Entrevista a Rubén Ruiz Ramas

Entrevista a Rubén Ruiz Ramas

Rubén Ruiz Ramas
Rubén Ruiz Ramas

Hoy os traemos una entrevista imprescindible para todos aquellos que estén interesados en la Guerra del Donbass, el espacio post-soviético y, en general, la política internacional. Rubén Ruiz Ramas es Doctor en Ciencias Políticas, editor de Geurasia.eu, escritor y colaborador de diversos medios de comunicación. Actualmente ejerce como investigador senior en la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Sun Yat-sen, en China. Además, es el coordinador del libro “Ucrania: De la revolución del Maidán a la Guerra del Donbass”, del que ya hemos hablado aquí y que, sin lugar a dudas, es el título de referencia para entender cómo Ucrania terminó por hundirse en la vorágine de acontecimientos que han terminado por dividirla y desmembrarla. De ello y de muchas cosas más hablamos hoy con Rubén Ruiz Ramas, al que no podemos sino agradecer la atención que nos ha prestado.

 

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El conflicto ucraniano parece estar congelado y no tiene visos de ir a reactivarse con la fuerza de años anteriores ¿Se ha llegado a una situación aceptable para los diferentes actores?

El conflicto está congelado aun cuando sigue habiendo enfrentamientos, y lo que es peor, bajas mortales en ambos bandos, prácticamente todas las semanas. Transcurridos más de tres años desde el inicio de la guerra y más de dos desde que se produjera el último movimiento relevante de la línea de frente en febrero de 2015, sigue sin haberse producido ningún avance significativo de los puntos políticos de los Acuerdos de Minsk II. Se puede inferir en consecuencia que el conflicto ha entrado en una fase de estabilización de una realidad ya conocida en otros puntos del espacio post-soviético: la de un territorio que funciona como un Estado de facto independiente —aunque, en los hechos, dependiente de Rusia — que no lo es de iure. ¿En qué grado es esta situación aceptable para los actores implicados? A nadie se le escapa que el statu quo actual solo es aceptado como una buena solución de medio plazo por Rusia. Ni siquiera para las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk es una opción viable a medio plazo, al menos si por viabilidad entendemos un horizonte de desarrollo económico y social. Y sus intentos de ser anexionados por Rusia, o de crear nuevas federaciones surorientales en Ucrania (Novorrosiya y este misma primavera la efímera idea de Malorrosiya), han fracasado. Para Ucrania lógicamente tampoco es aceptable la actual situación, la cuestión es si existe una alternativa y a qué coste. De hecho desde la invasión de Crimea por Rusia y el inicio de la guerra en el Donbass hay intelectuales nacionalistas ucranianos, una minoría, si bien con figuras influyentes como Mykola Ryabchuk, que se han manifestado a favor de aceptar la salida de Crimea y el Donbass. Para ellos sería soltar lo que entienden es un lastre para el desarrollo de Ucrania; para su progresiva convergencia a los estándares políticos, sociales y económicos europeos; y finalmente para su eventual integración en la UE y la OTAN.

 

La Unión Europea, forzada por los últimos acontecimientos, está avanzando a marchas forzadas en su Política de Seguridad Común. La relación con Rusia, sin duda va a ser tensa pero, ahora que la alianza con EEUU es más débil, ¿cree que habrá un acercamiento entre Rusia y la UE que tenga su reflejo en la situación de Ucrania?

No comparto una premisa de la hipótesis que subyace en la pregunta. Si la alianza entre la UE y EEUU se debilitase durante la presidencia de Donald Trump, el acercamiento con Rusia, al menos en ese mismo corto plazo, sería más improbable. La hipótesis de un alejamiento entre EEUU y la UE, en mi opinión, encajaría mejor con un escenario similar al de una pinza al proyecto de la UE entre Trump y Putin. Ese contexto podría estimular el avance de la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE. Pero, de ser así, nacería en un escenario caliente, en el que Rusia pudiera querer probar a ese joven actor y en el que la UE pudiera tener incentivos de mostrar firmeza y músculo, siendo precisamente su frontera oriental la que reclamase contar con una amenaza más seria. Esto no quiere decir que a medio plazo el desarrollo de la PCSD y una UE con mayor autonomía no sea positivo para las relaciones de seguridad con Rusia. De hecho mi opinión es que sí, pero ello ha de pasar por el establecimiento de una estrategia global para la región de Europa Oriental que incorporé a los EEMM de la UE, a los de su vecindad, miembros de la Asociación Oriental y también a la propia Federación Rusa.

