Cómo el “Siglo de Humillación” afecta la política de EE. UU. en el Mar de China

Cómo el "Siglo de Humillación" afecta la política de EE. UU. en el Mar de China

Cómo el "Siglo de la Humillación" afecta a la política naval de EE. UU. en el Mar de China
Cómo el "Siglo de la Humillación" afecta a la política naval de EE. UU. en el Mar de China

Cada mes os ofrecemos un artículo del Instituto Naval de los Estados Unidos, que traducimos con licencia del propio centro después de alguna que otra discusión para elegirlo. En esta ocasión, hemos considerado que después de varios artículos tratando las relaciones entre China y los Estados Unidos, la posibilidad de una guerra en el Mar de China Meridional o el nuevo papel del gigante asiático en el nuevo orden mundial, era adecuado compartir u artículo que va “a la contra”. Normalmente, la mayor parte de nuestros artículos -no es en vano el nombre de la web- hablan desde el punto de vista militar. En este caso, el autor se inclina exclusivamente por el comercio y la diplomacia para ir acercando a China a la comunidad internacional, integrándola y permitiendo que cicatrice sus heridas.

Es, al menos en nuestra opinión, una perspectiva bastante ingenua, toda vez que China ha demostrado por activa y por pasiva que el único orden internacional que contempla es el que ella misma pueda dictar. No obstante, al atacar directamente a una de las raíces del actual problema -los traumas del “Siglo de la Humillación”, el autor pone el embrollo en perspectiva y nos ofrece una visión más rica sobre China, sus ambiciones y sus razones, algo a tener en cuenta y que, en no pocas ocasiones, dejamos de lado.

 

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El largo periodo de dominación extranjera sobre China, que se extendió durante buena parte de los siglos XIX y XX, es conocido en el país asiático como “El Siglo de la Dominación”. El recuerdo de dicho periodo está detrás de la forma en la que actualmente China utiliza el derecho internacional “para proteger y avanzar su soberanía estatal”. [1] En este sentido, los EE. UU. deberán conocer en profundidad el punto de vista chino para establecer una estrategia naval prudente que, no obstante, les permita afianzarse en el Mar de China, mientras se reduce el riesgo de una escalada bélica.

A pesar de que las reclamaciones, basadas en “derechos históricos” que China defiende carecen de fundamento, lo cierto es que la historia del país está llena de lecciones que se pueden aplicar a los actuales problemas del Mar de China. Al fin y al cabo, la actual postura china es consecuencia de una serie de leyes que han servido para legitimar la dominación, por parte de las potencias occidentales, sobre estados, pueblos y culturas de todo el mundo, incluida China. [2]

Por tanto, las acciones militares y políticas que China adopte hacia otros países, deberían verse a través de la historia de las invasiones extranjeras de China, comenzando con las Guerras del Opio en el siglo XIX y terminando con la invasión de Japón a China en el siglo XX. Como señaló Fu Ying, ex embajador en Gran Bretaña y ahora portavoz de la Asamblea Popular Nacional, – el parlamento chino-, estos son eventos humillantes que todavía afectan a China hoy en día. [3]. Como dice el propio Fu:

“La gente no lo tolerará si perdemos territorio una vez más. Perdimos lo suficiente”. [4]

Las concesiones que hizo China tanto en la Guerra del Opio como durante el periodo de ocupación japonesa están relacionadas y tuvieron consecuencias que todavía hoy intentan corregir. [5] De hecho, las primeras concesiones chinas solo sirvieron para generar demandas adicionales, con lo que finalmente se perdió el control diplomático y económico, algo que todavía están tratando de recuperar.

Vapor británico Nemesis destruye juncos chinos durante la primera guerra del opio.
Vapor británico Nemesis destruye juncos chinos durante la primera guerra del opio.

China afirma que tiene “derechos históricos” anteriores al actual orden internacional basado en reglas sobre una “línea de nueve trazos” que se extiende por más de 1.500 km hacia el sur y el este desde la costa del país. [6] El 12 de julio de 2016, la Corte Permanente de Arbitraje (PCA), un tribunal internacional con sede en La Haya, dictaminó que las reclamaciones históricas de China eran inválidas [7]. Además, la PCA dictaminó que solo las reclamaciones compatibles la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) eran válidas. [8]

Precisamente dicho tratado, ratificado por China en 1996, instituye que los derechos marítimos se derivan de la tierra y no de la historia. [9] El caso fue llevado a la corte por Filipinas en 2013, después de que China reclamara el control del Scarborough Shoal, a unas 220 millas al noroeste de Manilla. [10] El tribunal también dictaminó que el banco de arena solo era visible durante la marea baja, y por lo tanto no se consideraba tierra, condición indispensable para reclamar aguas territoriales. [11] China no solo no participó en el procedimiento, sino que se negó a aceptar su veredicto. [12]

Como miembro de UNCLOS, China está obligada a obedecer a la corte, pero no hay un mecanismo de aplicación para garantizar que lo haga. [13] El fallo, así como la negativa de China a “aceptar, reconocer o ejecutar” el veredicto, amenazan la seguridad en toda la zona mientras China busca afirmarse como potencia regional y Estados Unidos sigue insistiendo en la vigilancia del Pacífico. [14] Es poco probable que China renuncie a la UNCLOS si no lo ha hecho hasta la fecha, ya que hacerlo reforzaría la impresión de que China es un poder unilateral aislacionista y dañaría su imagen global. [15]

Lo más probable es que China establezca una Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) en el Mar del Sur de China, similar a la que estableció sobre el Mar Oriental en 2013 después de un enfrentamiento con respecto a las Islas Senkaku, por las que mantiene un contencioso abierto con Japón. [16] En dicho caso, las aeronaves que vuela n a través de la ADIZ existente reciben la orden de informar su ubicación a las autoridades chinas, aunque las aeronaves militares de los EE. UU. ignoran este mandato. [17] como pudo comprobarse el pasado 23 de marzo de 2017, cuando China advirtió a los EE. UU. que deberían respetar su ADIZ después de que informaran que un bombardero estadounidense B-1 estaba volando ilegalmente sobre el Mar de China Oriental. Este ADIZ, junto con la potencial de uno nuevo al sur no hacen sino aumentar el riesgo de que las aeronaves de ambos países terminen enfrentándose.

Como decíamos, la experiencia china en la Guerra del Opio dejó una impresión indeleble en el pensamiento estratégico chino actual. Antes de 1839, la corte imperial de China recibía misiones diplomáticas y religiosas europeas al menos desde el siglo XVI. [18] Aunque prohibido, el opio constituía un negocio considerable en China debido a la relación entre los contrabandistas chinos y los comerciantes de la India británica, el centro del crecimiento mundial de la adormidera. [19] La corte Qing intentó prohibir el comercio de opio por completo, ordenando a las misiones comerciales occidentales en Guangzhou que cedieran sus cofres de opio para su destrucción. [20] Como es sabido, la opinión británica vio este comportamiento como una ofensa inaceptable y el gobierno británico envió una flota de barcos a China para el bloqueo, la incautación de los buques chinos y de parte del territorio chino. [21] Este fue el comienzo de las Guerras del Opio, la primera de las cuales terminó con el Tratado de Nanjing, por el que China cedió Hong Kong a Gran Bretaña y acordó abrir cinco puertos para el comercio exterior. [22] El Imperio Británico justificó su intrusión en la soberanía china alegando que China no había respetado su soberanía en primer lugar. [23]

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