La estrategia del Yihadismo I

La influencia del Idharat al-Tawahus

Líderes de Al Qaeda y Daesh
Líderes de Al Qaeda y Daesh

 

La estrategia del Yihadismo I

La influencia del Idharat al-Tawahus

Por Yago Rodríguez Rodríguez

 

Cuando se piensa en el yihadismo y en grupos como Estado Islámico o Al Qaeda tendemos a concebirlos como una suerte de sistemas solares, repletos de planetas que sólo tienen en común una creencia fanática en el Islam, que les lleva a emplear una desordenada serie de tácticas a fin de ganar el poder y constituirse en estados islámicos y  más procupados en muchos casos de luchar con el grupo rival que de perseguir un objetivo claro. Sin embargo, el pensamiento estratégico yihadista existe, y aunque no es monolítico ni tiene una base intelectual tan sólida como en Occidente, ejerce una gran influencia sobre la miríada de grupos terroristas.

Queremos en este análisis apuntar la visión estratégica que suele impregnar a los grandes grupos yihadistas, para proporcionar un punto de vista pocas veces tratado en los análisis sobre este fenómeno. Asimismo confrontaremos tal estrategia con los hechos acaecidos en los últimos años y que han llevado entre otras cosas a la proclamación de un Califato por parte de lo que no era sino una escisión de Al Qaeda, algo insólito.

La piedra angular de la estrategia yihadista actual puede encontrarse en el Idharat al-Tawahus (إدارة التوحش: أخطر مرحلة ستمر بها الأم). Esta obra fue escrita por un “estratego” de Al Qaeda llamado Abu Bakr Naji en 2004 y gracias a su relativa simplicidad ha sido leída e interiorizada por numerosos grupos radicales hasta nuestros días.

La obra en sí no puede considerarse una genialidad, pero es muy hábil a la hora de establecer una estructura teórica clara para alcanzar la victoria. Aunque adolece de vacíos en algunos aspectos y está repleta de razonamientos religiosos de valor cuestionable, también es cierto que provee una estrategia original, y posiblemente acertada, como veremos.

Por último, antes de comenzar cabe decir que el Idharat al-Tawahus es el fruto de reflexionar sobre muchos otros textos históricos, religiosos, militares y de filosofía de la naturaleza humana que han sido estudiados en el mundo de la yihad sunita, en este sentido, aunque el libro en sí no sea la panacea, está respaldado por una literatura abundante.

Abu Bakr al-Baghdadi
Abu Bakr al-Baghdadi

 

 

ESTRATEGIA

La idea que subyace en la guía concebida por Abu Bakr Naji pasa por un análisis histórico de los grandes reinos e imperios de la historia, y especialmente por los del propio Islam: desde las primeras batallas de Mahoma contra los politeístas, hasta principios del nuevo milenio.

Todos los grandes entes terminan por caer, bien por si mismos debido a sus problemas internos, bien porque la presión exterior termina por hacerles caer. Una vez alcanzado este punto se produce una especie de vacío de poder; con matices especiales, que ofrece una oportunidad a los yihadistas para tomar el control de los territorios. En base a esta idea se construye buena parte de la estrategia yihadista.

En Europa, las estrategias y las líneas políticas han tendido a ser concebidas para los gobiernos y sus estados. Sin embargo los salafistas parten de la idea de que la Umma, la comunidad de personas islámicas, está sometida o adormecida por regímenes y corrientes de ideas corruptas y perniciosas, así pues los yihadistas no tienen estado o gobierno que gestionar, sino que se trata precisamente de conseguir alcanzar un gobierno o un estado plenamente controlado por ellos y que incluya al conjunto de los musulmanes.

Fruto de lo anterior, toda la estrategia se centra en obtener el poder, para lo que es necesario descuartizar a los estados y regímenes existentes. Estados que además se presumen corruptos tanto internamente como por las relaciones que mantienen con sus “compañeros de viaje”, como suelen ser referidos los estados no musulmanes con los que mantienen alianzas.

En base a todo lo anterior, se conciben tres fases más o menos separadas, aunque flexibles y capaces de superponerse:

  1. Vejación y agotamiento
  2. Gestión de lo salvaje
  3. Establecimiento del Califato

A su vez, dichas fases se producen en dos tipos de áreas: las prioritarias y el resto. Las áreas prioritarias podían cambiar, y eran determinadas por Al Qaeda Central. En el año 2004 se contaban las siguientes:

  • Jordania
  • El Magreb
  • Nigeria
  • Pakistán
  • Yemen
  • Arabia Saudita

Sin embargo, es probable que en la actualidad Iraq y Siria estén incluidas entre las regiones prioritarias, y a su vez países como Libia, Egipto, Túnez o Turquía seguramente reciban una atención especial, mientras que otros pueden haberse caído de la lista.

Bajo la concepción salafista, el Oriente Medio actual es un producto artificial de la colonización occidental, algo en lo que jugó un papel clave el tratado de Sykes-Pikot. Por este motivo los territorios antedichos no necesariamente coinciden con los estados-nación reconocidos por la Comunidad Internacional y en cualquier caso las fronteras legales no son rígidas a la hora de delimitar los teatros de operaciones.

Guerra de Siria. Fuente - The National
La violencia continua tiene el efecto de endurecer a las poblaciones musulmanas y servir de acicate para alistarse a la Yihad. Fuente – The National

 

 

LA ORGANIZACIÓN INTERNA

No todos los medios puestos al alcance de la guerra santa han de estar basados en la violencia. De hecho, los medios de comunicación, la política de alianzas y el trato con la población civil son elementos nucleares de la estrategia yihadista, si bien es cierto que tienden a aparecer a partir de la etapas más avanzadas, como explicaremos.

