Submarinos OTAN

La debacle del arma submarina en el Viejo Continente

Submarino portugués de la clase Tridente (U-209PN). Foto - HDW
Submarino portugués de la clase Tridente (U-209PN). Foto - HDW

 

Submarinos OTAN

La debacle del arma submarina en el Viejo Continente

 

Por Alejandro A. Vilches Alarcón

 

Durante la primera mitad del siglo XX, los submarinos, o sumergibles, fueron considerados como el arma de aquellas naciones pobres que tenían pretensiones por poseer algún tipo de fuerza naval. El submarino se consideraba un arma defensiva y de bloqueo, así como de protección costera e incluso de infiltración. Era otra época en la que las grandes escuadras de buques de línea, acorazados y cruceros definían el poder naval de una nación y no cabían otro tipo de aproximaciones pese a los numerosos intentos de cuestionar esta idea en base a torpederos, lanchas rápidas o a las ideas de los primeros teóricos del poder aeronaval.

Las actuaciones de los submarinos durante ambas guerras mundiales, en especial en la segunda de estas, sirvieron para redefinir el rol de los submarinos dentro de las flotas de todo el orbe. Los avances tecnológicos que se habían dado en esos años y su aplicación posterior sobre las plataformas submarinas crearían nuevas armas que cambiarían la concepción del poder naval. Hasta los grandes anuarios navales como Jane´s o el francés Flottes de Combat, comenzarían a listar en primer lugar las unidades submarinas por encima de las de superficie. Poco después las fuerzas submarinas pasarían a tener un nuevo rol estratégico, más si cabe, al ser equipados con misiles intercontinentales (SLBM) apareciendo de este modo una nueva categoría de buques.

La aplicación de las nuevas tecnologías en los submarinos, desde los sistemas de propulsión nuclear a las modernas plantas AIP, los avances en cuando a emisiones de ruidos, los torpedos pesados, los nuevos sónares, la electrónica de procesamiento de señales y, como no, el armamento misilístico. Todas estas innovaciones convertirían lo que un día fuera considerado como el arma de las naciones pobres, en un artículo militar de extremo lujo, con un precio en muchos casos acorde a esta consideración. Así es como hoy en día, una nación con la capacidad tecnológica de desarrollar y construir sus propios submarinos es considerada una nación dotada de un alto nivel tecnológico y con grandes capacidades industriales. Un cambio que pocos podían esperar se produjese en apenas unas décadas, cuando la guerra submarina era considerada todavía, durante el periodo de entreguerras, casi una guerra propia de piratas por el propio Almirantazgo británico.

Este artículo pretende hacer una comparación de la situación de las flotas de submarinos de ataque en las naciones pertenecientes a la OTAN en dos momentos clave: El año 1991, cuando todo estaba a punto de cambiar y el derrumbe soviético era inminente, y en la actualidad. Con especial hincapié queremos centrarnos en las naciones europeas de la Alianza Atlántica, ya que nuestro socio del otro lado del Atlántico continúa implementando una gran política de construcción de submarinos a pesar de haber levantado el pie del acelerador en los últimos años. Aún es, sin duda, el respaldo militar sobre el que se apoya la Alianza y donde, llegado el momento de necesidad, todas las capitales europeas miraran a la espera de su apoyo.

Permítanme, no obstante, que me adelante con un comentario; Nuestro país ya vivió una situación parecida a la actual a finales del siglo XIX, cuando un ilustre militar patrio que no requiere de más comentarios -Isaac Peral- ofreció a la Armada Española la posibilidad de construir submarinos en exclusiva, posibilidad que fue rechazada. Poco después llegaría la debacle definitiva y los restos de nuestro imperio se perderían frente a la superior potencia naval de los EEUU, como es por todos conocido. Lo que se pasa muchas veces por alto es que nuestros propios contrincantes en aquella contienda reconocerían que, en el caso de haber poseído España unas pocas unidades del invento de Peral en sus puertos coloniales, la US Navy no lo habría tenido tan fácil. ¡Quién sabe que derroteros hubiera podido tomar aquel conflicto de haber invertido en el momento adecuado en una nueva arma tan prometedora!

Es opinión de este autor que hoy día vivimos en Europa un momento parecido, con sus matices, cierto es. Así, el desconocimiento generalizado por parte de la opinión pública acerca de los asuntos militares lleva a los ciudadanos -y a algunos representantes políticos a los que cabría suponer mejor informados- a plantearse la necesidad de mantener flotas de combates. Cuánto más se cuestiona la necesidad de mantener operativos costosos submarinos cuyas misiones no suelen ser publicitadas, ni sus unidades son vistas navegando por los mares y océanos. En este sentido, tal vez el gran éxito de los submarinos -la discreción- sea también su gran enemigo en estos tiempos de información instantánea. Esperemos que, al igual que 1898, no tengamos que arrepentirnos en unas décadas de nuestra dejadez a la hora de invertir ahora que todavía está en nuestra mano diseñar y construir submarinos de primer nivel.

Por último, antes de comenzar, hemos de aclarar que este análisis se centrará exclusivamente en los submarinos de ataque occidentales (SS/SSK/SSN) excluyendo de él los submarinos balísticos (SSBN) que, aunque obviamente representan esfuerzos en inversión tecnológica y capacidades industriales, poseen una misión militar completamente diferente de los anteriores. Por ello, en una evaluación operacional de las capacidades de guerra naval de una nación, los SSBN se contabilizan dentro de los recursos de ataque estratégico nuclear y no como parte de las unidades de ataque de la flota.

El Reino Unido, a pesar de su complicada situación política, está poniendo todo de su parte para mantener unas capacidades submarinas sobresalientes. En la imagen, una SSN clase Astute. Foto – BAE Systems.

 

 

EL PUNTO DE PARTIDA: 1991

Hasta 1991 -y desde el fin de la II Guerra Mundial-, los miembros de la Alianza Atlántica estuvieron trabajando con el supuesto de un conflicto, más o menos inminente e ineludible, contra la potencia antagonista de aquel entonces; la Unión Soviética. Dicho conflicto, aunque con una clara primacía terrestre, tendría una vertiente naval de importancia ineludible. La URSS, con una flota precisamente basada en submarinos, iba a amenazar las vitales comunicaciones en el Atlántico Norte entre las naciones Aliadas, a la par que pretendía cerrar el acceso de dichas flotas a los mares al norte de Islandia. Para enfrentar la estrategia soviética, la OTAN llevaba décadas desarrollando diferentes vertientes de la guerra ASW. No obstante, su principal apuesta a la hora de cazar y hundir a sus contrapartidas soviéticas consistía en los propios submarinos.

Desde finales de la II Guerra Mundial, la inversión en la construcción y diseño de submarinos no tuvo freno. Alentada por una inversión pública que entendía dichas unidades como la salvaguarda de su propia existencia física, llegado el caso de una nueva confrontación. De las naciones integrantes de la OTAN tan solo una de ellas, Bélgica, carecía de submarinos en su flota desde hacía muchos años por decisión propia, que no por una incapacidad financiera. Simplemente había decidido que la función de su pequeña flota debía estar centrada en la guerra contra minas. No fue más que un caso puntual, pues todas las demás naciones de la Alianza Atlántica poseían submarinos operativos en sus flotas, y lo que es más importante, mantenían abiertos importantes programas de I+D y de construcción para sustituir las unidades por entonces en servicio por otras más modernas y capaces.

