Submarinos OTAN: la debacle del arma submarina en el Viejo Continente

Submarinos OTAN: la debacle del arma submarina en el Viejo Continente

U212A de la Marina Militare italiana fotografiado desde la vela del 'Mistral'. Foto - Armada Española
U212A de la Marina Militare italiana fotografiado desde la vela del 'Mistral'. Foto - Armada Española

El presente artículo ha aparecido en el Número 1 de nuestra revista Ejércitos, que podéis adquirir en librerías especializadas, kioskos, centros comerciales como El Corte Inglés y, por supuesto, en nuestra tienda online. Esperamos que os guste y que os anime a comprar esta publicación cuyo segundo número estará disponible a partir del 10 de marzo.

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Submarinos OTAN

La debacle del arma submarina en el Viejo Continente

 

 

Alejandro A. Vilches Alarcón

 

 

Durante la primera mitad del siglo XX, los submarinos, o sumergibles, fueron considerados como el arma de aquellas naciones pobres que tenían pretensiones por poseer algún tipo de fuerza naval. El submarino se consideraba un arma defensiva y de bloqueo, así como de protección costera e incluso de infiltración. Era otra época en la que las grandes escuadras de buques de línea, acorazados y cruceros definían el poder naval de una nación y no cabían otro tipo de aproximaciones pese a los numerosos intentos de cuestionar esta idea en base a torpederos, lanchas rápidas o a las ideas de los primeros teóricos del poder aeronaval.

 

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Las actuaciones de los submarinos durante ambas guerras mundiales, en especial en la segunda de estas, sirvieron para redefinir el rol de los submarinos dentro de las flotas de todo el orbe. Los avances tecnológicos que se habían dado en esos años y su aplicación posterior sobre las plataformas submarinas crearían nuevas armas que cambiarían la concepción del poder naval. Hasta los grandes anuarios navales como Jane´s o el francés Flottes de Combat, comenzarían a listar en primer lugar las unidades submarinas por encima de las de superficie. Poco después las fuerzas submarinas pasarían a tener un nuevo rol estratégico, más si cabe, al ser equipados con misiles intercontinentales (SLBM) apareciendo de este modo una nueva categoría de buques.

La aplicación de las nuevas tecnologías en los submarinos, desde los sistemas de propulsión nuclear a las modernas plantas AIP, los avances en cuando a emisiones de ruidos, los torpedos pesados, los nuevos sónares, la electrónica de procesamiento de señales y, como no, el armamento misilístico. Todas estas innovaciones convertirían lo que un día fuera considerado como el arma de las naciones pobres, en un artículo militar de extremo lujo, con un precio en muchos casos acorde a esta consideración. Así es como hoy en día, una nación con la capacidad tecnológica de desarrollar y construir sus propios submarinos es considerada una nación dotada de un alto nivel tecnológico y con grandes capacidades industriales. Un cambio que pocos podían esperar se produjese en apenas unas décadas, cuando la guerra submarina era considerada todavía, durante el periodo de entreguerras, casi una guerra propia de piratas por el propio Almirantazgo británico.

Submarino portugués de la clase Tridente (U-209PN). Foto - HDW
Submarino portugués de la clase Tridente (U-209PN). Foto – HDW

Este artículo pretende hacer una comparación de la situación de las flotas de submarinos de ataque en las naciones pertenecientes a la OTAN en dos momentos clave: El año 1991, cuando todo estaba a punto de cambiar y el derrumbe soviético era inminente, y en la actualidad. Con especial hincapié queremos centrarnos en las naciones europeas de la Alianza Atlántica, ya que nuestro socio del otro lado del Atlántico continúa implementando una gran política de construcción de submarinos a pesar de haber levantado el pie del acelerador en los últimos años. Aún es, sin duda, el respaldo militar sobre el que se apoya la Alianza y donde, llegado el momento de necesidad, todas las capitales europeas miraran a la espera de su apoyo.

Permítanme, no obstante, que me adelante con un comentario; Nuestro país ya vivió una situación parecida a la actual a finales del siglo XIX, cuando un ilustre militar patrio que no requiere de más comentarios -Isaac Peral- ofreció a la Armada Española la posibilidad de construir submarinos en exclusiva, posibilidad que fue rechazada. Poco después llegaría la debacle definitiva y los restos de nuestro imperio se perderían frente a la superior potencia naval de los EEUU, como es por todos conocido. Lo que se pasa muchas veces por alto es que nuestros propios contrincantes en aquella contienda reconocerían que, en el caso de haber poseído España unas pocas unidades del invento de Peral en sus puertos coloniales, la US Navy no lo habría tenido tan fácil. ¡Quién sabe que derroteros hubiera podido tomar aquel conflicto de haber invertido en el momento adecuado en una nueva arma tan prometedora!

