La tormenta perfecta

Una industria de defensa a la deriva

La Tormenta Perfecta. Autor - Chris Clor.

 

La tormenta perfecta

Una industria de defensa a la deriva

 

Por Christian D. Villanueva López

 

No hace tanto tiempo, en la anterior edición de esta web, antes del lanzamiento de nuestra revista, escribía acerca de la necesidad de apoyar políticamente a la industria de defensa, un sector que guste o no y más allá de los prejuicios ideológicos de cada uno, genera decenas de miles de empleos en España, muchísimos de ellos empleos bien remunerados y de alta cualificación. Un sector que, por supuesto, impulsa la investigación -si por algo destaca la industria de defensa es por la innovación constante-.

La industria de defensa supone además para España unas exportaciones que solo en 2017 fueron de más de 4.300 millones de euros. Cifra de ventas al extranjero que ha ido en aumento en los últimos años, es cierto. No obstante, la noticia debe ser matizada, pues el panorama no es en absoluto halagüeño.

  • En primer lugar, se trata de un sector que depende en buena medida de algunos contratos estrella (en nuestro caso la diferencia la marcan los buques vendidos al exterior por Navantia). Es una noticia triste, pues aunque son varias las empresas que por su cuenta logran contratos en el exterior más o menos jugosos, en realidad carecemos de un tejido industrial-militar consolidado y con vocación exportadora.
  • En segundo lugar, los vaivenes del último ejecutivo han perjudicado sobremanera la imagen exterior de España como socio fiable, pues muchos posibles clientes buscan alternativas ante lo que interpretan como una discrecionalidad que casa muy mal con sus intereses. Como es lógico, nadie fía a los cambios de humor del ministro de turno la defensa de sus ciudadanos y menos en un mundo tan competitivo en el que países como Francia o Rusia van con todo a luchar por cada contrato, dejando los escrúpulos (que casan muy mal con la política exterior) totalmente de lado.
  • En tercer lugar, el intento de organizar una feria de armamento en España que sustituyese a la extinta HOMSEC, algo que se ha llevado a cabo en abril en Madrid bajo el título de FEINDEF, ha sido, en el mejor de los casos, un éxito parcial, dada la falta de apoyo financiero por parte del Ministerio de Defensa y la inexistente firma de grandes contratos, algo que es habitual en casi cualquier otro salón internacional. Lo cierto es que el impacto exterior de la feria, en la que TEDAE ha puesto mucho empeño, pero que ha tenido escaso contenido y ninguna novedad reseñable más allá del impresionante ASCOD para ingenieros y alguna torreta para el futuro VCR 8×8, ha sido mínimo. Si la idea era mostrar al único cliente posible (el Ministerio de Defensa de España) los nuevos productos, ha sido -con perdón-, la reunión de tuppersex más cara de la historia.
  • Claro está, seguimos sin un plan estratégico para la industria que sea creíble. Da igual cuanto gastemos en folios, pues sin un marco financiero estable que de cuerpo a las buenas palabras, no dejarán nunca de ser papel mojado.
  • Por último, la actitud del Ministerio de Exteriores en este aspecto, quizá siguiendo una directiva política, o quizá por tradición, es lamentable. El papel de los agregados militares, salvo honrosas excepciones, es nulo. No tenemos presencia alguna en África -salvo en el caso de aventuras empresariales privadas acometidas con un riesgo enorme y sin el más mínimo apoyo diplomático-, ni siquiera en nuestras antiguas colonias como Guinea Ecuatorial, que nos permitirían penetrar en el resto de países de la zona, como sí hace Francia.

En resumen, nuestra industria de defensa sigue, en la mayoría de los casos, a la deriva, centrada en participar en programas que en ocasiones ni siquiera llegan a concluirse, o finalizan con años y años de retraso, pero que al menos aseguran un flujo constante de ingresos. El futuro, sin embargo, no pasa por los programas, sino por los productos. Sistemas cuyo desarrollo hayan acometido las empresas -con o sin ayuda pública, pero asumiendo la mayor parte del riesgo- y que una vez listos para comercializar puedan ser adquiridos por  el cliente final, sea nuestro MinDef, sean clientes extranjeros.

Sin estos productos y sin un apoyo diplomático firme, nuestra industria de defensa seguirá a la deriva, esperando a que la tormenta perfecta que se está fraguando al albur de la PESCO y la consolidación de unos pocos grandes grupos industriales europeos, termine por hundirla, expulsándola salvo en casos residules no solo del mercado exterior, sino incluso del interno, dándole así la puntilla. Se ve en el caso del FCAS, pese a la publicidad que hace el MinDef, a poco que se analice el papel real de España en relación al alemán y especialmente al de una Francia que está haciendo lo que quiere -por que puede y le dejan- con sus socios.

Es algo que hemos podido ver a las claras estos días en el Dubái Airshow, en donde las empresas españolas se podían contar con los dedos de una mano -y sobraban apéndices-, llegándose al punto terrible de que alguna de ellas prefiera ni siquiera ser citada porque eso podría perjudicar sus negocios en España. Frente al despliegue de otras delegaciones, como la árabe, la francesa, la estadounidense, la rusa o la italiana, España ha sido incapaz de ponerse al nivel siquiera de estados como Ucrania, que en una situación deplorable ha sido capaz de reunir los medios para montar su propio pabellón, con sus empresas más representativas.

Aquí, por el contrario, las banderas rojigualdas ni están ni se les espera e incluso las visitas del personal de la DGAM o del embajador se han hecho de tapadillo, prácticamente a título personal y sin gana alguna de servir para promocionar una presencia, la española, que parece en estos tiempos de «perfil bajo» dictado desde Moncloa, algo de lo que avergonzarse aun cuando debería llenarnos de orgullo.