El renacer de los portaaviones ligeros

En los próximos años veremos un incremento sustancial en el número de portaaviones ligeros, gracias entre otras cosas a la llegada del F-35B como aparato VTOL en sustitución del Harrier

  • En los próximos años veremos un incremento sustancial en el número de portaaviones ligeros, gracias entre otras cosas a la llegada del F-35B como aparato VTOL en sustitución del Harrier.
  • La US Navy y distintos thin tanks estadounidenses llevan años hablando sobre la necesidad de complementar los CVN, cada vez más caros, complejos y según muchos, también vulnerables, con portaaviones ligeros capaces de proyectar el poder aeronaval en servicio de las tropas de infantería de marina o bien de llevar a cabo misiones por su propia cuenta, en escenarios secundarios.
  • La polivalencia de buques como los Izumo japoneses, los futuros LPX-II surcoreanos o la clase America estadounidense permiten adaptar a nuevos escenarios una clase de buques que antaño se habían dedicado, por ejemplo, a la lucha ASW o a la escolta de convoyes.

Hace escasos días, un buque de salto anfibio de la US Navy, el USS America zarpó hacia el Pacífico con al menos 13 cazabombarderos Lockheed Martin F-35B Lightning II a bordo, todos ellos pertenecientes al USMC. Se trata de un primer paso en el empeño tanto de la US Navy como del USMC por desarrollar nuevos procedimientos y tácticas de empleo de estos cazabombarderos de 5ª generación y también para recuperar parte del saber hacer perdido desde que los portaaviones ligeros en servicio, antaño numerosos, fueran dados de baja poco a poco, algo que ha ocurrido también en España con la triste baja prematura del R-11 Príncipe de Asturias, sin sustituto a la vista, a pesar de que el BPE ha sido diseñado con el F-35 en mente.

La razón de fondo está clara: las nuevas amenazas, como el auge naval chino acompañado de su fuerza de misiles y sus crecientes capacidades ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) obligan a multiplicar la capacidad aeronaval, clave para luchar por el dominio positivo del mar y hacer frente al gigante asiático en su propio terreno, algo de lo que hemos hablado por ejemplo al tratar la Letalidad Distribuida o la Third Offset Strategy.

En este sentido, la necesidad de multiplicar el número de plataformas dotadas con cazabombarderos furtivos es obvia y en esa dirección se están dirigiendo todos los esfuerzos y además, aunque no se publicite demasiado, de forma concertada, con acuerdos de alto nivel entre los planificadores de varias naciones como son los propios EE. UU., Japón y Corea del Sur.

De esta forma, desde Tokio han logrado, en tiempo récord, no solo reconvertir un destructor portahelicópteros -el Izumo (si la treta le servía a los soviéticos, los japoneses no van a ser menos) en un auténtico portaaviones ligero sino, lo que es más importante, imponer la decisión a su opinión pública, siempre reticente, como algunos de sus partidos políticos, a todo lo que suponga adquirir capacidades ofensivas. Así, se les ha vendido en primer lugar la necesidad de contar con la posibilidad de dar cabida a aviones aliados en caso de necesidad, para introducir poco a poco la idea de la necesidad de mejorar la autodefensa de la flota y finalmente, pasando por completo del qué dirán, firmar la adquisición de 42 F-35B.

«Destructores multipropósito» clase Izumo

Por su parte, Corea del Sur, después de introducir en servicio su nuevo buque anfibio, el Dodko, que contará en breve con un gemelo, y de numerosos rumores acerca de la intención de dotarse de portaaviones incluso de tipo CATOBAR, parece que finalmente ha tirado por el camino del medio y con sus futuros LPX-II tendrá algo similar a la clase Izumo japonesa o a la clase America en el caso de los EE. UU. De esta forma el país asiático contará de forma permanente con un potente grupo de combate compuesto por un portaaviones ligero, un buque de desembarco anfibio, destructores equipados con el sistema de combate AEGIS y fragatas. Además, si sus planes salen adelante, podrían incluso contar con submarinos nucleares, maximizando sus capacidades oceánicas. Además, llegado el caso, podrían desdoblar su flota como antaño hiciera la Armada Española, en un grupo Alfa y un grupo Delta

La diferencia entre estos buques, cuando operen a plena capacidad y buques polivalentes como nuestro L-61 Juan Carlos I es abismal, igual que la que hay entre la clase America y los Tarawa a los que sustituyen. Si en el caso del navío español los aviones embarcados, si es que llegan a adquirirse, apenas serían suficientes para lanzar algunos ataques, dar cobertura aérea o realizar patrullas CAP en torno al grupo de combate, pero siempre de forma muy limitada por el escaso número de aviones, los portaaviones ligeros ofrecen otro tipo de posibilidades.

Hablamos de buques que contarán, como en el caso de la clase America, hasta con una veintena de aparatos (normalmente serán 16) entre su cubierta y sus bodegas, esto es, igualando a portaaviones como el Charles de Gaulle francés, que normalmente opera con un ala embarcada compuesta por 18 cazabombarderos Rafale y dos Hawkeye. Se alegará que las capacidades en cuanto a almacenaje de municiones del portaaviones francés son mayores, o que los aparatos de alerta temprana que embarca ofrecen capacidades únicas, pero no es nada que no se pueda suplir por una parte, mediante buques de abastecimiento -y la US Navy destaca sobremanera en el aspecto logístico-, por no hablar de las capacidades en cuanto a observación y reconocimiento de los propios F-35.

Futuro LPX-II surcoreano

Por aportar datos sobre la operatividad, los marines estadounidenses calculan que un buque de la clase America debería ser capaz de realizar 40 salidas al día durante los primeros días de misión, reduciéndose luego esta tasa, como es lógico. En comparación, un CVN de la clase Ford debe ser capaz de alcanzar las 160 salidas en los primeros compases, aunque en este caso hablamos de un buque dotado de catapultas, talleres, con una capacidad inmensa de transportar recambios y, por supuesto, muchísimo más caro.

Además, aunque hemos citado a Japón y Corea del Sur, parece que el club de usuarios de este tipo de buques se ampliará en breve. En países como Australia la presión para dotarse de verdaderos portaaviones, más allá de los dos LHD gemelos de nuestro BPE y construidos por Navantia, no hace sino crecer y se espera que se haga alguna referencia en el libro blanco de la defensa que deben aprobar en 2021. También Rusia, a pesar de que en numerosas ocasiones ha presentado maquetas y proyectos monstruosos, muy similares a los CVN norteamericanos, es posible que termine decantándose por una opción más polivalente y razonable, a medio camino entre un verdadero portaaviones y un buque de desembarco (aunque no disponer de un aparato VTOL les penaliza), pues su armada cojea en ambos aspectos tras los problemas sufridos por el Kuznetsov y el fracasado contrato de compra de los Mistral.