BRIPAC: Sentido del riesgo, cara a la muerte

BRIPAC: Sentido del riesgo, cara a la muerte

BRIPAC en Afganistán en 2009. Foto - US Army
BRIPAC en Afganistán en 2009. Foto - US Army

Desde la antigüedad, mucho antes de Cristo, el hombre siempre ha soñado con volar, habiéndose trasladado virtuosamente ese sueño a las Fuerzas Armadas. El presente artículo realiza un recorrido histórico del paracaidismo militar desde sus orígenes haciendo altos en los acontecimientos más destacados para pasar a detenerse en la BRIPAC (Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra). Así, sus orígenes históricos y todo lo que ella comprende, sus integrantes, misiones… Una Unidad entre las Fuerzas Armadas Españolas de la que sentirnos más que orgullosos.

 

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El proyecto de paracaídas de Leonardo Da Vinci consistía en una estructura piramidal de base cuadrada con un lado y una altura de siete metros aproximadamente, funcionando a través de la resistencia generada por él mismo al atravesar el aire. Éste invento del hombre del Renacimiento por antonomasia es el antecedente del instrumento que hoy se usa y, sin embargo, el ser humano había perseguido el sueño de las alas muchísimo antes.

De hecho, se piensa que el primer salto en paracaídas registrado sucedió en Córdoba en el año 852 a.C. cuando el musulmán Arman Firman pretendió sobrevolar la ciudad saltando desde una torre con una enorme capa. Pensó que ésta se abombaría y le permitiría flotar, pero el manto no pudo desacelerar su caída y se estrelló contra el suelo, aunque, afortunadamente, sobrevivió.

Este anhelado sueño perseguido por el hombre desde sus inicios se trasladó virtuosamente al ámbito militar con la intención de trasladar personal o tropas a un determinado lugar para realizar labores de sabotaje y eliminación de objetivos concretos que impidan el avance del ejército, así como para rescatar y proteger personas y objetivos.

Hay autores, como es el caso de Gordon Rottman que señalaron que ya Benjamin Franklin en el siglo XVIII teorizó sobre la posibilidad de lanzar soldados desde globos aerostáticos, sin embargo, los orígenes del paracaidismo militar hemos de buscarlos en Italia y, principalmente, en la Unión Soviética. Los primeros organizaron una pequeña campaña durante los años veinte, pero fueron los segundos, una vez que el régimen comunista tuvo una cierta estabilidad, los que profundizaron en las técnicas a finales de dicha década. A comienzos de los años treinta el Ejército Rojo ya disponía de un batallón totalmente entrenado y equipado comprometido con ejercicios militares periódicos y con crecientes adeptos.

Algunos de los primeros paracaidistas soviéticos jugándose la vida al saltar desde el fuselaje de un Tupolev TB-3
Algunos de los primeros paracaidistas soviéticos jugándose la vida al saltar desde el fuselaje de un Tupolev TB-3

Fue en 1.934 cuando su grado de desarrollo se hizo patente con un lanzamiento de mil quinientos efectivos (un regimiento completo), pero las purgas estalinistas supusieron un alto en su desarrollo. No obstante, estos progresos no pasaron desapercibidos y la Werhmacht optó por la creación de unidades paracaidistas para la Luftwaffe dirigidas por el general Kurt Student. Fue así como este alto cargo ideó el concepto de los planeadores a fin de crear medios de transporte para vehículos o artillería ligera que apoyase a los paracaidistas (los llamó Fallschirmjäger) dando lugar de esta manera a la creación oficial de las tropas aerotransportadas. Estas tropas fueron relevantes y decisivas en diversas actuaciones durante la Segunda Guerra Mundial (a título de ejemplo y entre otras cabe destacar la Operación Market Garden, septiembre de 1.944) y en la Guerra Fría (destacándose la Operación Dragón rojo en 1.965) aunque, sin duda, la primera época mencionada se consagró como la era dorada de los paracaidistas.

