¿Un Ártico navegable?

La militarización del Ártico

Guardacostas canadiense en el Estrecho de Bering
Infografía del patrullero ártico canadiense Harry DeWolf, primero de una serie de seis unidades con las que Canadá espera poder garantizar la soberanía sobre sus aguas territoriales. Foto - Armada de Canadá.

 

¿Un Ártico navegable?

La militarización del Ártico

 

Por Fernando Ibáñez Gómez

 

2 de agosto de 2007. Rusia anuncia que uno de sus batiscafos ha logrado poner una bandera de titanio sobre el fondo del Ártico a más de 4.000 metros de profundidad. Distintos medios de comunicación nórdicos negaron la mayor y afirmaron que parte de las imágenes ofrecidas por el equipo ruso provenían de la película Titanic de James Cameron, estrenada diez años antes. Fuera una acción real o mera propaganda, el hecho confirmó la carrera en la que se encuentran inmersas las grandes potencias con el fin de alcanzar la última frontera.

El progresivo deshielo del Ártico, provocado por el calentamiento global, marcó el pasado mes de febrero un nuevo mínimo, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica norteamericana (NOAA). De hecho, en los últimos 30 años el espesor de la capa de hielo se ha reducido a la mitad: de 3,6 metros a 1,8 metros.

Esta situación inédita está generando nuevas oportunidades y amenazas. Entre las primeras cabe destacar la explotación de los recursos que se esconden bajo el hielo. En 2008 un estudio del Servicio Geológico de los Estados Unidos estimó que en el Ártico se encuentran un 30% de las reservas no descubiertas de gas y un 13% de las de petróleo. Más de la mitad de esas reservas de crudo estarían en territorio ruso. Se trata de un caramelo muy apetecible para una economía como la rusa, tan dependiente de los hidrocarburos. Moscú tiene mucho que ganar si se logra desarrollar una red de rutas marítimas estables en la región. A fin de cuentas Rusia dispone de la mayor flota de rompehielos del planeta. Con todo, está por ver que la extracción de dichos recursos sea económicamente rentable. Por no hablar de las consecuencias ecológicas que puede tener para toda la región un desastre medioambiental. Aún se recuerdan en Alaska los vertidos del Exxon Valdez (1989) o del Selendang Ayu (2004) con millones de litros de crudo derramados y miles de kilómetros de costa afectados.

Momento en el que un robot ruso pone la bandera del país en el lecho submarino Ártico
Momento en el que un robot ruso pone la bandera del país en el lecho submarino Ártico. Foto – VMF

 

 

MILITARIZACIÓN DEL ÁRTICO

¿Explica la presencia de estos recursos la militarización progresiva del Ártico? Un reciente estudio de los profesores austríacos Brutschin y Schubert parece dar a entender que sí. Las actividades militares se están concentrando en las áreas económicamente más importantes con el fin de asegurarse el acceso a los distintos proyectos energéticos y a las principales rutas de navegación que se están abriendo.

En efecto, en los años siguientes a la publicación del estudio del Servicio Geológico norteamericano hubo un incremento de las operaciones militares en la región. Canadá creó cuatro nuevas unidades militares de reserva en el Ártico. Noruega trasladó una base militar al norte del círculo Ártico. Dinamarca estableció en 2012 un Comando Ártico, que Rusia imitará dos años después con la creación de su propio Comando, que incluye la Flota del Norte, la más importante del país. Para este 2018 está previsto que entre en funcionamiento un nuevo satélite de vigilancia marítima adquirido por Canadá, el RADARSAT Constellation, mientras Moscú construye decenas de instalaciones militares en la zona. De hecho, tanto Estados Unidos como la OTAN parecen ir a remolque de

(Continúa...)

Este artículo es exclusivo para suscriptores de Ejércitos. Si desea leer el texto completo, puede suscribirse haciendo click aquí.