La Zona Gris

El escenario de los conflictos futuros

Los "hombrecillos verdes" son la cara más conocida de la intervención rusa en Crimea y un modelo de las tácticas propias de la "Zona Gris"
Los "hombrecillos verdes" son la cara más conocida de la intervención rusa en Crimea y un modelo de las tácticas propias de la "Zona Gris"

 

La Zona Gris

El escenario de los conflictos futuros

 

Por Christian D. Villanueva López

 

Militares sin emblemas caminando por Crimea, islas que se levantan en la nada, marchas conformadas por miles de civiles en las que se conquista un enorme territorio sin disparar un solo tiro… Los conflictos en la Zona Gris se han venido dando desde hace décadas y son una gran herramienta para quien no puede arriesgarse a iniciar una guerra en la que se sabe derrotado.

En 2014 la República Popular de China iniciaba una serie de obras destinadas a convertir el insignificante arrecife de Fiery Cross, apenas una mancha de tierra de 0,8 hectáreas visible solo durante la bajamar, en una base pesquera, militar y de obtención de inteligencia de 274 hectáreas situada en un enclave estratégico prácticamente en el centro del Mar de la China Meridional. No ha sido la única acción de este tipo, pues el gigante asiático ha seguido la misma estrategia en las islas Paracelso, vitales también en su afán de control sobre los mares aledaños y el intenso tráfico marítimo que asegura su actividad económica.

A pesar de las protestas de sus vecinos, con quienes mantiene tensas relaciones a propósito de la soberanía sobre estos archipiélagos -especialmente en el caso de Vietnam con quien mantuvo una corta pero cruenta guerra en 1979, pero también con Filipinas y Malasia-, nada ni nadie ha logrado frenar las construcciones chinas. De hecho, todo apunta que seguirán en el futuro, con más intensidad si cabe, dada la reciente construcción de dos nuevos buques destinados a la extracción de arena del fondo marino y el posterior relleno.

Hasta el momento, la única respuesta por parte de otras potencias, aunque siempre de forma muy tibia, ha consistido en la organización de misiones FON (Freedom of Navigacion o Libertad de Navegación), durante las cuales se ha podido ver a buques de guerra o incluso grupos de portaaviones estadounidenses así como de otras naciones aliadas, navegando por lo que China considera sus aguas territoriales y levantando de paso airadas protestas por parte de los diplomáticos de Beijing.

Ahora bien, la primera pregunta que cabe hacerse -y merece la pena contestar con sinceridad- es si estas misiones tienen algún impacto para, acto seguido, interrogarse acerca de las razones por las que nadie es capaz de plantar cara a una China que no hace el menor caso de sentencias como la de la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya, aun cuando este organismo dio la razón a Manila en sus reclamaciones en el verano de 2016. La primera respuesta que nos viene a la cabeza parece una obviedad: Nadie puede hacer nada para frenar a China. No obstante, la realidad es bastante más compleja y es ahí en donde entra en juego la genialidad de los dirigentes asiáticos, al mantener todo este tiempo su lucha dentro de los estrechos límites de la Zona Gris, esto es, a medio camino entre la disputa diplomática y la guerra abierta, pero sin llegar nunca a tensar tanto la cuerda como para provocar una respuesta convencional por parte de otras potencias.

Encuadre de la "Zona gris" en el espectro de los conflictos
Encuadre de la “Zona gris” en el espectro de los conflictos. Fuente – heritage.org

 

 

