Status-6

¿Realidad o mito?

El Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, en la comparecencia pública en la que anunció no solo la existencia del Status-6, sino de un total de seis nuevos sistemas de armas destinados a burlar los sistemas defensivos de los Estados Unidos y a garantizar la disuasión por parte de Rusia.
El Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, en la comparecencia pública en la que anunció no solo la existencia del Status-6, sino de un total de seis nuevos sistemas de armas destinados a burlar los sistemas defensivos de los Estados Unidos y a garantizar la disuasión por parte de Rusia.

 

Status-6

¿Realidad o mito?

 

Por Alejandro A. Vilches Alarcón

 

Las declaraciones del Presidente Putin a principios de marzo de este año han sacado a la palestra una serie de desarrollos armamentísticos rusos de muy hondo calado. Por un lado, parecería que Rusia está más próxima a desarrollar un arsenal propio de la Ciencia Ficción que de contar con unas fuerzas estratégicas al uso. Por el otro, desde hace ya años, se viene discutiendo acerca de la viabilidad real de dichas armas y desarrollos.

Es cierto que la presentación de los nuevos sistemas por parte del Presidente de una nación tan poderosa como la Federación Rusa da un espaldarazo a la existencia de los mismos. No es menos cierto, por otra parte, que los rumores se han estado reproduciendo durante años y que, aunque escasa, hace ya años que existe información sobre el tema para aquel que desee profundizar un poco en el asunto.

En cualquier caso, no debemos perder de vista dos asuntos esenciales en todo esto:

  • Las declaraciones del Presidente Putin tuvieron lugar durante el Discurso del Estado de la Federación Rusa y, además, en un año electoral.
  • La forma en que tradicionalmente Moscú, sea Federación Rusa, Unión Soviética o Imperio Zarista, maneja la información que hace pública de tal forma que redunde en su beneficio o bien en perjuicio de sus posibles adversarios.

Hablaremos en las siguientes páginas de uno de los sistemas que, al menos en teoría, la Federación Rusa está desarrollando y que debe estar en un estado muy avanzado como para que Putin lo presente públicamente a la Comunidad Internacional. Es conocido como Kanyon o Status-6, y en una muy breve síntesis vendría a ser un drone submarino con cabeza nuclear estratégica y unas características y prestaciones fuera de todo lo conocido.

Las primeras informaciones públicas que se pueden rastrear acerca de este sistema provienen de informes del Pentágono que, allá por septiembre del 2.015, hablaban de un drone de largo alcance ruso al que asignaban el nombre de Kanyon. Aunque se sobreentendía que la Armada Rusa estaba trabajando con drones submarinos, sorprendía ver que el Pentágono atribuía a este proyecto un carácter ofensivo estratégico, algo muy inusual. Sin filtrar excesiva información, las versiones iniciales del Pentágono hablan de un drone capaz de altas velocidades y profundidades así como de gran autonomía. Aunque revolucionario tan solo por incorporar estas características, lo cierto es que la construcción naval rusa hereda de la URSS precisamente esas dos tecnologías más avanzadas: velocidad y profundidad operativa, como se podría demostrar en los SSN Alfa o SSGN Papa. Así que por ese lado no deja de ser una evolución lógica, aunque aplicada a un drone.

Es el detalle de asignarle una vertiente ofensiva estratégica lo que llama poderosamente la atención. En esos compases iniciales de información sesgada, la pregunta es recurrente ¿Por qué invertir los tan escasos recursos de que dispone Rusia en algo que ya cumplen los caros SSBN y SLBM? Resulta que algo que a la Federación Rusa le ha costado décadas de esfuerzo y trabajo desarrollar (SSBN Borey) y que ahora iba a comenzar a rendir sus beneficios al permitir retirar del servicio antiguas y costosas plataformas como los SSBN Delta III y IV, pasaba a segundo plano. Además, eclipsado por un vector submarino con cabeza de ataque estratégica, lo que no deja de ser una incongruencia al no permitir atacar blancos en el interior de los EE.UU. continentales y restringiendo su uso exclusivamente contra ciudades e instalaciones costeras, al contrario que los SLBM de los submarinos lanzamisiles en servicio o en desarrollo.

En realidad, todo el asunto está lleno de curiosidades. Una de ellas es que poco después, el 10 de noviembre, en un foro con el Presidente Putin en donde se le informa acerca del desarrollo de diversos sistemas militares de la nación, en un descuido del General que ejecuta la presentación, se le puede ver con una lámina en las manos en las que el Kanyon pasa a ser algo mucho más concreto. Siempre sobre el papel, claro.

