Operación Anaconda III

Redención

Una de las docenas de cuevas empleadas por los defensores para almacenar suministros y permanecer ocultos a la visión de los medios aéreos occidentales
Una de las docenas de cuevas empleadas por los defensores para almacenar suministros y permanecer ocultos a la visión de los medios aéreos occidentales

 

Operación Anaconda III

Redención

 

Por Rafael López Mercado

 

Tras leer gran cantidad de libros sobre la historia militar estadounidense, si hay alguna peculiaridad que resaltaría de todos ellos es la rapidez con la que asimilan y se adaptan gracias a las lecciones aprendidas en el campo de batalla. Tienen un especial afán en lo que denominan “lessons learned”. Y precisamente la Operación Anaconda es uno de los ejemplos más claros de este fenómeno, tanto en el transcurso de la batalla como en los análisis que posteriormente se hicieron.

El comienzo de la misión fue un desastre desde la fase previa de planificación. A pesar de que tuvieron dos meses para entrenar a sus aliados, realizar un reconocimiento del lugar y desplegar a todas las tropas y medios necesarios, el resultado final fue que erraron, y por mucho, en la mayoría de aspectos. No había 250 enemigos en el valle de Shah i Kot, demostrándose más adelante que la cifra se elevaba a cerca de un millar. No estaban desplegados en los poblados del centro del valle, entre la población civil, ya que ésta había sido anteriormente expulsada y los defensores se concentraban en la loma “la ballena” situada al Oeste y sobre todo en las altas montañas del Este.

Tampoco sería una misión de 3-4 días, siendo necesarios casi tres semanas. Ni tampoco la disposición del enemigo era la de huir a la cercana frontera con Pakistán como había sucedido meses antes en Tora Bora. Más bien preferían quedarse a luchar contra los norteamericanos en ese lugar que la experiencia contra los soviéticos décadas antes les había inducido a considerar como una fortaleza y habían concentrado para su defensa gran número de piezas de artillería, morteros y ametralladoras pesadas.

No es de extrañar que los primeros movimientos de los atacantes resultasen desastrosos. La fuerza afgana aliada, dirigida por el señor de la guerra pastún Zia Lodin, que emplearon para intentar acceder siguiendo los caminos que entran en el valle por el Norte y el Sur, se estrelló contra el dispositivo enemigo. No se les proporcionó el necesario bombardeo aéreo previo para destruir las defensas, tuvieron un grave incidente de fuego amigo, se toparon con campos de minas y un eficaz fuego enemigo que les detuvo en seco. Desmoralizados, retrocedieron y su importante papel de presionar a los defensores se esfumó.

La parte del plan que les correspondía a los norteamericanos tampoco funcionó como estaba previsto. Su idea de realizar un asalto aerotransportado que colocase a sus tropas sellando las salidas del valle por siete desfilaros se encontró con un enemigo que no estaba situado donde ellos pensaban, en los poblados, sino en la cadena de altas montañas que limitan el valle por el Este. Desde esas posiciones altas tenían a la vista a los soldados, a los que intentaron derrotar con asaltos a sus dispersas posiciones, y sobre todo con un nutrido fuego de morteros, RPGs y ametralladoras, Si los talibanes y terroristas de al Qaeda hubieran conseguido derribar un par de helicópteros y matar a varios soldados lo mismo hubieran podido dar al traste con la Operación Anaconda.

Pero fue justo en ese momento y bajo esas circunstancias donde el talento militar norteamericano de adaptación comenzó a destacar. Hay que reconocer que la Divina Providencia estuvo de su parte y pese al gran número de heridos no tuvieron que lamentar bajas mortales ni fue derribado ningún helicóptero, pese a ser machacados por las ametralladoras, RPGs y algunos misiles antiaéreos de corto alcance.

En apenas unas horas modificaron todo el plan de acción para acomodarlo a la realidad. En primer lugar esperaron a las horas nocturnas para contar con la protección de los aviones cañoneros AC-130 Spectre y poder extraer con helicópteros a las tropas más expuestas. A continuación realizaron un asalto aerotransportado a una nueva posición, la “Helicopter Landing Zone 15” (HLZ15), situada en la parte Norte del valle, donde se desplegaron inicialmente de manera defensiva varias compañías para crear una base avanzada que les sirviese como punto de introducción del resto de unidades y todos los medios que necesitasen.