LA ZONA GRIS

Hablar de la “zona gris de los conflictos” no es más que una forma de conceptualizar algo que no es para nada nuevo, por más que en los últimos tiempos haya cobrado relevancia. De hecho, se ha venido actuando en lo que ahora denominamos como Zona Gris de forma más o menos consciente desde que el ser humano camina sobre la faz de la tierra. Acciones como la guerra de corso -al menos cuando los estados que conceden las patentes están oficialmente en paz entre ellos-, el apoyo a las facciones disidentes dentro de otro estado con el que no se está en guerra, influir sobre la opinión pública rival -algo que ahora encuadraríamos dentro de la guerra política (Political Warfare)- o la mismísima Marcha Verde de 1975 no son sino algunas de las caras de este complejo prisma, encuadrándose algunas de ellas en lo que denominamos Zona Gris y siendo otras parte de lo que se conoce como Guerra Irregular, Híbrida, etc, y forman un maremágnum cada vez más complejo en el que resulta difícil poner orden. Esto, que hasta hace poco se englobaba dentro de las MOOTW (Military Operations Other Than War u Operaciones Militares Distintas de la Guerra) ha mutado, en especial por la influencia y posibilidades que le brindan las nuevas tecnologías.

Las definiciones que en los últimos años han aparecido sobre lo que es y lo que no es la “Zona Gris” son en muchos casos insuficientes, cuando no deliberadamente ambiguas o torticeras, pues hay quien incluye fenómenos como el terrorismo que no pueden encuadrarse aquí. Así, el USSOCOM define los desafíos en la Zona Gris como “interacciones competitivas entre y dentro de actores estatales y no-estatales que se encuentran dentro de la tradicional dualidad entre guerra y paz” . Por su parte, el US Army trata de ser un poco más específico y nos habla de tres características comunes a todos los desafíos en la Zona Gris, a saber:

  • Hibridismo: Utiliza una combinación de métodos hostiles de todo tipo que buscan provocar efectos estratégicos, lo cual no debe confundirse con el tan prostituido término “guerra híbrida” en tanto no hablamos de un conflicto armado sino de acciones encaminadas precisamente a progresar en la búsqueda de unos objetivos sin llegar al enfrentamiento directo.
  • Amenazan la defensa convencional: Esta no puede hacer frente a las tácticas híbridas empleadas en la Zona Gris dada la desproporción entre los medios y los fines o la incapacidad de atribuir los ataques.
  • Están pensados para imposibilitar o confundir los cálculos de riesgo tradicionales, provocando la paralización del oponente incapaz de decidirse entre la inacción o la acción, como ocurre en el caso de los arrecifes ocupados por China.

En cualquier caso, ninguna de estas definiciones aporta demasiada luz sobre una cuestión compleja. En puridad, la Zona Gris no debe considerarse tanto como una franja en el eje guerra-paz o un conjunto de tácticas, sino más bien como una herramienta de control de escalada, algo que explicamos por encima al hablar de la Letalidad Distribuida en nuestro Número 3. La idea de fondo es la de utilizar todos los recursos disponibles para alcanzar nuestros objetivos, pero siempre de tal forma que ninguna de nuestras acciones provoque una reacción convencional por parte del oponente. De hecho, una estrategia para la Zona Gris bien diseñada provocará en todo momento la inacción del rival, al plantearle una serie de dicotomías irresolubles. Piense el lector en los famosos “hombrecillos verdes” actuando en Ucrania y que, por más que todo el mundo sospechase que eran rusos, no eran razón suficiente para escalar la situación hasta iniciar una guerra regional de consecuencias impredecibles. Básicamente lo mismo que sucede cuando China ocupa islotes y, poco a poco, los va militarizando pero sin atacar a nadie por el camino, al menos de forma directa, lo cual nos lleva a otra cuestión que explicaremos más adelante y que es la necesidad de respaldar todas las acciones con poder convencional capaz de ejercer cierta disuasión, pero insuficiente para provocar una respuesta masiva.

