Los herederos de Franco (X): En marcha con rumbo de colisión

Los herederos de Franco (X): En marcha con rumbo de colisión

El Ministro de Defensa José Antonio Alonso junto a Villar Turrau y a García González. Foto - Ministerio de Defensa
El Ministro de Defensa José Antonio Alonso junto a Villar Turrau y a García González. Foto - Ministerio de Defensa

 

Los herederos de Franco (X)

En marcha con rumbo de colisión

 

Se debe aprender de la experiencia y de los conocimientos establecidos en el pasado. Se debe estar abierto para tomas ideas e inspiración de cualquier fuente, y se debe superar toda creencia convencional y todo obstáculo burocrático que impidan cumplir con los deberes anteriores”

(Robert Gates, Secretario de Defensa de los Estados Unidos, 18-07-2008)

 

El 10 de abril de 2006 cesaba de manera sorprendente el ministro Bono. Su cese, casi igual de rocambolesco que su toma de posesión del Ministerio, ponía fin a un período ciertamente llamativo, complicado y que había tenido no pocos sobresaltos. El presidente Zapatero se libraba de alguien que resultaba incómodo a todas luces, y que casi le hacía sombra en algunos momentos, y se aprovechaba la circunstancia para poner punto final al control de las Fuerzas Armadas, ya total, dejando abierto el camino para todos los desaventurados proyectos que desde La Moncloa se querían realizar para desmilitarizar la defensa.

Nadie se creyó la historia de la dimisión de Bono. Ni era su estilo dimitir, ni las excusas de dedicarse más a su familia, o las razones personales alegadas eran creíbles. En menos de dos años Bono regresaría a la política, y sería premiado con un puesto digno, aunque más simbólico que efectivo. No hay duda de que su dimisión fue un ajuste de cuentas dentro de la alta jerarquía del PSOE, al más puro estilo bizantino, y en algún modo, totalmente merecido. Bono, no obstante, demostró ser mejor ministro de Defensa que su antecesor, y de haber continuado, al margen de la labor destructiva encomendada desde Moncloa y que era común denominador a todos los ministros, lo hubiera hecho todo con cierta mesura, y quizás, no habría admitido muchos de los desmanes y torpezas mayúsculos cometidos posteriormente por sus sucesores. En cualquier caso, A rey muerto, rey puesto, Defensa estrenaba otro nuevo ministro tras solo dos años escasos de mandato del anterior.

A Bono le sucedió en el cargo, José Antonio Alonso, quien hasta entonces había sido Ministro del Interior, y un antiguo juez, amigo personal del presidente Rodríguez Zapatero, y también natural de León, portavoz del movimiento “Jueces para la Democracia” entre 1994 y 1998, y considerado como una de las personalidades más progresistas dentro del PSOE. José Antonio Alonso accedió a la cartera de Defensa con un perfil moderado, en antítesis a la estridencia de Bono, y tras la utilización que éste hizo del ministerio para sus propios intereses, se llegó inocentemente a creer que Alonso arreglaría una cartera de Defensa sin rumbo ya desde hacía tiempo. Pero su primera decisión fue cesar al que era Jefe del Estado Mayor del Ejército, el General José Antonio García González, siguiendo con el proceso de politización de la cúpula militar, aunque García González no supusiese ningún problema. Se trataba únicamente y finalmente de consolidar a los generales y almirantes “afines”, frente a los profesionales que no entraban en juegos partidistas.

El ministro de Defensa dirigió unas palabras al recien nombrado Secretario General de Política de Defensa, Luis Cuesta, como a su antecesor, Almirante Torrente. Foto - Ministerio de Defensa
El ministro de Defensa Alonso dirige unas palabras al recien nombrado Secretario General de Política de Defensa, Luis Cuesta, como a su antecesor, Almirante Torrente. Foto – Ministerio de Defensa

De Alonso cabe decir que destacó por cierta habilidad negociadora, y gran discreción y sigilo. Realizó una gestión delicada, por la que pasó sin hacer apenas ruido. Alonso fue un ministro desconocido para las Fuerzas Armadas, trató de depurar de seguidores de Bono el Ministerio, imponiendo sus propios colaboradores del Ministerio del Interior, y poco más, y obviamente llevaba órdenes para ello, pero, ante todo, su gestión fue una gestión vacía. Ni le gustaba la defensa ni le gustaban los militares, y eso resultaba evidente. Casi resultó tan malo como Federico Trillo, sino fuera porque éste además de hacerlo mal, hizo daño a los militares, que esperaron mucho más de él. 

