Rusia refuerza su presencia en Siria

La base aérea de Humaymim y la base naval de Tartus son claves en la estrategia exterior de la Federación Rusa, por el acceso que conceden tanto al Mediterráneo como a todo Oriente Medio

Base naval de Tartus. Fuente - Southfront.org.
  • Tanto Tartus como Humaymin han recibido en los últimos meses sistemas de seguridad y personal adicionales, además de haberse construido nuevas instalaciones.
  • La base aérea de Humaymim y la base naval de Tartus son claves en la estrategia exterior de la Federación Rusa, por el acceso que conceden tanto al Mediterráneo como a todo Oriente Medio.
  • Desde la intervención rusa en Siria, el papel de estas bases ha ido en aumento y las instalaciones se han ido adaptando en consonancia con las nuevas necesidades hasta pasar, en el caso de Tartus, de ser un puerto sin apenas capacidades de sostenimiento a ser una base naval de primer orden.
  • Sin el concurso de ambas bases el apoyo prestado por Rusia al régimen de Assad hubiese sido imposible.

En los últimos tiempos, el Ministerio de Defensa ruso ha hecho un notable esfuerzo por adecuar y ampliar las instalaciones de apoyo dentro de las bases de Tartus (naval) y Humaymin (aérea), construyendo nuevos edificios como hangares, viviendas o plantas de potabilización que permitan maximizar las capacidades de estas bases militares en territorio sirio.

De esta forma, por ejemplo en Humaymin, se han construido hangares para cobijar los aviones rusos, lo que ha tenido un notable impacto en la operatividad de sus aparatos, que hasta entonces no siempre podían despegar por el intenso calor. Esto provocaba que debido al recalentamiento (las temperaturas llegan a ser extremas en función de la época del año), los sistemas automáticos de los propios aparatos impidiesen su puesta en marcha por el riesgo de incendio. Lo que es más, los nuevos hangares, aunque no estén protegidos contra el impacto de municiones antibúnker, sí permiten resguardar los aparatos rusos de ataques como los sufridos el pasado año empleando grupos de drones y que causaran cuantiosos daños en diversos aviones de combate.

Además, para luchar contra este fenómeno también se han desplegado sistemas antidrone tanto cinéticos como electromagnéticos. Además, para garantizar la seguridad de las operaciones se han cambiado los procedimientos y ahora, en cada despegue o aterrizaje los Mil mi-35 rusos despegan para patrullar las zonas aledañas a la base, impidiendo así que un RPG o el fuego de fusilería puedan afectar a los aviones durante sus maniobras. Por último, se espera que en breve se complete también la construcción de hangares similares para los helicópteros allí basados.

Lo cierto es que, al menos sobre el papel, en la actualidad los aviones rusos en Siria ya no realizan misiones de combate. Solo llevan a cabo vuelos de entrenamiento y también misiones de patrulla aérea, una misión que está en manos de los Sukhoi Su-35 allí desplegados y cuyas capacidades se combinan con las de los sistemas antiaéreos S-400, Tor y Pantsir, lo que permite a Rusia contar con unas interesantes capacidades A2/AD en un escenario clave.

En último lugar, también se han mejorado también las instalaciones de servicio, como los comedores o las camaretas en las que deben alojarse los militares rusos y, además, se han instalado baños adicionales, una lavandería, una panadería y una planta de potabilización capaz de producir miles de litros de agua embotellada al día.

En Tartus las cosas no han sido muy diferentes. La base ha multiplicado, literalmente, sus capacidades en los últimos cuatro años, coincidiendo este periodo de ampliaciones con el inicio de la intervención rusa en el país, que dio comienzo el 30 de septiembre de 2015. Actualmente la base presta servicio, con regularidad, tanto a buques de superficie de cualquier porte (salvo portaaviones como el Kuznetsov), como a submarinos, contando en su perímetro con talleres de todo tipo, uno de los puntos débiles de la base hasta hace poco tiempo.

La situación de Tartus cambió notablemente con la firma en enero de 2017 de un acuerdo que extendía el uso de la misma por parte de la Federación Rusa por 49 años (prorrogable en periodos de 25 años) sin necesidad de hacer desembolso alguno y que, además, concedía al país euroasiático plena jurisdicción sobre la base. El nuevo tratado permite a Rusia mantener hasta 11 buques militares de cualquier tipo (incluyendo los de propulsión nuclear) al mismo tiempo, lo que ha provocado que Rusia cree por primera vez en décadas una agrupación naval permanente en el Mediterráneo, después de que la 5ª Escuadrilla de la Armada Roja, que cumplía con este papel, desapareciese en diciembre de 1992.

A pesar de la mejora en las capacidades, se espera que en los próximos años especialmente las de reparación continúen aumentando, de tal forma que los buques rusos no tengan que recurrir a Sebastopol o Novorosíisk para estas tareas y que la base sea capaz de acoger a los futuros buques de desembarco helitransportado y portaaviones rusos, si es que llegan a materializarse.

En cualquier caso, las obras que recientemente han comenzado y que supondrán aumentar entre otras cosas la superficie de atraque en la base, se extenderán durante los próximos cuatro años y servirán para que esta base, vital en la estrategia rusa, lo sea aun más y no solo en el aspecto militar, ya que en los últimos meses se han producido varias reuniones entre diplomáticos rusos y sirios para intentar que Tartus tenga también un relevante papel comercial, seguramente relacionado con la exportación de hidrocarburos.