Mininukes

Un futuro incierto

ICBM Titan II
ICBM Titan II

 

Mininukes

Un futuro incierto

 

Por Guillermo Pulido Pulido

 

La propuesta de la administración Trump -publicada en la Revisión de la Postura Nuclear de 2018- de añadir al arsenal nuclear de los EE. UU. dos nuevas ojivas nucleares de bajo rendimiento de lanzamiento submarino (una montada en misiles de crucero, otra en misiles balísticos Trident-II), ha generado un gran revuelo, así como un alarmismo exagerado entre ciertos sectores del análisis del control de armamentos, llegándose a afirmar que tales armas bajan el umbral nuclear y hacen la guerra nuclear más probable.

Como se expondrá en este artículo: 1) Tal afirmación está enajenada de los conocimientos básicos en estrategia nuclear ya que esas armas están pensadas para todo lo contrario; 2) Hay una larga historia de armas nucleares de pequeña potencia y actualmente hay miles de ellas desplegadas; 3) No se están teniendo en cuenta los aspectos estratégicos potenciales de estas armas sino solamente los tácticos y los no estratégicos (como el control de la escalada).

 

 

¿QUÉ SON LAS MININUKES Y LAS ARMAS NUCLEARES DE BAJO RENDIMIENTO?

Aunque no hay una definición plenamente aceptada de lo que es una mininuke podemos recurrir a la que dio el Grupo de Planeamiento Nuclear de la OTAN en 1973, esto es, toda arma nuclear de una potencia máxima 0,5 kilotones y una precisión CEP de un metro. Por otro lado, un arma nuclear de bajo rendimiento, según lo establece el Pentágono en estos momentos, es un arma nuclear de 20 kilotones de potencia máxima.

En el momento de escribir este artículo, no se conoce aún con exactitud el tipo de rendimiento nuclear exacto que tendrán esas nuevas cabezas nucleares, salvo que se dicen que son de bajo rendimiento (menos de 20 kt). Por otra parte, EE. UU. despliega en la actualidad una gran cantidad tanto de mininukes como de armas nucleares de bajo rendimiento, por lo que no son una invención de la Revisión de la Postura Nuclear elaborada por el gabinete Trump. De hecho, hay unas 500 bombas aéreas tácticas B-61 de diferentes modelos, con un rendimiento que va desde los 0,3 kilotones (mininukes), pasando por los 10 kilotones (bajo rendimiento) y alcanzando incluso los 170 kilotones. Por su parte, los misiles de crucero AGM-86 de la US Air Force están armados con ojivas W80 (de las que hay unas 528), con distintos rendimientos que van de los 5 a los 150 kilotones. Por lo tanto, entre mininukes y armas de bajo rendimiento, en el arsenal de los EE. UU. hay unas 1.000 ojivas de estos tipos hoy en día.

Ojiva nuclear W80

 

Armas estratégicas y tácticas

La diferencia entre armas estratégicas y tácticas (a veces denominadas como “armas nucleares no estratégicas”) estriba en el tipo de uso que se les de y no en su potencia o alcance. Las armas nucleares estratégicas son aquellas que se usan para atacar el armamento estratégico enemigo y las fuentes de poder adversarias (industria, generación eléctrica, etc). Las armas nucleares tácticas son las que atacan directamente la fuerza de maniobra y apoyo enemigas en el campo de batalla o en interdicción. Por ejemplo, una bomba B-61 (arma de corto alcance) usada por un bombardero B-2 contra un blanco nuclear enemigo es un arma estratégica, mientras que una B-61 empleada por un F-16 atacando concentraciones de fuerza enemiga es un arma táctica.

Durante el pico de la Guerra Fría en cuanto a armamento nuclear táctico, a finales de los 60 y comienzos de la década de los 70, los EE. UU. desplegaron hasta 25.000 armas nucleares tácticas, 10.000 de ellas en Europa (reduciéndose esta cifra a unas 7.000 durante los años 80). En el Viejo Continente, por tanto, había armas de todo tipo: unas 300 minas de demolición de un kilotón (para obstaculizar las ofensivas soviéticas), 645 misiles Lance con ojiva de entre 1 y 50 kilotones, unas 1000 municiones de un kilotón para 328 obuses de 203 milímetros M110 (para apoyar operaciones de cuerpo) y unas 2000 municiones de 2 kilotones para 684 obuses de 155 milímetros M109 (para operaciones de división). También había armamento nuclear táctico de largo alcance y de teatro, como el desplegado en los misiles Pershing I (1 a 10 kilotones) y II (5 a 80 kilotones), así como ingenios como el cañón Davy Crockett (0,001 y 0,002 kilotones), para operaciones de nivel batallón.