En la Tabla I podemos ver la constitución de las flotas de submarinos OTAN por país, según los datos extraídos del anuario World Fighting Ships del US Navy Institute en su edición de 1991. Como podemos observar, las fuerzas submarinas disponibles en la OTAN superaban ampliamente los dos centenares de submarinos. Eso sí, deben tenerse en cuenta las consideraciones particulares de naciones como los EEUU, Canadá o Gran Bretaña, que distribuían sus unidades entre los diferentes teatros de operaciones- En cualquier caso, como número global nos puede dar una idea muy general de cuáles eran las reservas estratégicas con las que podían contar los planificadores de la Alianza. Es de reseñar que la primacía de la US Navy era indiscutible, aportando tan solo ella casi la mitad del total de submarinos disponibles. Esto es lo que una nación logra cuando invierte en el diseño, construcción, mantenimiento y logística de su flota. En cuanto a los actores europeos de la Alianza, tres naciones destacan por encima de todas las demás: Alemania, Francia y Gran Bretaña.

La primera de ellas, en aquella época todavía República Federal Alemana, había reconstruido su industria y capacidades y se había lanzado a la construcción de submarinos convencionales de buenas calidades y capacidades. Sus nuevos U-boat no solo equipaban a su propia flota, sino que desde hacía años eran un éxito de exportación a nivel mundial. Era, puede decirse, el fruto de las semillas sembradas décadas atrás. Unas semillas que todavía hoy siguen ofreciendo jugosos rendimientos. Tenemos pues que la Alemania de Bonn mantenía una potente escuadra de 24 submarinos convencionales a los que correspondería hacerse cargo de la estrategia de la OTAN de enfrentarse a las fuerzas soviéticas en el Báltico, así como en el Mar del Norte y en Noruega.

Francia, que durante años se mantuvo fuera de la estructura de la OTAN y aposto por desarrollar e invertir en una Industria de Defensa propia, mantenía una importante flota de submarinos nucleares y convencionales. Además, al haber invertido en dicha industria por considerarla estratégica e indispensable para mantener su independencia política, diplomática y militar, poseía en su haber -al igual que Alemania- diversos éxitos de exportación en el campo de submarinos convencionales. Su fuerza de 16 submarinos era una flota muy a tener en cuenta en el Teatro de Operaciones del Atlántico, así como en el Mediterráneo y en zonas más alejadas en las que mantenía intereses, caso del Índico.

Tabla I. Constitución de las flotas de submarinos OTAN en 1991.
País SSN SS Clases Operativas Programas en curso
Bélgica 0 0 Ninguno
Canadá 0 3 SS SS Oberon Submarinos Nucleares
Dinamarca 0 5 SS SS Type 205 y 207
Francia 4 SSN 12 SS SSN Rubis, SS Agosta, Daphne y Narval Submarinos Nucleares
Alemania 0 24 SS SS Type 205 y 206 Submarinos Convencionales
Grecia 0 10 SS SS Guppy y Type 209 Submarinos Convencionales
Italia 0 10 SS SS Nazario, Totti y Pelossi Submarinos Convencionales
Holanda 0 5 SS SS Zwaardris y Dolfjin Submarinos Convencionales
Noruega 0 10 SS SS Type 207 Submarinos Convencionales
Portugal 0 3 SS SS Daphne
España 0 8 SS SS Agosta y Daphne Submarinos Convencionales
Turquía 0 15 SS SS Guppy, Tang y Type 209 Submarinos Convencionales
Gran Bretaña 17+1 SSN 11+3 SS SSN Trafalgar, Swiftsure, Valiant y SS Oberon y Upholder Submarinos Nucleares
EEUU 85+20 SSN 0 SSN Los Angeles, Sturgeon y Permit Submarinos Nucleares
TOTAL 106+21 SSN 116+3 SS

Gran Bretaña, la otrora gran potencia naval y ahora principal aliado de los EEUU, mantenía su tradición de contar con una importante flota, equilibrada en su composición y con proyección mundial dentro, eso sí, de los presupuestos de Defensa disponibles, menguantes, pero aún amplios. Era la única nación que aún mantenía dos poderosas flotas de submarinos nucleares y convencionales, a la par que continuaba construyendo ambas clases de unidades. Además, a pesar de que la exportación de submarinos no estaba tan desarrollada como en Alemania o Francia, sus transferencias de unidades a naciones de la Commonwealth revestían todavía gran importancia. En 1991 todavía 28 unidades estaban operativas con la Royal Navy y, junto a la US Navy, era de las pocas flotas que regularmente desplegaba submarinos de ataque en las latitudes más norteñas del Atlántico destinadas al seguimiento y espionaje electrónico en el Mar de Barents de las unidades de la Flota del Norte Soviética.

En el Teatro Mediterráneo, aparte de las naciones que comparten la fachada Atlántica -España y Francia- naciones como Turquía, Grecia e Italia, mantenían un importante despliegue de unidades de 15, 10 y 10 unidades respectivamente. Grecia y Turquía, debido a particularidades históricas y políticas, mantenían también importantes flotas de submarinos, con unidades en su mayor parte provenientes de los programas de ayudas de los EEUU, aunque cada vez más tendían a comprar nuevas unidades de diseño germano. Italia -también en colaboración con Alemania- construía diseños relativamente autóctonos además de contar con el apoyo de la VI Flota estadounidense, que siempre contaba con algunos SSN en su despliegue. Sin duda, las fuerzas soviéticas en este teatro, provenientes en su mayoría de la Flota del Mar Negro e integradas dentro de la 5ª Eskadra, sabían que su estrategia se basaría en la Batalla de la Primera Salva, ya que su supervivencia, en un mar tan cerrado y controlado por medios Occidentales, era más que dudosa en el mejor de los casos.

El aporte del resto de naciones no puede tomarse a la ligera visto en conjunto. Canadá tan solo mantenía un submarino en su costa Atlántica, mientras que Dinamarca mantenía 5 unidades en los estrechos del Kategatt y Skagerakk en previsión de una ruptura por parte de la Flota del Báltico Soviética tratando de burlar el bloqueo aliado. Holanda, con una importantísima industria naval, mantenía 5 submarinos de novedoso diseño y prestaciones. Noruega, por su parte, en tanto era una de las naciones más inmediatamente amenazadas en caso de conflicto, había mantenido la firme voluntad política de mantener su capacidad de construcción naval a toda costa -aunque el diseño escogido fuera de proveniencia germana- y contaba con una decena de SS Type 207.

En definitiva, las naciones europeas de la OTAN -esto es, excluyendo a EEUU y Canadá- poseían unas flotas de submarinos combinadas de 116 SS y 21 SSN. Unas fuerzas nada desdeñables cuya composición, en relación al país de origen de cada unidad, puede observarse en el Gráfico I.

