Rubén Ruiz Ramas

Doctor en Ciencias Políticas y codirector del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia

Rubén Ruiz Ramas
Rubén Ruiz Ramas

 

Rubén Ruiz Ramas

Doctor en Ciencias Políticas y codirector del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia

 

Por Christian D. Villaueva López

 

El conflicto ucraniano parece estar congelado y no tiene visos de ir a reactivarse con la fuerza de años anteriores ¿Se ha llegado a una situación aceptable para los diferentes actores?

El conflicto está congelado aun cuando sigue habiendo enfrentamientos, y lo que es peor, bajas mortales en ambos bandos, prácticamente todas las semanas.  Transcurridos más de tres años desde el inicio de la guerra y más de dos desde que se produjera el último movimiento relevante de la línea de frente en febrero de 2015, sigue sin haberse producido ningún avance significativo de los puntos políticos de los Acuerdos de Minsk II. Se puede inferir en consecuencia que el conflicto ha entrado en una fase de estabilización de una realidad ya conocida en otros puntos del espacio post-soviético: la de un territorio que funciona como un Estado de facto independiente —aunque, en los hechos, dependiente de Rusia — que no lo es de iure. ¿En qué grado es esta situación aceptable para los actores implicados?

A nadie se le escapa que el statu quo actual solo es aceptado como una buena solución de medio plazo por Rusia. Ni siquiera para las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk es una opción viable a medio plazo, al menos si por viabilidad entendemos un horizonte de desarrollo económico y social. Y sus intentos de ser anexionados por Rusia, o de crear nuevas federaciones surorientales en Ucrania (Novorrosiya y este misma primavera la efímera idea de Malorrosiya), han fracasado. Para Ucrania lógicamente tampoco es aceptable la actual situación, la cuestión es si existe una alternativa y a qué coste. De hecho desde la invasión de Crimea por Rusia y el inicio de la guerra en el Donbass hay intelectuales nacionalistas ucranianos, una minoría, si bien con figuras influyentes como Mykola Ryabchuk, que se han manifestado a favor de aceptar la salida de Crimea y el Donbass. Para ellos sería soltar lo que entienden es un lastre para el desarrollo de Ucrania; para su progresiva convergencia a los estándares políticos, sociales y económicos europeos; y finalmente para su eventual integración en la UE y la OTAN.

 

La Unión Europea, forzada por los últimos acontecimientos, está avanzando a marchas forzadas en su Política de Seguridad Común. La relación con Rusia, sin duda va a ser tensa pero, ahora que la alianza con EEUU es más débil, ¿cree que habrá un acercamiento entre Rusia y la UE que tenga su reflejo en la situación de Ucrania?

No comparto una premisa de la hipótesis que subyace en la pregunta. Si la alianza entre la UE y EEUU se debilitase durante la presidencia de Donald Trump, el acercamiento con Rusia, al menos en ese mismo corto plazo, sería más improbable. La hipótesis de un alejamiento entre EEUU y la UE, en mi opinión, encajaría mejor con un escenario similar al de una pinza al proyecto de la UE entre Trump y Putin. Ese contexto podría estimular el avance de la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE. Pero, de ser así, nacería en un escenario caliente, en el que Rusia pudiera querer probar a ese joven actor y en el que la UE pudiera tener incentivos de mostrar firmeza y músculo, siendo precisamente su frontera oriental la que reclamase contar con una amenaza más seria. Esto no quiere decir que a medio plazo el desarrollo de la PCSD y una UE con mayor autonomía no sea positivo para las relaciones de seguridad con Rusia. De hecho mi opinión es que sí, pero ello ha de pasar por el establecimiento de una estrategia global para la región de Europa Oriental que incorporé a los EEMM de la UE, a los de su vecindad, miembros de la Asociación Oriental y también a la propia Federación Rusa.

Dicho todo lo cual, frente a los mensajes y gestos con que se inició el 2017, el apoyo al Brexit de Trump, las dudas sobre la OTAN, la incertidumbre de los contextos electorales en Holanda, Francia, Alemania,etc.; lo cierto es que el 2017 ha evolucionado a favor de una desescalada de la creciente tensión entre EEUU y la UE. En buena medida, esto ha ocurrido a pesar de Trump y no gracias a un cambio en sus posiciones personales. Su presidencia servirá para comprobar las teorías sobre la configuración de la política exterior de un Estado, en especial de una superpotencia presidencialista como EEUU, así como la autonomía de los distintos actores e instituciones implicados. Esto es, ¿qué capacidad tiene el ejecutivo de Trump para cambios sustanciales en la política exterior de EEUU si estos colisionan con los intereses y responsabilidades de su Estado no contemplados por él hasta la fecha, con las preferencias del Partido Repúblicano, con el aparato estatal ligado al Departamento de Estado y al Departamento de Seguridad, o incluso con la OTAN como entidad dotada de naturaleza sustantiva e inmersa en una estrategia de supervivencia?

 

Tras la guerra, las sanciones y los acuerdos Minsk 1 y 2, los líderes de las repúblicas del Donbass han comenzado a caer “misteriosamente”. ¿Está Rusia tratando de mantener el conflicto congelado?

En uno de los capítulos de nuestro libro sobre el conflicto de Ucrania se analiza en profundidad las dos alianzas de actores políticos que se han disputado el poder en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. A estas alianzas las denominé “alianza rojiparda” y “alianza

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