Uno de los varios islotes que la República Popular de China está convirtiendo en auténticas bases aeronavales avanzadas
Uno de los varios islotes que la República Popular de China está convirtiendo en auténticas bases aeronavales avanzadas

 

 

LOS PROTAGONISTAS

Se puede argüir, no sin una cierta dosis de razón, que las tácticas propias de la Zona Gris se han venido utilizando con profusión desde hace miles de años. Hay pruebas sobradas en los clásicos de la inventiva de nuestros antepasados y de su arte utilizando a terceros (eso que hoy llamamos proxies), promoviendo cambios de régimen de las formas más arteras (guerra política) o utilizando la guerra económica, el espionaje, la desinformación y cualquier otro medio para alcanzar sus objetivos. Ahora bien, que se diesen muchos de los ingredientes que hoy caracterizan a los conflictos de la Zona Gris no significa que dichos actores buscasen deliberadamente combatir en dicha franja.

El verdadero cambio llegó con la Guerra Fría. La llegada del mundo bipolar, con su competición entre las dos superpotencias a escala global condicionada por la MAD dio pie a la búsqueda de nuevos mecanismos que permitiesen, por así decirlo, desatascar el conflicto y permitir que la lucha siguiese adelante, eso sí, sin provocar un conflicto de consecuencias inimaginables. La utilización de la propaganda política a todos los niveles, la generalización de los mercenarios, el patrocinio de fuerzas paramilitares e insurgentes o la multiplicación de las unidades de Operaciones Especiales fueron solo algunas de las consecuencias de la necesidad de luchar intentando limitar la escalada al máximo.

Ahora bien, los condicionantes eran notablemente diferentes a los actuales. Durante la Guerra Fría los dos bloques estaban prácticamente aislados uno del otro. Aun a pesar de existir intercambios económicos, de firmarse tratados o de compartir ciertas reglas de comportamiento amparadas por instituciones como las Naciones Unidas, lo cierto es que cada una de las superpotencias planteaba una alternativa radical al modelo de la otra. Eran, en este sentido, proyectos excluyentes.

Hoy en día la cosa es bien distinta. Potencias que podrían tacharse de revisionistas, como la República Popular China, la Federación Rusa o Irán, están en gran medida plenamente integradas en el sistema internacional. No solo son firmantes de buena parte de los tratados más relevantes, sino que se benefician de la estabilidad que garantizan las normas que rigen, por más que quieran en muchos aspectos cambiar el propio sistema a su favor por diferentes razones. Ahí radica el problema.

El sistema internacional posterior a la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS lleva la impronta de los Estados Unidos, país que sigue luchando por extender el orden liberal (democracia representativa y economía de mercado) por todo el orbe. Estados como los citados, con una historia milenaria, una fuerte conciencia de esta, con características propias en cuanto a su visión del mundo y de su papel dentro de él y que por distintos motivos han quedado relegados a un segundo plano en las últimas décadas, están decididos a alterar el sistema -que no a sustituirlo por otro , lo que los lleva a chocar permanentemente con los Estados Unidos y, por extensión, con las alianzas militares que ha patrocinado desde el final del último conflicto mundial. Dado que el poder militar de EE. UU. y sus aliados es a día de hoy incontestable a nivel global, para lograr sus metas todos estos actores están abocados a utilizar estrategias destinadas a evitar el estallido de un conflicto militar con EE. UU. y sus aliados en el que difícilmente podrían imponerse. Por todo ello se han concentrado en los últimos años en dar cuerpo a toda una serie de tácticas que, combinadas, permiten lanzar operaciones de calado en la Zona Gris, limitando el riesgo de escalada y aportando jugosos beneficios -desde su punto de vista-, como hemos visto en Crimea o en el Mar de China Meridional.

Las tácticas de la "Zona Gris" están diseñadas para dislocar la defensa convencional
Las tácticas de la “Zona Gris” están diseñadas para dislocar la defensa convencional

 

 

UN POCO DE HISTORIA

Reza un documento del SOC (Mando de Operaciones Especiales de los EE. UU.) que, si bien la naturaleza de la guerra permanece, su carácter está cambiando . Puede parecer una frase vacía, pero hasta cierto punto resume a la perfección lo que está ocurriendo en las últimas décadas, con la generalización de las unidades de Operaciones Especiales, la aparición de nuevos espacios de lucha, como el virtual o el espacial y la aversión a las bajas, entre otros.