Como muestra el gráfico, la composición de la flota de submarinos en aquel momento estaba fuertemente condicionada por la masiva presencia de submarinos estadounidenses tanto en la US Navy como en los estados que habían recibido cesiones de material militar americano. Los tres países clave en el Viejo Continente -Francia, Gran Bretaña y Alemania-, por su parte, mantenían el pabellón bien alto en cuanto a unidades fabricadas en sus solares patrios sirviendo en las flotas de otras naciones. De hecho, si esta misma idea la extrapolamos a la Flota OTAN exclusivamente de unidades de diseño y construcción europeas, las tres naciones mencionadas copaban por completo la flota europea de submarinos en servicio en aquel momento, con especial preponderancia de Alemania, pues de las mesas de diseño germanas procedían el 23% de los submarinos de la flota OTAN, cifra que se elevaba hasta el 42% en el caso de la Flota OTAN Europea.

Submarino portugués de la clase Tridente (U-209PN). Foto - HDW
Submarino portugués de la clase Tridente (U-209PN). Foto – HDW

 

 

LA FLOTA SUBMARINA DE LA URSS EN 1991

Hay que explicar que en aquellos años el gran enemigo a batir, o al menos el principal a tener en cuenta, era la Flota de la Unión Soviética, cuyo componente ofensivo estaba precisamente constituido por unidades submarinas de todo tipo y en gran número. Una URSS que había mantenido la política de construcción de submarinos en grandes cantidades bien fueran submarinos convencionales (SS), submarinos de ataque nucleares (SSN) y submarinos de ataque nucleares lanza misiles (SSGN).

La Flota Soviética, centrándonos en lo que nos atañe, enfrentaba tres de sus principales Flotas contra la OTAN: La Flota del Norte, la Flota del Báltico y la Flota del Mar Negro. Fuerzas de consideración que se complementaban con una poderosa Aviación Naval y con sus cada vez más nutridos y modernos grupos de superficie. Respecto a la composición de sus unidades submarinas, era la siguiente.

No es necesario señalar que la amenaza soviética constituía un desafío de primera magnitud para los recursos disponibles de la OTAN, pues los socios europeos de la Alianza aportaban alrededor de 130 submarinos disponibles sí, pero los recursos de Estados Unidos -y en realidad también de otros como Canadá, Reino Unido o Francia- debían repartirse en otras áreas del globo, como el Pacífico y el Índico, lo que podía llegar a crear una paridad táctica en cuanto a unidades desplegadas. No debemos perder de que la Flota Soviética desplegaba también en su Flota del Pacifico otras 88 unidades.

Pese a todo, las fuerzas combinadas de la OTAN y de las naciones aliadas no pertenecientes a dicha organización creaban unas fuerzas operativas disponibles lo bastante equilibradas como para poder sentirse seguras de no ser sobrepasadas en los primeros compases de un hipotético conflicto. Muy al contrario, las fuerzas submarinas aliadas, centradas en su función ASW, podían estar cerca de una paridad táctica en casi cualquier escenario e incluso en situación de clara ventaja, pues el número de unidades no es sino una parte de la ecuación.

 Tabla II. Submarinos de ataque de la URSS en 1991.
Norte Báltico Mar Negro Total
SSGN/SSG 35 3 2 40
SSN 50 0 0 50
SS 29 34 20 83
Total absoluto 173

El lector ha de tener en cuenta aspectos como la electrónica de los sistemas de sónar o de procesamiento de señales y el entrenamiento de las tripulaciones. La OTAN, con una marcada preeminencia de las escuelas anglosajonas, mantenía un exigente nivel de operatividad, de disponibilidad y de entrenamiento de sus unidades submarinas. La URSS, por el contrario, aunque mantenía importantes despliegues de unidades, poseía una ratio de entrenamiento y días de mar por unidad, inferior a Occidente. Es cierto que poseía, cada vez en mayor grado, de plataformas tecnológicamente avanzadas, como podían ser los Alfa o los Akula, pero también que sus despliegues eran en general menores a sus contrapartidas de la OTAN y que el entrenamiento y la formación de sus tripulaciones también adolecían de deficiencias frente a las occidentales, descansando toda la responsabilidad de la operación de sus buques sobre una oficialidad sobrepasada de funciones, muchas de las cuales en Occidente eran asumidas por suboficiales.

Buena parte de la explicación a la superioridad tecnológica occidental reside en la existencia de una importante industria civil -en los sectores informático y electrónico- que obligaba a las empresas a proveer de novedades y avances tecnológicos, inmediatamente adoptados por las empresas del complejo militar-industrial. De esta forma, las Marinas de la OTAN estaban continuamente mejorando sus capacidades en campos clave como los sistemas de escucha submarina, el procesamiento de señales o los ordenadores de control de fuego, situándose muy por delante de la Flota Soviética. La industria soviética, centrada en las necesidades militares y carente del dinamismo de la industria civil occidental, inmersa en la revolución informática, tenía problemas para seguir el ritmo de las innovaciones, pese a sus grandes logros. Esta diferencia cualitativa de extrema importancia.

Submarino S-80
Infografía del futuro Submarino S-80 de la Armada Española. Fuente – Armada Española

 

 

LOS PROGRAMAS NAVALES EN 1991

Como todo sistema de armas, los submarinos modernos deben diseñarse con décadas de antelación, dado lo complejo de las tecnologías en ellos empleadas. Los días en que los submarinos eran plataformas utilizadas por naciones pobres con aspiraciones navales llegaron a su fin. Hoy en día se han convertido en complejos y caros sistemas de lenta construcción que involucran a decenas -cuando no cientos- de empresas y que deben ser planificados dentro de los programas estatales como auténticas primas donnas, debido al esfuerzo que representan sobre los presupuestos de la nación.

En 1991, a diferencia de lo que ocurre hoy en día, no había ningún titubeo a la hora de invertir en el diseño y construcción de submarinos. Todo lo contrario, pues aquellas naciones que habían mantenido unas flotas de medianas prestaciones aspiraban a tener submarinos de primera línea, mientras que aquellas que habían comprado sus buques en el extranjero, aspiraban a la transferencia tecnológica indispensable para poder construirlos en sus propios astilleros.

Sin ir más lejos, Gran Bretaña, que mantenía la mayor flota de submarinos tras los EEUU. poseía abiertas varias líneas de trabajo en torno a sus submarinos de ataque: Estaba construyendo la clase de SSN Trafalgar prevista en 7 unidades a la vez que la clase SS Upholder de 4 unidades para reemplazar a los SS Oberon y mantener este tipo de buques en activo con la flota. Todo mientras se trabajaba en el diseño de una nueva clase de SSN de 5.200 toneladas destinada a reemplazar a los SSN de la clase Valiant a finales de siglo y se estaban modernizando los seis SSN Swiftsure mejorándolos con reducciones en su firma acústica, incluyendo la capacidad de lanzamiento de SSM Harpoon y un nuevo sonar remolcados. La palabra ambicioso se queda corta para definir los planes de la Royal Navy.