El Idharat al-Tawahus se escribió por y para Al Qaeda y sus potenciales aliados, así pues se habla de una suerte de Alto Mando, que era Al Qaeda Central. En este sentido Abu Bakr Naji pensaba en una sola estructura de mando, con una jerarquía disoluta pero existente y sin competidores directos, idea que naturalmente ha sido modificada por la aparición de Estado Islámico. Sin embargo, podemos decir que, al menos mientras el Dáesh mantuvo el control territorial de parte de Diyala y de Sham, tuvo un papel similar a Al Qaeda Central.

A lo largo de las distintas fases, las estructuras organizativas yihadistas varían en sus morfologías y en sus ordenaciones internas. Todo suele comenzar en una “región del salvajismo” en donde se entrena y se dan instrucciones a uno o varios individuos que al regresar a su tierra preparan pequeñas células, a la vez que tejen una red de contactos que incluye desde potenciales aliados, hasta simpatizantes y combatientes.

Con las células listas y equipadas se inicia la actividad terrorista, que si es fructuosa permitirá aumentar el tamaño de la organización. Llegados a cierto punto se podrá plantear abiertamente la creación de un verdadero grupo armado de carácter guerrillero. El carácter guerrillero puede considerarse un salto cualitativo sobre el terrorista, aunque se mantienen ambos tipos de actividades. En cierto sentido, la actividad guerrillera consistente en golpes de mano y raids, lo que se asocia a las “operaciones medianas”, mientras que los actos terroristas se pueden asociar a las “operaciones pequeñas”.

La decisión de fusionar varias células para conformar un grupo de mayor entidad debe tomarse con mucha cautela y es especialmente importante valorar lo que se ha traducido al inglés como “el poder” (al-Shawk), aunque la connotación de este término tiene más que ver con la resiliencia, que con el poder tal y como lo entendemos en Occidente.

Al constituir un solo grupo, el nivel de centralización aumenta, y se pierde la estanqueidad de que gozaban las células terroristas, las que en el caso de que una fuera aniquilada, no se veían comprometidas. Por el contrario, en un grupo centralizado, la captura de la cúpula podía permitir a sus enemigos aniquilar a toda la organización de un plumazo.

La contrapartida al riesgo de centralizar la organización está en la capacidad de acción, ya que una organización más grande es más capaz de atraer y de movilizar recursos, y este paso es fundamental si se quieren alcanzar los objetivos finales. Además, los grupos de cierto tamaño son las únicas estructuras capaces de suplantar al estado una vez este ha sido derrotado, algo fundamental de cara a gestionar lo salvaje y, finalmente, establecer el Califato.

Un concepto fundamental para valorar los riesgos de una fusión es el “Al-Shawk”, a veces traducido como “poder”, en realidad representa la capacidad del grupo para soportar las presiones, el castigo y el desgaste del conflicto, igualmente representa la capacidad de supervivencia y la pervivencia de un orden jerárquico. En definitiva, el “Al-Shawk” se configura como un sinónimo de capacidad de resistencia de la organización.

Para facilitar el “Al-Shawk”, internet tiene un papel fundamental, ya que permite mantener comunicaciones a larga distancia, de tal forma que se reduce la exposición de la cadena de mando al impartir órdenes, además permite preservar el conocimiento atesorado, de tal forma que si uno desaparece, sus conocimientos podrán ser usados para enriquecer a los grupos del futuro.

No en vano, podemos constatar que un grupo yihadista de reciente creación cuenta con una ayuda y un saber heredados de los grupos predecesores, algo que ocurre deliberadamente, en particular cuando las matrices de Al Qaeda e ISIS comparten sus manuales, consejos y experiencias con sus ramas más jóvenes.

Un grupo yihadista de cierta entidad, deberá haber desarrollado los siguientes organismos internos:

  • Jefatura
  • Aparato de comunicación
  • Aparato de seguridad
  • Unidades de vejación

En la jefatura se encuadran el líder y su plana mayor compuesta por algunos consejeros de confianza, entre los que normalmente habrá guerrilleros, teólogos, y una suerte de diplomáticos, asimismo es probable que haya personas con experiencia administrativa, audiovisual/comunicativa, así como yihadistas foráneos.

El líder, que será un hombre con cualidades militares, contará con subalternos para planificar y ejecutar la estrategia y las operaciones, también tendrá a su disposición a personal con estudios superiores en materia religiosa o, directamente ministros de Alá para que interpreten las sagradas escrituras, a fin de respetar el elenco de derecho eclesiástico islámico.

También existirá un aparato de seguridad, que se encargará de la infiltración en el resto de fuerzas, incluyendo tanto a amigos como a enemigos. Igualmente se encargará de garantizar la impermeabilidad de la organización tomando medidas de contraespionaje y seguridad de las operaciones. Para estos fines tendrá especial importancia la diligencia en las comunicaciones a distancia, así como la selección cuidadosa de los nuevos miembros.

Las operaciones de infiltración pueden ser de muchos tipos y contra muchos tipos de objetivos, desde fuerzas de seguridad y de policía hasta infraestructuras energéticas o industriales críticas, como presas, centrales eléctricas o plantas desalinizadoras, por ejemplo. La infiltración en grupos amigos se hace con vista a prevenir la traición y a camelarse de la mejor forma a sus aliados, a fin de fusionarse en el futuro y de asegurar la estabilidad de los acuerdos.

Asimismo, existirá una rama dedicada a la creación de contenido audiovisual destinado al consumo de toda la población, tanto de las élites dirigentes como del pueblo llano o de la Comunidad Internacional. Esta rama mediática tendrá una gran importancia para difundir el mensaje y transmitir la imagen deseada.

Por último, deberá constituirse una fuerza de vejación, a modo de embrión de ejército, la cual estará fragmentada, aunque tendrá capacidad para reunirse cuando se planifiquen operaciones de calado, a la vez que cada célula seguirá existiendo.

