Náyaf 2004 (I)

La batalla por la Ciudad de la Muerte

 

Náyaf 2004 (I)

La batalla por la Ciudad de la Muerte

 

Por Rafael López Mercado

 

Nayaf, la ciudad de la muerte. Ninguna expresión define mejor el origen, el pasado, el futuro y los hechos históricos que acontecen referidos a dicha ciudad. Fue precisamente en dicha localidad en donde tuvo lugar, en el verano del año 2004, uno de los combates más duros de todos los acontecidos desde la invasión de Iraq.

Como es sabido, en dicho país la mayoría de las ciudades tienen raíces milenarias, remontándose históricamente a culturas como el Imperio Babilónico o el Imperio Seléucida, con los núcleos de población y su actividad concentrados en el entorno de los cursos fluviales de los ríos Éufrates y Tigris. En comparación con algunas de las otras grandes urbes de la región, Nayaf es una ciudad relativamente moderna y atípica. Tras las luchas que siguieron a la muerte del profeta Mahoma en el año 632 de nuestra era, la comunidad de creyentes islámicos se encontraba dividida. Mediante un golpe palaciego, unos soldados egipcios mataron al tercer califa y proclamaron en el año 656 como cuarto califa a Ali ibn Abi Talib, yerno y primo de Mahoma. El lugar desde donde Ali gobernaba era la ciudad de Kufa, al Sur de Bagdad y distante doscientos kilómetros de esta, siguiendo el curso del rio Éufrates.

Pero poco duró la estabilidad, ya que poco tiempo después, en el año 661, el propio Ali sufrió un intento de magnicidio. Mortalmente herido, agonizó durante dos días, tiempo que aun así aprovechó para instruir a sus seguidores sobre sus últimas voluntades. Según su expreso deseo, su cuerpo fue colocado con cuerdas sobre un camello blanco al que a continuación se dejó deambular libremente. El animal se alejó diez kilómetros hacia el Oeste de la ciudad de Kufa, hasta que al llegar a una loma de un pequeño oasis se detuvo. La construcción en ese lugar de su tumba, su posterior mausoleo y la denominada Mezquita del Imán Ali, marcaron el nacimiento y desarrollo de la ciudad de Nayaf. Según sus creencias, cuando llegue el final de los tiempos y resuciten los muertos, los cercanos a Ali pasaran directamente al paraíso. Ese es el motivo por el que siglo tras siglo millones de chiítas de todos los rincones del planeta hayan sido enterrados en el que es probablemente uno de los mayores cementerios existentes en el planeta y cuyo nombre es Wadi al-Salaam (el Valle de la Paz). En la actualidad, el camposanto ocupa todo el cuadrante Noroeste de la ciudad, estando formado por un masivo caos en el que tienen cabida todo tipo de tumbas, mausoleos, catacumbas y nichos, colocados sin el mínimo orden o sistema. El único límite a dicho desorden es un muro perimetral de dos metros de altura y que cuenta con unos pocos accesos por los que los interesados pueden pasar a su interior.

Tras la muerte de Ali, un familiar del tercer califa se hizo con el poder y estableció la primera dinastía real islámica en Damasco. Los partidarios del fallecido Ali se opusieron y crearon un ejército bajo el mando de su hijo Hussein. Se denominaban los “Shiat Ali” (partisanos de Ali), término que acabo simplificado como “Chiíta”. Enfrentados a los Sunitas en una batalla cerca de la ciudad de Kerbala, la muerte de Hussein es conmemorada anualmente en la festividad de la Ashura. Trece siglos más tarde, esa misma división religiosa sigue marcando la violencia en la zona, no solo en Iraq, sino también en aquellos países en los que población de las dos creencias conviven, como sucede en los casos del Líbano, Siria, Yemen, Afganistán, etc.

Como resulta obvio tras la lectura de los párrafos anteriores, la ciudad está poblada casi totalmente por chiíes. Su principal fuente de ingresos está relacionada con la muerte y los enterramientos, las peregrinaciones a la Mezquita del Imán Ali, así como a los centros de estudios religiosos, con gran número de escuelas coránicas situadas en el casco antiguo de la ciudad. No en vano está zona es conocida como “el Vaticano” musulmán, formando a miles de imanes cada año. Durante catorce años el Gran Ayatola Jomeini estuvo exiliado en Nayaf hasta que el Sha Reza Pahlevi fue depuesto y el clérigo pueo volver a Irán.

Imagen de la Mezquita del Imán Ali. Los dos minaretes y la gran cúpula están forrados con láminas de oro puro. Al fondo de la imagen se distingue el “Mar de Nayaf” y en la esquina superior derecha se empieza a vislumbrar el comienzo del gigantesco cementerio.

La distribución urbanística de la ciudad presenta ciertas singularidades. Por los caprichos del animal que portaba su cadáver, la tumba del Imán Ali se encuentra situada en una zona relativamente elevada. Conforme nos movemos hacia el Oeste el terreno va descendiendo suavemente hacia el denominado “Mar de Nayaf”, una superficie extensa que con grandes fluctuaciones estacionales está cubierta por una lámina no muy profunda de agua, motivo por el que en dicha zona no se llegó a edificar y por el cual la Mezquita del Imán Ali se encuentra relativamente próxima al extremo occidental del casco urbano.

En el resto de ejes cardinales sí que existió en sus primeras etapas un desarrollo partiendo de un núcleo central que rodea al santuario. Hacia el Norte fue creciendo el inmenso cementerio en el que han sido enterradas literalmente millones de personas en todo tipo de estructuras funerarias. En dirección Sur se desarrolló el barrio viejo de la ciudad, con numerosas tiendas, establecimientos hoteleros y escuelas religiosas.

