La ayuda militar de los Estados Unidos a España y los Pactos de Defensa Mutua

La ayuda militar de los Estados Unidos a España y los Pactos de Defensa Mutua

Ike y Franco
Ike y Franco

La ayuda militar de los Estados Unidos a España, y los Pactos de Defensa Mutua

Cuando España comenzaba su andadura

 

 

 

Los tratados son como las rosas y la juventud de las mujeres. Duran lo que duran”

General Charles de Gaulle, Presidente de la República francesa

 

 

La historia de Europa en el siglo XX, y la de España, es incomprensible sin la referencia a Estados Unidos. El espectacular desarrollo de la economía y la tecnología estadounidenses contribuyeron a ello, pero muy posiblemente el fenómeno clave para explicar la rápida propagación del “American way of life”en Europa fue el desencadenamiento y efectos de las dos guerras mundiales. Si tras el primero de los conflictos bélicos ya se apreciaban síntomas de un incremento de la presencia norteamericana en suelo europeo (mundo de los negocios, publicidad, cine,…), fue a raíz de los sucesos de la II Guerra Mundial cuando su influencia en los asuntos del viejo continente iba a resultar determinante.

La impronta de Estados Unidos marcó las iniciativas que desembocaron en instituciones básicas de los países de Europa occidental: OECE, OTAN y CEE. En la memoria colectiva de los ciudadanos de ese conjunto de países, los norteamericanos quedaron asociados con la liberación tras la guerra mundial, con el patrocinio de la recuperación económica bajo los auspicios del Plan Marshall, o con el dispositivo militar que servía de freno al expansionismo soviético.

El fin del aislamiento diplomático de España en 1953 estuvo motivado en gran parte por la reciente Guerra de Corea y por la constatación clara y sin equívocos de los Estados Unidos de que, al final y después de todo, la Unión Soviética era su adversario y una grave amenaza para sus intereses, ante lo cual no podía prescindir de ninguno de sus aliados potenciales, y menos de un país como España que ocupaba un lugar geoestratégico tan relevante ya fuera de cara al Océano Atlántico como al Mediterráneo Occidental. Washington aceptó, como concesión a otros aliados europeos, que no se aprobase el ingreso de España en la OTAN –al menos mientras perdurase el régimen del General Franco-, pero compensó esta contrariedad con unos acuerdos militares bilaterales que, en el fondo, le resultaban mucho más productivos mientras que para España suponían volver a ser aceptada en la comunidad internacional y, de alguna forma, significaban un reconocimiento de su régimen político.

Para el Ejército español los acuerdos supusieron un gran paso adelante y aún cuando mucho equipo y material que se recibió no era el último grito, una parte importante era material moderno que venía utilizando el propio Ejército norteamericano, y otros ejércitos europeos, como fueron los carros M-47 que, contrariamente a como se ha escrito muchas veces, no habían participado en combate en Corea, y en 1953 eran el carro más moderno en toda la OTAN, o los aviones de caza F-86F Sabre, que eran el primer avión de reacción con que contaba por primera vez el Ejército del Aire. Los acuerdos defensivos con los Estados Unidos han venido prorrogándose sucesivamente en el tiempo hasta nuestros días, incluso tomando ya forma de Tratado, aunque en la actualidad han perdido mucho de su sentido al estar ya España firmemente imbricada en las estructuras defensivas y políticas del mundo occidental.

La llegada de los americanos fue un hecho real de una importancia extraordinaria para nuestra historia y para nuestra economía. Y tras su llegada, a diferencia del imaginario pueblo de la película de Berlanga “Bienvenido Mr. Marshall”, España no permaneció como antes, cambió de forma decisiva. Destacan, como consecuencias fundamentales derivadas de los acuerdos con los Estados Unidos: la magnitud de la ayuda, la estabilidad que los acuerdos proporcionaron al régimen de Franco y la introducción de elementos de racionalización económica en la política del gobierno de entonces. Para aquella España atrasada y mísera de los años 1950, la llegada de los americanos, por mucho que duela a algunos, fue como la lluvia para un campo sediento.

 

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La España de los años 1940 fue, en efecto, una España sedienta y, más aún, hambrienta. Y conviene recordar que esta década constituye, sin lugar a dudas, el período más negativo de nuestra historia reciente, a excepción del tiempo de la propia Guerra Civil.