Ahora bien, al margen de su estructura estrictamente interna, un grupo de cierto tamaño, también habrá sido capaz de desarrollar algunas capacidades en paralelo a su estructura, incluyendo las siguientes:

  • Red de apoyo
  • Conexión con el Alto Mando
  • Estatus reconocido

La red de apoyo será fundamental y estará basada en la propia región a nivel táctico, y en las llamadas “regiones de apoyo” vecinas, en el nivel estratégico.

En las regiones de apoyo, países como Turquía serán la puerta de entrada de los voluntarios yihadistas venidos de toda la Umma, también dispondrán de dinero en efectivo, contactos sobre el terreno, donantes, casas francas, información y depósitos con suministros y equipo. Toda esta infraestructura facilitará la logística, la movilidad táctica y el “Al-Shawk”. Llegado el punto, la red de apoyo, que tiene un carácter civil, podrá convertirse en un medio para reemplazar a la administración estatal.

La conexión con el Alto Mando se refiere a que tanto telemática como físicamente existirá la posibilidad de comunicarse y de enviarse mutuamente personal y recursos, de esta forma, aunque no se pueda hablar de verticalidad jerarquía strictu sensu, sí que se garantiza cierta coherencia y ligazón entre el Alto Mando y sus ramas más lejanas.

El Alto Mando podrá hacer llegar recursos y conocimientos, y será el encargado de reconocer al grupo yihadista como una de sus ramas, lo que conferirá a este un aura de respeto, una idea de masa crítica y un prestigio político.

Una vez el grupo se transforma en un Califato, la idea es imitar y adaptar la estructura orgánica e institucional de la era dorada del Islam a lo largo del siglo VIII d.c, con los califatos Omeya y Abasí como inspiración, así pues se imita la estructura de aquellas épocas. Es por eso quienes estudien la organización administrativa de Al-Andalus encontraran semejanzas con la estructura organizativa de Estado Islámico.

En cualquier caso no siempre es así. De esta forma, mientras el EI sí se ha declarado Califato, Al Qaeda no lo ha hecho, por lo que la nomenclatura de sus ramas es algo diferente. Así, mientras las de Al Qaeda no tienen nominaciones administrativas del medievo, las de Dáesh sí que las tienen, de tal forma, que por ejemplo sus ramificaciones y su división territorial se basa en wilayat que son territorios dirigidos por un wali o un emir que normalmente tiene un alto grado de autonomía.

Estructura de mando del ISIS. Imagen - Rafik Hariri Center
Estructura de mando del ISIS. Imagen – Rafik Hariri Center for the Middle East

 

 

ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN

La comunicación con las masas no se concibe como mera propaganda, sino como una forma irrenunciable de enlazar con la Umma. A tal fin los yihadistas constituyen sus propios aparatos de comunicación mediante los que pueden expresar sus puntos de vista respecto a sus campañas de violencia, haciendo que el pueblo reciba su mensaje y pueda tener complicidad con sus intenciones. No obstante, son conscientes de que los poderosos medios al servicio de los regímenes y de los “apóstatas” tratarán de desprestigiarles transmitiendo una visión negativa de la yihad y de sus acólitos.

La función propagandística también se produce y está encaminada a atraer a la juventud, para que pueda ser reclutada. Se intenta ensalzar la figura del mártir, del yihadista y del guerrero, y se transmiten sus acciones de guerra como si fueran gestas heroicas, hazañas bélicas que están bendecidas por un Corán que alaba a aquellos que luchan y se sacrifican por al-Yihad.

En contraposición con la imagen idealizada del guerrero yihadista que lucha por la libertad de la Umma, se intenta polarizar a la sociedad mostrando a los regímenes y a sus compañeros de viaje como los grandes enemigos de la religión, de la decencia, de las buenas costumbres y del Islam más puro. Los regímenes y sus aliados orientales u occidentales son apóstatas, gentes entregadas a los placeres terrenales mediante los cuales se corrompe, adormila y maltrata a la Umma.

Ahora bien, los medios de comunicación también pueden servir directamente a los objetivos que normalmente se perseguirían mediante acciones violentas, así pues son conscientes de que la simple amenaza a ciertas personas e infraestructuras puede obligar a sus enemigos a dispersar sus fuerzas, provocando trastornos y costes añadidos, todo lo que forma parte de la fase de vejación y agotamiento. Los yihadistas saben, por ejemplo, que si amenazan a las centrales nucleares, o a un periodista extranjero, los gobiernos se verán obligados a dedicar hombres y recursos a proteger a aquellos, haciéndole el juego a la estrategia yihadista.

Los medios de comunicación también sirven para crear símbolos, atacar a la economía, endurecer a la población civil acostumbrándola a la violencia o infundir el miedo entre las fuerzas contrarias, por eso no nos debe extrañar el afán por efectuar secuestros agónicos con espectaculares ejecuciones, ya que ello forma parte de una estrategia comunicativa más amplia.

Todo lo expresado anteriormente ha sido llevado a la práctica por Estado Islámico y sus wilayat. Secuestros de periodistas occidentales como James Foley o Kayla Mueller son todo un altavoz de la yihad ante la clase media europea y norteamericana, más aún si además se les convierte en marionetas del propio aparato mediático salafista, como ocurrió con John Cantile.

Las espectaculares ejecuciones efectuadas por Dáesh también sirven al propósito de infundir el temor en sus enemigos, particularmente cuando estos no se sienten cómodos en la región debido a las diferencias políticas, religiosas o culturales con los oriundos. Los efectos de esta política mediática fueron palpables durante la conquista de Mosul y de las provincias de Al-Anbar y de Nínive en 2014. Por aquel entonces el ejército y la policía iraquíes, principalmente compuestas por chiíes o por gente considerada impía, se disolvió como un azucarillo ante el empuje de unos pocos miles de yihadistas. Una cifra holgadamente superior y dotada de material pesado, huyó de unos pocos miles de yihadistas con armamento ligero.