Pero por otro lado, aunque pueda parecer contradictorio, puede haber armas nucleares tácticas de largo alcance y que superen el bajo rendimiento, como los Pershing-II y su ojiva W85 de hasta 80 kilotones. Al tiempo que pueden haber armas nucleares estratégicas de bajo rendimiento, largo alcance e incluso corto.

 

 

La situación del armamento nuclear táctico en la actualidad

En septiembre de 1991, los EE. UU. decidieron retirar todo el armamento nuclear táctico terrestre de sus bases en ultramar y de todos los buques de la US Navy (lo que dejaba solamente a la aviación de la US Air Force como depositaria del armamento nuclear táctico desplegado). En octubre de ese mismo año la URSS anunció una medida similar. Pero si bien los EE. UU. terminaron materializando su decisión, por contra Rusia -como única heredera del arsenal nuclear de la URSS- conservó un elevado remanente de armamento nuclear táctico durante los años siguientes.

Como hemos explicado, los EE. UU. despliegan en la actualidad unas 1.000 ojivas de bajo rendimiento y mininukes (50 de ellas tácticas, las bombas tácticas B-61). Por otra parte, se estima que Rusia posee por lo menos unas 2.000 armas nucleares tácticas. Pero la ventaja rusa no se traduce solamente en la superioridad numérica, sino en que dispone de unos medios de ataque nuclear táctico muy superiores a los de la aviación aliada, como son los misiles balísticos Iskander-M o los misiles Tochka (y quizás un nuevo misil de crucero nuclear terrestre actualmente en desarrollo y de próximo despliegue). Los misiles balísticos terrestres rusos (Iskander e ICBM Topol) permiten hacer ataques de forma casi inmediata, son lanzados desde plataformas difíciles de detectar (y atacar), y además, como todos los misiles balísticos, son difíciles de derribar.

Por contra, los EE. UU. solo despliegan armas nucleares en su aviación basada en tierra dotada con bombas B-61, de las que apenas hay 150 desplegadas en bases OTAN en Europa. Esto deja los aeródromos del continente casi inermes ante un ataque nuclear balístico y de misiles de crucero de alcance intermedio rusos, a lo que ha de sumarse el hecho de que la aviación es muy vulnerable a ser derribada (disminuyendo la probabilidad de llegada del arma nuclear al objetivo, un cálculo esencial en todo intercambio nuclear) y que, para colmo, se tardan muchas horas en preparar y ejecutar un ataque con aviación y bombas de caída libre. Los misiles de crucero AGM-86 con ojivas W80, al tener que se disparados desde bombarderos estratégicos necesitan aún muchas más horas para preparar y ejecutar un ataque, y son misiles que en la actualidad son muy vulnerables a las defensas aéreas integradas.

Pese a los denodados esfuerzos, Rusia corre el riesgo, por primera vez en décadas, de perder de forma definitiva la carrera nuclear

 

¿Por qué la Revisión Nuclear de 2018 propone dos nuevos tipos de armas nucleares de bajo rendimiento?

Las razones detrás de la probable introducción de misiles balísticos submarinos con armas de bajo rendimiento son:

  • Puede iniciarse un ataque de manera inmediata y no con una tardanza de horas, caso de la aviación táctica.
  • Los SLBM llegan en pocos minutos al objetivo.
  • La plataforma de disparo es prácticamente invulnerable a un ataque ruso, dado el sigilo de los SSBN.
  • La probabilidad de llegada al objetivo es también muy elevada, dada la dificiltad de derribar los SLBM.

Por otro lado, la introducción de un misil de crucero con ojivas de bajo rendimiento responde a la necesidad de aumentar la flexibilidad. En este sentido, disparar un misil balístico delata la posición -aunque es cierto que con poca precisión- de los valiosos submarinos lanzamisiles (SSBN). Por el contrario, disparar un misil de crucero (probablemente será una versión naval del nuevo misil sigiloso LRSO) expone a los mucho más prescindibles submarinos de ataque (SSN). Al ser estos muy difíciles de detectar, especialmente en su fase de lanzamiento, es casi imposible deducir la posición del submarino atacante. Como punto negativo

(Continúa...)

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