Dicho todo lo cual, frente a los mensajes y gestos con que se inició el 2017, el apoyo al Brexit de Trump, las dudas sobre la OTAN, la incertidumbre de los contextos electorales en Holanda, Francia, Alemania,etc.; lo cierto es que el 2017 ha evolucionado a favor de una desescalada de la creciente tensión entre EEUU y la UE. En buena medida, esto ha ocurrido a pesar de Trump y no gracias a un cambio en sus posiciones personales. Su presidencia servirá para comprobar las teorías sobre la configuración de la política exterior de un Estado, en especial de una superpotencia presidencialista como EEUU, así como la autonomía de los distintos actores e instituciones implicados. Esto es, ¿qué capacidad tiene el ejecutivo de Trump para cambios sustanciales en la política exterior de EEUU si estos colisionan con los intereses y responsabilidades de su Estado no contemplados por él hasta la fecha, con las preferencias del Partido Repúblicano, con el aparato estatal ligado al Departamento de Estado y al Departamento de Seguridad, o incluso con la OTAN como entidad dotada de naturaleza sustantiva e inmersa en una estrategia de supervivencia?

 

Tras la guerra, las sanciones y los acuerdos Minsk 1 y 2, los líderes de las repúblicas del Donbass han comenzado a caer “misteriosamente”. ¿Está Rusia tratando de mantener el conflicto congelado?

En uno de los capítulos de nuestro libro sobre el conflicto de Ucrania se analiza en profundidad las dos alianzas de actores políticos que se han disputado el poder en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. A estas alianzas las denominé “alianza rojiparda” y “alianza panrusa conservadora”. La primera estaría compuesta por los neoeurasianistas y los comunistas, aunque dominada por los primeros; mientras la segunda es la coalición de los actuales sectores oficialistas, integrada por nacionalistas rusos y federalistas, con un equilibrio mayor de fuerzas que en el primer caso pero inclinada a favor de los primeros. Cuatro factores distinguen la naturaleza y desarrollo en el conflicto de cada una de esas facciones: la ideología; la estrategia para el conflicto a medio plazo; los vínculos en Rusia, y más en concreto su grado de autonomía respecto al Kremlin; y finalmente su asociación con la estructura política y empresarial local previa a la revolución de febrero y ligada al Partido de las Regiones (PR) de Víktor Yanukóvich. La segunda alianza se impuso en la lucha interna por el poder, en gran medida, según los propios implicados, gracias a la intervención del Kremlin en el verano de 2014, que habría forzado la salida de los neoeurasianistas a cambio de mantener un apoyo informal a las autoproclamadas repúblicas. A partir de ese momento varios comandantes de la primera alianza han fallecido en atentados cuya autoría no ha sido reclamada. Existen acusaciones cruzadas, y múltiples teorías que también incorporan a los servicios de seguridad de Ucrania (el SBU). Hoy por hoy la alianza rojiparda está prácticamente descabezada. Eso es un hecho. Pero no cuento con evidencia empírica para apuntar a uno u otro actor como ejecutor de esas acciones.

 

Algunos, ya años antes del inicio de las hostilidades, pensábamos que Rusia tarde o temprano iba a invadir Crimea. Sin embargo, estaba seguro de que uno de los objetivos clave, además de la península, era alcanzar Nikolayev, clave en su ambición de construir portaaviones. ¿Es factible una segunda vuelta del conflicto?