Durante la primera fase, los medios permiten explicar a la población civil la política de ataques de los yihadistas, ya que si en el campo de batalla comunicativo sólo existiera la versión oficial de los hechos, la gente a menudo se opondría a los atentados, particularmente cuando afectan a elementos fundamentales de la economía, como el turismo o los hidrocarburos. Así, los yihadistas pueden hacer ver a los locales que el petróleo corrompe a la sociedad, o que los regímenes son un pozo insaciable de codicia y de opulencia, que apenas deja unas migajas para el vulgo.

Por último, durante la fase final, la del establecimiento del Califato, el aparato de comunicación sirve para afianzar la imagen del Estado Islámico dentro y fuera de sus limes, para ello se presenta su administración civil y de justicia de forma idealizada, con servicios sociales capaces de garantizar el pan y con jueces que imparten justicia acorde a la Ley Islámica, la Sharia.

Asesinato de James Foley
Asesinato de James Foley

 

POLÍTICA DE ALIANZAS

Los yihadistas pueden ser sorprendentemente flexibles respecto a otros actores y la violencia o la conquista no son requisitos sine qua non para tratar con los otros grupos de la zona. De una forma u otra la política del palo y de la zanahoria también está presente. Hay que tener en cuenta que hay actores potencialmente aliados de la yihad, mientras que hay otros inocuos a los que no merece la pena atacar si no es estrictamente necesario.

Imaginemos una región que es abandonada por el estado y a continuación son las tribus locales las que se hacen con su dominio. Los yihadistas saben que, en ausencia del régimen de turno, se impondrá el derecho consuetudinario, que en el mundo Islámico está completamente basado en la Sharia. Este simple hecho legitima a las tribus locales frente a los yihadistas y ayuda a crear el caldo de cultivo que estos desean sin necesidad de violencia. Con el paso del tiempo los yihadistas procurarán atraer a tales tribus con la zanahoria, buscarán establecer relaciones personales y alianzas que terminarán por fagocitar o incorporar los territorios tribales a la causa yihadista.

Las tribus son envisionadas como organizaciones casi imperecederas, cuyo entorno natural es de marcado carácter rural, aunque a veces también es urbano, y en general tienen una buena predisposición a las ideas yihadistas. No en vano existe una relación clara entre el conservadurismo sunita, el mundo rural y de paso, la dimensión árabe tribal.

Cabe destacar, que con ciertos grupos no cabrá la negociación, y aquí incluimos a chiítas, politeístas, ateos, judíos, zoroastristas y budistas. Sólo se salvan, y a duras penas, los cristianos que bajo condiciones draconianas pueden ser aceptados y sobrevivir si pagan unos impuestos especiales.

Frente Al-Nusra
Militantes del Frente Al-Nusra. Los cambios de fidelidad son frecuentes entre los grupos yihadistas pese a lo cual, la estrategia general no cambia.

 

 

LO MILITAR

Durante las fases en las que la violencia es fundamental, el liderazgo militar será imprescindible para alcanzar los objetivos deseados. En ese sentido se pone el énfasis en contar con cúpulas con una moral alta, con agresividad en el campo de batalla, y con un buen juicio para escoger los blancos de las campañas de vejación y agotamiento.

Para alcanzar la eficiencia en lo militar, los salafistas incluso recomiendan nutrirse de literatura no islámica, para aprender acerca de los principios de la guerra en todas sus formas, desde la táctica hasta la sociología o el empleo de la propaganda.

A este respecto puede resultar de interés mi experiencia personal. A lo largo de la guerra de Siria hemos visto de todo, pero ciertos hechos han pasado más bien desapercibidos. Así por ejemplo se han creado grupos de Telegram con miles de suscriptores, en los que se comparte toda clase de información sobre táctica, la mayor parte de la cual procede de los manuales del ejército norteamericano. Se esfuerzan en traducir del inglés al árabe manuales enteros, y dan consejos sobre cómo construir posiciones de campaña, nidos de ametralladoras, ocultarse de los aviones y muchas otras cosas y es que Al Qaeda Central, siempre favoreció la creación de una literatura militar propia inspirada en las experiencias yihadistas y en la historia del Islam. En este sentido es probable que la lucha contra los soviéticos en Afganistán o la guerrilla de Al-Zarkawi en Iraq sean casos de estudio con mucho eco en la táctica y en la estrategia yihadista posterior.

A nivel del campo de batalla podemos mencionar someramente que la táctica se asienta sobre el armamento ligero representado por la triada del lanzacohetes RPG-7, la ametralladora PKM y el fusil de asalto Kalashnikov. Asimismo, como medios de apoyo encontramos los  vehículos artillados, que usan ametralladoras pesadas, los cañones sin retroceso y crecientemente los misiles contracarro. Los principales medios de denegación de área y de efecto sorpresa son las minas y los explosivos improvisados. Otros equipos a tener en cuenta incluyen los morteros, los fusiles de precisión y las granadas de mano, los lanzamisiles portátiles y hasta los equipos de protección personal, los trajes de camuflaje y las ópticas nocturnas y/o magnificadas.

Las acciones militares no tienen una clasificación nítida, pero en general se piensa en operaciones de pequeña y de mediana envergadura. Aunque las segundas son preferibles a las primeras por ser más dañinas, se recomienda un crecimiento escalonado que comience con pequeñas acciones que se tornen más ambiciosas con el paso del tiempo.

A su vez, existe un tipo de operaciones atípicas, llamadas “operaciones cualitativas”, caracterizadas por la magnitud de sus repercusiones; positivas y negativas. Esto las convierte en armas de doble filo que han de ser ponderadas antes de ser puestas en práctica. En estos casos se entiende que se refieren a operaciones como los atentados del 11-S, los de la Sala Bataclán u otros que se han dirigido contra mezquitas sunitas o centros de peregrinación. En estos casos, como se trata de acciones especialmente sensibles se recomienda consultar previamente con el Alto Mando.

