La industria de defensa estadounidense tendrá acceso a los programas europeos

El acuerdo dejaría fuera a regímenes no democráticos o que no respeten los derechos humanos y las buenas relaciones de vecindad con  la UE, lo que excluye a Rusia, China y seguramente a Turquía

  • La industria de defensa estadounidense tendrá acceso a los programas europeos.
  • El acuerdo que se está negociando, si se ratifica, permitiría a terceros países, como los EE. UU. o el Reino Unido, participar de los programas europeos de defensa, siempre que cuenten con el beneplácito del resto de socios.
  • El texto dejaría fuera a regímenes no democráticos o que no respeten los derechos humanos y las buenas relaciones de vecindad con  la UE, lo que excluye a Rusia, China y seguramente a Turquía.

La Unión Europea y los EE. UU. están ultimando un acuerdo que pondría fin a uno de los principales puntos de fricción entre ambos actores: el acceso de las empresas estadounidenses a los programas europeos de defensa. La UE viene realizando importantes esfuerzos desde 2016 para proveer de fondos a la defensa común y por consolidar una industria europea de defensa capaz de competir a nivel global y de permitir la tan ansiada «autonomía estratégica».

La posibilidad de que la industria europea se convirtiese en un competidor, unida a la exclusión de las empresas estadounidenses de los fondos europeos, llevó a los EE. UU. a protestar formalmente el pasado mes de mayo, mediante una carta enviada por la subsecretaria estadounidense de defensa, Ellen Lord, a Federica Mogherini, Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE.

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En dicha misiva, los EE. UU. denunciaban algo lógico: la dispersión que produciría el proyecto europeo en los fondos de defensa, siempre escasos y la aparición de una competencia innecesaria entre las industria europeas y estadounidenses. Ahora bien, no puede olvidarse que la reacción estadounidense esconde la ambición por seguir dominando el mercado mundial de la defensa, impidiendo la aparición de competidores que puedan hacerle sombra (algo que ha ocurrido, por ejemplo, en el mercado civil con Airbus) y también por impedir que la UE tenga una verdadera autonomía estratégica, imposible sin una capacidad industrial-militar considerable que permita la no-dependencia de terceros.

Se trata, en cualquier caso, de un episodio más en una disputa en la que la administración de Donald Trump ha advertido reiteradamente a la UE sobre la discriminación contra las empresas estadounidenses a medida que los gobiernos europeos han seguido adelante con sus planes para lograr una mayor cooperación de defensa, amenazando con negar el acceso de las empresas europeas al gigantesco mercado estadounidense.

El eterno retorno

La UE, por su parte, sostiene que necesita desarrollar sus propias capacidades de defensa fuera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, mientras miembros como Francia se mantienen reacios a otorgar acceso a terceros a los proyectos militares conjuntos, pues la PESCO es el instrumento perfecto para aumentar el tamaño y presencia de sus propias empresas de defensa incluso a costa de las de sus socios, algo que se está viendo con programas como el FCAS.

Ahora, al fin, después de meses de negociaciones los enviados de una y otra parte buscarán un acuerdo el miércoles en Bruselas sobre una nueva reglamentación que permitiría a terceros países unirse, si se considera que su participación agrega «valor sustancial» a los proyectos, a los programas europeos, aunque queda por determinar si tendrán acceso a los fondos.

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Según el documento, solo se permitirá la entrada a países no pertenecientes a la UE con sistemas de gobierno democráticos, que respeten los derechos humanos y las buenas relaciones de vecindad con el bloque. Estos términos excluirían a China y probablemente a Turquía de la participación en programas de defensa, pero allanarían el camino para que los Estados Unidos y el propio Reino Unido continuasen tomando parte en dichos programas, pensando en un escenario post-Brexit.

En cualquier caso, todo apunta a que los países no pertenecientes a la UE no podrán opinar sobre cómo la UE utilizará las capacidades y los sistemas desarrollados, su exportación, etcétera, mientras que la participación de estos sería estudiada para cada programa ad-hoc y requeriría una decisión unánime de los estados miembros de la UE que participasen en el mismo.

Ahora resta por ver si los EE. UU. limitan las restricciones en muchos casos extraoficiales que pesan sobre las empresas europeas y que se sospecha podrían  estar detrás de decisiones como la exclusión del candidato de Rheinmetall a sustituir al Bradley o que han forzado a Airbus a renunciar a presentarse en programas como el del futuro cazabombardero canadiense, pues su política industrial está muy condicionada por la de Washington.