Joaquín Riera Ginestar

Profesor y autor de "La Guerra Civil y la Tercera España: De cómo unas minorías extremas nos llevaron a la guerra"

Joaquín Riera Ginestar
Joaquín Riera Ginestar

 

Joaquín Riera Ginestar

Profesor y autor de «La Guerra Civil y la Tercera España: De cómo unas minorías extremas nos llevaron a la guerra»

 

Por Christian D. Villanueva López

Joaquín Riera Ginestar es historiador, escritor y sobre todo, maestro. Maestro de los de verdad, de los que enseñan a niños y jóvenes un temario y además, me atrevo a decir, valores. Es de esas personas que todavía creen en ideas tan pasadas de moda en España como la posibilidad de arreglar las cosas mediante la educación o, más aún, en considerar la Historia como algo a estudiar y no a utilizar para justificar una ideología sea esta la que sea.

 

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¿Podría definir el concepto de “Tercera España” para aquellos que no hayan leído su libro y que no hayan profundizado lo suficiente en la Historia de España como para conocerlo?

La Tercera España aflora dramáticamente en la Guerra Civil Española cuando un grupo de intelectuales y políticos, la mayoría de ellos republicanos, denuncia los radicalismos sanguinarios de derechas e izquierdas que estallan en el verano de 1936 y se exilia de España. Acto seguido, el grueso de la población española, de ideas no extremistas conservadoras y progresistas, que no quiere entregarse alegremente a la degollina, sino que quiere cambios que modifiquen las injusticias seculares desde un régimen democrático liberal, y que por eso mismo constituye la Tercera España, se ve obligada a dejar la posición central que ocupa y, por la vía de la fuerza, sobre todo los varones en edad militar, a participar en una lucha fratricida dirigida por dos minorías de exaltados que actúan siguiendo directrices de Berlín, Roma y Moscú.

 

¿Cuáles considera que son las causas principales que explican que esa “Tercera España” terminase por decantarse de un lado o de otro?¿Por qué no hubo una alternativa de compromiso dentro de la Segunda República que aglutinara este voto?

La Tercera España, constituida por el grueso de la población española, tuvo que decantarse por uno u otro lado por terror y por pura casualidad geográfica. Los mozos en edad militar acudían al frente para no ser encarcelados o pasados por las armas y luchaban en el bando que había triunfado en la zona de España en que se encontraban en julio de 1936, independientemente de que ellos compartieran o no el ideario de la trinchera por la que debían luchar y morir. Muchos de ellos desertaban en el frente en cuanto tenían la primera ocasión para hacerlo

El voto de la Tercera España se dispersó y retrajo por varias razones principales. En primer lugar por la torpeza de Manuel Azaña en algunas de sus reformas, que ninguneaban y atacaban los valores de una mayoría de españoles católicos, de diferente clase y condición, que se acercaron a la CEDA al no sentirse cómodos con la política de los republicanos de izquierdas, burgueses y teóricamente moderados, que los podrían haber atraído pero que se alejaron de ellos al pactar con los socialistas y aplicar medidas de cambio de manera muy brusca. También influyó la fuerte corrupción y la subsiguiente disgregación del Partido Radical. No menos relevante fue que la dirección de la CEDA recayese en Gil Robles en vez de en líderes más conciliadores como Luís Lucía o Manuel Giménez Fernández. Por último no puede olvidarse que la Revolución o fallido golpe de Estado de 1934 (Asturias y Cataluña) hizo que tanto el estallido revolucionario como la brutal represión posterior provocasen un retraimiento respecto de la vida política nacional de muchos españoles moderados o centristas.

Por otra parte, los intelectuales que defendían la idea de la Tercera España no tuvieron ni tiempo ni voluntad de aglutinar en un partido a la mayoría de los españoles. Eran unos idealistas convencidos de que la República traería los cambios necesarios de manera natural pero cuando se dieron cuenta de que no era así, se alejaron de la política y al estallar la guerra se exiliaron rápidamente y teorizaron sobre la Tercera España desde el exterior.

https://www.ejercitos.org/2019/07/15/la-guerra-civil-y-la-tercera-espana/

 

¿Cómo es posible que unas minorías radicalizadas arrastrasen a un país entero al suicidio?¿Hubo otros factores?