Ataque a mezquita en Egipto
Ataque a mezquita en Egipto

 

 

PELDAÑOS ESTRATÉGICOS

Toda la estrategia yihadista en su primera fase tiene una honda relación con la violencia, que se convierte en la herramienta suprema para catalizar el cambio y ofrecer la oportunidad de encauzarlo hacia los fines de la yihad. La violencia es un vector tan importante que lo abarca todo, y que absorbe los niveles político y estratégico hasta fusionarlos durante el primer peldaño. Dicho primer peldaño, o fase, se denomina “vejación y agotamiento”.

 

Vejación y agotamiento

La violencia debe ser administrada por los “grupos de vejación”, como se autonominan los grupos yihadistas. Tienen el deber de escoger adecuadamente sus blancos, que se pueden clasificar en humanos o económicos. A lo largo de Idharat al Tawahus se pone el énfasis en seleccionar cuidadosamente los blancos, destacando el papel de los teólogos del Islam, ya que los textos sacros serán la guía fundamental para determinar lo que es legítimo. Las personas formadas en la religión interpretarán los textos y asimismo será conveniente consultar al Alto Mando antes de atacar a los objetivos más sensibles.

La violencia se percibe como una herramienta que hay que administrar cuidadosamente, no como una herramienta que haya que usar a diestro y siniestro, sin ton ni son. En cierto sentido, se acepta como un mal necesario e inevitable, que sin embargo debe estar presente no sólo como útil del cambio, sino también para acostumbrar a la Umma al conflicto y a la yihad.

Esta necesidad de que la población civil se endurezca y se acostumbre a la violencia deviene del deseo de crear un caldo de cultivo adecuado para el triunfo del yihadismo. La visión yihadista es largoplacista y asume que el camino a la victoria estará plagado de derrotas y de desgaste, por ello la capacidad de resistencia a la erosión del conflicto constante es fundamental. Este razonamiento, y ese efecto de endurecer y adaptar psicológicamente a los civiles facilita que la sociedad se predisponga a la guerra, aumentando el potencial de recursos que los yihadistas percibirán a futuro.

A lo anterior hay que sumar que las guerras actuales tienen un carácter eminentemente limitado, por lo que a menudo no se trata de vencer militarmente, sino de resistir hasta el punto en que el enemigo colapse moralmente y no perciba que el sacrificio merezca la pena, así pues si los yihadistas cuentan con un núcleo social con un umbral de resistencia más alto podrán compensar las derrotas militares y hacer que el desgaste afecte a la moral del enemigo hasta el punto de compensar unas pérdidas propias superiores.

En el fondo de todo lo anterior, no hay más que voluntad, fe y obcecación, armas inmateriales pero muy poderosas que suelen estar íntimamente unidas a la religión y que otorgan ventajas a los yihadistas frente a poblaciones con una visión más materialista, que tienden a ceder psicológicamente con mayor premura.

Los grupos de vejación nacerán en forma de células, que si se dan las condiciones adecuadas conformaran grupos locales de mayor tamaño. Sin embargo, la constitución de formaciones de mayor tamaño entraña un mayor riesgo de infiltración y de destrucción simultánea de toda una organización, así pues es una decisión que se deberá ponderar y efectuar durante este peldaño. Además, los grupos de vejación actuarán constantemente allá donde estén en disposición de hacerlo, independientemente de la importancia estratégica atribuida al territorio receptor de las acciones violentas. Durante las etapas de esta fase los objetivos son:

  1. Desgastar y dispersar a las fuerzas del enemigo
  2. Atraer a la juventud
  3. Desarbolar las regiones escogidas
  4. Avanzar fuerzas de vejación con capacidad gestora

Como la estrategia en esta primera fase está completamente centrada en la violencia, y puesto que esta históricamente se ha efectuado mediante varones jóvenes, es lógico que los yihadistas mencionen la atracción de la juventud como un objetivo prioritario. La juventud es fuente de cambio, de energía, y además representa un escalón social numerosísimo y susceptible de sentir atracción por la guerra santa.

A los regímenes enemigos hay que derrotarlos militarmente, pero esta derrota es paulatina y lenta, así que son necesarias intensas campañas para desgastar y dispersar a las fuerzas enemigas antes de que puedan ser derrotadas directa o indirectamente.

Para alcanzar objetivos se emplea la violencia sobre los blancos más atractivos. En este sentido se prefiere atacar a los apóstatas o a los politeístas antes que a los musulmanes. Si los blancos escogidos son de tipo económico se buscan los cuellos de botella estructurales, destacando especialmente el turismo o las industrias de los hidrocarburos.

La idea que subyace en la vejación y el agotamiento es relativamente simple. Si se concentra una campaña contra la industria del petróleo: pozos de extracción, ingenieros extranjeros, refinadoras, oleoductos, tanques de combustible… Unos pocos ataques bastarán para obligar al enemigo a proteger toda la infraestructura, por lo que estará obligado a dedicar muchos recursos que se sustraerán de las regiones consideradas de importancia menor.

Lo anteriormente dicho encaja muy bien con varios principios de la guerra, expresados desde Sun Tzu hasta Mao Ze Dong, y es que el que se defiende en todas partes, es vulnerable en todas partes. Si queremos proteger toda la industria petrolera porque se han producido unos pocos ataques terroristas, es obvio que nos veremos obligados a gastar muchísimos más recursos de los que los yihadistas invierten en atentar.

A los territorios de poca importancia para los regímenes, los llaman “regiones periféricas”. Estas son regiones de corte más bien pobre, con menor interés económico y con orografías complicadas. Debido al coste de oportunidad, cuando el enemigo se vea obligado a proteger sus intereses económicos, sustraerá tropas de las regiones periféricas. Al debilitar al ejército en zonas de este tipo, los yihadistas comenzarán a ser capaces de operar con mayor impunidad, y las posiciones del ejército serán mucho más vulnerables a los ataques, y, consecuentemente aumentará el desgaste.

