Rusia y Europa: ¿Hacia una nueva Guerra Fría?

Rusia y Europa: ¿Hacia una nueva Guerra Fría?

Rusia y Europa: ¿Hacia una nueva Guerra Fría?
Rusia y Europa: ¿Hacia una nueva Guerra Fría?

El pasado martes, día 27 de marzo, Estados Unidos y Europa anunciaron la expulsión de más de centenar y medio de diplomáticos rusos afincados en sus territorios como represalia por el intento de asesinato, el 4 de marzo pasado, del exespía ruso Serguei Skripal, con un agente nervioso de origen soviético conocido como Novichok, en Reino Unido, reacción que no se veía desde los tiempos de la Guerra Fría. A esta respuesta se sumaron entre otros países, Ucrania y Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

A pesar de los desmentidos de Moscú, los aliados de Reino Unido han aceptado claramente la versión de Londres que sostiene que el uso de un gas nervioso militar contra el ex-espía Skripal y su hija en la ciudad de Salisbury debió ser “muy probablemente” obra del Estado ruso.

De hecho, el Consejo Europeo, en su reunión del pasado 22 de marzo, en su punto 9 condena con el máximo rigor el reciente atentado de Salisbury, expresa su más profunda solidaridad con todas las personas cuyas vidas han sido amenazadas y da su apoyo a la investigación en curso. La Unión Europea está de acuerdo con la valoración del Gobierno del Reino Unido de que es muy probable que la Federación Rusa sea responsable del atentado y de que no hay ninguna otra explicación plausible. Nos solidarizamos incondicionalmente con el Reino Unido frente a este grave reto a nuestra seguridad común.

Apenas dos días después, el jueves 29, Rusia replicó a las sanciones de diplomáticos señaladas anteriormente, de forma recíproca, con la expulsión de la misma cantidad de los diplomáticos de los países que habían expulsado a diplomáticos rusos. La respuesta era esperada por los 26 países que actuaron de forma coordinada contra Rusia por considerarla responsable del intento de asesinato mencionado más arriba.

La tensión entre Occidente y Rusia, que rechaza cualquier participación en lo ocurrido, se sitúa en niveles que recuerdan a los de la Guerra Fría. Al ataque con el gas nervioso se suma la acusación de intentar interferir en procesos electorales de Estados Unidos y de otros países en Europa como puede ser Alemania, Francia, Holanda y en nuestro propio país, en Cataluña.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres ha declarado, antes de que se anunciara la respuesta de Moscú que “está muy preocupado” por la actual escalada de tensión entre Estados Unidos y Rusia. A diferencia de la “guerra fría”, explicó, hay múltiples actores “independientes” que desempeñan un papel importante al garantizar la estabilidad mundial, en lugar de los “dos polos” que controlaban las dos grandes zonas en que se dividió el planeta.

No obstante, también es preciso asumir el hecho de que durante el periodo de la “guerra fría” existía un orden mundial, de carácter bipolar, donde se habían establecido unas normas y reglas de comportamiento internacional reguladas y controladas plenamente por Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, en el momento actual se carece de cualquier orden internacional y cada gran potencia actúa de acuerdo con sus propios intereses sin sujetarse a ningún compromiso o criterio global.

Serguei Skripal y su hija
Serguei Skripal y su hija

 

 

Pasado reciente

Tras la disolución de la URSS, a principios de los años 90 del siglo pasado, y de la creación de la Federación de Rusia, se han desarrollado complejos y crecientes relaciones bilaterales entre la Unión Europea y Rusia. Después de más de cuarenta años formando parte de bloques antagónicos se inició un acercamiento que los ha llevado a convertirse en socios vitales en muchos campos.

El marco general de las relaciones bilaterales de la UE con Rusia queda recogido en el Acuerdo de Colaboración y Cooperación UE-Rusia (PCA) de 1994. En mayo de 2008 se aprobó el mandato de negociación de un Nuevo Acuerdo Marco para reemplazar al actual PCA. Las negociaciones se iniciaron en julio de 2008 pero se interrumpieron en 2012 ante las trabas impuestas en el capítulo de Comercio e Inversión.

Por otra parte, las relaciones institucionales entre la UE y Rusia se desarrollan a través de la celebración de dos Cumbres anuales y de reuniones con carácter anual del Consejo de Cooperación Permanente. A pesar de que se lanzó la Asociación UE-Rusia para la Modernización en la Cumbre de junio de 2010 y del inicio de un nuevo Diálogo sobre Comercio e Inversión en la Cumbre de julio de 2011, no se ha progresado apenas en estas iniciativas.

En cualquier caso, tras la anexión ilegal de Crimea por Rusia, en marzo de 2014, y el apoyo ruso a los separatistas ucranianos en las regiones orientales, la UE impuso un conjunto de sanciones como medio de presión ante lo que consideraba una violación de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Asimismo, se canceló la prevista Cumbre UE-Rusia, se decidió no celebrar las cumbres bilaterales periódicas y se paralizaron las negociaciones para un nuevo Acuerdo entre la UE y Rusia, con independencia del apoyo de los países de la UE a la suspensión de las negociaciones de adhesión de Rusia a la OCDE y a la Agencia Internacional de la Energía.

