El eterno retorno

Las falsas ilusiones de la defensa europea

 

Por Christian D. Villanueva López

 

Europa es la luz del mundo. Ruego a los lectores que no se rían, pues durante mucho tiempo, en la época de la facultad, así lo creí, como muchos otros. Eran todavía tiempos de esperanza, quizá por la resaca de los 90, que ha durado más de la cuenta.

Proyectos como el de la fracasada Constitución Europea nos llenaban la boca a los europeístas de pro en los debates universitarios y, sinceramente, estábamos convencidos de que más temprano que tarde la Unión Europea contaría con un único Gobierno y unas Fuerzas Armadas comunes que la situarían como una verdadera superpotencia, un contrapeso más humano a esos Estados Unidos soberbios que, bajo el mandato de George W. Bush, se permitían invadir países sin pruebas de ningún tipo y sin escuchar a sus aliados.

Naturalmente, el paso de los años ha cambiado esta y otras percepciones y triste del que no esté desencantado con aquello en que la UE se ha convertido, si es que no lo fue siempre, especialmente a raíz de la crísis de 2008 y sus dramáticas consecuencias. No obstante, el desencanto no proviene tanto de ver cómo se han dilapilado oportunidades doradas para avanzar en la construcción europea, deshacer parte del camino y volver a andarlo pero en la dirección correcta, sino de la convicción de que hay cosas que son imposibles, pues no obececen al deseo de los ciudadanos o a la lógica política o estratégica, sino a simples y puros intereses económicos e industriales, cuando no personales. Algo que queda patente cuando hablamos de la defensa europea y ahora, pasados los años y con el colmillo mucho más retorcido que cuando apenas alcanzábamos la veintena, lo único que hace es provocarnos una mueca irónica.

(Continúa...)

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