Alonso, el amigo de Zapatero, fue, sin duda, firme en sus compromisos, pero no con Defensa, sino con Zapatero. Se entregó en cuerpo y alma al “pacifismo” del presidente del Gobierno, tergiversando el concepto de misión de paz, de misión humanitaria y de cooperación     cívico-militar para esconder la naturaleza esencialmente militar de las acciones en el exterior. Contribuyó al proceso de desintegración de las Fuerzas Armadas sacando adelante el gran proyecto esperpéntico de Zapatero: la Unidad Militar de Emergencia (UME), ya empezado con Bono. Ante el estupor surgido en el seno de las propias Fuerzas Armadas, la cúpula militar no se plantó una vez más, dejando una vez más huérfanas las verdaderas necesidades militares, y hubo quién, enseguida, aceptó el mando de semejante bodrio a cambio de un ascenso fulgurante, que le llevaría posteriormente a la Jefatura del Estado Mayor del Ejército: el General Fulgencio Coll Bucher. La pérdida de expectativas profesionales, la desmotivación, la ralentización de los ascensos, y la degradación de la enseñanza militar son sólo algunas de las consecuencias de la Ley de Carrera Militar, en vigor, que se puede atribuir principalmente a la gestión del ministro Alonso, con la colaboración de la cúpula del momento.

Tampoco fue capaz –ni le interesó-, al ministro Alonso garantizar la seguridad de los efectivos militares fuera de nuestras fronteras. Alonso se recreó una y otra vez en recordar los buenos orígenes de la ISAF (Fuerza Internacional de Ayuda a la Seguridad en Afganistán), que se asentaron en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, arrinconando burdamente el hecho de que la OTAN asumió la responsabilidad de la coordinación estratégica en el verano de 2003. Impuso restricciones a la libertad de actuación en los despliegues en el exterior de nuestros efectivos, y dejó a la improvisación la compra urgente de material militar necesario para la seguridad de las tropas españolas. Propició el envío de un numeroso contingente al Líbano bajo el paraguas de la ONU, y de una débil y ambigua resolución, que agravaba la peligrosidad de la misión –como así sucedió, muriendo seis soldados españoles en julio de 2007-, y luego desentendiéndose de ello.

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 40 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

8 Comments

  1. Muy buen articulo. Me resulta fascinante leer de primera mano los tejemanejes dentro de un ministerio como el de Defensa. Lo mismo debe pasar en todos los demás. Particular atención a la catetada de Bono de llevarse al personal de su terruño. Mención aparte a la manera en la que se ponían y quitaban consejeros delegados en las empresas según ganaran unos u otros las elecciones.

  2. Un caso particular y que viví de primera mano fue el de Maurici Lucena. Nombrado con veintipocos años como Director del CDTI o como Presidente de la Agencia Española del Espacio. En 2010 lo pusieron de vicepresidente de ISDEFE. Y todo por ser el “amigo intimo” de Miguel Sebastian, entonces ministro de industria. Me imagino la cara de los europeos cuando viesen que en vez de un senior ingeniero o físico en España ponemos a “colegas” de veinte años a dirigir instituciones.

  3. Eso último no lo sabía Rafa.
    El tal Miguel Sebastián era un impresentable de mucho cuidado. Yo asesore al gobernador de Texas, Rick Perry, sobre una visita que tenía prevista a Austin en esa época, 2010 creo, y al final no vino y se quedó en California con un “amigo”. Delegó su visita en el Secretario de Estado de Industria. Fue un desastre.

  4. Por esas fechas intento Berlusconi poner en cargos estatales a varias Mama Chicho italianas y se le lanzo la gente al cuello por ser un descarado salto de la cama al cargo ¿No era lo que cuento un caso similar? Pues ni un renglón en la prensa. Estoy deseando que empieces con el periodo de Carme Chacon. Algunas cosas contaré. a ver si encuentro la foto de una visita suya a la tropa en la que le tienen que recordar a un teniente hasta como se llama

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