Una vez asegurada la HLZ15 comenzaron a avanzar para localizar al enemigo, fijarlo y usar a los Enlisted Terminal Attack Controler ETAC (miembros de la USAF desplegados con la tropa con el fin de designar objetivos para ser bombardeados por los aviones) con el fin de acabar con sus enemigos.

Tras los dos primeros días de combates y comprobar que las suposiciones iniciales eran erróneas, la cadena de funcionamiento de la administración militar norteamericana se puso en funcionamiento a pleno ritmo y se tomaron todas las medidas necesarias para que la Operación Anaconda tuviera un final exitoso. Se cursaron órdenes a bases repartidas por todo el planeta para que pusieran a disposición cualquier medio que se considerase necesario.

Por ejemplo, dado que los escasos seis helicópteros de ataque AH-64A Apache habían sufrido graves daños mientras daban apoyo a las tropas de tierra, desde EEUU se comenzaron a embarcar sus sustitutos en enormes aviones C-5 Galaxy que en 24 horas los transportaron al teatro de guerra. Hasta que entrasen en combate, el Cuerpo de Marines puso a disposición sus helicópteros de ataque y transporte situados en el Océano Índico. De igual manera, los eficaces aviones de ataque a tierra A-10 Thunderbolt II que la USAF tenía desplegados en Kuwait recibieron orden de trasladarse a una base aérea de Pakistan para actuar de manera secreta como controladores aéreos avanzados nocturnos.

En el espacio aéreo del valle de Shah i Kot el apoyo aéreo había resultado un caos, ya que sobre esa relativamente pequeña área se concentraban ocasionalmente gran número de medios que volando a diferentes alturas trataban de responder a las peticiones de apoyo aéreo y lo único que conseguían era interferir unos con otros. Además, las tropas en tierra no podían realizar sus peticiones directamente a los aviones, sino que tenían que transmitirlas a los E-3 Sentry AWACS que pasaban la información al resto de aviones. Para evitar ese descontrol, desde el Coalition Forces Air Component Command (CFACC) perteneciente al CENTCOM (mando con responsabilidad sobre 27 naciones de África y Asia) se envió a Bagram una célula con el tamaño, medios y experiencia necesarios para dirigir las operaciones aéreas, y se incorporaron los poderosos E-8 Joint STARS como gestores del campo de batalla.

Posiciones defensivas excavadas en la cresta de la montaña. La fotografía está realizada desde la posición donde se encontraba la ametralladora DsHK y mira hacia el Este, observándose el árbol denominado como “bonsái” que usaban como referencia para dirigir los ataques aéreos durante la Operación Anaconda
Posiciones defensivas excavadas en la cresta de la montaña. La fotografía está realizada desde la posición donde se encontraba la ametralladora DsHK y mira hacia el Este, observándose el árbol denominado como “bonsái” que usaban como referencia para dirigir los ataques aéreos durante la Operación Anaconda

 

 

LUCHA A MUERTE EN TAKUR GHAR

Curiosamente, en el momento en el que las fuerzas de la coalición habían respondido ágilmente a las necesidades reales que planteaba el lugar y el enemigo, fue cuando el factor humano y sus caprichos dieron al traste con lo que parecía que iba a ser una gran victoria.

El General de la USAF Gregory Trebon, provisionalmente al mando de las unidades pertenecientes a la Task Force 11 – la dedicada a la búsqueda y captura de los objetivos prioritarios en Afganistán como Osama Ben Laden, Ayman al-Zawahiri, los demás dirigentes principales de al Qaeda y los miembros del gobierno talibán – decidió intervenir personalmente en los combates por el valle de Shah i Kot. Aunque orgánicamente dependían de la Task Force 11, el Lt. Col. Blaber colaboraba desde días antes de que empezara la Operación Anaconda con la Task Force Mountain infiltrando en el lugar tres equipos de reconocimiento AFO dedicados a la localización del enemigo, informando de su despliegue y movimientos, así como designando objetivos para las bombas de los aviones. El éxito era total gracias a la preparación previa y su profesionalidad. Celoso del éxito de Blaber, Trebon decidió realizar una discutible practica consistente en rotar las unidades participantes en los combates para que el mayor número posible de personal adquiera experiencia (la USAF también es partidaria de esta práctica y se empeñó en rotar a todos los ETAC presentes en Shah i Kot con la consiguiente bajada de rendimiento cuando más necesaria era su eficiencia). El objetivo en la sombra era quitar la presencia de Blaber y sus unidades para cambiarlas por otras unidades bajo su directo mando. El problema era que las AFO de Blaber llevaban días infiltrados en el interior del valle y volver a infiltrar otras nuevas en un terreno que no conocían, sin aclimatarse a las extremas altitudes y sin conocer el despliegue del enemigo no sería tan fácil sin ser localizados.

