La Batalla por la Cumbre 776

La Batalla por la Cumbre 776

Después de tres días de enfrentamientos, la Cumbre 776 quedó sembrada de cadáveres tanto chechenos como rusos.
Después de tres días de enfrentamientos, la Cumbre 776 quedó sembrada de cadáveres tanto chechenos como rusos.

La Segunda Guerra de Chechenia da comienzo en los primeros días de octubre de 1999, cuando las tropas rusas –especialmente su Fuerza Aérea o VVS- inician una campaña de bombardeos masivos destinados a desarticular el poder combativo de los señores de la guerra chechenos, antes de pasar a una ofensiva terrestre que habría de devolver a Moscú el control sobre la díscola región caucásica. Fue una guerra breve –si atendemos al desarrollo de las operaciones puramente militares, ya que las antiterroristas finalizaron oficialmente en abril de 2009-. También una guerra sangrienta, que no conoció la piedad y en la que cada vez que tuvieron oportunidad unos y otros sacaron a la luz lo peor del ser humano. Con todo, hubo momentos para el compañerismo, para la lucha codo con codo haciendo frente a un destino tan aciago como seguro e incluso para el heroísmo. De entre todos estos momentos, el más destacado es quizá el de la Batalla de Ulus-Kert, también conocido como la Batalla por la Cumbre 776.

 

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Antecedentes

La segunda guerra de Chechenia curiosamente comienza, no en ésta república del Cáucaso ruso, sino en su vecina Daguestán, cuando miles de combatientes chechenos comandados por Shamil Basayev e Ibn al-Khattab tratan de extender su rebelión de corte islamista más allá de la autoproclamada República Chechena de Ichkeria, en apoyo de los musulmanes daguestaníes. Cómo no, la forma más rápida de extender su extraña mezcolanza entre ideología con tintes racistas e islamismo de corte wahabita es la invasión y a ello se aplican con todo su empeño durante días, creyendo que la debilitada Rusia sería incapaz de responder al desafío.

Tras una reacción sorprendente por parte de los habitantes de Daguestán, que lejos de secundar a los chechenos y alzarse contra el “dominio ruso” se organizaron rápidamente en grupos de autodefensa frenando el avance de los señores de la guerra chechenos, Rusia puso en marcha su aparato militar. Reabrir el conflicto del Cáucaso era un sueño no para los ciudadanos rusos, pero sí para buena parte de su estamento militar, cuyo orgullo estaba herido después de una década trágica que va de la retirada de Afganistán y la caída del Muro de Berlín al año 99 en el que el presupuesto militar de la Federación Rusa alcanza su mínimo histórico.

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Independientemente de lo que hiciesen los envalentonados líderes chechenos, lo cierto es que después de cerrar en falso la Primera Guerra de Chechenia, que nunca contó con el apoyo mayoritario de la población rusa, en Moscú llevaban ya tiempo buscando la forma zanjar definitivamente la cuestión chechena y de hacerlo, de ser posible, manu militari. Además, en el caso de que la oleada de atentados de septiembre de 1999 que predispusieron a la población para el conflicto no fuesen atentados de falsa bandera, como sostienen activistas como Masha Gessen en el Kremlin tenían información sobrada acerca de los planes chechenos respecto a Daguestán. Entre otras pruebas, hay contactos documentados entre el oligarca Boris Berezovski, por entonces vicesecretario del Consejo de Seguridad Ruso -y uno de los principales valedores de Vladimir Putin- y Movladi Uyanov y Movladi Ugudov, ambos destacados dirigentes checheno en conocimiento de las intenciones de Bashayev y compañía…

Sea como fuere, el ataque sobre Daguestán, junto con los atentados de septiembre de 1999 en Moscú, Volgodonsk y Buinaksk, que segaron la vida de 300 personas, sirvieron para cambiar para siempre el rumbo de la política rusa, al elevar a un hasta entonces desconocido Putin a la Presidencia y con ello, dar rienda suelta a la reacción rusa, buscada por su estamento militar desde hacía años.

Para afianzarse como sucesor de Yeltsin y vencer las elecciones, Putin necesitaba cerrar rápidamente el conflicto en Chechenia
Para afianzarse como sucesor de Yeltsin y vencer las elecciones, Putin necesitaba cerrar rápidamente el conflicto en Chechenia

Putin, elegido por el propio Yeltsin probablemente por su lealtad en un tiempo en el que las acusaciones de corrupción contra él y su círculo eran más fuertes que nunca, prometía mano dura contra los chechenos, justo lo que quería un pueblo –el ruso- atemorizado por los atentados y hastiado de la imagen de debilidad que proyectaba el país. Siendo todavía Primer Ministro, Putin comenzó una campaña militar que le permitiría ganar las elecciones presidenciales de marzo de 2000 con más del 52% de los votos y erigirse en Presidente a la vez que solucionaba para siempre uno de los muchos desaguisados que la descomposición del imperio soviético había provocado.

El ataque checheno contra Daguestán pues, fue la excusa perfecta para que Rusia pusiese en marcha su vetusta pero aún potente maquinaria bélica. A diferencia del conflicto anterior, ésta vez lo hizo con una estrategia clara, aunque nada innovadora, que teóricamente se basaría en la utilización del poder aéreo, de forma parecida a como la OTAN había hecho contra Yugoslavia en los meses anteriores, aunque sin aproximarse dada la precaria situación de la VVS. Tras los bombardeos iniciales, dos brigadas (136ª Brigada, dependiente del Ministerio de Defensa y 102º Brigada dependiente del Ministerio de Interior), se encargarían de los combates terrestres.

Las operaciones iniciadas por Rusia en Daguestán, pese a necesitar de refuerzos tan diferentes como infantes de marina llegados de su base de Sputnik, en Múrmansk o paracaidistas llegados del Distrito Militar de Siberia, se cerró con un notable éxito. En poco más de un mes, entre agosto y septiembre de 1999, lograron desalojar a los chechenos de Daguestán, para centrarse posteriormente en bombardear Chechenia y, en especial, Grozni, su capital, que sufriría un durísimo asedio en el invierno de ese mismo año.

Entre diciembre y febrero de 2009, la sufrida ciudad –que no se había recuperado de los combates de la guerra anterior- fue objetivo de los ataques aéreos y artilleros rusos que, después de semanas de incesante fuego, terminaron por forzar a los guerrilleros chechenos a buscar una huida desesperada hacia las montañas. Una vez allí, en su santuario, podrían reorganizarse, volver a recibir suministros y, de éste modo, plantear una resistencia más efectiva ante un avance ruso que utilizaba tácticas muy diferentes de las de 1994, cuando trataron de tomar el control de Grozni utilizando columnas de blindados y sufriendo un terrible revés.

Acerca de Christian D. Villanueva López 205 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha trabajado y colaborado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, entre otros, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

1 Comment

  1. 84 héroes. Necesitamos símbolos y mitos, es parte de la naturaleza humana, y cuando no los tenemos los creamos de futbolistas o cantantes. Desde El Álamo o los bomberos del 11-S, la carga de la Brigada Ligera (C’est magnifique mais c’est ne pas la guerre, c’est de la folie), la resistencia del fuerte de Brest, los voluntarios del submarino K-19 o los Héroes de Baler (los filipinos hicieron una película que les hace honor y no 1898). Rusia se jugaba su futuro como país y reaccionó con lo que tenía, y venció.

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