El auge de las acciones en la Zona Gris es una muestra más de este cambio ya que emergen como a medio camino entre la disputa diplomática y la guerra abierta, ocupando un espacio incierto dentro del espectro de los conflictos. En realidad, todo en las operaciones en la Zona Gris es similar a lo que ocurre en la guerra convencional o cualquier otro tipo de guerra “caliente” en el que queramos pensar, bien sea irregular, de Cuarta Generación, Híbrida, etc, de ahí que la naturaleza de la guerra continúe inmutable. Como a cualquier otra guerra, le son de aplicación los principios estratégicos más elementales y necesita de unos objetivos claros -que pueden ser de lo más tradicionales, como la conquista de un territorio o el derrocamiento de un gobierno-, de una planificación, de una estrategia operativa y de unas tácticas propias. Es más, para ser efectiva necesita de un importante respaldo convencional, pues de lo contrario, cualquier táctica sería fácilmente contrarrestada mediante el uso de la fuerza. Es, sin ir más lejos, lo que ocurre con el programa chino de construcción de islas artificiales, el cual estaría condenado al fracaso de no contar tras de sí con la disuasión que proporcionan las Fuerzas Armadas Chinas. Sin embargo, pese a tantas similitudes, cuenta con características propias que la hacen adecuada en estos tiempos en los que un conflicto convencional de gran envergadura es, debido al arma nuclear, demasiado arriesgado.

La primera de ellas es la ausencia de violencia física, eso que hemos denominado “no guerra” y que es, quizá, la característica definitoria de los conflictos que se libran en la Zona Gris. Si bien en momentos determinados pueden llegar a darse acciones de fuerza, estas son siempre muy puntuales -caso de un asesinato selectivo o los disturbios urbanos- o, de lo contrario, entraríamos de lleno en la categoría de la Guerra Irregular o en el terrorismo. La clave está, por tanto, en desenfatizar la lucha tradicional para centrarse en las operaciones de influencia y desinformación (INFOOPS), la propaganda (AGITPROP) y la ciberguerra, entre otros.

El mayor problema a la hora de entender la naturaleza de las acciones en la Zona Gris reside, al menos para los occidentales, en todo el entramado intelectual que respalda estas acciones y que nos es hasta cierto punto ajeno, pues tiene su origen en la tradición estratégica oriental, más dada a la aproximación indirecta que a la acción directa.

Esto, que puede parecer una cuestión baladí, no lo es tanto una vez caemos en la cuenta de nuestra incapacidad, en muchos sentidos, para pensar de la misma forma que lo hacen sin ir más lejos los chinos o los rusos. No queremos decir que los occidentales seamos incapaces de luchar en esta franja de los conflictos, ni mucho menos, sino más bien que nos resulta en cierto modo artificial, pues solemos entender la realidad estratégica en forma de dicotomías (guerra-paz, victoria-derrota). En el caso oriental -rogamos al lector nos perdone por lo que no es sino una burda simplificación fruto de la falta de espacio-, que bebe de una rica tradición en la que puede trazarse una genealogía clara desde Sun-Tzu hasta Lenin y de ahí hasta Mao o Gerasimov -por más que el término se deba precisamente a un británico, Liddell Hart-, todo resulta mucho más voluble y fluido, confuso si se quiere, pero no falto de sentido. Una tradición que, reducida a su mínimo común, nos lleva a la conocida sentencia “el arte supremo de la guerra consiste en derrotar al enemigo sin luchar” y en la que las fronteras entre la guerra y la paz no están bien definidas, llegándose al caso ruso de considerarse como en “guerra permanente”.

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Acerca de Christian D. Villanueva López 20 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha trabajado y colaborado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, entre otros, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.