Se debe hacer también referencia, a nivel histórico internacional, a la famosa División de las Águilas Aulladoras (101ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos), de la cual se han rodado numerosas películas y se han hecho correr ríos de tinta. Y, realmente, no es para menos, pues sus paracaidistas tuvieron que enfrentarse prácticamente solos a miles de soldados alemanes durante el Desembarco de Normandía, hecho del cual salieron victoriosos gracias a su audacia y entrenamiento, así como a la ingente cantidad de equipo que portaban encima (podía alcanzar hasta los cincuenta kilos). William C. Lee, agregado militar estadounidense de la región germana, observó cómo Hitler entrenaba a cientos de sus hombres para que atacasen desde el aire. La idea le entusiasmó tanto que decidió copiarla e inició una lucha contra sus mandos para la creación de una fuerza similar en los Estados Unidos. Finalmente, Roosevelt atendió sus deseos y Lee terminó convirtiéndose en el padre de estas unidades.

En el Desembarco de Normandía estas fuerzas fueron lanzadas tras las líneas enemigas de la playa de Utha con orden de tomar varios puentes clave. El objetivo era, básicamente, causar el caos, eliminar las defensas de retaguardia de los nazis y evitar el envío de refuerzos a los germanos que se hallaban en la costa. El día D, antes de despegar, se informó a los paracaidistas que realizarían su misión sin Lee por haber sufrido un ataque al corazón, por lo que los seis mil setecientos hombres se lanzaron al vacío con sensación de “orfandad”.

Con o sin Lee, el 5 de junio de 1.944 estos hombres iniciaron el camino hacia la batalla desde el cielo hacia puntos ciegos poniendo gravemente en riesgo sus vidas al pretender indicar y asegurar el camino a sus compañeros. Una vez estos guías cumplieron con su labor con un durísimo esfuerzo, la fuerza paracaidista principal se lanzó no siendo su aterrizaje menos complicado que el de sus compañeros (hubo una inmensa parte que se ahogó en lodazales o daban de bruces con los nazis nada más aterrizar). No obstante todo lo dicho, finalmente consiguieron cortar las comunicaciones e impedir a los alemanes enviar refuerzos a las playas de Normandía. Estos paracaidistas pasaron a la historia como auténticos héroes.

Paracaidistas de la 101º aerotransportada son lanzados sobre Normanía el Día D. Foto - CORBIS
Paracaidistas de la 101º aerotransportada son lanzados sobre Normanía el Día D. Foto – CORBIS

Trasladándonos a España podemos contar entre nuestras tropas a la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas, igualmente héroes de los que sentirnos más que orgullosos. Con respecto a ella, en el año 1.953 el Ministro del Ejército, General don Agustín Muñoz Grandes decidió reorganizar el Ejército de Tierra para su adaptación a los nuevos tiempos debido a las nuevas relaciones internacionales de España y a su alianza militar con Estados Unidos que alteraban profundamente los condicionantes estratégicos del país. Como consecuencia, se hubo de acometer la reforma de las Fuerzas Armadas de modo que respondiesen  a los nuevos requerimientos.

Así, encomendó la misión al ilustrísimo señor comandante don Tomás Pallás Sierra, el cual se encargó de formar el primer curso de paracaidista. Nace entonces la I Bandera Paracaidista bajo el nombre “Roger de Flor” (en honor al caudillo almogávar de la Corona de Aragón, siglo XV). A la vista de sus extraordinarios resultados, en 1.955 y en vías de organización de la II Bandera se decide la creación de la Agrupación de Banderas Paracaidista del Ejército de Tierra bajo el mando del Tcol. de Infantería don Ignacio Crespo del Castillo.