Presionando al máximo para que se cumplieran sus intenciones Trebon decidió que uno de los equipos de reconocimiento hiciese su tarea en la cima del Takur Ghar, la montaña más alta de la cordillera que limita por el Este la zona de combate. Obviamente el punto más alto es el mejor para una observación del valle al completo, pero eso era algo de lo que también era consciente el enemigo y en las fotografías aéreas se podían ver claramente trincheras y posiciones defensivas.

Pero el mayor problema fue cuando quisieron usar helicópteros para realizar esa infiltración en el terreno controlado por los defensores. Varios problemas retrasaron el transporte y cuando lo quisieron llevar a cabo apenas quedaba tiempo antes de que saliese el sol y la luz del día hiciese impracticable su objetivo. Una vez más Trebon presiono al equipo de reconocimiento Mako30 instándoles a aterrizar en plena cima, el lugar desde donde querían montar su posición de observación. Cuando a las 02:45 del 4 de marzo el helicóptero quiso tomar tierra, la docena de uzbekos defensores les recibió con un aluvión de fuego de ametralladoras y RPGs, que averiaron gravemente el helicóptero y provocaron que uno de los miembros del equipo Mako30 se precipitase del aparato al suelo. El piloto intento controlar el Chinook pero lo más que pudo hacer fue estrellarlo controladamente cerca de la HLZ15. A partir de ahí se inició una carrera para intentar salvar al Petty Officer 1st Class Neil Roberts, que había quedado abandonado en el lugar más peligroso de todo Shah i kot y completamente rodeado de enemigos.

Un AC130 Spectre que estaba sobrevolando el lugar fue testigo del derribo del Chinook y aviso a otro de los helicópteros del 160th SOAR con indicativo radio Razor4 de lo ocurrido. Sin pérdida de tiempo Razor4 se dirigió a las coordenadas del Chinook abatido y tras aterrizar procedieron a rescatar a los miembros de Mako30, a la tripulación de Razor3 y retiraron todo el material sensible. El primer impulso fue ir inmediatamente a por Roberts, pero antes tuvieron que pasar por Gardez para dejar el equipo y los tripulantes que no fuesen necesarios para la misión de rescate.

En Bagram ya se habían encendido la alarma por lo acontecido a Roberts y la fuerza de reacción rápida (QRF por sus siglas en inglés) consistente en la A Company del 1st Battalion – 75 Ranger Regiment al mando del Captain Nathan Self comenzó a las 04:00 a prepararse para la misión de rescate.

A esa misma hora el líder del equipo de SEAL Mako30, el Senior Chief Petty Officer Slabinski “Slab”, tomó la decisión de volver con sus seis hombres restantes a la cima en busca de su compañero. A las 04:15 despegaron de Gardez y 40 minutos más tarde volvieron a aterrizar en el mismo punto donde Razor3 había sido acribillado horas antes. Pese a pedir a un AC-130 Spectre que disparase sus armas contra la zona Norte de la cima donde se encontraban las posiciones defensivas y la DsHK, los pilotos se negaron a cumplir la petición ya que nadie sabía donde podía encontrarse Roberts y si estaba vivo. Por ello, nada más tomar tierra fueron de nuevo recibidos por un nutrido fuego con ametralladoras y RPGs. Los hombres de Mako30 desembarcaron y mientras Razor3 despegaba y se retiraba de la montaña seriamente dañado, intentaron avanzar hacia el bunker emplazado en la cara Norte de la montaña y que tenían como referencia situado delante y a la derecha de donde habían aterrizado, pero los defensores eran combatientes curtidos y el aluvión de disparos con el que respondieron al asalto pronto alcanzo al Technical Sergeant John A. Chapman hiriéndole mortalmente. Chapman era miembro de la USAF y era el encargado de realizar las solicitudes de apoyo aéreo. En rápida sucesión fueron también heridos otros dos miembros de Mako30, por lo que se empezó como una misión de rescate acabo como una lucha por sobrevivir. Rodeados, con heridos y bajo fuego enemigo comenzaron un peligroso descenso deslizándose hacia abajo de la montaña por su cara Oeste.

