Estados Unidos necesita un sistema de bases flotantes móviles

Estados Unidos necesita un sistema de bases flotantes móviles

Estados Unidos necesita un sistema de bases flotantes móviles
Estados Unidos necesita un sistema de bases flotantes móviles

Como nuestros lectores saben, somos la única publicación en España que ha llegado a un acuerdo con el Instituto Naval de los Estados Unidos, por el cual se nos permite publicar sus artículos en Español. En virtud de dicho acuerdo, podemos elegir lo que consideramos más adecuado para nuestros intereses y darlo a conocer entre los lectores de habla hispana. En este sentido, puede sorprender que hayamos escogido un artículo acerca de algo tan lejano para una potencia media como España, como son las bases flotantes. Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla.

Por una parte, España, es cierto, tiene una Armada quizá pequeña, pero completa, moderna y equilibrada. Efectivamente, la Armada Española es una armada de aguas azules, capaz de proyectar su fuerza a gran distancia tanto en el océano, como tierra adentro. No obstante, España difícilmente luchará sola contra ningún enemigo. Más bien al contrario, de enfrentar algún desafío importante lo hará a cientos o miles de kilómetros de la Península Ibérica y lo hará en coalición.

Logo del Instituto Naval de los Estados Unidos. Foto - USNI
Logo del Instituto Naval de los Estados Unidos. Foto – USNI

En ese caso, deberá enfrentar, bien como parte de una fuerza mayor formada con otros socios de la OTAN, bien de la Unión Europea, que está desarrollando su propia PESCO (Política Exterior y de Seguridad Común), es probable que se enfrente al mismo reto al que los Estados Unidos deben hacer frente, cada vez más, en lugares como el Mar de China: La proliferación de medidas A2/D2 que impiden realizar las operaciones navales, aeronavales y anfibias con la misma seguridad con que se llevaban a cabo en los tiempos en los que Occidente contaba con una absoluta supremacía naval.

China, Rusia, pero en menor medida también países como Irán o Corea del Norte, están implementando una serie de sistemas antiaéreos, de artillería de costa y de otros tipos que dificulta sobremanera la proyección del poder naval. De hecho, en algunos casos han ido más allá, como ocurre con la Armada del Ejército Popular de Liberación de China, al punto de disputar a la propia US Navy el control de algunas zonas del Pacífico, tendencia que no hace sino acentuarse según los astilleros chinos botan más y más buques de guerra de nueva generación.

En este escenario, la única posibilidad real para las armadas occidentales pasa por contar con un tren naval lo suficientemente amplio y diverso como para poder afrontar el soporte logístico integral de la flota de combate en la propia mar, dependiendo solo para lo imprescindible de unas bases navales en tierra que son cada vez más vulnerables a los ataques. Una tarea titánica, la de reorientar nuestras flotas, diseñadas en muchos casos durante la Guerra Fría y para un entorno en el que el dominio marítimo se daba por hecho y en la que todos, grandes y pequeños, tenemos parte.

Ahora que Europa comienza a despertar de su letargo estratégico gracias a la puesta en marcha de la PESCO, amenazada por doquier, debe dar solución a algunos de los mismos dilemas que ocupan a los Estados Unidos, nuestro principal socio y aliado. Así, los cambios en la US Navy deberán tenerse en cuenta a la hora de fijar las prioridades por parte de nuestros planificadores navales. No se trata de copiar lo que hacen otros, pero sí de complementarlo, por si toca actuar en conjunto y de adaptarlo a nuestras particulares necesidades, que también pasan por ser capaces de proyectar nuestra fuerza allá a donde sea necesario y, en muchos casos, en zonas cada vez más disputadas y complejas. Contar con una capacidad logística adecuada, versátil y móvil nos permitirá desplegar nuestras capacidades conservando la libertad de acción al no estar atados a las bases navales basadas en tierra…

 

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Teniente coronel James W. Hammond III *

 

Por primera vez en décadas, la supremacía naval de Estados Unidos está siendo puesta a prueba. Como señaló el Jefe de Operaciones Navales, almirante John M. Richardson, “los cambios están alterando el carácter de la competencia naval y la guerra, y están siendo explotados, en diversos grados, por una amplia gama de competidores” 1. La planificación naval se está reorientando en consecuencia, para desarrollar nuestra capacidad luchar en una campaña naval contra un adversario competente y mantener -y si es necesario restablecer- el dominio en el mar2. Esto representa un cambio importante para una flota concebida para la presencia naval avanzada y la proyección del poder naval en tierra.