Las sanciones económicas se han prolongado cada seis meses el 1 de julio de 2016, el 19 de diciembre de 2016, el 28 de junio de 2017 y el 21 de diciembre de 2017. La prórroga se ha decidido cada vez después de evaluar la aplicación de los Acuerdos de Minsk de 2015. De momento, las sanciones económicas están en vigor hasta el 31 de julio de 2018.

El final de la Guerra Fría inició un periodo de esperanzas que parece estar llegando a su fin
El final de la Guerra Fría inició un periodo de esperanzas que parece estar llegando a su fin

 

 

Análisis

La ruptura entre la Unión Europea y Rusia es profunda y la actual crisis provocada por el intento de asesinato con el agente nervioso Novichok, producido en el entorno militar soviético durante las décadas de 1970 y 1980, la está agravando precisamente en un momento en el que el ambiguo apoyo estadounidense de Trump a Europa y su afinidad personal con Putin no presagia nada bueno.

A mayor abundamiento, la persistencia rusa en su anexión de Crimea, su falta de cumplimiento de los Acuerdos de Minsk su intervención en la guerra de Siria apoyando a Bachar el Asad, la intervención de Putin el pasado 1 de marzo ante la Asamblea Federal – el Parlamento bicameral formado por la Duma Estatal y el Consejo de la Federación – declarando su impresionante rearme, tanto en el campo convencional como en el nuclear, el incidente de Salisbury junto con el lanzamiento del segundo ensayo del misil balístico “Sarmat”, el pasado 30 de marzo, no favorece para nada la normalización de relaciones euro-rusas.

Hay que tener en cuenta que la península de Crimea fue traspasada a Ucrania en 1954 por consideraciones económicas, entre otras cosas, porque el sistema de regadío, vital para aquel territorio con escasa agua, dependía de Kiev. Y Rusia reconoció la pertenencia de Crimea a Ucrania en diversos documentos internacionales desde la desintegración de la URSS en 1991, incluido el gran tratado de amistad de 1997. (El País, 15-03-18)

Desde el punto de vista estratégico no solo está en cuestión la relación bilateral entre la UE y Rusia sino también, y principalmente, el futuro del proyecto europeo y de Rusia. Sin duda, uno de los más importantes “escollos” se halla en determinar claramente la situación política de Ucrania como pivote geopolítico en el tablero euroasiático a caballo entre la influencia oriental rusa y la tendencia occidental europea.

Como decía el tratadista estadounidense Zbigniew Brzezinski en su obra El gran tablero mundial, de 1997, sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio euroasiático… La pérdida de la independencia de Ucrania tendría consecuencias inmediatas en Europa Central, al transformar a Polonia en el pivote geopolítico de la frontera oriental de una Europa unida. Por eso es tan importante encontrar una situación de neutralidad -o algo similar- para Ucrania. En esta disputa geopolítica, la anexión ilegal de Crimea constituye una baza clave para la posición rusa – en cuanto que ha triunfado su política de “hechos consumados” – que Europa no puede permitir.

Bruselas ha mantenido una posición de firmeza frente a Moscú en relación con Ucrania. Aunque Bruselas se aferra a los acuerdos de Minsk como vía de solución del conflicto, solo el desconocimiento de esta compleja realidad, los análisis erróneos o apresurados o las ganas de pasar página en esta crisis permite considerar los acuerdos Minsk I y Minsk II como el primer paso o el principio de una paz duradera entre Rusia y Ucrania ya que las interpretaciones de Kiev y de Moscú sobre el cumplimiento íntegro del contenido de ambos acuerdos son totalmente divergentes.

Acerca de Jesús Argumosa Pila 14 Articles
General de División (r). Fue Jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa (EALEDE) del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) desde el 2005 al 2009.

2 Comments

  1. Me animo a disentir en parte de este análisis. En buena medida reproduce una visión unilateral -Occidental- de la situación. Desde un punto de vista geopolítico no son dos, sino tres los actores principales, la UE, la FR y USA (en su medida, también China, con intereses muy importantes en Ucrania. No se ha hecho público, pero alzó su voz y está ‘agazapada’). Los presidentes Putin y Trump actúan en gran medida para ‘consumo interno’. De hecho, aunque se trate de un asunto ajeno, las conversaciones con Corea del Norte son un gran éxito de la diplomacia/gobierno USA frente a China: mantener con vida la intención de unificar la península. Pero de vuelta a los actores euroasiáticos, Putin yTrump hablan, pero el eje ruso-alemán es demasiado robusto: sucede que no hay una voz única en la UE para manifestar con rotundidad su posicionamiento. USA va de la mano de la OTAN en esta materia, pero Rusia también lo hace con su propia unión económica y la SCO. Una pista para visualizar mejor el conflicto en torno a Ucrania es el ‘covert’ acuerdo para re-direccionar el foco de la opinión pública hacia el norte de la frontera euroasiática, los países Bálticos y Polonia (con un despliegue militar OTAN casi ridículo), silenciando la frontera septentrional. Hay más pistas pero no vienen al caso en este breve comentario (ej., falta absoluta de compromiso con la región del Donbass y las auto-proclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk). Pero, para abreviar, la fortaleza del eje franco-ruso está por encima de cualquier otra consideración. Y por lo tanto, es un tópico propagandístico la posible nueva ‘guerra fría’ Rusia-UE.

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