La posguerra española se caracterizó por una recuperación lentísima, sin parangón con lo que sucedió en los países europeos que habían participado en la Segunda Guerra Mundial, cuya recuperación posbélica fue mucho más rápida, a pesar de haber sufrido daños mayores. España pagó con una prolongada crisis y una recuperación lenta, la posición política y la política económica de los primeros años del régimen de Franco. En lo político, el alineamiento de Franco con las potencias del Eje y la hostilidad hacia los aliados, incluyendo aquí el tema de la División Azul, granjeó la antipatía de las potencias democráticas hacia el régimen del Caudillo. La consecuencia fue que, acabada la Segunda Guerra Mundial, España se encontró aislada y se vio privada de la ayuda norteamericana que, con el nombre de Plan Marshall, recibieron la mayor parte de los países europeos.

El diplomático George F. Kennan motivó con su informe sobre la URSS un cambio de actitud en Washington hacia Franco

A finales de la década de los 40 la situación era cada vez más difícil. Conviene recordar que los niveles alimenticios de 1935 no se alcanzarían de nuevo hasta bien entrados los años 1950. Para colmo de males, en 1949, Argentina dejaba de enviar trigo a España como consecuencia de las deudas contraídas e impagadas por el gobierno de Franco. Existían cartillas de racionamiento y en estas circunstancias, a comienzos de 1950, se empezaron a dar las primeras muestras públicas de descontento, a pesar de la represión que podía darse.

El 12 de diciembre de 1946, la Asamblea General de Naciones Unidas condenó al gobierno español, invitando al resto de los países a la retirada de embajadores de España (Resolución 39/I). A partir de 1947, España dejó de incorporarse sucesivamente a la Organización Mundial de Correos, la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la Organización Internacional de Aviación Civil, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), la Unión Europea de Pagos(1948), la Organización para la Cooperación Económica Europea (1948) y al Plan para la Reconstrucción de Europa, más conocido como Plan Marshall, al haber sido este general norteamericano, como Secretario de Estado, su impulsor final mediante la lectura de un discurso programático en la Universidad de Harvard el 5 de junio de1947.

Su firma en París el 12 de julio de 1947 supuso la exclusion española de los casi 13.000 millones de dólares que Estados Unidos facilitaría a todos los países europeos, fuera del bloque soviético y de Finlandia, por su especial status en relación con dicho bloque. La razón principal de la exclusión no puede justificarse por el hecho de que España fuera una dictadura, ya que Portugal y Grecia también lo eran y no fueron tratadas como España. Fue la intervención de la Alemania nazi y de la Italia fascista a favor de Franco en la Guerra Civil, y la posterior relación de éste con las potencias del Eje durante la guerra mundial, lo que proyectó una imagen negativa de la opinión pública norteamericana hacia España. Es más, parece que la oposición británica -entonces bajo un gobierno laborista-, y francesa a que España recibiese fondos del Plan Marshall, fueron más fuertes que la propia estadounidense, ya que Marshall incluso declaró en febrero de 1948 que su país no tenía objeción en incluir a España dentro de los 16 países que iban a ser ayudados.

La situación comenzó a suavizarse en 1953 con la firma del Concordato con la Santa Sede y el Tratado de Madrid con Estados Unidos el 23 de septiembre del mismo año. Gracias a éste, España recibiría de los Estados Unidos 589 millones de dólares en el periodo 1955-58, mientras se firmaban acuerdos de colaboración en materia de defensa (instalación de las bases norteamericanas) y economía.

Después de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos establecieron una serie de alianzas militares que les obligaban a considerar, en el marco de la recién inaugurada “guerra fría”, un ataque contra un aliado, como un ataque contra los Estados Unidos.  Esta era –y sigue siendo-, la esencia del Art. V del Tratado del Atlántico Norte, tratado que da origen a la OTAN, y que una vez firmado en abril de 1949 permitió al Presidente Truman, -aprovechando la ratificación de éste por el Congreso de los Estados Unidos el 25 de julio de ese mismo año-, anunciar que pediría autorización para conceder “ayuda militar para que las naciones libres sean capaces de protegerse a sí mismas contra la amenaza de la agresión“.

El presidente Truman concretó su petición al Congreso señalando tres tipos de ayuda para aquellos países que se consideraban vitales para la propia seguridad de los Estados Unidos, y que no podían pagar su propia seguridad. Estos tres tipos se concretaban en la Mutual Defense Assistance Act, del 6 de octubre de 1949 en:

Acerca de Antonio J. Candil Muñoz 47 Articles
Coronel en la Reserva. Diplomado de Estado Mayor y Diplomado de la Escuela de Guerra del Ejército italiano. Diplomado en Alta Dirección de Empresas por parte del IESE (Universidad de Navarra). Ha sido representante de España en la UEO, y ha estado destinado en Gran Bretaña, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Autor del libro "La Aviación Militar en el Siglo XXI".

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