Lo primero que habría que preguntarse es si realmente fue un descuido, o una forma taimada de hacer llegar determinada información al resto de oponentes. Es difícil de creer que a esos niveles se pueda llegar a cometer un desliz tan grave. Y aún más grave que sabiendo el férreo control que se ejerce sobre las informaciones militares en los medios rusos, se permitiera la difusión de las imágenes. Aquí cada cual que saque sus conclusiones.

Centrándonos en la lámina de la exposición que nos interesa, expongamos la información que presenta de una forma clara y concisa. Definen de forma oficial al sistema con el nombre: Sistema Oceánico Multipropósito Status-6. Un ingenio de 1,6 metros de eslora y 24 metros de manga que podría operar a una profundidad de 1.000 metros, a una velocidad sostenida de 185 nudos y con un alcance que sería superior a las 10.000 millas náuticas. En lo que respecta a la potencia de la cabeza de combate, este sería del del orden de los 100 megatones, más que suficiente para destruir cualquier objetivo aunque no sea la destrucción física (cinética) su cometido principal sino la contaminación, de tal forma que sea imposible volver a operar o a habitar en la zona objetivo. Una forma de eliminar, sin que el enemigo pueda hacer nada para reconstruirla, cualquier base militar o ciudad costera de interés estratégico.

De todo lo anterior, tenemos que para entender qué es realmente el Status-6, hemos de analizar de forma separada dos aspectos: Por un lado tenemos las propias características técnicas del arma, en las cuales nos centraremos un poco más adelante en este artículo, ya que son muy importantes. Por otro, el posible uso que a este drone pudiera darse y las implicaciones de su utilización. Pero antes, hablemos un poco de historia…

Imagen filtrada a la prensa en la que se detallan no solo el esquema básico del sistema Status-6, sino también información sobre sus capacidades en cuanto a alcance, velocidad o profundidad operativa y los buques auxiliares que ayudarían a su despliegue.
Imagen filtrada a la prensa en la que se detallan no solo el esquema básico del sistema Status-6, sino también información sobre sus capacidades en cuanto a alcance, velocidad o profundidad operativa y los buques auxiliares que ayudarían a su despliegue.

 

 

EL PROYECTO T15

Lo bonito de la historia es que muchas veces se repite y uno siempre puede recurrir a ella para explicarse el presente. Resulta que estábamos hablando de un drone submarino con una potente cabeza de combate nuclear destinado a destruir ciudades o bases navales enemigas como si de algo nuevo y revolucionario se tratase. Curiosamente, estudiando el desarrollo de las armas nucleares de la Unión Soviética, antecesora de la Federación Rusa, nos encontramos con un sistema de armas casi calcado, al menos en cuanto a su uso se refiere. Déjenme que les resuma un poco la historia de esta arma, conocida como Proyecto T15 y apodada como “Supertorpedo”.

A principios de la década de los años 50 del pasado siglo, la URSS se encontraba bajo la perenne paranoia, justificada o no, de la amenaza nuclear estadounidense, ante la cual no disponía de respuesta creíble alguna. Carentes por aquel entonces de vectores estratégicos que pudieran lanzar cabezas nucleares sobre los EE.UU., a los soviéticos les surge la idea de diseñar un torpedo que portara un potente cabeza nuclear destinada a destruir y contaminar las bases navales enemigas. ¿Les suena la idea?

El caso es que el Capitán de 1ª Clase V.I. Alferov, destinado en el centro de estudios nucleares de Arzamas 16, plantea la idea. Esta es apoyada por Aleksandrov y Kurchatov, padres del programa nuclear soviético, y que la defienden ante Stalin. Este, como gran Zar de su país, autoriza a su Ministro Malinin comenzar todos los estudios técnicos pertinentes para dar forma a esa idea.

Los estudios de un torpedo capaz de portar un arma termonuclear de la potencia necesaria, que en aquel entonces eran engendros de varias toneladas de peso, llevan a los requerimientos siguientes: diámetro de 1.550 milímetros y eslora del torpedo de 23,5 metros. Peso de 40 toneladas y propulsión a base de baterías y motor eléctrico que le permita alcanzar los 30 nudos de velocidad hasta las 16 millas náuticas de distancia. Curiosamente, quitando el método de propulsión escogido, los números son muy parecidos a los del Status-6 del siglo XXI. El caso es que una vez determinado el tamaño brutal del arma, comienzan a plantearse qué plataforma naval será capaz de aproximarse a las costas enemigas para lanzarlo, determinando, lógicamente, que lo más adecuado es apostar por un submarino.