Como vemos, aunque la serie lógica tras estas ideas es bastante simplona, no por ello deja de ser realista y utilizable, aunque naturalmente, existe mucha casuística. Ahora bien, si los yihadistas ven que pueden ejercer el dominio sobre una región, si las fuerzas del enemigo no les molestan, no es estrictamente necesario que se emplee la violencia contra ellas. Aquí se vuelve a poner de relieve la importancia de gestionar la violencia, que en modo alguno debe ser aleatoria e impulsiva.

Si por ejemplo, el Ejército de Iraq y la Policía evitan entrar en combate con los yihadistas sunitas porque temen que la situación escale, y si de esta forma se crea una suerte de pacto tácito de no agresión, que permite a los yihadistas erosionar al estado y ejercer su influencia, es posible que los yihadistas no empleen la violencia contra las fuerzas del estado, y de hecho probablemente esperarán a que la situación esté lo suficientemente podrida como para que las fuerzas del estado se disuelvan, y a menudo se pasen al lado yihadista.

Respecto al concepto de “desarbolar las regiones elegidas” viene a significar que los recursos se concentrarán en acciones sobre ciertas regiones hasta que llegue el momento en que se instaure “lo salvaje”, de lo que hablaremos posteriormente. En esencia se trata de malherir, anular o eliminar al régimen y a sus apoyos de ciertas regiones. Respecto a avanzar fuerzas con capacidad gestora, lo veremos más adelante, en el segundo peldaño estratégico.

Con todo esto podemos condensar el modus operandi como sigue. Hay que provocar una dispersión estratégica y un desgaste que favorezca el caldo de cultivo deseado por los yihadistas en las regiones periféricas, que por ser las primeras en sufrir los efectos del desgaste y de la dispersión serán las primeras en dar lugar a baluartes de la yihad, desde los que se darán los próximos pasos.

Anuncio de la alianza entre grupos yihadistas en el Sahel
Anuncio de la alianza entre grupos yihadistas en el Sahel

 

Gestión de lo salvaje

Una vez el estado está lo suficientemente debilitado y la seguridad se resiente, la gente busca protectores ypara ello acuden a las tribus, a los grupos islamistas, a los restos del régimen, a los señores de la guerra o a los caciques locales. La habilidad de los yihadistas durante esta fase se considera la más importante para alcanzar los objetivos finales.

Habitualmente la traducción literal de este peldaño estratégico es la siguiente: “administración del salvajismo” (management of savagery), sin embargo nosotros creemos que esta traducción es demasiado literal.

En español o en inglés, “salvajismo” tiene una connotación de violencia extrema, sin embargo tal y como lo conciben los yihadistas por “salvajismo” se entiende una situación que entremezcla caos, vacío de poder central y un cierto grado de violencia, así pues se trata de una situación “salvaje” fruto de la ausencia de normas y de poderes nítidos, en la que la violencia es consecuencia de la situación, pero dicha violencia no es necesariamente extrema, ni siquiera tiene porqué jugar un papel central.

Cuando empieza lo “salvaje”, los yihadistas cuentan con algunas ventajas intrínsecas, y es que el Imán de cada pueblo, y la Sharia se alzan como sustitutos del sistema de justicia previo, proveyendo de una suerte de juez apoyado por la Ley Islámica que además tiene un carácter consuetudinario, y por ello está previamente asimilada por la población local.

La implantación de la Sharia representa un acercamiento político para los yihadistas, quienes saben que este vector les atraerá simpatías entre la población y facilidades para negociar acuerdos, ya que políticamente está bien visto que otra facción aplique la Sharia. Eso sí, se debe tratar de la interpretación sunita que les cuadre a los yihadistas, aunque los líderes locales de la yihad tendrán flexibilidad a este respecto.

En la fase previa, los grupos yihadistas se habrán preparado militar, administrativa y propagandísticamente para hacerse con el poder, y serán percibidos como la alternativa natural al régimen. Un punto que destaca es el de reclutar personal cualificado para efectuar labores administrativas y burocráticas propias del funcionariado, para poder empezar a administrar, o lo que es lo mismo, a gobernar cuanto antes.

La primera medida de los yihadistas consistirá en instaurar su Sharia, pero son conscientes de la necesidad de ofrecer servicios sociales de tipo médico, educativo y alimenticio, a fin de ganarse a la población, especialmente a los más pobres, que como sabemos son muchos en los países islámicos.

Los pobres, las clases humildes en las zonas urbanas y la población rural son todos blancos escogidos por los yihadistas para ser involucrados en la guerra santa. Esto se debe no sólo a que sean numerosos y tengan un corte más conservador, sino a que además son grupos sociales que sufren el abuso de poder, la injusticia y la desigualdad constantemente, y así, cuando los yihadistas les protegen de los tiranos, se ganan su favor.

Por ejemplo, es reseñable que dentro del sistema de justicia instaurado por el Estado Islámico, algunos estudios apuntaban a que la población estaba satisfecha con el mismo, ya que según se decía, los jueces eran más justos y no estaban corrompidos. Claro que este tipo de informaciones han de ser tomadas con cautela, aunque no cabe duda de que los yihadistas son perfectamente conscientes del valor de las instituciones y de la administración civil.

Durante el segundo peldaño, no todos los grupos yihadistas están listos para acometer la administración civil, y en caso de no estarlo tienden a buscar formas de no controlar directamente el territorio, pero sí de obtener algunas ventajas, como poder reclutar jóvenes en las aldeas, tener libertad de movimientos y cobrar impuestos esporádicos a los habitantes.

Un ejemplo sería el propio Dáesh, que cuando aún era ISIL en 2013, ya controlaba la ciudad de Raqa y sus alrededores, siendo capaz de gestionarla, aún sin haberse proclamado oficialmente Califato. Por el contrario, Al Qaeda y los Talibán, quienes desde hace tiempo controlan y gestionan áreas montañosas entre Afganistán y Pakistán, no se han atrevido a proclamarse califato debido a que piensan que la situación no ha madurado lo suficiente,. Además hay muchas zonas en las que los pueblos en la práctica se autogestionan y los yihadistas sólo aparecen de vez en cuando.