Francia, por su parte, había decido continuar con la construcción de los SSN clase Rubis mejorada, a la par que invertía en el desarrollo de nuevos sónares remolcados. Si por aquel entonces aún mantenía submarinos convencionales de ataque en servicio, la Marine Nationale ya había decidido que en el nuevo siglo solo operaría SSN, dándose sin embargo la paradoja de que, como nación, mantenía un importante programa industrial de I+D de SS. Huelga decir que su Armada se beneficiaría de los resultados de estos desarrollos, pero con cargo a los programas de exportación a otras naciones. Un planteamiento que se demostraría francamente beneficioso.

La República Federal Alemana sí había pospuesto ya en aquellos años la renovación de su flota submarina por cuestiones políticas y económicas, a pesar de lo cual tenía en curso un programa destinado a modernizar 12 de sus más modernos submarinos con nuevos equipos de comunicaciones, torpedos y sonar. Dicho programa ayudaría a consolidar parte de su industria asociada a la construcción naval y, como en el caso de Francia, se haría con un importante componente de exportación exterior de dichas plataformas.

Canadá, por desgracia para sus aspiraciones navales, acababa de descartar la posibilidad de equiparse con hasta 12 SSN en el marco de un proyecto frustrado en el que los modelos de Francia y Gran Bretaña eran los principales candidatos a la hora de hacerse con el contrato. Resulta sorprendente -y muy ilustrativo- ver a qué han quedado reducidos hoy los antaño grandiosos planes navales del país norteamericano. Más no adelantemos acontecimientos.

El resto de miembros de la OTAN tampoco estaba quieto. Holanda mantenía la construcción de sus SS Walrus con la idea de sustituir sus antiguos Dofjin en una lógica directa para mantener una fuerza operativa y válida. Turquía y Grecia reclamaban a Alemania nuevos diseños y pedidos para mantener sus numerosas flotas de submarinos. Nuestra nación, España, aunque estaba en proceso de modernización de sus 8 unidades de procedencia francesa, estaba ya trabajando en la siguiente clase y se barajaban cantidades que iban desde las 8 unidades hasta las 12 unidades…

La US Navy, que debe ser tratada casi aparte por el tamaño de su programa, hacía sombra a la totalidad de lo planteado por sus Aliados. Satisfecha como estaba con su SSN Los Angeles -considerado el mejor submarino de ataque nuclear de su momento-, aún mantenía en activo más de 40 unidades de las antiguas clases Sturgeon y Permit, con la clara idea de sustituirlas por unidades de la nueva clase. En aquellos días se planteaba alargar la serie por encima de las 60 unidades, con 40 comisionados en la flota y ordenes por otras 20 unidades. No contentos con esto, se había aprobado la construcción de 9 unidades de la nueva clase SSN Seawolf, aún era más avanzada. Unas previsiones para la flota sin igual, a las que deben sumarse los numerosos programas de modernización de equipos y armamento que permitían mantener sus submarinos de ataque como la punta de lanza de sus unidades navales debido al rol ofensivo en aguas hostiles que debían llevar a cabo.

Podemos observar por lo tanto una clara y manifiesta voluntad política por parte de todos los gobiernos de la Alianza Atlántica por mantener flotas de submarinos de ataque operativas, modernas y entrenadas para su misión. No solo las pequeñas naciones se equipaban con submarinos costeros, como cabría esperar en otro escenario, sino que sus unidades eran diseñadas y construidas orientándose hacia la misión que la Alianza les asignaba como parte integral de sus fuerzas.

En este sentido, Europa mantenía una magnífica capacidad de diseño y construcción de submarinos gracias a naciones con una amplia y antigua tradición en dicho campo como eran los casos de Gran Bretaña, Alemania, Francia, España, Holanda, Italia y Noruega. La industria competía entre ella con el fin de desarrollar nuevos modelos y capacidades para satisfacer a sus flotas nacionales en primer lugar, y con un ojo puesto en la exportación. Esto último nunca debía perderse de vista ya que representaba no solo ingresos para la nación, sino también una multiplicidad de las plataformas patrias que redundarían en el desarrollo de nuevos equipos y de futuras modernizaciones de los propios buques, con una reducción en el coste de la vida operativa de cada unidad, independientemente de que lo fueran con la flota patria o con algún cliente extranjero.

Uno de los aspectos en que los submarinos del futuro, especialmente los estadounidenses, mejorarán, será el de la capacidad para la lucha ártica.

 

 

LOS CAMBIOS DE 1991

La caída del bloque del Este conllevaría un cambio sustancial en la propia OTAN, teniendo en cuenta que el principal objetivo de la Alianza Atlántica era hacer frente a una agresión por parte de una nación que había dejado de existir. La OTAN necesitaría años para reinventarse y encontrar un nuevo marco de actuación. En este proceso de redefinición, una de las acciones más claras llevadas a cabo por la OTAN fue la de incrementar el número de países que la conformaban incluyendo a antiguas naciones que habían formado parte del Pacto de Varsovia, dándoles cabida en una nueva estructura más grande y más expansiva geográficamente.

Las Armadas de cada nación también sufrirían. De entrada, los presupuestos militares de todas las naciones se vieron inmediatamente reducidos, ante la idea generalizada de la paz mundial y de la ineficacia de los grandes y caros sistemas navales de combate que componían las flotas de guerra. ¿Qué necesidad existía de mantener submarinos o portaaviones si ya no había amenaza soviética? Patrulleros y fragatas se podían entender con un claro hálito de guardacostas o protección ante la inmigración, o si acaso, de despliegue de las fuerzas un poco más allá de las costas. Sin embargo, la actitud generalizada, como ocurrió brevemente tras la II Guerra Mundial, era la de repartir los dividendos de la paz a costa de una profunda desmilitarización.

De todas las fuerzas armadas de la Alianza, las que más sufrirían entre las naciones europeas serían las fuerzas navales y, dentro de estas, las fuerzas submarinas. Tan solo Gran Bretaña, con su centenaria tradición naval, trataría de mantener una flota digna, aunque esto le obligaría, en determinados momentos a perder incluso sus portaaviones. El resto de naciones no desguazaría sus buques de una manera inmediata, pero si recortaría drásticamente sus recursos asignados al entrenamiento y a la modernización de sus unidades.

Si para la opinión pública europea era difícil entender entonces la necesidad de portaaviones o destructores, en el caso de los submarinos esto se elevaba a la enésima potencia. Los portaaviones y las fragatas navegan en superficie, se sabe aproximadamente donde están desplegados y se les ve lanzar misiles y cañonazos. Participan en bloqueos internacionales (Yugoslavia) o acciones humanitarias o antipiratería, pero… ¿y los Submarinos? Lo cierto es que, si la opinión pública no los ve y no percibe su utilidad, la clase política tampoco hace el más mínimo esfuerzo, en términos generales, por convencerla de lo contrario. De esta forma, si el costo de un submarino es de por sí enorme, la clase política se complace reduciendo sus días de mar y, si nadie se queja, da un paso más eliminando el mantenimiento de vida media y así sucesivamente hasta que la fuerza de submarinos de una nación desaparece.

Submarino Proyecto 636.6 Krasnodar, de la clase Kilo, fotografíado por el HMS Somerset durante su paso por el Canal de la Mancha. Foto – Royal Navy

 

 

LA SITUACIÓN EN 2018

Como ya hemos dicho, el número de naciones OTAN se ha incrementado y, como consecuencia, también lo han hecho las responsabilidades de defensa y área de actuación, lo cual no significa que las fuerzas asignadas a dichas tareas lo hayan hecho de una forma proporcional. Tan solo los Estados Unidos han mantenido una política submarina equiparable a la seguida durante la Guerra Fría.

