luis Roldán y Emilio Alonso Manglano

Antes de que el CESID se hubiera recuperado del escándalo de las escuchas, en marzo de 1998, la prensa desveló que el Centro venía controlando también las comunicaciones de las principales sedes de Herri Batasuna. Este episodio debe entenderse como una secuela del escándalo de 1995, y como una manifestación de que había que imprimir mayor ritmo a las reformas que él que pretendía introducirse desde el propio Centro. La noticia, que tuvo su base en los famosos papeles sustraídos por el Coronel Perote –aunque posiblemente fue debida mayormente a alguna indiscreción en el entorno del Ministerio del Interior– provocó un inmenso nuevo daño al servicio. El Centro desconocía el alcance de las filtraciones, y hasta qué punto las redes y bases, dentro y fuera del País Vasco, habían quedado expuestas. Por su parte, los servicios de inteligencia extranjeros con los cuales el CESID mantenía relaciones frecuentes, manifestaron su profunda preocupación por la situación que entonces se planteaba, al tiempo que restringieron al mínimo el flujo de información hacia el servicio de inteligencia español.

La relación con los responsables de las tomas de decisión llegó a ser muy lejana, y la información que se podía producir era mínima ya que el CESID había tenido que desmantelar gran parte de sus estructuras ante el riesgo que suponían las filtraciones y los escándalo, y el corte del flujo informativo de los servicios de inteligencia extranjeros. Sin embargo, aunque el CESID pudo sobrevivir a esta crisis, no atravesó desde luego su período de mayor productividad y, de hecho, el producto que suministraba a los responsables políticos fue de poca calidad, por lo que su actividad quedó muy desvalorada.

No hay duda de que la falta de reflexión inicial sobre cuál debía ser el modelo del servicio de inteligencia llevó a que fuera su director quien estableciese su modelo, naturaleza y pautas de crecimiento. Una libertad que se vio favorecida por la absoluta confianza que el Presidente y el Ministro de Defensa tenían en él, a cambio de su absoluta lealtad, incluso para sus propios fines personales o de partido, pero no de interés nacional. ¿Ha cambiado esto? No lo parece.

El comité de coordinación de inteligencia, creado en tiempos de Aznar, debería funcionar y reunirse al menos una vez a la semana, como ocurre en el Reino Unido. Y también debería existir un director nacional de inteligencia con autoridad sobre el propio CNI, y los servicios militares, y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Ante esta situación, la pregunta es: ¿tendrá España, alguna vez, unos verdaderos servicios de inteligencia? ¿Son verdaderamente necesarios esos servicios, tal como son, o solamente sirven a los políticos de turno, en el poder? ¿Han servido hasta ahora para algo? El solo hecho de que esto no sea una realidad y que haya dudas al respecto, arroja muchas sombras sobre la verdadera necesidad y utilidad del servicio de inteligencia español tal como se ha concebido y tal como se está utilizando.

 

Cosas que decimos hoy, y recordaremos mañana.

 

 


 

Notas

[1] Manuel Gutiérrez Mellado, “Un soldado de España”, Conversaciones con Jesús Picatosto,

Barcelona, Arges Vergara, 1983, p. 116.

 

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 37 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

12 Comments

  1. Me gustaría saber lo que pensaban los “profesionales” que tenían que vigilar a los periodistas que fotografiaban al emerito en pelotas en la cubierta de su yate o con sus amantes. Personalmente creo que Sanz Roldan ha llegado a una simbiosis perfecta con Saez de Santamaria. Esa pareja es perversa y perjudicial para el interés de España.

  2. Obviamente todo lo que hacen en un servicio de inteligencia no es puro o inmaculado, pero deber tener una cierta ética final. Sanz Roldan es un encantador de serpientes que te cuenta lo que quieres oir, y Saez de Santamaria no tiene la mínima brizna de ética o dignidad. Utiliza el CNI para sus espionajes de salón dentro de su propio partido

  3. La Vicepresidenta es una inútil (abogada del estado pero inútil) era o será mucho mejor Fernández de la Vega o Irene Montero…..sobre los servicios secretos pues no puedo evaluar me falta información lo que si pienso es que vencimos a ETA y actualmente por lo que parece es eficaz contra el yihadismo…..y sobre el emérito me importa un pimiento con las señoritas que tenía amistad me importa es la herencia que recibió y la que entrego por lo tanto fue un magnífico jefe de estado…..es mi opinión tan legítima como cualquier otra

  4. No tengo ni el conocimiento ni la informaciòn como para emitir una opiniòn.Lo que si tengo claro es que ahora más que nunca y con las amenazas que hay a nivel global, hace falta un servicio de inteligencia hábil, preparado y con recursos.Dejarnos de tanta mojigaterìa tampoco vendrìa mal.No la tiene el Mossad ni los ss. ss. franceses cuando hundieron el “Rainbow Warrior” en La Polinesia.No digo que amparemos una guerra sucia contra todo, no quiero que se me malinterprete.

  5. Tengo motivos sobrados para poder decir que la colaboración del CESID en la derrota final de ETA ha sido mínima. Eso ha sido labor de los cuerpos de seguridad del Estado, sobre todo de la Guardia Civil.
    En cuanto al yidahismo más de lo mismo. Tengo motivos para poder decir que no se enteran mucho.
    España está teniendo mucha suerte. Aparte del 11-M la ausencia de atentamos se explica por la falta de interés de España como objetivo de interés para los islamicos. Tampoco hay atentados en Portugal ni en Dinamarca. Los islamicos actúan donde saben que se produce un Eco universal. Y las noticias de España enseguida pasan a segundo plano. No creáis que es debido a la eficacia del CNI.