En mi opinión, en el contexto del conflicto iniciado en 2014, el momento ha pasado. Además, la invasión de Crimea, y posteriormente lo acontecido en el Donbass, ha tenido importantes costes para cómo Rusia es percibida en Ucrania, también en la parte suroriental. El proyecto de Novorrosiya, que planteaba una federación autónoma para esa vasta región, fracasó. Y lo hizo porque a diferencia de Crimea, en el resto del sur y oriente ucraniano ni la ciudadanía ni, más especialmente, las élites económicas y políticas locales, tampoco las afines al Partido de las Regiones, se sumaron a esa ruptura. La diferencia fue el Donbass, donde hubo una división social, siendo decisiva la posición tolerante de las élites regionales hacia la acción violenta y ocupación de las instituciones por grupos que después avanzaron hacia la autoproclamación de la independencia de Lugansk y Donetsk. En ello, una figura clave fue el oligarca Rinat Ajmetov, quien posteriormente se arrepintió y se opuso a la expansión territorial de las autoproclamadas repúblicas populares cuando comprendió que su actividad empresarial estaba seriamente amenazada.

Volviendo a la pregunta sobre una invasión en propiedad, a día de hoy no veo un escenario en el corto y medio plazo para ello. Solo en un contexto, como digo improbable, de escalada hacia un conflicto de rango continental, la invasión del sureste ucraniano sería una opción para Rusia.

 

Ucrania, desde el exterior, parece más un estado fallido, que un estado europeo. Con un régimen híbrido, que no llega a cubrir los servicios básicos, que sigue manejado por oligarcas y que vive bajo la amenaza de un conflicto que difícilmente puede ganar. ¿Hay alguna esperanza?

Ucrania es un Estado europeo, que no un Estado Miembro de la UE. Sus estándares institucionales, políticos, económicos y sociales están lejos de los que existen en la UE, incluso de los países que están a la cola. Lo que es peor es que, desde la Revolución del Maidán, en algunos aspectos, como el desarrollo social, se ha ido a peor, fruto de la inflación, la devaluación de la grivna y el aumento de los precios de los servicios básicos como la energía. La guerra — en sus diferentes dimensiones, bélica, de información, híbrida — inequívocamente supone un lastre, pues demanda importantes recursos humanos y económicos; pero también favorece un clima político que dificulta la normalización de libertades políticas y derechos civiles en Ucrania. Sin ir más lejos hace unos días se ha producido la deportación de Ucrania de dos periodistas españoles, Antonio Pampliega y Ángel Sastre, al haber sido incluidos en una lista negra de periodistas con acceso prohibido al país hasta 2020 a causa de su tratamiento del conflicto. Avanzar hacia estándares democráticos era el objetivo de muchos entre quienes apoyaron el Maidan —como también entre quienes no lo apoyaron, sin que ello signifique que apoyasen a Yanukóvich—, pero tres años después en la política ucraniana se ha hecho fuerte una mezcla explosiva entre una oligarquía que explota un neoliberalismo a la carta y mantiene el apoyo de Occidente como mal menor, y un ultranacionalismo censor con su disidencia pero tolerante con actividades parafascistas y que rehabilita el colaboracionismo con el nazismo. Paradójicamente ha sido el mayor aliado de Ucrania en su integración a la UE quien ha advertido de que ellos mismos bloquearan su acceso si se mantiene el “culto a la personalidad de Stephan Bandera”, así lo explicitó en julio de 2017 el ministro de Asuntos Exteriores de Polonia Witold Waszczykowski.

 

Uno de los aspectos más controvertidos del conflicto ha sido la participación de grupos extremistas de uno y otro signo e incluso de “brigadistas” internacionales en apoyo de uno y otro bando. ¿hasta qué punto en el conflicto se han dirimido cuestiones ideológicas más que económicas y políticas?