Los programas navales submarinos se habían ralentizado y frenado en todo el Viejo Continente durante los años 90. Se había invertido en nuevas plataformas de ataque basadas en la tecnología -sin terminar de desarrollarse por completo- AIP, que venía a ser la panacea tecnológica que en la década de los 50 había representado la propulsión nuclear para estas mismas plataformas, pero sin las enormes inversiones económicas y problemas políticos asociados. En cualquier caso, la tendencia, como puede verse en la Tabla III, ha sido la de una fuerte reducción.

Basta un rápido vistazo para darse cuenta de que la situación en estos años no ha sido nada halagüeña. La construcción y disponibilidad de unidades submarinas, tanto nucleares como convencionales, se ha reducido hasta aproximadamente el 50% de la flota disponible en 1991, aunque hay más detalles que hemos de tener en cuenta y que nos indican las posibles tendencias de este sector, así como los posibles riesgos a los que se enfrentan las flotas, de continuar por este camino. Veamos, antes de analizar la situación, algunos casos que pasaran a la historia casi como algo único y que, en un futuro, seguramente sean decisiones que puedan ser muy criticadas, y quien sabe si hasta revocadas, llegado el caso.

 Tabla III. Submarinos de la OTAN en 2018.
Pais SSN SS Clases Operativas Programas en curso
Albania 0 0 Ninguno, poseyeron submarinos soviéticos anteriormente.
Belgica 0 0 Ninguno
Bulgaria 0 0 Ninguno
Canada 0 4 SS SS Victoria, ex Royal Navy ¿?
Croacia 0 0 Ninguno
Dinamarca 0 0 Ninguno
Estonia 0 0 Ninguno
Francia 6 SSN 0 SSN Rubis Submarinos Nucleares
Alemania 0 6 SS SS Type 212 Submarinos Convencionales
Grecia 0 11 SS SS Type 209 y Type 214 Submarinos Convencionales
Italia 0 7 SS SS Nazario y Type 212A Submarinos Convencionales
Letonia 0 0
Lituania 0 0
Holanda 0 4 SS SS Walrus Submarinos Convencionales
Noruega 0 6 SS SS Ula Submarinos Convencionales
Polonia 0 5 SS 4 SS Type 207 y 1 SS Kilo
Portugal 0 2 SS SS Type 209PN
Rumania 0 1 SS SS Kilo
España 0 3 SS SS Daphne Submarinos Convencionales
Turquia 0 12 SS SS Type 209 Submarinos Convencionales
Gran Bretaña 7 SSN 0 4 SSN Trafalgar y 3 SSN Astute Submarinos Nucleares
EE.UU. 52 SSN/SSGN 0 SSN Los Angeles, Virginia, Seawolf y SSGN Ohio Mod Submarinos Nucleares
TOTAL 65 SSN 61 SS

En primer lugar, Dinamarca, una nación comprometida con el proyecto europeo y con la colaboración trasatlántica y con una posición de bloqueo clave en la estrategia marítima del continente. Este pequeño país, que mantuvo una fuerza de submarinos superior en algunos momentos incluso a las dotaciones de tripulantes que tenía entrenadas, ha dado un giro de 180 grados a su política naval. Las dificultades presupuestarias -y la escasa voluntad política- le llevarían en las dos últimas décadas a tener que prescindir de importantes recursos militares para poder mantener el resto de unidades de sus fuerzas armadas. Precisamente, se decidió eliminar por completo la fuerza submarina. Decisión desde luego polémica, pero acatada y a día de hoy ejecutada por todas las partes implicadas.

Canadá, que como hemos señalado incluso coqueteó con la idea de dotarse de una flota más que numerosa de SSN, finalmente se decidió por comprar unidades convencionales a su antigua metrópolis -el Reino Unido-, en un programa también polémico. La Royal Navy le vendería cuatro unidades de la clase Upholder, diseñados en la década de los 70, en un contrato gubernamental muy discutido no tanto por el costo, sino por la relación entre la calidad y el estado de las unidades que se compraban.

A lo largo de la década de los 2000 las cuatro unidades fueron puestas a punto por la Armada Canadiense sufriendo en el proceso importantes accidentes, como el ocurrido a la última unidad durante su traslado desde Faslane hasta Canadá, en la que lamentablemente perecería un miembro de la tripulación. Finalmente, Canadá desplegaría la mayoría de sus unidades -3 de 4- en la costa del Pacifico, dejando claro donde sentían que iba a ser el nuevo escenario de conflictos internacionales, aunque sin descartar los despliegues en su costa atlántica. A pesar de que la clase Victoria, como son conocidos actualmente, está en buenas condiciones operativas y se ha invertido mucho en sus tripulaciones y equipos, se continúa discutiendo sobre la siguiente generación de submarinos canadienses, y sigue siendo muy fuerte la presión para que dichas nuevas unidades sean de propulsión nuclear, la mejor opción para su operación en el escenario Ártico, donde sus intereses nacionales son importantes y donde sus competidores poseen dichas plataformas. Pero no perdamos de vista que de una flota estimada en una docena de nuevos SSN, este país quedo con 4 SS con bastantes años de antigüedad y que han requerido una importante inversión… ¡al menos no siguieron el ejemplo danés!

Las naciones bálticas, aunque pequeñas y provenientes de la esfera de influencia soviética/rusa, siempre habían poseído una larga tradición marinera y en determinados momentos habían estado equipadas con unidades submarinas. La adopción de sistemas democráticos y la racionalización de sus recursos económicos no les permite equiparse con submarinos modernos, dado su coste. De cualquier manera, estas naciones, con psicosis o no hacia una injerencia rusa en sus territorios -algo que tras lo acaecido en Crimea no es en absoluto descartable- es posible que terminen reforzando sus fuerzas armadas y a lo largo de la próxima década terminen por equiparse con estos ingenios.

Respecto a las demás naciones del antiguo bloque del Este, como Albania, Croacia, Bulgaria, Rumania y Polonia, todas ellas con importantes contingentes y responsabilidades navales por las mismas razonas que los Estados Bálticos, se han visto en su mayor parte obligadas a renunciar a sus fuerzas submarinas. Rumanía mantiene de forma testimonial una antigua plataforma soviética de la clase Kilo -que no deja de ser una interesante anécdota histórica- y únicamente Polonia ha sido capaz de rehacer y adaptar sus fuerzas submarinas gracias al fuerte apoyo de su vecina Alemania. Hoy en día mantiene una escuadra de 4 SS de diseño germano -lo que también constituye anécdota histórica, pero comprensible debido a los lazos históricos y de vecindad que ahora les unen- y un antiguo SS clase Kilo, que se supone fuera de servicio.