Es opinión de este autor que hoy día vivimos en Europa un momento parecido, con sus matices, cierto es. Así, el desconocimiento generalizado por parte de la opinión pública acerca de los asuntos militares lleva a los ciudadanos -y a algunos representantes políticos a los que cabría suponer mejor informados- a plantearse la necesidad de mantener flotas de combates. Cuánto más se cuestiona la necesidad de mantener operativos costosos submarinos cuyas misiones no suelen ser publicitadas, ni sus unidades son vistas navegando por los mares y océanos. En este sentido, tal vez el gran éxito de los submarinos -la discreción- sea también su gran enemigo en estos tiempos de información instantánea. Esperemos que, al igual que 1898, no tengamos que arrepentirnos en unas décadas de nuestra dejadez a la hora de invertir ahora que todavía está en nuestra mano diseñar y construir submarinos de primer nivel.

Por último, antes de comenzar, hemos de aclarar que este análisis se centrará exclusivamente en los submarinos de ataque occidentales (SS/SSK/SSN) excluyendo de él los submarinos balísticos (SSBN) que, aunque obviamente representan esfuerzos en inversión tecnológica y capacidades industriales, poseen una misión militar completamente diferente de los anteriores. Por ello, en una evaluación operacional de las capacidades de guerra naval de una nación, los SSBN se contabilizan dentro de los recursos de ataque estratégico nuclear y no como parte de las unidades de ataque de la flota.

Submarino británico de la clase Astute. Foto - Royal Navy
Submarino británico de la clase Astute. Foto – Royal Navy

 

 

El punto de partida: 1991

Hasta 1991 -y desde el fin de la II Guerra Mundial-, los miembros de la Alianza Atlántica estuvieron trabajando con el supuesto de un conflicto, más o menos inminente e ineludible, contra la potencia antagonista de aquel entonces; la Unión Soviética. Dicho conflicto, aunque con una clara primacía terrestre, tendría una vertiente naval de importancia ineludible. La URSS, con una flota precisamente basada en submarinos, iba a amenazar las vitales comunicaciones en el Atlántico Norte entre las naciones Aliadas, a la par que pretendía cerrar el acceso de dichas flotas a los mares al norte de Islandia. Para enfrentar la estrategia soviética, la OTAN llevaba décadas desarrollando diferentes vertientes de la guerra ASW. No obstante, su principal apuesta a la hora de cazar y hundir a sus contrapartidas soviéticas consistía en los propios submarinos.

Desde finales de la II Guerra Mundial, la inversión en la construcción y diseño de submarinos no tuvo freno. Alentada por una inversión pública que entendía dichas unidades como la salvaguarda de su propia existencia física, llegado el caso de una nueva confrontación. De las naciones integrantes de la OTAN tan solo una de ellas, Bélgica, carecía de submarinos en su flota desde hacía muchos años por decisión propia, que no por una incapacidad financiera. Simplemente había decidido que la función de su pequeña flota debía estar centrada en la guerra contra minas. No fue más que un caso puntual, pues todas las demás naciones de la Alianza Atlántica poseían submarinos operativos en sus flotas, y lo que es más importante, mantenían abiertos importantes programas de I+D y de construcción para sustituir las unidades por entonces en servicio por otras más modernas y capaces.

En la Tabla I podemos ver la constitución de las flotas de submarinos OTAN por país, según los datos extraídos del anuario World Fighting Ships del US Navy Institute en su edición de 1991. Como podemos observar, las fuerzas submarinas disponibles en la OTAN superaban ampliamente los dos centenares de submarinos. Eso sí, deben tenerse en cuenta las consideraciones particulares de naciones como los EEUU, Canadá o Gran Bretaña, que distribuían sus unidades entre los diferentes teatros de operaciones- En cualquier caso, como número global nos puede dar una idea muy general de cuáles eran las reservas estratégicas con las que podían contar los planificadores de la Alianza. Es de reseñar que la primacía de la US Navy era indiscutible, aportando tan solo ella casi la mitad del total de submarinos disponibles. Esto es lo que una nación logra cuando invierte en el diseño, construcción, mantenimiento y logística de su flota. En cuanto a los actores europeos de la Alianza, tres naciones destacan por encima de todas las demás: Alemania, Francia y Gran Bretaña.

Acerca de Alejandro Vilches 2 Articles
Ingeniero técnico naval, ha escrito en docenas de medios nacionales e internacionales relacionados con la defensa. Es autor de varios libros, entre los que se encuentran "Los SSBN de la URSS", "Los SSGN de la URSS" o su obra más reciente "Operación Hannibal".

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