Sin duda se trata de un conflicto desde el origen multidimensional y multicausal. De ahí que los análisis con plantillas de relatos y narrativas predeterminadas contribuyan a confundir más que a aclarar. En mi opinión la dimensión nacional y la geopolítica han pesado más que la ideología entendida como proyectos políticos y económicos antagónicos. Los relatos basados en el enfrentamiento ideológico, como pueden ser el de “promoción de la democracia” pro-Maidán y el “antifascista” pro-Repúblicas Populares, apenas explican hoy, evidencia empírica en mano, los procesos y fuerzas implicadas en el desarrollo de los acontecimientos.

 

En su libro se comenta, tomando las palabras del recientemente fallecido Brzezinski que “Rusia sin Ucrania deja de ser una potencia euroasiática”. ¿Le basta con un pedazo de Ucrania?

Ahora me pilla usted, lo siento, no recuerdo en qué contexto se comenta la cita de Brzezinski. En mi opinión, a Rusia le basta sin ningún pedazo de Ucrania para ser una potencia. Un error en los noventa fue considerar que Rusia al estar sumida en un caos político y económico había dejado de ser una potencia. Se puede discutir el grado desde la perspectiva del poder en las Relaciones Internacionales, si se trata de una potencia regional, una gran potencia o una superpotencia, o ponerle el adjetivo que se quiera, como potencia euroasiática, pero Rusia es una potencia con independencia de su estado de salud.

Dicho esto, mi duda es si Rusia es en sí un “polo” de poder global. Rusia, así lo pretende y por ello promociona que se asuma que hay una transición de un unipolarismo de EEUU, tras la caída del bipolarismo entre EEUU y la URSS, hacia un multipolarismo actual. En mi opinión, desarrollada en el último capítulo del libro, no estamos entrando tanto en una fase de multipolaridad como en una que combina aspectos de apolaridad y de bipolaridad a causa del ascenso de China. Considero que EEUU mantiene y mantendrá su condición de superpotencia, dándose la transición actual producto de un declive relativo de su poder, es decir, a causa del ascenso de los otros y no de su propio deterioro. Volviendo a Rusia, para ser un polo de poder, hay que contar con la capacidad de atraer por tu modelo político-económico o por tus capacidades estructurales, el comercio, etc. El conflicto de Ucrania en ese sentido no ofrece resultados alentadores para Rusia, se ha alejado casi definitivamente del 80% de Ucrania y ha inquietado a sus socios de la Unión Euroasiática. Esto es, Rusia ha mostrado asertividad como potencia regional pero en el camino ha perdido potencial como polo.

 

Lo que queda de Ucrania parece que irremediablemente tiene su futuro en Occidente. ¿Terminará integrándose en la Unión Europea?

Desde el inicio de la Revolución del Maidán advertí que no eran honestas las proclamas que situaban la integración de Ucrania en la UE como una consecuencia del derrocamiento de Yanukóvich a corto o medio plazo. Tal cosa no iba a pasar y no solo no ha pasado, sino que hoy hasta Juncker admite que Ucrania no entrará en la UE en un mínimo de 20 o 25 años. Los criterios de condicionalidad para el ingreso fueron un motor de transformación en la Europa Central y Oriental, pero una vez dentro los motores funcionan a otro ritmo e incluso dan marcha atrás. Veremos cuál es el impacto en Ucrania tras tomar conciencia de que no ingresaran en la UE. Si entre medias no se dan condiciones de progreso social, el peor escenario de un ultranacionalismo euroescéptico se haga más fuerte no es descartable.

 

La guerra híbrida ha funcionado excepcionalmente bien para Rusia en Ucrania. ¿Podría repetirse la misma jugada en las Repúblicas Bálticas o incluso en estados como Bielorrusia o en los Balcanes?

Las decisiones tácticas y estratégicas de Rusia se dan en un contexto regional que no depende únicamente de Moscú. En mi opinión una escalada en Europa Oriental, y las consecuencias en sus relaciones con la UE, afectaría seriamente al desarrollo social y económico de Rusia. No creo que sea el escenario deseado por Rusia. Menos aún por los EE MM de la UE. Sin embargo, la desconfianza mutua se ha elevado a cotas peligrosas y existen incentivos en ambos bandos para que, sin haber una escalada que desencadene una contienda bélica, se mantenga el actual statu quo, basado en la escenificación de una amenaza mutua. Un riesgo añadido es que actualmente Rusia es una potencia que tiene una percepción de sí misma, como competidor internacional, de actor eficaz en el terreno militar, y serlo menos fuera de él.