No podemos dejar de incidir en que, para cualquier nación, el hecho de renunciar a su fuerza submarina tiene como consecuencia perder décadas de conocimientos tecnológico, operativo y de entrenamiento. De esta forma, por más que en un futuro, debido a las nuevas amenazas o a una situación de bonanza económica, se decidiera volver a crear y dotar a su flota con unidades submarinas, su implementación desde cero, al haber perdido al personal experimentado y entrenado, sería tan costosa que probablemente se rechazaría. No hay más que ver los problemas que está teniendo España dados los retrasos en la incorporación del S-80, para mantener su saber hacer.

Volviendo a las grandes armadas del continente, tenemos el caso de Gran Bretaña, que se vio obligada a hacer fuertes ajustes en su flota con la idea de volver a equipar a la Royal Navy con portaaviones y aviación de ala fija embarcada -clase Queen Elizabeth-. La lección aprendida en las Malvinas, provoco en la opinión pública la clara decisión de mantener la flota más poderosa que sus recursos les pudieran permitir y, aunque renunciaron a la construcción de submarinos convencionales, concentraron todo su potencial en la construcción de unidades SSN, más costosas, sí, pero también en teoría, más versátiles y con una mayor disponibilidad, además de más adecuadas para proyectar el poder naval británico a nivel global, pues mantienen importantes intereses en lugares tan distantes como el Índico, el Caribe o el Atlántico Sur.

La Royal Navy ordenó, antes de 1991, el diseño de la clase sucesora de los SSN Trafalgar, cuando el coste no era un punto decisivo para nadie. Posterior a 1991 se decidió todo lo contrario. El programa ha sido, y es, duramente criticado por los altos costes inesperados que ha sufrido, que por otro lado deben tenerse como lógicos, ya que la nueva clase, SSN Astute, iba a ser inicialmente una mejora de los Trafalgar y paso a convertirse en un nuevo diseño. Actualmente el programa cuenta con 7 unidades planteadas, 3 de ellas entregadas ya a la Royal Navy, que aún mantiene 4 SSN Trafalgar en activo y que irán siendo dadas de bajas en relación 1 a 1 con sus sustitutos. Una ratio de reemplazo que pocos países pueden permitirse.

Pero si la ratio de reemplazo es notoria -y dice mucho del interés británico en mantener su armada-, no así las últimas acusaciones de la operatividad de la flota. Según informaciones aparecidas en la prensa británica en el primer trimestre del 2017, toda la flota de SSN estaría fuera de servicio. Los 4 Trafalgar estarían en diferentes estados de mantenimientos e incapacitados para patrullas de combate al haberse recortado los presupuestos de mantenimiento por estar al final de su vida operativa. De los 3 nuevos Astute, el Ambush sufrió un choque en el estrecho de Gibraltar en el verano del 2016 que le mantiene en reparaciones, mientras el Astute estaría en pruebas del astillero y de la propia tripulación, aun no comisionado oficialmente.

Alemania, que tras 1991 absorbió a la República Democrática, también apostó por drásticos recortes en materia de defensa dado el coste de la integración y la reducción de las amenazas. Actualmente mantiene una flota de 6 SS Type 212 y está prevista la adquisición de otras dos unidades a lo largo de la próxima década. Asimismo, desde 2013 la Marina Alemana y la Holandesa vienen tratando de integrar sus operaciones submarinas como la logística de compras de sus unidades al objeto de reducir los costes operativos.

La pérdida de 18 submarinos en las aguas del Báltico es notable. ¿Ha sido esta reducción de unidades racional? Probablemente con la inclusión de las naciones Bálticas y de Polonia en la OTAN, Alemania pueda prescindir de gran parte de su flota en este escenario, pasando a ocupar responsabilidades en otras áreas más lejanas y llenando el hueco dejado por otras flotas, como su vecina la danesa. A pesar de todo, Alemania sigue manteniendo la idea de incrementar sus unidades submarinas, y espera alcanzar en el plazo medio la docena de submarinos, demostrando una voluntad política que se ha visto reforzada por las desavenencias con EE. UU. tras la llegada de Trump al poder. La actual fuerza submarina germana no deja de ser una fuerza más que considerable si tenemos en cuenta que sus unidades están reconocidas como de las mejores del mundo en cuanto a tecnología y capacidades. Su actitud, sin embargo, se comentará un poco después más ampliamente, pues que tiene una muy importante segunda lectura para el país, su industria y para Europa en general.

La República Francesa también se vio abocada a recortes en sus fuerzas navales. Al igual que el Reino Unido, su mayor inversión, aparte de mantener una fuerza creíble de SSBN, era la de construir y mantener el primer portaaviones nuclear europeo, cosa que lograron con éxito y décadas antes que sus vecinos del otro lado del Canal de la Mancha. El país galo tomó la decisión gubernamental de dejar de construir submarinos convencionales para su propia flota y, sin embargo, mantendría una potente industria local que desarrollaría y mantendría submarinos convencionales para sus clientes extranjeros, manteniendo la capacidad de poder volver a construirlos para sí misma llegado el caso. Asimismo, los sistemas comunes entre SSN y SS reparten sus costes entre las diferentes naciones que operan plataformas galas, pudiendo la Marine Nationale reducir sus costes de adquisición y mantener un importante programa de I+D en sistemas navales.

La Marine Nationale mantiene en servicio 6 unidades de la clase Rubis, que son el diseño con el que ya estaba trabajando en 1991. Las notables capacidades tecnológicas del país hacen que dichos submarinos y sus plantas nucleares sean considerados como de máximo nivel tecnológico, aunque reducidas en número. El poder político francés, consciente de la importancia de sus capacidades navales, abrió un nuevo programa para la sustitución de los Rubis, en ratio de 1 a 1, por los nuevos SSN clase Barracuda. La primera unidad se espera entre en servicio a lo largo de este año, mientras que dos nuevas unidades tienen ya sus quillas puestas en los astilleros.

A la par que ejecuta dicho programa, la Industria local continúa vendiendo sus productos -como el Scorpene- a diferentes países, mientras opta a incrementar dichas ventas con nuevas unidades a Canadá, así como países de Oriente Medio y el Sudeste Asiático. Todo tras anotarse un gran tanto con el contrato australiano, basado en el Barracuda pero con propulsión convencional. Lo cierto es que Francia es en este aspecto, junto a Alemania, la única nación europea que muestra una buena salud en cuanto a su programa de construcción naval de submarinos, algo que en el caso francés es, además, extensible al resto de plataformas navales.

En el Mediterráneo Oriental, Grecia y Turquía, han sido las únicas naciones europeas que han mantenido sus capacidades submarinas prácticamente al mismo nivel de la Guerra Fría. Aunque la disponibilidad de sus plataformas, dada la situación económica -especialmente la griega- es puesta en tela de juicio. Lo curioso de estas naciones, que suponen la reserva real de la OTAN en dicho aspecto -contando con más de una veintena de submarinos- es que han comprado sus plataformas al mismo proveedor, siendo ahora todos los submarinos desplegados en la zona de diseño alemán, concretamente el Type 209, en múltiples variantes. Durante las próximas décadas Turquía mantendrá y actualizará su flota, mientras Grecia probablemente se vea obligada a reducir sus unidades operativas y encargadas, salvo que se produzca un cambio notable en la situación de sus finanzas.