Para lograr la rápida innovación y el desarrollo de las capacidades que son necesarias hoy en día, la logística y las bases serán claves, especialmente lo concerniente a las capacidades de basamento naval móvil que resultaron tan exitosas durante la última época de disputa por el control del mar. Cegados por los deslumbrantes logros de las operaciones integradas de transporte, submarinos, buques de superficie y anfibios, a menudo pasamos por alto éxito y los logroscosechados por la infraestructura logística que se creó antes y durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, sobre esta firme base se logró sostener una guerra de maniobras navales rápidas y altamente letales. La abrumadora victoria del poder naval de la US Navy durante la guerra fue, en muchos sentidos, un producto de la superioridad logística y de la movilidad, elementos ambos que permitieron a las fuerzas de combate liberar un poder implacable sobre y bajo la superficie y también desde el mar.

La actual US Navy ha sido diseñada dando por hecho el dominio naval y está orientada a la proyección del poder naval tierra adentro. A partir de ahora será necesario rediseñar la flota para luchar en mares disputados, para lo cual será vital depender lo menos posible de las bases navales, vulnerables ante los ataques. Foto - US Navy
La actual US Navy ha sido diseñada dando por hecho el dominio naval y está orientada a la proyección del poder naval tierra adentro. A partir de ahora será necesario rediseñar la flota para luchar en mares disputados, para lo cual será vital depender lo menos posible de las bases navales, vulnerables ante los ataques. Foto – US Navy

 

 

Soporte itinerante para la flota

La transición desde los barcos de madera a los buques de acero y de las velas al vapor incrementó significativamente los requisitos logísticos de las fuerzas navales, particularmente en términos de reabastecimiento de combustible y mantenimiento, dada la necesidad de reparar los componentes mecánicos más complejos de los buques modernos 3. Las bases seguras, tanto en el interior como en el exterior, adquirieron una importancia estratégica. Además, se hizo necesario un tren naval compuesto por buques auxiliares -carboneros (posteriormente petroleros y cisternas), arsenales y almacenes, buques de reparaciones, etc.- que acompañaban a la flota, lo cual aumentó su disponibilidad, empleabilidad, alcance y movilidad operativa.

La Guerra Hispanoamericana de 1898 destacó la importancia de la logística expedicionaria naval para la US Navy. Por ejemplo, el mantenimiento de un bloqueo efectivo de la flota española atrapada en Santiago de Cuba requería de la disponibilidad de una base cercana. Un batallón del US Marine Corps se apoderó de la Bahía de Guantánamo, en Cuba. Esta base avanzada proporcionó un puerto seguro para el almacenamiento, mantenimiento y reabastecimiento de los buques propios. La destrucción de la flota española, cuando intentó romper el bloqueo, fue posible en gran medida por la capacidad de la US Navy para mantener todos los elementos necesarios para asegurar la operatividad de la fuerza tan cerca de las fuerzas enemigas.

Los resultados de esta “espléndida pequeña guerra” también aumentaron las responsabilidades de la nación en el extranjero, particularmente en las vastas regiones oceánicas del Pacífico. A su vez, estos compromisos globales complicaron en gran medida los requisitos logísticos. Al carecer de la cadena de estaciones estratégicas de carbón de la sí disponía la Royal Navy, la US Navy requirió una solución propia. En un artículo de 1904 publicado en Proceedings, titulado “La base móvil”, el ingeniero civil A. C. Cunningham argumentó que las nuevas condiciones “sugieren [la necesidad de disponer de] una base móvil que puede llevarse al teatro de operaciones y que debe suministrar todos los elementos esenciales de una base permanente completamente equipada”4. El crucero alrededor del mundo de la Gran Flota Blanca, que incluía un pequeño tren naval, reforzó a una generación de oficiales navales en su idea de que la dependencia de una red de bases navales controladas por potencias extranjeras era peligrosa.

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