 

¿Ve una Ucrania federal en un futuro próximo?¿Hay posibilidades reales de reunificación?

Hay que diferenciar a una Ucrania federal en su conjunto, de una federación ad hoc para hacer encajar al Donbass en la actual Ucrania. En cuanto a lo primero, antes de la crisis de 2013 ya manifesté que Ucrania sería federal o no sería. Y no ha sido, en el sentido que se ha producido una desintegración parcial con un significativo apoyo popular en algunas regiones, iniciada si bien es cierto por la invasión militar de Crimea por Rusia que supone una violación elemental del Derecho Internacional. Hoy la opción federal de conjunto es inviable porque ha quedado marcada como la opción de Rusia y es rechazada incluso en las regiones surorientales que apuestan decididamente por una descentralización. La segunda opción no sería tanto un federalismo como hacer encajar en la actual Ucrania una suerte de república autónoma dotada de amplias competencias de autogobierno pero bajo soberanía ucraniana. Posibilidades de que se de esta opción existir, existen, dependerá de factores internos y externos; pero entiendo que es más realista pensar en el mantenimiento del statu quo actual con un alto el fuego real.

 

Hay un actor que ha jugado un papel importante en la cuestión ucraniana, pero que ha pasado desapercibido y que usted conoce bien: China. ¿Puede hablarnos sobre su papel y perspectivas de futuro en la región?

China se mueve rápido en las relaciones bilaterales en la vecindad europea, con sus inversiones en Ucrania o Bielorrusia, y con pies de plomo cuando percibe que entra en territorio de contienda geopolítica entre terceras potencias, como la UE y Rusia. En escenarios como el del conflicto ucraniano China desea ofrecer una imagen más incluso que de neutralidad, de alejamiento. Su preocupación es que sus intereses económicos en la región no se vean afectados por la inestabilidad política. Un aspecto de interés que el conflicto ha dejado tras de sí, es que China no ha actuado como aliado de Rusia, a pesar de toda la parafernalia discursiva e institucional del multipolarismo de la que China y Rusia participan. China prioriza en su estrategia global el buen desarrollo de su programa “One Belt One Road” basado en mejorar las infraestructuras y la seguridad de las rutas comerciales que le permitan mantener su modelo de crecimiento económico enfocado en las exportaciones; así como garantizar el suministro energético externo que necesita para ello. La UE es clave en el primer aspecto y Rusia en el segundo.

 

Después de años dedicándose al espacio post-soviético, hay una pregunta obligada: ¿Trata Putin de recuperar el “imperio soviético”, como sostienen algunos o, por el contrario, únicamente utiliza las intervenciones en el exterior de cara a la política interna?

Antes que nada diría que recuperar el “Imperio Ruso” y explotar las intervenciones exteriores a nivel interno no son excluyentes. En cuanto a la cuestión de fondo, pienso que Putin no ha tenido ni tiene como estrategia a corto o medio plazo la recuperación territorial de las fronteras de la URSS. Es inviable y él lo sabe. Además económicamente ofrece muchas dudas tal proyecto.

 

¿Hasta qué punto han sido efectivas las sanciones impuestas a Rusia?

Todo depende de lo que se busque. Las sanciones no han determinado un cambio de posición de Rusia respecto a Ucrania. Por otro lado, tan indudable es que las sanciones debilitan a Rusia económicamente como que es imposible calcular hasta qué punto. ¿Han moderado las sanciones, desde la perspectiva de Occidente, la política exterior rusa en otros escenarios tras el conflicto de Ucrania? Hasta la fecha parece ser que poco, incluso cuando en los años previos su efecto ha podido ser maximizado por la coincidencia de la bajada de los precios internacionales de los hidrocarburos. A medio plazo, ¿pueden afectar más a Rusia y acabar por acercar sus posicionamientos a los de Occidente? No tengo respuesta. Puede ser así, pero también hay que incluir en la evaluación de la eficacia de las sanciones las consecuencias indirectas de ellas, como el cambio de flujos productivos, comerciales y financieros hacia otros mercados.