Holanda mantiene operativos, desde la década de los 90, 4 SS de la clase Walrus, unidades convencionales consideradas de vanguardia en su momento. Además de mantenerlos operativos y activos, el país de los tulipanes implementó un sistema de tripulaciones en demasía, que permite mantener una mayor operatividad de las plataformas. La voluntad por mantener dichas capacidades submarinas, que consideran vitales, se concretó recientemente cuando los astilleros locales Damen y los suecos de Saab, se adjudicaron el diseño y construcción de la siguiente generación de submarinos, aunque el número de unidades a construir está aún por decidirse.

Noruega mantiene una flota de 6 SS de diseño alemán, habiendo reducido su flota en cuatro unidades en estos años, aunque el número actual no parece peligrar. Portugal, que era un firme cliente de Francia, posee en la actualidad dos SS del Type209PN de diseño alemán. Caso análogo al italiano que, tras mantener durante años la posibilidad de diseñar sus propias unidades, finalmente se ha inclinado por una flota de diseños alemanes -Type 212A-, además de mantener algunos más antiguos. De cara al futuro, aunque Italia mantiene grandes capacidades industriales de construcción naval, todo indica que el producto elegido será germano, no siendo nada descabellado que llegado el momento pudieran volver a apostar de nuevo por sus propios diseños, en función del apoyo político a tal inversión, en un momento en el que el panorama europeo de la construcción naval está más revuelto que nunca, con fuertes rumores de fusión entre varias empresas en pos de lograr una suerte de “Airbus naval”.

He querido dejar para el final a España y a los Estados Unidos por motivos claros. Nuestro caso creo que será motivo de estudio dentro unas décadas. Hablar del S-80 es crear polémica. Nadie en su sano juicio discute la necesidad de una potente Flotilla de Submarinos. De hecho, inicialmente el plan de la Armada Española era equiparse con 12 unidades para la defensa del eje Canarias-Gibraltar-Baleares. Esa cantidad, después de múltiples vicisitudes pasaría a reducirse a tan solo 4 unidades de la clase S-80, que bien pueden terminar siendo 3…

Obviando la discusión del número de unidades, quiero centrarme en la decisión estratégica del país. Para bien o para mal se optó por salir de la colaboración -o tutela, según quien hable- con el fabricante galo DCNS. Todo con el objetivo de hacer de nuestra industria naval una industria capaz de producir un submarino completamente autónomo -más bien integrar sistemas de combate y armamentos extranjeros en nuestras unidades, lo cual no es poco-. A pesar de los costos y fallos -de los que nadie está libre, solo que hay ver atender al ejemplo de la Royal Navy-, estoy convencido de que el S-80 saldrá adelante y será una buena plataforma de combate naval. Su capacidad de exportarse es más discutible, en cuyo caso, se deberá seguir invirtiendo y apostando por este tipo de unidades para evitar perder las ganancias creadas con este programa. En definitiva, lo aportado en el tejido industrial nacional por este programa ha sido y es enorme y debe seguir adelante.

Bien es cierto que el sacrificio que el Arma Submarina ha tenido que hacer ante los retrasos continuados en el programa S-80 provoca que en la actualidad la disponibilidad de submarinos se reduzca a una o dos, en función de las grandes carenas que se ejecuten, lo cual no es nada halagüeño. Con todo, hemos de agradecer que no se optara por dar de baja las antiguas unidades y haber pasado una década en blanco, pues nadie quiere copiar el ejemplo danés.

Llegamos al fin a la US Navy. Otra Armada de la que hablar es siempre entrar en polémicas. Hoy día, una vez más dependiendo de a quien lea o escuche uno, parece que la US Navy no es más que una flota de papel. La reducción de unidades submarinas desde 1991 es del orden de la treintena, contando ahora con 52 submarinos de ataque, incluyendo 4 antiguos SSBN transformados al rol de SSGN. De las 48 unidades, 34 son los bien conocidos Los Angeles que han pasado por varios procesos de modernización -alguno ha pasado ya a la Reserva Naval, que no al desguace-. Cosas de los presupuestos y de valorar la potencialidad de lo que uno tiene. Otras 3 unidades pertenecen a la clase Seawolf que iba a ser la sustituta de Los Angeles, pero que debido a su coste y la debacle de 1991 se optó por cancelar el programa. El resto de SSN son las 11 unidades de la clase Virginia que, con 48 aprobadas para su construcción y tratándose de un buque más barato de construir que los Seawolf, será el futuro del “servicio silencioso”. Se espera que estén operativos hasta más allá del 2060.

La representación gráfica de todos estos datos nos ofrece conclusiones claras tras un vistazo rápido que deberían llamarnos poderosamente la atención sobre algo que es patente, pero que no es debatido de manera adecuada, bajo la opinión de este autor.

A pesar de la reducción global en la OTAN de 222 a 121 en la actualidad, el peso proporcional de la US Navy se mantiene constante con un 43% de las unidades bajo el pabellón estadounidense. Naciones tan potentes y con industrias tan bien establecidas como Reino Unido o Francia han visto como el peso específico de sus diseños se reduce de un global combinado de un 27% a un 16%, al haber destinado su producción en exclusiva a submarinos nucleares de ataque de difícil exportación dentro de Europa (el caso de Brasil o la India salen del marco de este análisis) y más caros de fabricar. Italia y Holanda mantienen un porcentaje testimonial como naciones que producen pequeñas series para sus marinas de guerra -esperemos que pronto España pueda unirse a ese selecto club-. ¿Quién se beneficia pues del retroceso de Francia y Reino Unido? No cabe duda de que el gran beneficiado es Alemania, pues crece de un ya importante 23,87% en 1991 a un 31,40% en la actualidad.

En cuanto a la flota estrictamente europea, esta ha visto reducidas sus unidades de 126 a 67 desde la caída de la Unión Soviética. Al igual que en  la visión global de la OTAN, el peso específico de las unidades de la Royal Navy y la Marine Nationale ha disminuido de un 46% combinado a un 29%, mientras que el las plataformas de origen alemán se ha incrementado desde un 42% a un 56%.

SSBN clase Triomphant, en servicio con la Marine Nationale. El despliegue de submarinos lanzamisiles es, en última instancia, la garantía de cualquier arsenal de disuasión mínima al garantizar la supervivencia de una parte del arsenal ante un primer ataque

 

 

LA AMENAZA ACTUAL

Actualmente Europa se enfrenta a una seria amenaza definida como asimétrica y basada en el terrorismo islámico. Para dicha función el arma submarina es poco práctica, pero nuestro vecino del Este, la Federación Rusa sí continúa existiendo y es también una amenaza -de mucha mayor envergadura que cualquier grupo terrorista- y prosigue fabricando submarinos cada vez a mayor ritmo.

Si los acontecimientos de 1991 afectaron a la OTAN, ni que decir tiene que prácticamente barrieron la existencia de la Flota Soviética hasta quedar reducida a las más modernas y últimas unidades construidas en el periodo soviético, eso sí, con una operatividad prácticamente nula. Solo en la última década, gracias a la recuperación económica favorecida por la exportación de materias primas, ha iniciado la Federación Rusa el diseño y construcción -reconstrucción más bien- de su Flota.