Otro ejemplo sería el de HTS, la antigua Jabhat al-Nusra, o lo que es lo mismo, Al Qaeda en Siria. HTS llegó a amasar un ejército considerable, con varios miles de hombres, yihadistas de diversos países, y hasta una pequeña flota acorazada con decenas de blindados. Además, la mayor parte de esta fuerza se concentraba entre Idlib y Alepo, sin embargo la existencia de otros grupos fuertes en la zona, y la atomización general hicieron que HTS nunca llegará a poder gestionar ningún territorio de gran tamaño, y en su lugar se dedicó a participar del delicado equilibrio de poder mediante consejos locales.

Una de las estratagemas más importantes y útiles pasa por la infiltración, que por lo general es considerada una actividad de la que es responsable el aparato de seguridad del grupo. Esta fórmula se suele emplear en todos los peldaños de la estrategia, si bien es cierto que por el contexto situacional resulta especialmente importante durante la fase de gestión de lo salvaje.

La infiltración se lleva a cabo mediante espías. Estos deben ser personal especialmente escogido por su lealtad y su capacidad para adaptarse al entorno al que les va a destinar, una cualidad especialmente importante es que sean capaces de ocultar su fervor religioso, ya que se sobreentiende que van a introducirse en entornos donde eso podría llamar la atención y delatar al infiltrado.

Los blancos de la infiltración pueden ser muchos, aunque sin duda destacan las centrales petrolíferas, las fuerzas armadas y la policía, estos dos últimos son particularmente importantes, incluso como parte de la táctica durante las operaciones de combate. Los infiltrados se suelen dedicar a recabar información, aunque llegado el punto se les puede pedir que efectúen una “operación de martirio”, esto es efectuar un atentado terrorista. Recordemos como en agosto de 2010, un policía afgano de 26 años mató por la espalda a dos instructores españoles y a un intérprete dentro de la base de Qala-i-Now. Este tipo de acciones minan la confianza de todo el mundo, incluyendo las propias instituciones afectadas por la infiltración.

Para pasar la información, los espías cuentan con un “agente de comunicaciones”, una persona que se encarga de entregar las órdenes a los infiltrados, y de recoger la información reunida por los mismos para entregársela al Alto Mando. La estanqueidad como medida de prevención del riesgo de este tipo de operaciones de inteligencia es fundamental, así pues un espía sólo conocerá el pseudónimo de su interlocutor, desconocerá el lugar en que fue aleccionado para la operación, y no sabrá que otros espías están al servicio del aparato de seguridad. Junto a la estanqueidad está lo que llamo el principio del “mínimo conocimiento necesario”, una medida muy común que busca reducir al mínimo necesario el caudal de información conocido por cada segmento implicado.

Una de las preocupaciones pasa por evitar que el agente sea capturado, por eso lo normal es que se le hayan dado instrucciones sobre que hacer en caso de que crea estar cerca de ser descubierto. Lo más probable es que la primera fase de una huida pase por esconderse en un piso franco para intentar, posteriormente, entrar en contacto con el agente de comunicación o con otro miembro del grupo yihadista. También pueden tener instrucciones para el caso de que pierdan el enlace a través de su agente de comunicación.

Uno de los puntos que parecía preocupar a los yihadistas tenía que ver con los espías propios que caían en manos del enemigo, particularmente por la exposición a las torturas. Abu Bakr Naji entendía que ni siquiera un yihadista de pro estaba exento de sucumbir a las torturas, pero advertía que en ocasiones la desesperación llevaba a dar nombres y a acusar a personas que eran inocentes, lo que perjudicaba al prestigio de la yihad cuando los servicios de seguridad acababan yendo a por un inocente.

Una vez aparecen varias regiones de salvajismo controladas por diversos grupos, algunos de ellos islamistas, pueden aparecer deseos o necesidades de fusionarse para constituir un protocalifato, pero entonces aparece una pregunta de difícil respuesta ¿Quién manda? ¿Qué grupo debe someterse, y quien debe ser el líder incontestable?

Ante esta situación Abu Bakr Naji dio una solución bastante vaga, al afirmar que debía prevaler aquel que cumpliera con el criterio de ser “el más adecuado para el cargo”. Este criterio es muy subjetivo y sabemos que la naturaleza humana tiende a jugar malas pasadas, haciendo que varios hombres crean poder arrogarse el título de ser “los más adecuados”. Se supone que Al Qaeda Central debía poder ejercer de mediador para engrasar una posible fusión, evitando que los dos potenciales líderes se acabaran enfrentando, incluso proponiendo una alianza entre ellos, pero es obvio que los califatos no pueden ser bicefálos, así que en algún momento deberá haber un solo líder.

Una fórmula que era factible, y que de hecho se ha practicado en numerosas ocasiones pasa por incluir a otros grupos que pasan a estar sometidos jerárquicamente, pero que mantienen su autonomía y su integridad como organizaciones separadas.

Un ejemplo de esto son los grupos chechenos que acudieron a Siria e Iraq y que se integraron en el Califato. A cambio de someterse a las decisiones de Abu Bakr al-Baghdadi y de poner sus armas al servicio del Alto Mando, tuvieron la oportunidad de influir políticamente en el califa, a través de sus líderes, que tenían voz en el consejo y que podían presionar hasta imponer sus deseos y condicionar la planificación táctica y estratégica.

Cabe alertar también de lo que podemos llamar la “yihad migratoria”. Como ya explicamos, en el plano estratégico el Idharat al-Tawahus hablaba de regiones de apoyo y de regiones de salvajismo, la cuestión es que las primeras se convertían en una fuente de recursos para las segundas y de hecho se propugnaba que los yihadistas en las mismas emigraran, incluso con sus familias, a las regiones de salvajismo controladas por los islamistas.