 

Pese a esfuerzos por mostrar el conflicto en toda su complejidad como el que se ha materializado en su libro sobre Ucrania, nuestros medios insisten en la distinción entre buenos y malos, este y oeste, democracia y dictadura, etc. ¿Qué medios recomendaría a nuestros lectores para informarse acerca de éste y otros conflictos sin caer en las trampas de unos y otros?

En cuanto a las líneas editoriales de los principales medios de comunicación, considero que no han escapado a la lógica dicotómica basada en la reedición de un esquema de Guerra Fría. Sin embargo España cuenta con excelentes periodistas, por lo que yo recomendaría seguir a los corresponsales y a los periodistas especializados en la región con presencia habitual en terreno, especialmente a aquellos que ya operaban allí antes del estallido del conflicto en Ucrania. Son pocos, y pocas, pero los hay muy buenos, y muy buenas. Igualmente, en el lado de lo que hoy se llama “analistas” y “expertos”, una plaga en cuanto surge cualquier conflicto sobre el que hablar y ganar visibilidad, optaría por recurrir a los académicos y académicas con líneas de investigación científica ligadas a esta región con anterioridad al estallido del Maidán.

 

¿Cree que Rusia terminará reconociendo las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk como ya hiciera en el Cáucaso con Osetia del Sur y Abjasia?

Se podría decir que existe ya un reconocimiento de facto por parte de Rusia, por ejemplo, acepta documentación emitida por estas repúblicas. Es una opción que además ofrece margen negociador a Rusia. Cabe recordar igualmente que, dado que Rusia no es capaz de arrastrar a muchos más Estados a reconocer a entidades como Osetia del Sur y Abjasia, importa poco si los reconoce formalmente o no ya que no aumenta significativamente su legitimidad internacional. La eventual decisión de reconocer o no formalmente se producirá más por una necesidad táctica que por un planteamiento estratégico de origen.

 

Acerca de Christian D. Villanueva López 207 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha escrito y trabajado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

3 Comments

  1. Interesante artículo, muy completo ya toca muchos temas. A priori, un par de discrepancias: No sé que pinta meter la PCSD en el acuerdo de asociación con Ucrania, otra parida más de nuestro Eurominatis y ya lo de meter a Trump no sé muy bien a que viene, habrá que meter a Obama también, que fue el primero en abrir la boca con el Brexit diciendo que relegaría al Reino Unido al final de la cola en sus relaciones con EEUU. Trump no es una amenaza para la OTAN, solo pide dos cosas muy lógicas, que se cumplan con los compromisos alcanzados en materia de gasto y colaboración lucha contra el terrorismo islámico. La principal amenaza para la OTAN son los propios europeos, que nos tomamos nuestra seguridad a cachondeo y “gastos militares para vicios en los bares” y luego nos pasa lo que nos pasa. Para los europeos la OTAN no es una organización de defensa, es una manera de externalizar nuestra seguridad en EEUU mientras nosotros gastamos en el estado del bienestar, que luego les pasamos a los americanos por la cara, pues bien “los tontos” ya se han cansado de pagar la factura. Por eso la PCSD es un broma, nació muerta y al final será la OTAN la que tendrá que hacer el papel de chacha e ir a recoger los platos rotos de esta, que es por lo que los rusos entienden que se está metiendo a la OTAN por la puerta de atrás en Ucrania. De acuerdo con es establecimiento de una estrategia global para Europa Oriental que incluya Rusia y las críticas también al gobierno de Kiev, que no abundan en los medios precisamente, centrados en la elaboración de un discurso buenos-malos.

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