El saber hacer, o know-how, es vital y, pese a la pérdida de capital humano y al estado en que quedaron sus astilleros y oficinas de diseño tras años prácticamente de abandono, la Federación Rusa tiene un importante programa de construcción de submarinos y está entregando modernas unidades a su flota, a la par que mantiene operativas unidades de la época soviética. La industria rusa, no obstante, requiere todavía de importantes inversiones en cuanto a instalaciones y máquinas-herramientas. Además, está muy condicionada a los precios de las materias primas, habiendo sufrido un importante recorte de las futuras construcciones durante el bienio 2016-2017.

La Rusia de Vladimir Putin, aunque muy centrada todavía en sus fronteras, ha llevado a cabo acciones que merecen ser tenidas en cuenta como la invasión de Crimea o la intervención en Siria -esta última con grupo aeronaval incluido-, mostrando una voluntad política de participar una vez más en el escenario internacional.

Las unidades submarinas rusas presentes en el Teatro de Operaciones de la OTAN son, aproximadamente, 69 submarinos -48 nucleares y 21 convencionales-, con lo cual la Alianza Atlántica logra mantener casi una paridad táctica con dicha amenaza. Cierto es que, en el conjunto de la Guerra Naval, las capacidades generales de la OTAN hacen que las fuerzas ASW disponibles inclinen la balanza del lado occidental, aunque los últimos despliegues rusos han preocupado mucho en la cúpula de la OTAN y ha vuelto a organizarse ejercicios ASW a gran escala y a recomendarse a los miembros la inversión en dicha área. Consejos que esperamos se acepten y conduzcan a la adopción de medidas, pues siempre dependerá Europa, en un grado decisivo, de la voluntad de apoyo por parte del ocupante de turno del Despacho Oval, al haber visto como nuestra capacidad se sustenta en el número del despliegue estadounidense en gran medida. Un apoyo que hasta ahora parecía incuestionable, pero que ya no lo es tanto.

Infografía de los submarinos Belgorod, del minisubmarino Losharik (adosado al anterior) y del Podmoskovye. Rusia mantiene ladel minisub flota de submarinos espía y de cometidos especiales más amplia de mundo.
Infografía de los submarinos Belgorod, del minisubmarino Losharik (adosado al anterior) y del Podmoskovye. Rusia mantiene ladel minisub flota de submarinos espía y de cometidos especiales más amplia de mundo.

 

 

CONCLUSIONES

Se pueden extraer dos conclusiones bien diferenciadas de todo lo arriba mencionado:

  • Las capacidades presentes y futuras de las fuerzas submarinas europeas, en cuanto a diseño, dependen prácticamente por completo de Berlín.
  • Continúa la dependencia europea respecto a EEUU, pues la búsqueda de una ventaja cuantitativa en cualquier escenario posible reside en la capacidad de despliegue de la US Navy en ese determinado momento y en su voluntad de ejecutarlo.

Atendiendo a la primera conclusión, parece claro que los Type 209 y 212 son a las fuerzas submarinas lo mismo que los Leopard 2 a las fuerzas acorazadas en Europa, a pesar de que el Leclerc o el Challenger tengan su pequeña cuota. El Reino Unido mantiene -o mantuvo- una red de clientes en sus antiguas colonias, mientras que Francia logró éxitos de exportación en la Península Ibérica, pero ningún cliente de larga duración y fidelidad dentro de Europa. Hoy día ambas naciones y sus industrias están retrotraídas a sus respectivas flotas, aunque en el caso de Francia ha logrado grandes éxitos de exportación en Australia, Brasil y la India. Holanda, por su parte, mantiene una política de autarquía en cuanto a sus submarinos, pero sin relevancia en el panorama continental, mientras que Italia tiró la toalla en ese aspecto y pasó a manos de Berlín también.

España, inmersa en una nueva aventura quijotesca, tiene las miras muy altas, algo que -no lo obviemos-, no gusta a la industria alemana. Una nación capaz de diseñar y construir sus propios submarinos es una amenaza para quien exporta submarinos a todo el mundo y lo cierto es que Navantia ya demostró con las F-100, el BPE y el BAC sus capacidades. Además, empresas punteras como SAES o Sener participan en el programa. Pese a los contratiempos, todo indica que el S-80 no será una excepción y saldrá adelante. Integrarnos en este momento en un Airbus naval sería la muerte de este programa… y sin embargo es, quizá, la única salida a largo plazo.

Respecto a ese Airbus naval, se ha hablado en multitud de ocasiones acerca de su hipotética creación, algo que entraría dentro de la idea de racionalizar costes en la Defensa Europea y que podría ser provechoso para todos los países. De hecho, hay quien se pregunta si, teniendo en cuenta que más de la mitad del parque de submarinos europeos ha sido diseñado por el mismo país, esto no podría hacerse de forma consensuada, aunque lo cierto es que la defensa europea y su coordinación continúan estando muy verdes. Naciones como el Reino Unido -máxime con el Brexit-, Francia y Holanda, no querrían saber nada del asunto, más allá de acuerdos puntuales de cara a la reducción de costes en programas de compras de materiales o de logística, pero sin que esto implique la perdida de unas capacidades nacionales que en algunos casos son centenarias, o próximas a esa edad. La batalla política que se desarrollaría para liderar dicho consorcio tendría implicaciones enormes sobre los presupuestos de defensa nacionales, y sobre el desarrollo de las industrias de cada país y amenazaría con hacer de cada programa un calvario, como ha sucedido con el A400M o el Eurofighter.

Aun así, pese a las dificultades, Europa necesita establecer una política común consensuada al respecto que logre descargar de responsabilidades a Washington, a la par que favorezca la aparición de nuevos productos nacionales que independicen la guerra submarina de las decisiones políticas e industriales de Berlín, a través de un apoyo más directo a Londres, Berlín, La Haya y Madrid.

En cuanto a la segunda consecuencia, si bien es cierto que la OTAN mantiene una superioridad numérica suficiente sobre la Flota de la Federación Rusa, así como cualitativa, si atendemos a la edad de las plataformas, al entrenamiento de las tripulaciones, a los días de mar y al apoyo por parte del resto de unidades navales aliadas, no es menos cierto que si sacamos a EEUU de la ecuación las cosas cambian notablemente.

La política de las naciones europeas de reducir sus efectivos de forma drástica y de no mantener una ratio de reposición de unidades cercano a la unidad en sus nuevos programas, lleva a Europa a una situación muy peligrosa. Además, permite que, según produzca nuevos submarinos, Rusia se aproxime en cuanto a capacidades tecnológicas. Hablamos de un proceso tecnológico e industrial que llevara décadas sí, pero que, de no tomarse medidas, finalmente acabara ocurriendo.

No podemos dejar de mencionar que, en el otro lado del mundo, en donde la US Navy tiene fuertes intereses, una nación como China mantiene en la actualidad una flota de submarinos de 69 unidades -13 nucleares y 56 convencionales-, a la par que continúa construyendo más cada año. Otro importante factor a tener en cuenta en el futuro de la Defensa Europea Submarina, por la previsible merma de efectivos de la US Navy que esto representara en el Viejo Atlántico y en el Mediterráneo, según el viraje hacia el Pacífico se vaya consumando… ■

 

 

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