Cuando las barbas del vecino veas cortar… Francia nacionaliza los astilleros STX

Cuando las barbas del vecino veas cortar... Francia nacionaliza los astilleros STX

Bloque de proa del buque clase Mistral en construcción para Rusia bajo el nombre de "Sebastopol" y que finalmente ha sido vendido a Egipto. Foto - 20mn.fr
Bloque de proa del buque clase Mistral en construcción para Rusia bajo el nombre de "Sebastopol" y que finalmente ha sido vendido a Egipto. Foto - 20mn.fr

El ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, anunció el pasado jueves la nacionalización “temporal” de los astilleros de STX France para “defender los intereses estratégicos de Francia”, tras el fracaso de las conversaciones con el grupo italiano de construcción naval Fincantieri, otro de los grandes gallos en el corral europeo de la construcción naval.
  
Las instalaciones de STX Francia en Saint Nazaire constituyen un punto clave para el poderío naval francés, puesto que cuentan con una de las pocas instalaciones, junto a Tolón y Brest, en las que se pueden construir buques de gran tamaño como, es el caso de portaaviones, LHD, LPD y buques de abastecimiento. Eso por no hablar de la enorme industria auxiliar que vive en toda la región gracias a los astilleros y del saber hacer tecnológico que se ha alcanzado y que en Francia han visto amenazado. Es lógico, por tanto, que quieran seguir manteniendo el control estatar sobre un activo tan estratégico. En palabras del propio ministro:

“Los astilleros de Saint-Nazaire son una herramienta industrial única en Francia, por lo que queríamos garantizar a los empleados, pero también a la Región, clientes, subcontratistas, etcétera, que las habilidades excepcionales de los astilleros en materia de construcción naval permanecerán en Francia

La adquisición de STX France costará unos 80 millones de euros -según el propio ministro- y su compra dará tiempo al Gobierno de Francia para negociar en las mejores condiciones posibles de cara a la constitución de un grupo naval europeo fuerte, el tan manido “Airbus naval”, que bien podrían resultar no uno, sino dos grupos diferentes, uno civil, del que formarían parte compañías como STX y otro militar, con presencia improtante de la compañía de bandera francesa Naval Group (antigua DCNS), pues son muchos los flecos pendientes y solo estamos ante los primeros pasos de este particular “Juego de Tronos”.

Fincantieri, beneficiada en los últimos años por el mercado civil, en el que el auge de la construcción de cruceros le ha hecho ganar múltiples contratos, cuenta ya con algunas de las instalaciones más modernas y capaces del continente, con astilleros como los de Marghera, Trieste o Monfalcone, todos ellos con diques de más de 290×50 metros, además de numerosas instalaciones también muy capaces en Palermo, Ancona, Castellammare di Stabia, Muggiano o Riva Trigoso, entre otros. Además, a nivel mundial tiene presencia en Brasil, Rumanía, Vietnam, Estados Unidos o Noruega, constituyéndose como un auténtico gigante.

Instalando el puente de mando de un crucero en las instalaciones de STX en Saint-Nazaire. Foto - STX
Instalando el puente de mando de un crucero en las instalaciones de STX en Saint-Nazaire. Foto – STX

STX France, por su parte, es una compañía que cuenta básicamente con sus instalaciones de Saint-Nazaire y que, si bien en el pasado ha construído numerosos buques para la la Marine Nationale francesa, así como para armadas como la de Marruecos (clase Floreal), cada vez más se había centrado en la construcción de grandes cruceros, toda vez que las construcciones militares habían quedado de la mano de DCNS (ahora Naval Group) en sus instalaciones de Brest y Toulon. En cualquier caso, sus instalaciones son un auténtico reclamo para Fincantieri, pues le ayudarían a expandirs su negocio civil, que ha vivido un auténtico boom.

El nuevo grupo, que tarde o temprano será una realidad, es una consecuencia que los cambios que en cuanto a construcción naval se han venido sufriendo en las últimas décadas, especialmente debido a la competencia, muchas veces desleal, del sudeste asiático. Así, la única forma de competir con garantías y dado que en costes es imposible, pasa por la especialización en buques de alto valor añadido, como es el caso de los cruceros o los buques para cometidos especiales (algo de lo que en España tenemos grandes ejemplos como Gondán, Freire, Balenciaga o Zamakona) y también por la unión entre las principales empresas para constituir un grupo sólido que pueda competir a escala planetaria. Pero esa es solo una cara de la moneda.

La otra cara, que es la que más nos afecta dada nuestra temática, tiene que ver con los cambios que se están produciendo en materia de seguridad y defensa en el seno de la Unión Europea, a consecuencia del alejamiento respecto a EEUU y los problemas en los flancos sur y este, problemas todos ellos que recomiendan dotarse no solo de unas capacidades en cuanto a defensa más sólidas que las actuales sino, y muy especialmente, de unas capacidades industriales que puedan sostenerlas. Es ahí en donde entra ese gran grupo europeo de construcción naval militar del que cada vez más se habla.