Lo triste del sacrificio póstumo de Chapman y de las penalidades de los demás componentes de Mako30 era que desde Bagram habían podido contemplar con anterioridad, en las pantallas desde donde la Task Force Mountain seguía la batalla, la imagen retransmitida por un UAV Predator donde se veía a un grupo defensores rodear a Roberts, acabar con su vida y arrastrar sus cuerpo hacía los búnkeres. Dicha información vital para Mako30 no les pudo ser comunicada ya que Trebon había decidido realizar en medio de la operación un cambio de frecuencia de radio para que sus únicas opiniones fueran las que prevaleciesen sobre las decisiones que en última instancia era Mako30 quien adoptaba.

Mientras Mako30 luchaba por su vida, despegaba desde Bagram la QRF del Captain Self con 22 rangers, un ETAC y tres miembros de la USAF pertenecientes a un equipo Combat Serch and Rescue (CSAR). Volando en dos Chinook (código radio Razor1 y Razor2) los helicópteros llegaron a la zona a plena luz del día y sin una clara idea de cuál era su cometido. Como la cima era muy estrecha y solo podía aterrizar un helicóptero se decidió que Razor2 esperase en Gardez a la correcta inserción de la mitad de los Rangers y que más tarde trajese a la montaña al resto del equipo.

Sin apoyo de aviones cañoneros, ya que habían abandonado la escena salir el sol, Razor1 tomo tierra pasadas las 06:00, y como había sucedido con anterioridad, los uzbekos abrieron fuego contra ellos con todo el arsenal del que disponían. Sacudido por balas y granadas el aparato quedo incapaz de volver a despegar. El piloto fue herido en una pierna, varios miembros de la tripulación heridos y el Sergeant Phil Svitak, cañonero de la puerta derecha falleció.

Conforme pasaban los minutos la situación empeoraba ya que el Chinook era un fácil blanco para las armas de los defensores. Aunque apenas existía cobertura en el exterior, Self y sus hombres salieron fuera del aparato para atraer el fuego enemigo y que los heridos pudiesen quedar siendo tratados en el interior. Nada más salir el aluvión de disparos les persiguió y otros tres soldados fueron heridos o murieron.

Desde dos rocas situadas a unos 20 metros a la derecha del Chinook comenzaron a devolver los disparos y el ETAC pudo enlazar con los aviones que volaban sobre el valle. A las 07:00, unos 45 minutos después de aterrizar, el ETAC pudo dirigir a un par de F15 que realizaron pasadas disparando ráfagas con su cañón de 20mm.

A esa misma hora Razor2 y los otros 13 hombres de la QRF volaban hacia Takur Ghar. Avisados por los hombres de Mako30 de lo que les había ocurrido a ellos y a sus compañeros, Razor2 no aterrizo en la cresta, sino que lo hizo a las 07:30 en la cara Oeste y a unos 300 metros de los miembros de Mako30. Conducidos por el Staff Sergeant Arin Canon, empezaron un peligroso ascenso por una montaña de más de 3.000 metros de altura, cargados de equipo y bajo fuego enemigo de mortero.

Mientras los hombres de Canon iniciaban su escalada, Self y sus hombres seguían entablando combate con los uzbekos. El fuego de mortero estaba siendo dirigido contra el helicóptero y tuvieron que sacar a los heridos a otra posición más segura. Con un gran coraje Self tomó la decisión de asaltar con 5 de sus hombres los búnkeres enemigos, pero a medio camino, entre la letal lluvia de disparos la DsHK abrió fuego contra ellos y los obligó a retroceder a su posición de partida.

Tras varios bombardeos infructuosos de varios F16, el ETAC consiguió enlazar el piloto de un Predator armado con misiles Hellfire. Tras fallar con el primero, el segundo dio de lleno en el bunker y mato a sus defensores.
Con gran alivio de Self a las 11:00 culminaron su escalada los hombres se Canon llegando por la cara Este, y conjuntamente pudieron limpiar la cima del resto de sus defensores. Un cuarto de hora más tarde, desde la cara Sur, tuvo lugar el primero los intentos de los uzbekos por recuperar el control de Takur Ghar. Bajo estas condiciones los hombres de Mako30 y de Self tuvieron que esperar a que anocheciese para poder ser sacados a las 20:00 de la odiosa montaña mediante helicópteros. En total, hasta siete ilitares estadounidenses habían perdido la vida en una misión a todas luces innecesaria.

