Los dos grandes próceres de la independencia de Hispanoamérica y el Parque del Oeste

Los dos grandes próceres de la independencia de Hispanoamérica y el Parque del Oeste

Estatua de Simón Bolívar en el Parque Oeste
Estatua de Simón Bolívar en el Parque Oeste

Si bien en puridad la independencia hispanoamericana se basa en la trilogía Miranda, Bolívar y San Martín, sólo son los dos insignes caudillos los que personalizan en su patriciado la emancipación de las antiguas colonias españolas. El Precursor, a pesar de ser el más culto y proporcionar en buena media la carga intelectual del acontecimiento, vertebrado asimismo desde las logias masónicas, se cae del pedestal dada su muy inferior significación comparativa en la independencia hispanoamericana.

Hispanoamérica, que fue la grandiosa obra de España y el espacio histórico que constituyó y que se emancipó. Con la democracia, el término se anuló también por sus resonancias franquistas, siendo sustituido por Iberoamérica, que no responde a la realidad por englobar a Brasil, cercenado del cuerpo geográfico por una más informada diplomacia lusitana, como quizá estaban más capacitados para haber descubierto históricamente el Nuevo Mundo. La cultura hispánica fue reemplazada por la cooperación iberoamericana, siendo como es que la cultura constituye el valor supremo, del que la cooperación forma parte, y que, como no habrá necesidad de reiterar, Iberoamérica, y mucho menos Latinoamérica, designan otras latitudes.

¨Aquellas tierras comenzaron a perderse cuando murió la Reina Católica¨, y la influencia española, que nunca debió salirse del noble cauce intelectual, espiritual, comenzó a perderse al entrar en un combate desigual, donde los Institutos de Cultura Hispánica fueron prácticamente barridos casi sin campeón que los defendiera y transmutados en Institutos de Cooperación Iberoamericana, que con todo lo positivo que comportan, como complemento pero no substitución, son a su vez germen y consecuencia de las Cumbres Iberoamericanas. En obligado proceso permanente de mejora, las Cumbres sustancialmente ya han dado de sí buena parte de lo que conllevan, teniendo hasta que espaciar su celebración para que no se trivialicen más pero sin conseguir diversificar de manera adecuada algún que otro aspecto clave como el desembolso, principal desde Madrid, donde no parece que las finanzas, al igual que la política, ésta debatiéndose en una crisis altamente preocupante, anden muy saneadas en verdad. En esta línea de modular cualquier intento de una política exterior de prestigio que resulte cuestionable, yo propuse sin éxito, lo que no obsta para volver a insistir, que los Premios Príncipe de Asturias no se desborden, pretendiendo emular en su extralimitación instituciones disímiles hasta en los medios, y se circunscriban a su ámbito natural, el iberoamericano, donde encajarían con la debida naturalidad, señorío y realismo.

En el Parque del Oeste, el primero de la Villa y Corte, al lado de mi casa en Ferraz, donde yo paseaba con Toby y ahora con el recuerdo de mis perritos, están acertadamente representados los dos ejes de la entidad histórica de España, Hispanoamérica y el Mundo Arabe. El templo de Debod, quizá el monumento más famoso de Madrid, la única capital de nación europea de origen árabe como es sabido, sobrepasando a la clásica Puerta de Alcalá, que simboliza a la capital de España, me recuerda que a instancias mías se fundó en El Cairo, la Asociación de Hispanistas de Egipto, que es hoy una pujante realidad. Y donde el gran hispanista Mahmoud Makki me tradujo al árabe, y donde fui condecorado por egipcios y españoles. Pues bien, asimismo dos estatuas ecuestres me traen diariamente a la memoria el otro, el más importante pivote del ser histórico español, Hispanoamérica, con la satisfacción moral y profesional de haber obtenido reconocimientos y de haber conocido a presidentes y a indígenas y de haber dejado memoria de mi docena de años en aquel continente mágico.

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Tan mágico que tengo para mí (y así lo escribí en el diario Ultima Hora, de Asunción, el 5 de enero del 2005) que hasta el ignoto can callejero, en su magnífica escultura en bronce, en el jardín delante de la catedral y del cabildo, agradeciendo siempre la caricia sobre el metal frío pero vivo, influyó sobremanera para que la comuna cambiara la bandera nacional hecha jirones por una como corresponde y, además, pidiera disculpas a la ciudadanía.

Bolívar, descubierto, y San Martín con el bicornio puesto – ¿querrá decir algo esa circunstancia o al menos, podría interpretarse en alguna manera?- ambos en uniforme y sobre briosos corceles, cuyas patas desmienten las infundadas leyendas sobre la muerte de jinetes en función de que estén dos, una o ninguna levantadas, proyectan gloriosamente a Hispanomérica en lo universal. El Libertador, en sitio ahora menos visitable, en el que antes se levantaba un monumento a los héroes de las guerras coloniales, destruido durante la guerra civil; proclamado el primero de los independentistas y así reconocido hasta por San Martín, el otro primus inter pares, que le dejó libre liderazgo tras la entrevista de Guayaquil; que cada vez que hablaba de España, matemáticamente hablaba contra España; y que murió sin haber conseguido la unidad subcontinental que se reveló de forma paladina y lamentablemente lo sigue haciendo, como el sueño de un soñador; postergado, como casi todos aquellos héroes y más de dos y de tres y más, traicionados por sus propios correligionarios que no todavía compatriotas, amén de atendido en sus postreros momentos por un español, y San Martín, menos vehemente, más ordenado y efectivo, y más moderado en todo, aunque no menor en su ejecutoria, ciertamente más extensa y profunda, aunque quién sabe si menos brillante pero sin ser nunca derrotado; el gran general de carrera militar, que se alejó, desanimado por lo que veía en aquellas tierras, a la Francia, cuyos sones ideológicos, revolucionarios, constituyeron el credo libertador de toda América, la del norte y la del sur, son y están.