Actualmente la construcción naval está dividida en diferentes empresas nacionales como la propia Fincantieri, DCNS, la española Navantia, Damen, HDW… de la fusión de todos o varios de estos conglomerados industriales nacería, al menos sobre el papel, un grupo capaz de competir con cualquier otra empresa del mundo y en cualquier tipo de producto, pues en su catálogo contaría con buques que van desde submarinos a portaaviones y de fragatas a buques de guerra de minas o patrulleros litorales y de altura. Una gran idea, es sí, insistimos (y quien escribe es un nacionalista europeo radical, si es que eso existe), sobre el papel.

El gran problema a la hora de crear un grupo así, sobre todo para los países menos poderosos, es que experiencias como las de Airbus obligan a ser cautos. Un gran grupo eliminaría la beneficiosa competencia entre los “pequeños” constructores navales del continente, que les obliga a mejorar al luchar entre ellos por contratos a lo largo y ancho del mundo (ahí está el ejemplo de los submarinos australianos, sin ir más lejos). Por otra, la constitución de semejante grupo obligaría a adquirir su producto, aunque no fuese el mejor, para dar carga de trabajo a la nueva empresa y eso, en el marco de la defensa europea, en el que cada país decide todavía sus compras, podría ser un auténtico caos con buques de diferentes tranches, con series de buques que no terminan de adquirirse, etc… No es que Airbus sea un fracaso, en absoluto, pero las lecciones de su constitución tienen que estar claras para evitar repetir errores.

Sobre todo, lo que a nosotros como españoles nos debe interesar, por muy pro-europeos que podamos ser, no es otra cosa que el reparto de poder en ese nuevo grupo y que, sentimos decirlo, amenazaría el futuro de empresas como Navantia, actualmente con un notable éxito, pero que podrían ver cómo se repite la historia de CASA. Eso significaría que, con un poder de decisión irrisorio dentro del gran grupo, a la hora de luchar por nuevos contratos siempre tendrían ventaja los productos alemanes o franceses, lo que redundaría, se quiera o no, en una menor carga de trabajo para las factorías españolas, algunas de ellas ya pendientes de un hilo y con todo lo que ello conlleva en cuanto a pérdida de capacidades, empleo, etcétera.

Ese es, precisamente, el motivo por el que Francia ha tomado cartas en el asunto de STX-Fincantieri. Independientemente de si la empresa pertenece a un gran grupo, si hay capital coreano o de la Conchinchina Francesa, de si construyen cruceros o maquetas a escala 1:10, lo cierto es que instalaciones tan importantes no podían quedar bajo control “extranjero” y el Gobierno de la República ha optado por tomar cartas en el asunto y asegurarse no ya de que puede seguir decidiendo sobre el futuro de dichas instalaciones, sino de que estas no desaparecen al relocalizarse en el futuro sus actividades.

En España deberíamos tomar nota pues, como decía a modo de broma el título de esta entrada, lo mejor que uno puede hacer cuando ve las barbas del vecino cortar, es poner las propias a remojar. No es cuestión baladí, toda vez que entrar en un gran grupo naval europeo bajo ciertas condiciones puede ser mucho peor que tratar de competir contra él…

 

Acerca de Christian D. Villanueva López 219 Articles

Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha trabajado y colaborado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, entre otros, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

3 Comments

  1. Para culebrón lo de los submarinos suecos A26, que acabó con el ejército sueco entrando en las instalaciones de Kockums cuando aún pertenecía a ThyseenKrupp y llevandose los planos del submarino y cualquier servilleta con anotaciones, obligando posteriormente a TK a venderle Kockums a SAAB, que en su vida había fabricado un submarino, únicamente equipos para ellos, pero “close enough”. “Airbus Naval” no, gracias.

  2. Buenas, no lo veo como culebron. Lo veo como la decisión de ahora de Francia. Gobiernos, de un corte u otro, implicados por sus razonamientos estrategicos en la defensa de los intereses nacionales. Ya hace algun tiempo de la reacción sueca, pero en aquel entonces se rumoreaba que la TKMS se negaba a continuar el camino del A26 insistiendo en la producción de productos propios U214, algo logico en el amrco empresarial pero no tan claro en el nacional. Asimismo se rumoreaban asuntos e intereses mas turbios. Cierto que SAAB no produce submarinos, pero ahora si con el apoyo cercano del gobierno de su nación.

    • Lo pongo como ejemplo para A) Mostrar que lo que ha hecho Francia no es nada insólito, hay al menos un precedente reciente y más radical, y B) Hacer ver que como un Airbus naval al final solo serviría para que los grandes se puedan merendar a los pequeños, y el ejemplo de como la compañia alemana saboteaba a la sueca para vender sus submarinos es un precedente de lo que ocurriría en este caso con un Airbus naval.

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