Rusia colabora en el diseño del sistema de alerta temprana chino

El anuncio supone un hito pues hasta ahora Moscú siempre se había negado a colaborar en este área

Radar ruso Daryal en Pechora
  • Rusia está colaborando en el desarrollo del nuevo sistema alerta temprana chino.
  • El anuncio supone un hito pues hasta ahora Moscú siempre se había negado a colaborar en este área.
  • La confirmación ha salido de boca del propio Vladímir Putin, en una reunión del Valdai Discussion Club, en Sochi.

En las últimas hora se ha producido una noticia de gran relevancia, pese a haber pasado notablemente desapercibida. El presidente ruso, Vladimir Putin, durante una reunión celebrada en Sochi con expertos del Valdai Discussion Club, ha confirmado que su país, Rusia, está ayudando a la República Popular de China en el desarrollo de un nuevo sistema de alerta temprana. Este sistema debería servir para que el gigante asiático detectase en el momento de su lanzamiento, el despegue de los misiles estratégicos de sus competidores, principalmente los EE. UU., pero también India o, paradójicamente, la Federación Rusa pues si bien en la actualidad las relaciones son muy estrechas, en el pasado ya han tenido importantes roces -llegando a estar cerca de la guerra nuclear en tiempos soviéticos- y no son pocos los expertos que piensan que esto puede reproducirse en el futuro.

El Presidente de la Federación Rusa afirmó que el sistema está destinado a «mejorar la capacidad defensiva de la República Popular de China», señalando que «actualmente solo los Estados Unidos y Rusia tienen tales sistemas». La importancia del anuncio radica por una parte en que, de implementarse el sistema, la RPC dejaría de estar en desventaja en este aspecto frente a las otras dos grandes potencias nucleares, al contar con un sistema de alerta temprana de cobertura global, gracias a las estaciones basadas en tierra y al concurso de satélites -y puede que de buques especializados-. Por otra parte, resulta indicativa de la voluntad china de alcanzar la paridad ofensiva respecto a los otros dos estados, algo en lo que hemos venido insistiendo a propósito, por ejemplo, del despliegue de nuevos sistemas DF-41, que no se corresponde, de ser cierto, con la cifra de cabezas nucleares en servicio que se manejan normalmente al hablar de la RPC.

En otro orden de cosas, si la RPC finalmente entra en el juego, como era de esperar, y busca ser un jugador más al nivel de Rusia o los EE. UU., los cálculos estratégicos se complicarían sobremanera, al cambiarse las tradicionales díadas por tríadas. Además, este movimiento chino solo confirma algo que explicamos en su día, al hablar de la Segunda Era Nuclear y que no es otra cosa que la importancia creciente de las defensas estratégicas.

Curiosamente, una noticia de tan profundo calado apenas ha recibido cobertura mediática por parte de los medios occidentales, sino que han sido casi exclusivamente medios chinos y rusos los que han hecho referencia a la misma. Aunque apenas fueron unas pocas palabras las pronunciadas por Putin, resultan muy indicativas del tipo de ayuda que puede prestar Rusia a China y de las tecnologías que el país euroasiático estaría dispuesto a compartir y que, por lo que se da a entender, se centrarían en el terreno de los grandes radares de alerta temprana.

Ahora bien, en vista de que la RPC es usuario de sistemas de defensa aérea rusos avanzados, como el S-400 y que seguramente ocurra lo mismo con el S-500, que está ya en pruebas, no es descabellado que tarde o temprano la colaboración entre ambos países se extienda también al ámbito de los sistemas antimisiles, un área en la que cabe recordar que es Moscú el país que tiene las defensa más densas del planeta, instaladas en torno a Moscú.