El día 6 de marzo un ETAC que trabajaba con el Lt. Col. Corkran y el 1-87 IN llevaba mucho tiempo extrañado con algo que observaba en Takur Ghar. A pesar de que una y otra vez los aviones bombardeaban la cima, siempre eran enviados defensores a sustituir a los caídos. Había un motivo por el que no querían abandonar esa posición. Tras establecer contacto con un AWACS pusieron a su disposición dos F16 con LANTIRN para que observasen cierto lugar que le parecía sospechoso. Tras cuatro pasadas y arrojar varias bombas sin efecto, uno de los pilotos detecto una apertura de lo que parecía ser un bunker y al que arrojo una bomba de 250 kg.

El lugar al que el artefacto se dirigía era la madre de todos los depósitos de munición que había en toda la región y que todavía estaba en poder de los talibanes. Durante décadas había servido como almacén principal alimentando la guerra contra los soviéticos, señores de la guerra, los miembros de la Alianza del Norte y ahora contra los occidentales. Era el principal motivo por el que el valle de Shah i Kot no había sido abandonado. Estaba diseñado para ser eficaz y no eficiente. En vez de estar en la falda de la montaña para que los vehículos pudiesen descargar o cargar rápidamente, había sido construido en un punto alto y escondido de la vista. Para llevar toda su carga hasta allí los talibanes se dieron el enorme trabajo de realizar miles de transportes a lomo de burros. Cuando la bomba impacto en el bunker la montaña parecía haber entrado en erupción como si se tratase de un volcán y las explosiones secundarias se sucedieron durante días enteros.

La DsHK que en la cima de Takur Ghar había dominado los combates permaneció desafiante y disparando contra todo helicóptero que volaba a su vista. Por mucho que se realizasen ataques aéreos sobre su posición, los fogonazos que realizaba la ametralladora volvían a ser visibles desde larga distancia. En la tarde del 10 de marzo varios Apache AH-64 pertenecientes a la Bravo Company 3rd Battalion – 101 Aviation Regiment quisieron intentar un ataque contra dicha arma. Aunque la cima excede la altura máxima de vuelo de los aparatos, el líder de la unidad empujo a su montura más allá de sus límites y fue ganando poco a poco altura. Llegando a un punto en el que apenas respondía a los mandos, con un último esfuerzo el helicóptero se situó directamente enfrente de la la DsHk y sus asombrados servidores. Cara a cara, el Apache fue el primero en reaccionar y apretar el pulsador que lanzo una salva completa de cohetes y de fuego del cañón de 30mm, acabando para siempre con tan mortífera amenaza.

Como pequeña venganza por lo sufrido por los miembros de Mako30, el día 17 de marzo la Task Force 11 recibió información de que un convoy de 3 Pick Up Toyota estaba intentando huir desde Shah i Kot hasta Pakistán. Gracias a las imágenes de un UAV Predator se les pudo seguir en su escapada y los SEAL (entre los que se encontraba Slab y los miembros de Mako30) apoyados por los Rangers y CSAR embarcaron en 3 Chinook y dos MH-60G Pave Hawk.

Rodeando a los Toyota, los artilleros de los helicópteros dispararon contra los vehículos y los destruyeron. Desembarcando a los SEAL pudieron realizar un fuego cruzado contra los terroristas y en cuestión de minutos acabaron con dieciséis hirieron a otros dos, todos ellos uzbekos, chechenos y árabes. Entre el material incautado había numerosa documentación y equipo norteamericano del perdido mientras se luchaba por Takur Ghar.

Fotografía obtenida pasados varios años de la batalla donde se pueden observar las aspas como único resto del Chinook. En la esquina superior derecha se aprecia la posición del bunker
Fotografía obtenida pasados varios años de la batalla donde se pueden observar las aspas como único resto del Chinook. En la esquina superior derecha se aprecia la posición del bunker

 

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Acerca de Rafael López Mercado 4 Articles
Ingeniero y piloto de drones, está especializado en el mantenimiento predictivo de vehículos militares. Ha colaborado durante dos décadas con los principales medios e instituciones nacionales sobre defensa.