Fue en abril de 1.956 cuando los paracaidistas militares españoles entraron en escena de manera abrumadora. Por la inestabilidad de Ifni se consideró necesario reforzar el territorio, así que la I Bandera fue trasladada al lugar, curiosamente, en camiones, siendo al año siguiente fue relevada por la II Bandera. Sin embargo, los incidentes y turbaciones en el territorio conllevaron a la necesidad de reforzarla con una sección de la 7ª Cia al mando del teniente don Antonio Ortiz de Zárate y Movellán, quien contestó con la famosa frase “entraremos en Z’Telata, o en el cielo”. La I Bandera también acudió al fuego y en los primeros días de diciembre en el territorio de Ifni se encontraba la Agrupación de Banderas Paracaidistas en su totalidad. La presencia de estos en la primera línea de batalla fue siempre constante desde el primer momento. El teniente coronel Crespo del Castillo recibió una carta del gobernador general del África Occidental Española en la que se leía “nunca una nueva Unidad ha abierto tan brillantemente su historial de guerra como esa”.

Antonio Ortiz de Zárate y Movellán
Antonio Ortiz de Zárate y Movellán

Como se decía, en Ifni tuvo lugar la primera acción paracaidista española ante un enemigo real, concretamente este hecho tuvo lugar al comienzo de la conocida “Operación Pañuelo” frente al autodenominado ejército de liberación.

La finalidad de la operación realizada el día 29 de noviembre de 1.957 no fue otra que un desembarco aéreo en el aeródromo de Tiliuin para establecer contacto con la guarnición del fuerte y reforzarlo, dando tiempo así a la llegada de la Agrupación Táctica terrestre, evacuar al personal y, posteriormente derruir el mencionado fuerte. Los paracaidistas consiguieron entran sin sufrir ni una sola baja.

El año siguiente, en la conocida Operación Pegaso, se desarrolla el segundo gran y exitoso salto de las Fuerzas Paracaidistas en las inmediaciones de Erkunt con la intención de asegurar la libre disposición de la carretera que unía el territorio de norte a sur. Exitosamente, se consiguió la retirada total del enemigo.

Dos años después, en 1.960, se asiste con orgullo a la creación de la III Bandera de Paracaidistas, bautizada como “Ortiz de Zárate”, en memoria al teniente tristemente muerto en Ifni, siendo su primer líder el comandante don Manuel Echánove Goñi. Dependiente de ella, también se creó la Compañía de Instrucción.

En mayo de 1.961 un grupo de técnicos es secuestrado en la provincia del Sáhara, por lo que la II Bandera se trasladó hasta Smara y la I Bandera hasta Aaiún. Ambas unidades colaboraron con La Legión y Las Tropas Nómadas de manera más que diligente y exitosa.

En febrero de 1.968 se concedió a la Unidad la Enseña Nacional por el alcalde de Alcalá de Henares en presencia de los Príncipes de España y a principios del año 1.965 se decide que las Banderas sean mandadas por Tenientes Coroneles en vez de Comandantes como había sucedido hasta la fecha. Entre los primeros se encontró a Pascual Galmes al mando de la I Bandera, a Blanco Blanco para la II y Echánove para la III. Finalmente, en febrero del mismo año, asistimos a la creación de la BRIPAC (Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra) que toma como base fundamental las tres Banderas existentes y une a ellas elementos de todas las armas combatientes y Órganos de los Servicios para garantizar apoyo logístico autónomo.

Dos miembros de la BRIPAC recogen su paracaídas tras la exhibición en el día de Melilla. Foto - Lord Sky vía Flickr
Dos miembros de la BRIPAC recogen su paracaídas tras la exhibición en el día de Melilla. Foto – Lord Sky vía Flickr

Con el ingreso de España en la OTAN se inició un proceso de modernización y aún más desarrollo de nuestras Fuerzas Armadas en pro de la asunción de los compromisos internacionales que España había adquirido. Asistimos entonces, en el año 1.991, a la primera vez en la que una Bandera (en este caso la Roger de la Flor) es enviada fuera de territorio nacional, a Kurdistán. Este momento marcó un antes y un después para la BRIPAC, pues, a partir de entonces, ha participado en prácticamente todas las misiones que las Fuerzas Armadas españolas han desarrollado en el exterior, habiéndose formado unidades militares en la antigua Yugoslavia, Kosovo, Mozambique, Irak, Afganistán, Paquistán, Líbano y Mali.