    • Si usted lo dice Toni…..sus razones tendrá, entonces Bélgica y Bruselas se debe a ser la capital UE…..España es uno de los países más nombrados por los yihadistas en sus vídeos no olvidenos Ceuta, Melilla, El antiguo Al Andalus y que las catedrales Españolas están sobre restos de mezquitas….creo en mi humilde opinión que España si es objetivo claro del Yihadismo y que algo estaremos haciendo bien desde el 11M se han detenido a más de 800 Yihadistas en España….pero usted cómo es lógico tiene más información y preparación que yo en estos temas

  6. No, Fran, yo no tengo ni conozco la verdad absoluta. No sé si es cierto eso que dices de que se han detenido 800 yidahistas….Eso es lo que dicen fuentes oficiales, las mismas que dicen que el CNI es uno de los servicios mejores del mundo, o que las FAS españolas son también de lo mejor que existe. Yo sé que ambas cosas no son verdad.
    Por lo tanto, tengo razones para cuando menos, tener muchas dudas.

    Todo eso que dices de que España es un objetivo del yidahismo islamico, es cierto, pero solo retóricamente. España no cuenta como enemigo, pero sí Francia, Gran Bretaña, y USA, que son los que además, les bombardean cada vez que se mueven. España no les preocupa, estoy convencido de que la consideran ganada ya.
    Que hizo España tras el 11-M? Salir corriendo de Irak, cuando era cuando había razones no sólo para seguir, sino para aumentar la presencia militar, simplemente para no ceder ante las amenazas.
    Donde estaba el CNI cuando ocurrió el 11-M? Donde estaba el CNI cuando pasó lo de Perejil?
    Ahora eso sí, nos cuentan de que el CNI tenía vigilada a Corina, …..
    Vaya por Dios!!! Opino como tú, al emérito que le den,…y que el CNI se dedique a lo que debe.

  7. Creo que estamos siendo muy maniqueos, ni somos los mejores pero tampoco creo que seamos de lo peor.EE.UU., Francia o UK son nos guste o no los que llevan el esfuerzo en la guerra contra el ISIS y eso les hace estar en primera lìnea de objetivos de esa caterba de asesinos.Os invito a que os dèis un paseo por los suburbios de Londres o Parìs…eso si que es discriminaciòn, racismo y lumpen.Los musulmanes, hablo en general, no pueden quejarse del trato y de la vida que llevan en España, Portugal o incluso Italia si me apuran.Los latinos somos más permisivos y acogedores.Eso puede, repito, puede que sea una de las razones por las que les importa poco fijar nuestro paìs como objetivo.
    Otro tema ya es la cobardìa de Irak, el no atrapar un esquife cuando lo tienes literalmente a tiro, el no compromterte a fondo con Francia en la operaciòn Barkhane, más allá de adiestrar soldados y tener un C-130, etc, etc…

  8. Sin ánimo de ofender a nadie, si el artículo fuera una carta de amor, sería la carta de un novio despechado.
    Otrosi digo, que ESPAÑA no salió CORRIENDO de Irak, se retiró por orden de un gobierno de opereta encabezado por Zapatero.
    No sé si usted ha corrido delante del enemigo, o ha tenido oportunidad de hacerlo, pero ni yo, ni muchos soldados que conozco, lo hemos hecho.

  9. Todavía pude conocer a algunos novios despechados, que sin remilgos habrían dado hasta la ultima gota de su sangre en defensa de una porción de la Patria que se entregaba a traición. Regresaron menospreciados, con mala fama y cuando menos injustamente tratados.
    He podido conocer a miembros de los servicios de información de la Benemérita y policía que se dejaron el alma, cuerpo y familia en los años duros, en los malos y en los menos malos, y en los nuevos tiempos fueron recolados en destinos donde sus conocimientos y experiencia o no interesaban o no se podían aprovechar.
    Novios despechados son todos aquellos policías y guardias que salen a diário sin medios, mal pagados comparativamente con los que se refugían tras un escritorio, sin seguridad jurídica ,sin apoyo institucional real,observados por la sociedad a la que sirven, con algo tan hispano como un “búscate la vida y allá te las apañes” que de arriba no vas a esperar ni comprensión ni ayuda, ni apoyo siquiera moral.
    Novios despechados son todos aquellos Veteranos de las guerras de España ,Alátristes de turno, que se dejaron la vida y España les premió con misería , olvido y menosprecio en cuanto pudo.
    He conocido y comprendido despues a muchos que corrieron, los menos por razones personales, los más, simplemente mal mandados,en situaciones donde se imponian cuestiones y razones que no llegas a comprender o que anteponen intereses de partido antes que de Estado.
    Novios despechados es una gran definición para todos aquellos que sirven y sirvieron, que desde aquel lejano poema del Mio Cid, “que gran vasallo si tuviese buen señor”, curiosamente o tragicómicamente ninguno a pasado del aprobado raspón, pero aquí seguimos,pese a gobiernos inutiles e incompetentes de color que sea, pese a oficiales que hicieron suyo ,mejor barcos (carreras) sin honra.

    Novios despechados es una gran definición para todos aquellos que saben o intuyen que las cosas no funcionan como deben o para lo que deberían.
    De eso habla este y otros artículos.
    Cada uno lo interpretara con su clave y sacara sus conclusiones

    saludos

  10. Yo no sé si el artículo es de novios despechados, nunca he tenido novio ni despechado ni sin despechar, perdón por la broma….. pero me parece un magnífico artículo aunque no esté del todo de acuerdo con el o no me guste lo que dice…..del CNI no puedo opinar pero de nuestros FCSE la policía Nacional y la Guardia Civil no las cambiaba por ninguna gendarmería ni policía del mundo, un saludo a todos

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