Estatua de José de San Martín en el Parque Oeste
Estatua de José de San Martín en el Parque Oeste

Y son y están alumbrando lo que España e Hispanoamérica, y aquí si se quiere y sería más que deseable, igualmente Iberoamérica, tienen que materializar ya, configurar un lobby –no es el español el primer idioma aunque sí el sobresaliente segundo- formidable, basado en la lengua y la cultura, que faculte para defender y potenciar las causas comunes, con una voz diplomática unívoca y vocación continental. Sólo así, se dará cabal cumplimiento a la imperecedera obra de España en América –vocablo que también, a ambas orillas del Atlántico, nos dejamos arrebatar a manos entonces poco limpias estadounidenses- y a sus resultandos y resultados incuestionablemente trascendentes.

Ignoro cuándo se celebran las efemérides de tan relevantes próceres. Desconozco si ¨el estilo paisajista inglés¨ del parque podría ayudar a transitar por sus desniveles ingrávidos incluso hacia el Gibraltar español. Pero sí se que todo momento es bueno para evocar, para cantar a Hispanoamérica.

 

Acerca de Angel Manuel Ballesteros García 7 Articles
Diplomático y escritor.

3 Comments

  1. Lo que no acabo de entender, es por qué se erijen monumentos a personajes que en el fondo no son más que traidores a España. No creo que haya ningún monumento a George Washington en Londres. Así nos va ponemos estatuas a gente que nos ha traicionado y olvidamos a los que han servido España. Esa sí que sería una buena ley de memoria histórica borrar todos esoz monumentos y erigir a otros más grandes a gente como Blas de Lezo, Álvaro de Bazán, Bernardo de Gálvez… la lista es bastante amplia y no necesitaríamos inventarnos nada.
    Hasta otra>

  2. Comentar este artículo exige extenderse mucho por tratarse de un tema muy amplio, con muchas implicaciones. Se trata de dos personas que intervinieron en la independencia de jurisdicciones de soberanía española. Y tiene su origen en el complejo de inferioridad de los españoles, que no existía en el siglo XVI. El consenso en este punto es total entre hispanistas americanos, en particular Stanley Paine. La oveja negra es Paul Preston, británico de izquierdas. Hasta qué punto la administración hispana de América fue extraordinaria se refleja, por ejemplo, en la admiración de franceses, que nos conocían mejor, -y hasta de británicos! México tenía alcantarillado cuando Londres aún ignoraba ese elemental recurso higiénico. La raíz, para ser muy breve, se encuentra en dos hitos históricos despreciados y mal interpretados: a) la Reforma (y Contra-Reforma) generó una profunda división en Europa. Siendo España, la mayor potencia -de lejos- entonces, profundamente católica, el protestantismo anglosajón de ingleses, alemanes u holandeses, se convirtió en auténtico odio, con matanzas que causan rubor por su magnitud, y que por supuesto dejan a la Santa Inquisición como una mota de polvo. Está todo, absolutamente todo, documentado (más aún desde la apertura de archivos pontificios en el siglo XX). La campaña de propaganda fue furiosa y quedó reflejada en los libros de texto que hasta el día de hoy usamos en el colegio: se repite invariablemente. Poco se sabe sobre Calvino; se ignora a Hus; se pasa de largo el reinado de Enrique VIII (qué matanzas y persecuciones!); y b) el Imperio español tuvo una influencia decisiva en la independencia de América del Norte de Inglaterra. Cuando se consolidó el poderío británico, la venganza británica fue desoladora. América era rica, riquísima: sus riquezas no vinieron a la Corona española sino en un 20%. El 80% permaneció allí, y dio abundante fruto. Inglaterra ‘colonizó’ cantidad de rincones, extrayendo toda la riqueza posible. Los españoles en América se ‘mestizaron’ con total naturalidad (por cierto, los 50 ó 60 mil españoles que llegaron a América hasta el siglo XVIII jamás podrían haber aniquilado a unos 14 millones de indígenas), crearon universidades, introdujeron la vacuna anti-variólica. La diferencia al afrontar el descubrimiento de nuevos territorios fue abismal entre británicos, holandeses y españoles. Y el acoso británico al continente americano, con sus corsarios y contrabandistas, fue un avaricioso desquite ante la pérdida de sus ‘colonias’ del Norte. En este sentido, sin entrar en versiones conspiranoicas masónicas, San Martín y Bolívar fueron meros peones, de modo consciente o nó. Para los británicos, la estrategia del ‘divide y vencerás’. De Bolívar se ignora casi todo en España. También sin explayarme, Bolívar arrasó y desvastó íntegramente lo que hoy es la República Bolivariana de Venezuela. Y en un bando autorizó a sus tropas durante 48 horas la violación de mujeres. Venezuela machacada, y Bogotá le prohibe la entrada a sus territorios, en el Virreinato de Nueva Granada o de Santa Fé (de Bogotá). En suma, Bolívar y San Martín no pueden considerarse ‘próceres’. Tampoco fueron demonios, sin duda. Pero hay que estudiar la historia de América con muchísimo más rigor (que rigurosas fuentes hay, eximios historiadores españoles y los ‘hispanistas’ americanos.

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