Esas dos minorías tuvieron de su lado la fuerza de las armas, en concreto, tuvieron medio ejército español cada uno a su disposición, además de un control igual de las fuerzas de orden público (Guardia Civil, Guardia de Asalto y Carabineros). También contaron con elementos paramilitares como la Falange y los Tradicionalistas, en el bando golpista, y los milicianos socialistas, comunistas y anarquistas armados por el Estado, en el bando gubernamental. No menos importante fue el control de los tribunales de justicia, militares y “populares” así como de las prisiones y los servicios de inteligencia (SIM republicano y el SIPM franquista). Pero los factores imprescindibles para que un golpe de estado fallido de tipo decimonónico se convirtiese en una guerra larga y cruenta fue la ayuda recabada por los dos contendientes de países extranjeros, esto es, Alemania e Italia en el caso de los franquistas, siendo el auxilio nazi y fascista crucial para evitar el aplastamiento del golpe, y la URSS, cuya ayuda pagada a un alto precio (reservas de oro) fue vital para que la República pudiese sostener lo que quedaba del estado republicano hasta principios de 1939.

 

Hoy en día no son pocos los que prácticamente veneran figuras como las de Azaña, Largo Caballero, “La pasionaria”, Carrillo, Negrín o, por el otro lado hay aun quien idealiza a Franco, a Primo de Rivera, a sujetos como Millán Astray, etcétera. ¿Cómo es posible que, con la cantidad de datos de que disponemos para hacer juicios completos y críticos, sigamos idealizando a personajes que, en el mejor de los casos, tuvieron las manos manchadas de sangre?

La causa principal de que se venere a personajes de derechas nefastos para España, autores directos o indirectos de miles de muertes, se debe más que nada a casi 40 años de dictadura franquista donde el sistema educativo se encargó de adoctrinar a los alumnos españoles, ensalzando a los héroes de la cruzada y al caudillo salvador de la patria. Además, las generación de españoles que no vivió la terrible represión y miseria de los años cuarenta y creció durante la apertura económica del régimen y el desarrollismo de los años 60 no tiene una visión negativa del franquismo sino más bien todo lo contrario: pleno empleo o ausencia de paro (aunque había una fuerte emigración a Europa), bajos impuestos y seguridad ciudadana, una visión sesgada, tal vez, pero que predomina en gran parte de quienes vivieron en aquella época. Los restos de la derecha franquista más acérrima junto con el fenómeno del neonazismo, activo en España desde los años 90 del siglo XX, han alimentado esta visión benévola hacía Franco y otros personajes fascistas. También lo ha hecho el movimiento de la Memoria Histórica desde el año 2000 al recuperar como héroes a personajes de izquierdas implicados en la muerte de muchos españoles.

En cuanto a la rehabilitación, mitificación y adoración postfranquista de políticos republicanos, cuyas manos están empapadas, por acción u omisión, de sangre de compatriotas, la explicación de que se les haya redimido de sus crímenes se debe a una historiografía antifranquista militante de izquierdas que se impuso en España desde la Transición que tanto se denuesta desde esos sectores. Así pues, desde las Universidades se inició un proceso de revisión tanto de la deleznable historia franquista de la Guerra Civil española, como sobre las responsabilidades en la misma, mitificándose en ese apartado los gobiernos de izquierdas de ese período (bienio “progresista” o social-azañista) y demonizándose los de derechas (bienio “negro” o radical-cedista), ensalzándose a los políticos de izquierdas independientemente de su “currículo” y denostando a la derecha en bloque sin hacer distinciones. Pero lo que remató la labor de mitificación fue el movimiento de la Memoria Histórica que floreció desde el primer gobierno de Zapatero (2004-2008). En ese momento se abrió la cuestión de la legítima recuperación de los restos de los represaliados por el franquismo por los familiares de las víctimas con ayuda del Estado. Esa acción, que era necesaria y justa y que no se atrevieron a acometer los gobiernos de Felipe González (y que desprecian de manera repugnante y entorpecen sistemáticamente los gobiernos del PP) se pervirtió, no obstante, cuando ocurrió lo que precisamente los socialistas de los años 80 querían evitar: el surgimiento del revanchismo histórico y del guerracivilismo, atizado desde por la izquierda más radical para obtener réditos electorales, con el peligroso apoyo de sectores universitarios que, con sus libros militantes, hicieron que se pasase de una historiografía equilibrada sobre los hechos y personajes de la Guerra Civil a una totalmente sesgada que se ha impuesto entre los más jóvenes. Estos, además, también han sido adoctrinados en el maniqueísmo guerracivilista por un sector del profesorado en institutos de enseñanza secundaria de ciertas zonas de España.

(Continúa...)

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