Una mirada profesional sobre Gibraltar

Una mirada profesional sobre Gibraltar

Instantánea tomada durante la histórica visita de Moratinos a Gibraltar
Instantánea tomada durante la histórica visita de Moratinos a Gibraltar

Cuando tras desaires y afrentas sin cuento, en el habitual y obligado doble eufemismo, los medios españoles saludaban alborozados la victoria diplomática sobre Londres, por lo desacostumbrado, con la UE acordándonos el derecho de veto en el Brexit sobre el Peñón, pocos reparaban en que el reconocimiento, que lo es, y estentóreo, que también, a la insostenible singularidad de la situación colonial gibraltareña, no excedía en la práctica de lo simbólico. Primero, porque todos los miembros tienen derecho de veto sobre cualquier punto de las negociaciones en base al principio de la unanimidad. Y segundo, porque ahora no es el momento de la reivindicación y así lo explicitan desde Santa Cruz: ¨no vamos a boicotear ninguna resolución del Brexit para presionar a Gibraltar; no entraremos en la cuestión de soberanía, a la que nunca renunciaremos, porque la reivindicación ahora es difícilmente casable en términos temporales con el acuerdo del Brexit…¨.

España deja así en suspenso la cuestión nuclear de la soberanía, para centrarse en aspectos neurálgicos de la siempre incómoda y mejorable relación. Una gestión compartida del aeropuerto, que sea beneficiosa para ambas partes, ¨superando el acuerdo del 87, quizá más beneficioso para España y el del 2006, que lo fue para Gibraltar¨; la libre circulación de los trabajadores; un régimen fiscal compatible con la UE; el deterioro medioambiental y el narcotráfico. Madrid, por consiguiente, aprovecha su posición dominante en temas sustanciales y por razones de coyuntura pospone la irrenunciable controversia sobre la soberanía.

España, país puntero en la UE, donde es la cuarta potencia económica, que va recuperando un peso atómico internacional en consonancia, hace un movimiento de política exterior de prestigio, buscando el interés general europeo y sólo difiriendo el más que legítimo interés nacional. Con el RU como uno de los principales aliados frente al independentismo catalán (mantengo en todos sus términos mis tesis al respecto, que parecen irse delineando como quizá  superadoras, ¨La cuestión catalana, los vascos y la ortodoxia política (más Ceuta y Melilla) ¨, El Faro de Ceuta, 14 de enero de este año) se alinea como corresponde con Bruselas (cuelga en mi estudio, la Orden al Mérito por servicios distinguidos del Gran Ducado de Luxemburgo, firmada por Juncker, el campeón actual europeo).

Al mismo tiempo, desde ámbitos académicos prosiguen las propuestas para resolver el contencioso, y es de destacar, por su laboriosidad y originalidad, la de la ¨soberanía difuminada¨ de Ignacio Molina, Instituto Elcano, que ha merecido la reunión de la Comisión Conjunta Congreso-Senado. Yo, por mi parte, (¨Angel Ballesteros identifies the Western Sahara as one of the three open contests for Spanish foreing policy, together with Gibraltar and Ceuta and Melilla¨, European foreing policy in an evolving system: the road for convergence) como primer espada en nuestros contenciosos diplomáticos (he aprovechado para tocar el diferendo hasta tirando en buen esgrimista en el muy británico Reform Club, con la memoria viva en su espléndida biblioteca de sus ilustres miembros Churchill, Gladstone, Russell, o Lord Palmerston y su conocida aunque no siempre bien trascrita frase: ¨No tenemos aliados eternos ni enemigos perpetuos; nuestros intereses son eternos y perpetuos y nuestra obligación es vigilarlos¨, que todos ellos se ocuparon de the Rock) reitero que la soberanía final para España constituye un absoluto y de ahí que sea aceptable la cosoberanía como paso previo, aunque no figuras, sin duda meritorias, pero que puedan afectar, atenuar ese carácter absoluto.

Gibraltar
Gibraltar. Fuente: ABC.

Ahora bien, sentado todo lo anterior, a uno, a mí al menos, le queda la duda de si Madrid no haría bien (bien lo está haciendo), no haría mejor, en aprovechar esta oportunidad casi de oro del Brexit, y en buenos estrategas, ejercitar su derecho de veto, poniendo sobre la mesa resueltamente, sin mayores dilaciones, la reclamación de la soberanía. Es la vieja, clásica dialéctica, la línea dura, con nuestro tan invocado Gondomar a la cabeza, ¨a Ynglaterra metralla que pueda descalabrarles¨ y eso que Albión todavía no había tomado el Peñón (ya he contado y parece que con algún efecto, que su biografía, ¨olvidada y cubierta de polvo¨, cual arpa de Bécquer, reposaba en una esquina de la amplia mesa de recibir en un despacho de Asuntos Exteriores) o la cooperación, partiendo del duro desequilibrio entre el circundante Campo de Gibraltar, con La Línea como epítome, y la Colonia, recomendada y practicada ya desde larga data por diversos y animosos titulares de Santa Cruz, alguno particularmente sólido como profesional, al tiempo que escorado hacia esa línea, como Moratinos, que bien merece presidir y sacarle más partido, a la Alianza de Civilizaciones.

Porque, y quizá sea éste el hasta ahora indefectiblemente inalcanzable punto de equilibrio, el interés nacional no excluye la cuota de responsabilidad histórica. Y la dignidad; el valor más aclamado en el mayor memorial reivindicativo existente, el Gibraltar y los Españoles, de Armangué.

 

Acerca de Angel Manuel Ballesteros García 7 Articles
Diplomático y escritor.

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