El Ministro Malinin, que gestiona por entonces gran parte del programa soviético, convoca al mejor Diseñador de submarinos de aquel entonces, el Capitán de 1ªClase V.N. Peregrudov, y le asigna la tarea. Tras diversos estudios preliminares se determina que solo un submarino con propulsión nuclear sería capaz de acometer la tarea, con mínimas probabilidades de éxito, ya que uno convencional tendría que ir emergiendo para recargar baterías y sería localizado. Solo hay un pequeño problema: no existen submarinos con propulsión nuclear en la URSS, así que se decide construirlos para dar servicio a este supertorpedo. Casi nada, ya sabemos que el T15 es el causante directo de la existencia de submarinos nucleares soviéticos, lo cual indica que es un programa arraigado en el colectivo de constructores navales rusos.

El proyecto técnico del submarino portador, que llevaría un T15 a bordo y 2 torpedos convencionales de 533 mm sin recarga como autodefensa, se completa para 1954 y la quilla de la primera unidad, el K-3 del proyecto 627 SSN November, se coloca el 24 de septiembre de 1955. La cosa va deprisa y parece que en breve la URSS será capaz de lanzar este torpedo contra Nueva York, Gibraltar o el Canal de Panamá. Tan solo hay un pequeño detalle que no se ha tenido en cuenta en todos estos años: Nadie ha informado a la Armada Soviética en detalle del programa, debido al secretismo que rodea el desarrollo de armamento nuclear.

En aquel momento, el Comandante en Jefe de la Armada Soviética es el Almirante N.G. Kuznetsov, Héroe de la Unión Soviética y veterano de la II Guerra Mundial. En julio de 1954 se le presenta el programa al completo, terminado y ya puesta en marcha su construcción. Para ser sinceros, el Almirante Kuznetsov si conocía la existencia de un programa de submarinos nucleares, pero desconocía que su aplicación con la Flota iba a ser exclusivamente equiparlos con el T15… ¿Y qué dice el Comandante en Jefe de la Flota Soviética cuando le presentan el que va a ser su nueva y magnifica arma naval? “No necesito este tipo de buques”. Kuznetsov, conocedor del estado de la Flota y de las amenazas a las que se enfrenta el país, se enfrenta de cara contra todo el programa del T15 y, además, con razón.

Se nombra entonces una comisión de la Armada, encabezada por el Contraalmirante Orël, al frente de las Fuerzas Submarinas en el Cuartel General de la Armada, que desestima por completo el valor militar del T15 y aboga por la transformación del submarino lanzador,en un submarino nuclear equipado con torpedos convencionales, lo que viene a conocerse un SSN. Kuznetsov apoyaría dicho informe de forma rotunda, sabiendo que la misión inicial era suicida para el submarino lanzador y que la Flota Soviética lo que necesitaba en aquel entonces eran submarinos de ataque capaces de hacer frente a los buques enemigos y de dislocar el tráfico mercante en el Atlántico Norte llegado el caso. Poco después se transformaría el submarino en un SSN y el T15 se descartaría al existir formas más baratas y eficientes de destruir las instalaciones portuarias y bases navales enemigas.

Infografía de los submarinos Belgorod, del minisubmarino Losharik (adosado al anterior) y del Podmoskovye. Rusia mantiene ladel minisub flota de submarinos espía y de cometidos especiales más amplia de mundo
Infografía de los submarinos Belgorod, del minisubmarino Losharik (adosado al anterior) y del Podmoskovye. Rusia mantiene ladel minisub flota de submarinos espía y de cometidos especiales más amplia de mundo

 

 

CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS DEL STATUS-6

Con la historia del T15 fresca en nuestra mente, se nos podría ocurrir pensar que alguien en la Federación Rusa ha desempolvado un viejo programa de hace casi 70 años y lo ha puesto al día con las nuevas tecnologías disponibles. A priori eso no es nada malo. Lo malo es desempolvar ideas que ya hace 70 años se habían descartado por inútiles y erróneas.

Vayamos viendo sus características principales, según los datos que se han “filtrado” y hablemos un poco de ellas:

  • Propulsión nuclear: Estamos de acuerdo en que para lograr un alcance de 10.000 millas náuticas sin repostaje ni apoyo logístico de ningún tipo, es necesario poseer un reactor nuclear como fuente de potencia principal sea cual sea la plataforma. Lo difícil es lograr un reactor que dé la potencia requerida y que este lo haga en un reducido espacio de 1,6 metros de diámetro y tal vez 3 ó 4 metros de eslora. Para lograr la potencia térmica requerida (y hablamos de propulsarlo a 185 kilómetros/hora), tal vez, la mejor opción sería un reactor con una alta densidad de potencia, esto es, capaz de generar el mayor número de CV por unidad de volumen m3. Hasta el momento los reactores nucleares que han conseguido más altos ratios de CV/m3 han sido los refrigerados por metal líquido empleados en la clase SSN Alfa P.705 Lyra de la extinta URSS. Pero estos reactores, aunque pequeños, seguían pesando varios cientos de toneladas incluyendo la protección y los sistemas auxiliares. Tal vez el reactor pueda miniaturizarse, pero para que fuera un reactor seguro, también requiriera de servicios auxiliares, como varias bombas de refrigeración, motores para barras del moderador y un algún tipo de escudo biológico para proteger el entorno de la radioactividad que genera el proprio reactor. Todo esto, hasta donde llega el autor, requiere de volúmenes y pesos incompatibles con lo presentado hasta el momento. Sin contar con que el suministro eléctrico de todos los equipos, como veremos más adelante, también debería generarse a costa del reactor. Bien es cierto que tal vez, si algún día se decidiera disparar esta arma, la situación mundial fuera tal que les daría igual contaminar a un nivel mortal el Océano desde la Península de Kola hasta la costa Atlántica de los Estados Unidos, pero claro, a pesar de esto, me surge una pregunta más ¿Y las pruebas? ¿Van a probar esta arma contaminando brutalmente su propio país? ¿Tal vez el mar circundante a Novaya Zembla se va a convertir, aún más, en un erial contaminado? No me queda más remedio, para poder continuar, que pensar que la Federación Rusa ha encontrado la forma de miniaturizar un reactor nuclear, de agua o de metal líquido, hasta un nivel realmente impresionante. Por el camino de la tecnología actual no me quedaría más remedio, siendo realista, que descartar la existencia de este propulsor, y por tanto del propio dron, tal y como nos lo han planteado.
    Propulsores y Velocidad: Hemos de tener en cuenta que hablamos de una muy alta velocidad en inmersión, del rango de los 90 nudos. Aunque existen equipos submarinos que puedan alcanzar dichas cotas -el ejemplo puede ser el misil submarino Shkval-, para dichas velocidades se necesitan unas características muy especiales y diferentes de las de un propulsor convencional, es decir, a hélices, como puede ser un Mk48 ADCAP estadounidense que se le supone del orden de 55 a 60 nudos. Incluso se debería llegar a pensar en los efectos de una navegación a altas velocidades durante tanto tiempo sobre los materiales de la propia hélice. 10.000 nm a 100 nudos son 100 horas de navegación, que son 4 días y algunas horas. Una resistencia de materiales muy alta, a las que añadir la fatiga de materiales para la presión y temperatura a las que se moverá. Una vez más debemos pensar que la Federación Rusa tiene algo increíblemente novedoso entre las manos… o que no tiene nada. Y es que la potencia requerida para desplazar dicho drone en inmersión a esas velocidades es tal que una vez más hemos de volver al asunto de la potencia del reactor.
  • Profundidad Operativa y Calefacción: La cota operativa, es decir aquella a la que el documento refiere que va a navegar, es de 1.000 metros de profundidad. Para hacernos una idea, esto supone una presión uniforme de 101 kg/cm2. Los actuales submarinos, esos mismos que también posee la Federación Rusa, pueden rondar la horquilla de los 600 a 700 metros, siendo una información muy sensible y clasificada. Una vez más se podría decir que existen diferentes submarinos que alcanza dicha profundidad, pero han sido y son escasos, y no es la norma. Si lo normal fuera sumergirse a 1.000 metros ¿No se aplicaría dicha tecnología a la flota de submarinos primero a gran escala? Lo cierto es que el coste del casco se dispara al tener que recurrir a materiales especiales, como el titanio, o a grandes espesores, que en cualquier caso los hacen inasequibles. Plantear una serie de armas estratégicas basadas en unos cascos tan caros, mucho más que ICBM o SLBM, no parece un camino a seguir para el actual estado de la economía de la Federación Rusa. La profundidad, además, añade un pequeño detalle que suele pasar inadvertido: El frío. Aunque muchos equipos funcionan mejor a bajas temperaturas, como los conductores eléctricos, lo cierto es que a esas temperaturas harán falta calefacción para impedir la congelación de muchos equipos y fluidos. Aunque la fuente térmica puede ser el propio reactor nuclear, entonces repartiría el calor por el resto de la nave a través de un circuito de agua caliente a presión o de vapor, lo cual incrementaría la complejidad del arma y de su construcción y mantenimiento, frente a una calefacción eléctrica. Adoptar esta última, por contra, aumentaría las necesidades del generador o fuente eléctrica. La temperatura y la presión, por último, suelen tener la mala costumbre de volver quebradizos algunos materiales, como el acero, y aunque el casco pueda ser de titanio, otros puntos como los arbotantes o el eje de la hélice y la propia hélice requerirían de estudios y materiales muy complejos.
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    Acerca de Christian D. Villanueva López 36 Articles
    Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha trabajado y colaborado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, entre otros, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.