En este sentido, Afganistán ha sido el protagonista por excelencia de la historia de la BRIPAC. Durante sus despliegues en este país las acciones realizadas han merecido catorce cruces al Mérito Militar con Amarillo y treinta Cruces al Mérito Militar con distintivo azul además de numerosas citaciones como distinguido en la Orden General y múltiples concesiones de Valor reconocido.

La BRIPAC, incluso aunque nominalmente haya desaparecido con las última reorganización del Ejército de Tierra, constituye uno de los elementos fundamentales para la proyección de fuerzas, teniendo un carácter y una especialización únicas que les permite entrar a formar parte de todo el conflicto.

Soldado de la 173rd Airborne Brigade entrenando en Chinchilla junto a efectivos de la BRIPAC. Foto - US Army
Soldado de la 173rd Airborne Brigade entrenando en Chinchilla junto a efectivos de la BRIPAC. Foto – US Army

A día de hoy, con las nuevas Brigadas Orgánicas Polivalentes, en torno a los paracaidistas se ha articulado la Brigada “Almogávares” VI, de Paracaidistas con base en Paracuellos y compuesta de:

  • Regimiento de Infantería “Nápoles”, nº 4 de Paracaidistas (Paracuellos), con la Bandera de Infantería “Roger de Flor”, de Paracaidistas, y la Bandera de Infantería Protegida “Roger de Lauria”.
  • Regimiento de Infantería “Zaragoza” nº 5 (Murcia) con la Bandera de Infantería Protegida “Ortiz de Zárate”.
  • Regimiento de Caballería “Lusitania” nº 8 (Valencia), con el Grupo de Caballería Ligero Acorazado “Sagunto”.

La unidad, pese a los cambios, disfruta de la capacidad desplegar en escasas horas a sus efectivos allí en donde las capacidades de nuestro Ejército del Aire le permitan, realiza operaciones en terreno urbanizado, de evacuación de no combatientes, así como de ayuda humanitaria y mantenimiento de la paz.

Para ingresar en ella se sigue el mismo proceso que en el resto de las Fuerzas Armadas Españolas, con la única excepción de que durante el proceso de formación se debe superar el Curso Básico de Paracaidismo.

Tres son las características que han hecho de esta Unidad un referente: el salto, la disciplina y la modernidad. Saltar en paracaídas supone un motivo de orgullo y una demostración de valor para todos aquellos que componen sus filas. Todo el que sirve en la Brigada “Almogávares” VI se somete a la incertidumbre del salto sin importar ninguna de las circunstancias que pueda tener.

Paracaidistas estadounidenses y españoles subiendo a un V-22 Osprey. Foto - US Army
Paracaidistas estadounidenses y españoles subiendo a un V-22 Osprey. Foto – US Army

La Brigada se dirige por una férrea disciplina de la cual se siente más que orgullosa al igual que lo hacemos todos los españoles. El paracaidista, de hecho, ostenta el mote de “brillantina”, debido a la especial diligencia que siempre han prestado a la uniformidad y al resto de muestras externas de disciplina. Este escrupuloso cumplimiento de las normas, sin embargo, no ha convertido a esta Unidad en un colectivo obsoleto o anticuado, más bien todo lo contrario: sus mandos pueden estar orgullosos de haber buscado siempre la innovación como se ha detallado anteriormente habiendo sido siempre punteros en este extremo.

Tal y como dice su oración, esta Unidad tiene “sentido del riesgo, cara a la muerte” y aspiran a ser los mejores soldados de la patria. Podemos sentirnos más que orgullosos de contar con ellos entre nuestras tropas. Tan orgullosos como agradecidos.

 

Acerca de Rafael Romero Vera-Guglieri 2 Articles
Rafael Romero Vera-Guglieri es Ingeniero de caminos, canales y puertos por la UGR. Master en Tecnología y Gestión del Agua por la UPC, actualmente está trabajando en el sector del agua mientras prepara las oposiciones para el Cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra.

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