Este fenómeno que produce migraciones, lo hemos podido ver en diversas ocasiones, y puede resultar especialmente problemático, ya que genera situaciones demasiado complejas para el ordenamiento legal internacional y en particular en materia de Derecho de Nacionalidad y Extranjería, en el marco del Derecho Internacional Privado. Por ejemplo, durante la guerra de Siria se ha visto como varios miles de uigures; un grupo étnico que incluye a personas de ciudadanía china, han viajado a territorios de Al Qaeda, causando notables trastornos y preocupaciones a las autoridades de varios países, pero especialmente de China, tema que hemos tratado en nuestra revista. Recordemos también como numerosos jóvenes europeos han sido atraídos a migrar al Califato en los últimos años.

Syrian Refugees in Istanbul
Syrian Refugees in Istanbul. Foto – NOOR
The Syrian civil war has sparked the worst global refugee crises in over 40 years.
Living in limbo between the dream of returning home and hoping to find asylum in Europe, a community of Syrian Kurdish refugees has built their new home in the ruins of the decaying neighborhood of Suleymaniye in Istanbul. Most of them had a good life in Aleppo but now their families are struggling to survive. (Photo by Sebastian Liste/NOOR)

 

Instauración del Califato

Para los estudiosos de la yihad sunita, el último califato fue el de Abdülmecid II, en el marco del Imperio Otomano, sustituido en 1924 por el régimen kemalista. Desde entonces diversas ideologías liberales, nacionalistas o socialistas han irrumpido en un tablero ideado por las potencias europeas, que ha provocado la decadencia espiritual y material del mundo islámico sunita.

Sólo cuando llegue el momento adecuado, cuando se controlen varias regiones del salvajismo y se disponga de recursos que hagan viable la supervivencia de un estado califal, este deberá ser proclamado.

El problema sigue siendo determinar cuando se ha alcanzado la situación idónea. En el plano teórico esta es la decisión que diferencia al Estado Islámico de Al Qaeda y también lo que ha creado una especie de escisión en el mundo yihadista suní, al haber partidarios y detractores de que el momento ha llegado.

Un ejemplo interesante podría ser el de los Talibán y Al Qaeda Central, dos “entes” de límites difusos, que sin embargo están claramente relacionados. Antes y después de la invasión de 2001 los talibanes habían instituido el Emirato Islámico de Afganistán, y a día de hoy luchan por revivirlo. Lo interesante es que debido a esta visión, quizás, escogieron la nomincación jurídica de “emirato”, que está un escalón por debajo del “califato”. De todas formas, hemos de advertir que no sabemos si esta elección se hizo al azar o si tiene que ver con compartir la visión de Al Qaeda.

Sea como fuere, se supone que una vez se ha alcanzada cierta masa crítica que permite controlar un territorio y extraer sus recursos, el grupo yihadista ya está en disposición de proclamar el califato y lanzar una campaña de conquistas, que en teoría lo abarcan todo, aunque se sobreentiende que los países sunitas son el objetivo preferente. El califato que se constituya tendrá un carácter marcadamente expansionista, por lo que su proclamación deberá tomarse en serio.

Teniendo en cuenta la estrategia de peldaños, cuando se llegue a la fase de instauración, los yihadistas ya contarán con la experiencia y los organismos necesarios como para disponer inmediatamente de una cúpula de liderazgo, un aparato de seguridad e inteligencia, un aparato mediático, y una fuerza armada organizada. Junto a los organismos descritos, también habrán desarrollado una serie de habilidades y de capacidades para cimentar el estado islámico:

  • Núcleo importante de apoyo popular.
  • Redes de apoyo y relaciones con territorios externos.
  • Experiencia de combate.
  • Experiencia en inteligencia, contrainteligencia y seguridad.
  • Fama regional e internacional.
  • Instauración de la Sharia.

Pero llegados a este punto, organizar la economía y la administración civil serán los mayores retos con diferencia, ya que hará falta normativa, seguridad jurídica, la creación de un cuerpo policial, personal cualificado para gestionar y organizar numerosos recursos…

Es obvio, que organizar todo esto consumirá recursos, y además la capacidad de control ejercida por el califato será, probablemente, baja, sin embargo es igualmente cierto, que por ineficiente que sea la nueva administración, proporcionará acceso a cantidades ingentes de recursos humanos y económicos con los que expandir las fuerzas armadas.

Pensemos que en los años de gloria del Dáesh uno de los perfiles más buscados era el de personal con formación administrativa universitaria o secundaria, no en vano había que recaudar y destinar partidas presupuestarias, repartir cupos de alimentos, mantener la red de agua, de energía eléctrica y de carreteras…
Hasta el día de hoy, el único grupo yihadista que se ha sentido lo suficientemente fuerte como para iniciar la tercera etapa ha sido el antiguo EIIL. El 18 de junio de 2014 Abu Bakr al-Baghdadi, se proclamaba califa del Califato en la mezquita de Al-Nuri, en Mosul.

Cabe preguntarse si con la instauración del Califato se siguió la estrategia apuntada por el Idharat al-Tawahus, o si fue una decisión propia de la inercia de un momento en el que EI estaba en racha. Sea como fuere se prosiguió con la agresiva campaña de ofensivas que habían hecho caer Mosul: la mayor parte del Iraq sunita cayó en manos del Califato, casi hasta las puertas de Baghdag, las fronteras de Skyes-Pikot fueron abolidas, y el norte y centro de Siria fueron ocupadas por los salafistas a lo largo de 2014 y de 2015.

 

 

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Acerca de Yago Rodríguez Rodríguez 9 Articles
Analista de conflictos en Oriente Próximo, es la persona que está detrás del Blog Mister X. Es autor de numerosos artículos en diversos medios, así como del libro "Análisis de las relaciones de defensa entre España y países de la península arábiga". Además, es socio fundador de "Icarus Drones"