Los herederos de Franco (IX): Zapatero, principio de un sin sentido continuado

Los herederos de Franco (IX): Zapatero, principio de un sin sentido continuado

José Bono, ministro de Defensa con soldados españoles en el comedor de base España en Pakistán. Foto - Ministerio de Defensa
José Bono, ministro de Defensa con soldados españoles en el comedor de base España en Pakistán. Foto - Ministerio de Defensa

Zapatero, principio de un sin sentido continuado

Los herederos de Franco (IX)

 

El pueblo que no se siente ante sí mismo deshonrado por la incompetencia de su organismo guerrero es que se halla profundamente enfermo e incapaz de agarrarse al planeta.”

Ortega y Gasset. “Nación y Ejército” (El Sol, 1922)

 

El atentado del 11-M supuso mucho más que un acto de agresión terrorista contra un estado soberano, y sus repercusiones no pueden quedarse solo dentro de las fronteras nacionales. Si finalmente, fue solo el islamismo radical la mano autora de la masacre, Al-Qaeda habría cruzado un umbral que nunca antes de ese momento, había cruzado: atentar en suelo europeo. Después de Madrid vino Londres, pero si en España no lo había hecho antes, no fue ciertamente por falta de capacidad, sino más bien porque no le había interesado para sus planes. En contra de lo que el CNI decía, Al-Qaeda, contaba con una infraestructura mucho más letal de lo que se podía imaginar.

Sin duda, el impacto político del atentado pudo ser producto de la casualidad, pero si se asume que el 11-M estaba ligado al 14-M, el panorama es ciertamente, sombrío, y quitaría la legitimidad a las elecciones celebradas en 2004. Fuese como fuese, no hay que descartar que Al-Qaeda hubiera alcanzado la capacidad de comprender, incluso, nuestro modelo de sociedad, o que alguien le hubiera ayudado a ello, al igual que sucedió en 711 con la invasión árabe. Desde un punto de vista práctico, el atentado del 11-M resultó ser una acción táctica de implicaciones políticas estratégicas enormes: logró derribar a un Gobierno, que creía tener ampliamente ganadas las elecciones, y con ello se forzó la retirada de las tropas españolas en Irak, abriendo una brecha en la coalición occidental, y sentando un precedente. Nada más ni nada menos.

La victoria del PSOE en las elecciones del 14-M de 2004, supuso una nueva época que daría paso a la actual, y que vendría a continuar la labor de los gobiernos de Felipe González, ligeramente ralentizada por el interregno del PP, y muy especialmente en lo que se refiere a la defensa y seguridad nacional, y por consiguiente, a la gestión de las Fuerzas Armadas.

José Luis Rodríguez Zapatero no era una persona precisamente conocida en el ámbito castrense y no daba la impresión de estar muy versado en temas de defensa y seguridad. Nadie esperaba una victoria socialista en 2004, y nadie había considerado realmente que Zapatero podía llegar a convertirse en presidente. Posiblemente ni él mismo lo había considerado con seriedad. Por eso, cualquier cosa podía pasar, y efectivamente, pasó.

 

*

 

Para empezar, Zapatero designó a José Bono como nuevo Ministro de Defensa. Sin duda, había toda una intención tras ese nombramiento, ya que Bono había sido su rival en la pugna por el liderazgo del PSOE en 2000, y solo un margen escaso de votos entonces, había hecho que ahora fuera Zapatero el nuevo inquilino de La Moncloa, en lugar de Bono.

Aunque Bono había sido totalmente rotundo en enero de 2004, afirmando que “en ningún caso sería ministro de ningún gobierno“, apenas dos meses después cambiaba de opinión, y aceptaba que José Luis Rodríguez Zapatero le ofreciese la cartera de Defensa. Centrista, moderado y muchas veces populachero, Bono era, y quizás todavía sigue siendo un referente en el Partido Socialista. Logró imponerse, en su día, a los criterios de los gobiernos de Felipe González en asuntos como el campo de tiro de Cabañeros, en el que, paradojas de la vida, se enfrentó al Ministerio de Defensa, del que ahora se hacía cargo.

Zapatero haciendo de Zapatero. Foto - El País
Zapatero haciendo de Zapatero. Foto – El País

Bono asumió el Ministerio de Defensa en uno de sus momentos más críticos. La promesa electoral de Rodríguez Zapatero de que las tropas españolas dejarían Irak antes del 30 de junio, a menos que una resolución de la ONU avalase su permanencia en el país árabe, colocaba al Ministerio en el ojo del huracán.

El plan inicial de Bono para la defensa no fue otro que cumplimentar las promesas electorales del PSOE, a saber:

  • Retirar las tropas españolas de Irak salvo que una resolución de la ONU avale su presencia. Algo que se revelaría mentira, y que dejaría a Bono en mal lugar.

  • Culminar la profesionalización de las Fuerzas Armadas, desarrollando un modelo “realista” basado en la calidad, y estructurado de acuerdo con las necesidades tecnológicas, la modernización y organización de unos ejércitos para el siglo XXI, es decir desarrollar la conocida Ley de la Carrera Militar. Pero nada más.

  • Que fuera el Parlamento quién se pronunciase a partir d ese momento, sobre la intervención de las Fuerzas Armadas Españolas en operaciones militares en el exterior. Un aspecto que a medida que se avanzara en las legislaturas dejaría de cumplirse.

  • Aprobar un Plan Global de Calidad de Vida y un Servicio de Apoyo al Personal de Defensa, así como una Ley de derechos y libertades del personal militar y los mecanismos efectivos para garantizar su ejercicio. Mejorar la situación laboral de los soldados profesionales, impulsando programas de orientación que permitan mejorar sus perspectivas profesionales al finalizar su contrato. Poco se hizo aquí.

  • Indemnizar a los familiares de las víctimas del Yak-42, proporcionando pensiones en cuantía suficiente para impedir que se produjeran situaciones de desamparo.

En suma, una serie no pequeña de proyectos e ideas altamente polémicos cargados de una gran dosis de demagogia, como, por otra parte, cabía esperar, e incumplidos en su mayoría, y ciertamente con efectos, posiblemente esperados y buscados por el Presidente Zapatero, pero directamente destructivos para la moral y cohesión de las Fuerzas Armadas, en su mayor parte.

Bono no fue mal recibido por las Fuerzas Armadas, que tras la prepotencia de Trillo, su mal hacer y su continuo medir con doble rasero, estaban hartas, incluyendo a los propios generales y almirantes. Se conocía su período de servicio militar, en el que como alférez de complemento de Caballería, había estado destinado en un escuadrón de carros medios del Regimiento Pavía. En suma, caía simpático, especialmente en el Ejército de Tierra, y se le consideró como una brisa de aire fresco tras Trillo. Nada iba a cambiar, sin embargo.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 41 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

1 Comment

  1. Interesante artìculo como todos los de la serie.No sé què es más grande, si el cabreo por ver en manos de quien estamos, o el comprobar como puede corrompe el poder a personas sobre el papel aptas.Aunque tambièn es verdad que el que es necio de origen el poder no necesita esforzarse mucho por corromperlo.Ya tengo ganas de leer el art. que aborde la època de la ìnclita Carmen Chacòn y su lugarteniente.

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