La USAF destina 6.500 millones para que empresas privadas entrenen a sus pilotos

La privatización de este tipo de servicios es un tema polémico, a pesar del ahorro que supone para fuerzas aéreas como la USAF, que pueden evitarse mantener en su inventario aparatos que no están destinados al combate, así como pilotos en nómina

La privatización del entrenamiento militar es un tema polémico, a pesar del ahorro que supone para fuerzas aéreas como la USAF, que pueden evitarse mantener en su inventario aparatos que no están destinados al combate, así como pilotos en nómina.
  • Air USA, ATAC, Blue Air Training, Coastal Defense, Draken International, Tactical Air Support y Top Aces se repartirán un contrato destinado a ofrecer servicios de entrenamiento entre los que se incluyen la formación de escuadrones «Aggressor».
  • Empresas como Draken International o ATAC han hecho grandes inversiones en los últimos años para dotarse de aparatos de segunda mano procedentes de las principales fuerzas aéreas. En el caso de esta última, recientemente ha recibido el último de los 64 Mirage F-1 adquiridos a Francia en 2017.
  • La privatización de este tipo de servicios es un tema polémico, a pesar del ahorro que supone para fuerzas aéreas como la USAF, que pueden evitarse mantener en su inventario aparatos que no están destinados al combate, así como pilotos en nómina.

La USAF destinará 6.500 millones para que empresas privadas entrenen a sus pilotos en los próximos años. De esta forma, siete empresa, a saber: Air USA, ATAC, Blue Air Training, Coastal Defense, Draken International, Tactical Air Support y Top Aces, se repartirán un contrato multimillonario destinado a ofrecer servicios de entrenamiento entre los que se incluyen la formación de escuadrones «Aggressor», el empleo de drones, o el asesoramiento.

Como es sabido, empresas como Draken International o ATAC han hecho grandes inversiones en los últimos años para dotarse de aparatos de segunda mano procedentes de las principales fuerzas aéreas. En el caso de esta última, recientemente ha recibido el último de los 64 Mirage F-1 adquiridos a Francia en 2017.

La privatización de este tipo de servicios es un tema polémico incluso dentro de los Estados Unidos, el país que más ha hecho por avanzar en esta línea. La idea de confiar la formación de los pilotos de combate -y de transporte- a empresas privadas surge a la par que las teorías de la Revolución en los Asuntos Económicos, que prometen ahorrar al contribuyente miles de millones de dólares al adoptar prácticas propias de la empresa privada, además de implementar entre otras cosas nuevas tecnologías aplicadas a la gestión en el seno de las Fuerzas Armadas.

Para los detractores, sin embargo, la cuestión no es tan sencilla, a pesar del ahorro que supone para fuerzas aéreas como la USAF, que pueden evitarse mantener en su inventario aparatos que no están destinados al combate, así como pilotos en nómina. Entre sus argumentos se cita la pérdida de capacidades, pues estas empresas por grandes que sean sus presupuestos jamás podrán contar con los medios que puede poner el Estado a disposición de sus tripulaciones, ni tienen la misma capacidad de reacción ante cambios en el escenario bélico como la adopción de tecnologías o aparatos que supongan un reto. Por otra parte, la búsqueda de beneficios, como buenas empresas privadas que son, conlleva ahorrar en aspectos que algunos consideran críticos algo que, para corregirse, implica la elaboración de complejos contratos con cláusulas de salvaguarda de difícil cumplimiento.

En cualquier caso, el Departamento de Defensa no ha dudado en contratar a estas siete compañías para proporcionar servicios completos de apoyo aéreo y simulación de amenazas aéreas avanzadas realistas, lo que se conoce como unidades equipos rojos o «Aggressor» y que deberán batirse con los pilotos de la USAF en pos de mejorar su formación. Para ello, las siete compañías proporcionarán estos servicios, realizando prácticas de combate disimilar, apoyo aéreo cercano, entrenamiento de vuelo, simulación de amenazas, apoyo de guerra electrónica, reabastecimiento de combustible aéreo y otros servicios como la investigación -referida a la prospección del campo de batalla- o asesoramiento.