Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo

Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo

Portada del libro "Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo"
Portada del libro "Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo"

 

  • Título: Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo.
  • Autores: VILMONT, Juan
  • Editorial: HRM Ediciones
  • ISBN: 978-84-947392-7-9
  • Publicación: 2018
  • PVP: 19,95 euros

 

El libro que hoy traemos a colación, titulado “Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo” y publicado por HRM Ediciones, nos resume de forma magistral, en poco más de 150 páginas, la historia de la más conocida de las órdenes militares, tanto por sus hechos de armas y su indeleble impronta en la historia medieval, como por ser uno de los fetiches de los amantes de la historia oculta. Su autor, Juan Vilmont, dejando de lado los mitos y la leyendas, nos presenta no solo la historia de la orden, sino los diferentes puntos de vista que se manejan sobre algunos de los hechos más controvertidos, como su disolución, convirtiendo este pequeño volumen en un ejemplar de consulta imprescindible.

La orden del Temple, como todos sabemos, surgió a principios del siglo XII en Jerusalén, a partir de un grupo de caballeros que se declararon donados o servidores del Santo Sepulcro y se dieron como misión defender los Santos Lugares frente a los musulmanes. Dotada de una regla monástica y tutelada directamente por la Santa Sede, la Orden tenía un doble carácter, religioso y militar, rasgo que puede chocar a nuestra mentalidad del S. XXI, pero que resultaba ampliamente aceptado en el contexto de la Edad Media y del periodo de las Cruzadas. Pese a ello, no fue fácil, en el momento del nacimiento de la nueva orden, realizar la fusión entre el caballero y el religioso. La Iglesia cristiana, que en sus orígenes era esencialmente pacifista, tuvo que modificar su ideología sobre la guerra hasta llegar a una concepción nueva, cuyo modelo fue el Temple.

A instancias de Hugo de Payens, el futuro san Bernardo de Claraval, por entonces abad del Císter, escribió entre 1126 y 1129 el Elogio de la nueva caballería. Aunque este último quizá creía que el ideal del Temple era inferior al monástico, apoyó la nueva comunidad en bien de la Iglesia, lo que procuró a la Orden un precioso reconocimiento en el seno de la misma gracias al prestigio de su valedor. Pero era todavía necesario el reconocimiento oficial de las autoridades eclesiásticas, que llegó con el concilio celebrado en Troyes (Francia) en 1129, en el que se dotó a la orden de una Regla. Esta Regla, que no fue redactada directamente por san Bernardo pero sí inspirada por él, compendiaba la nueva religiosidad encarnada por los templarios:

“Nos dirigimos en primer lugar a todos los que desprecian secretamente su propia voluntad y desean con un corazón puro servir al Rey Soberano en calidad de caballeros, y con firme diligencia desean llevar, y llevar permanentemente, la nobilísima armadura de la obediencia”

En el contexto de las nuevas ideas sobre la sacralización de la guerra, la institución de los templarios suponía un cambio en la sociedad y en la espiritualidad de la Edad Media. Hasta entonces, los fieles que deseaban consagrarse a Dios, los clerici, debían abandonar el mundo, y el claustro o el sacerdocio constituían las vías de la religiosidad suprema. Con la aparición de la orden del Temple se abría una tercera vía para alcanzar la santidad: ser religiosos y al mismo tiempo pertenecer a la clase de los guerreros, alcanzar la Jerusalén celeste y la Jerusalén terrestre. Esta nueva vía entrañaba una alteración en la división tradicional de la sociedad medieval en tres estamentos absolutamente separados entre sí: oratores (religiosos), bellatores (guerreros) y laboratores (los que trabajan). Los templarios, en efecto, fueron a la vez oratores y laboratores.

Más allá de los ideales iniciales, lo cierto es que después de una larga trayectoria en Tierra Santa que había culminado desastrosamente con la pérdida de San Juan de Acre y los intentos posteriores de volver a la región, a principios del S. XIV, el Temple había cambiado. Como los cristianos, los cistercienses o cualquier organización, la Orden había sufrido una evolución, apartándose de los ideales de los primeros tiempos. Tampoco tenía ya sentido entonces la caballería, y menos la religiosa. La diferencia entre la orden del Temple y otras órdenes militares estribó en que éstas evolucionaron -caso de los Caballeros Teutónicos- o pudieron ser reformadas -como el Hospital-, mientras que aquélla no tuvo esta oportunidad.

Los reyes europeos, en un periodo de desarrollo de las monarquías centralizadas, consideraban las órdenes militares, que dependían del Papado, como un obstáculo en su afán por controlar las iglesias de sus respectivos países. El Temple se convirtió así en el objetivo codiciado del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso. 

En la lucha por la supremacía entre el Papado y el rey de Francia, éste resultó vencedor. El papa Clemente V, que debía ser el garante de la independencia de la Orden, tuvo que elegir entre los templarios y el honor del Papado. La elección no ofrecía dudas: a su pesar, en 1312, en el concilio de Viena, el papa sacrificó la Orden y la suprimió, sin embargo, nunca condenó a los templarios por herejía. Jacques de Molay, el último maestre, murió en la hoguera en 1314 por orden de Felipe el Hermoso, acabando así la historia del Temple.

Juan Vilmont, autor de “Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo” logra resumir más de dos siglos de historia templaria sin dejarse, no obstante, ningún detalle y hablando con detenimiento tanto de la historia de la orden en sí, como de sus campañas militares, sus motivaciones, sus miembros, la equipación, etc. En resumen, todo aquello que hace las delicias no solo de los amantes de la historia bélica en general sino, más concretamente, de los amantes de la historia bélica. Un libro que podéis -y debéis- adquirir a través del siguiente enlace:

 

Los Templarios. Pobres caballeros de Cristo

 

 

Acerca de Christian D. Villanueva López 189 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha trabajado y colaborado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, entre otros, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.

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