Tanto el barrio viejo como el cementerio están limitados al Este por una carretera de varios carriles procedente de Kerbala – circulando en dirección general Norte-Sur – y que atraviesa la ciudad casi por la mitad. La evolución de la ciudad en épocas posteriores hizo que se edificase también hacia el Este de la carretera, en dirección a la cercana ciudad de Kufa. La carretera que une Kufa con Nayaf, y la procedente de Kerbala, se unen en el centro de la ciudad en una gran rotonda que en el 2004 se denominaba Revolutionary Circle por el monumento que se situaba en su centro.

Durante el régimen de Sadam Hussein, la ciudad de Nayaf padeció repetidamente su brutalidad. Al no estar cerca de un rio y haber escavado durante siglos cada vez más profundamente sus suelos para la creación de tumbas y nichos, en el subsuelo se fue desarrollando un intrincado laberinto de varios niveles de profundidad. Prácticamente cada casa de tipo tradicional contaba con varios sótanos y cuevas que podían llegar a tener puertas con las que se podía acceder a los colindantes. Esa maraña subterránea, junto con una incesante entrada y salida diaria de miles de peregrinos, hizo de Nayaf el lugar perfecto para que cualquier perseguido por el tirano iraquí pudiese esconderse fácilmente.

En 1991, tras la derrota de las tropas iraquíes en Kuwait, estallo una revuelta en las ciudades chiítas que fue aplastada por Saddam empleando una violencia máxima. En Náyaf dispararon contra la población desde helicópteros artillados y se mandaron blindados contra la población, que derruyeron sin miramientos las tumbas del cementerio hasta destrozarlo. Los lugares sagrados como la Mezquita del Imán Ali fueron invadidos por la Guardia Republicana de Saddam y se asesinó a gente en su interior. También se produjeron miles de ejecuciones sumarias y numerosos enterramientos en fosas comunes.

Durante la invasión de Irak del año 2003, los planificadores de la coalición internacional tenían claro que después de las masacres perpetradas durante décadas por el tirano, la población chiíta no sería especialmente activa en la defensa de Saddam Hussein. Por ese motivo, se intentaría en la medida de lo posible esquivar las ciudades y avanzar directamente y sin dilaciones hacia Bagdad. Las únicas excepciones – por lo menos hasta llegar a las ciudades con mayoría de población sunita – serían aquellas que ocupasen puentes estratégicos sobre los ríos Tigris y Éufrates o que cortasen los ejes de comunicación de la vanguardia con las bases logísticas en la retaguardia.

En el caso de Nayaf inicialmente se planifico dejarla a un lado y no intentar ocuparla, aprovechando que la población era chiita, que no tenia puente sobre el Éufrates y que era factible rodearla. La cercana Kufa sí que tenía un puente sobre el Éufrates, pero no dentro del propio casco urbano, por lo que las unidades de caballería del ejército estadounidense pudieron fácilmente ocuparlo.

Simplemente maniobrando a ambos lados de las dos ciudades y colocando algunas unidades bloqueando las salidas por las carreteras, las fuerzas estadounidenses mantuvieron su avance hacia la capital iraquí. Los pocos miles de partidarios de Saddam Hussein se vieron repentinamente aislados de cualquier tipo de apoyo y atrapados en una ratonera con más de medio millón de chiítas esperando -y deseando- una señal para matarles. Desesperados, algunos montaron en vehículos e intentaron cargar de manera suicida contra las tropas situadas en posición de bloqueo, que les recibieron con un aluvión de disparos.

A finales de marzo de 2003, las unidades de caballería y mecanizadas que encabezaban el ataque del V Corps prosiguieron su avance hacia el Norte, siendo sustituidos en sus posiciones por las unidades de la 101st Airborne Division bajo el mando del por entonces Major General David H. Petraeus.

Con la situación en el interior de la ciudad cada vez más tensa entre los chiitas y los fedayines de Saddam, los mandos estadounidenses decidieron entrar en la misma para evitar una masiva destrucción. Tras un mini “Thunder Run” encabezado por una compañía de carros M1 Abrams (reconocimiento por el fuego realizado por una columna blindada que atraviesa las líneas enemigas en un punto y tras recorrer una distancia vuelve a sus posiciones siguiendo otro itinerario) se decidió que el 3 de abril las tropas del 2nd Battalion, 327th Infantry Regiment comandado por el Lieutenant Colonel (Lt Col) Hughes encabezarían la entrada en la ciudad avanzando desde el Sur.

Al llegar a un cruce se encontraron con una multitud que bloqueaba su camino vociferando “Ala es grande” y que comenzó a tirarles piedras, todo por el temor de que se dirigiesen a apresar al Gran Ayatolá Sayyid Ali Husaini Sistani. Con gran acierto y sangre fría, pese a recibir una pedrada en la cabeza que le hizo sangrar, el Lt Col Hudges ordenó a sus hombres hincar una rodilla y apuntar sus armas hacia el suelo, lo que calmó la situación. Rápidamente informado del incidente, Sistani proclamo una fetua en la que ordenaba a los chiítas a no atacar a los estadounidenses y apoyarles para que acabasen con los núcleos de resistencia de los fedayines en la ciudad. Al día siguiente la situación en la ciudad quedó en calma, y con gran alivio la población siguió expectante los hechos que acontecían en Bagdad.

Tras el colapso del régimen de Saddam Hussein se estableció una Autoridad Provisional de la Coalición (CPA) con el fin de nombrar un gobierno interino que llevase a su país a unas elecciones. Las luchas de poder que vinieron a continuación llevaron a la escena política a un joven clérigo llamado Muqtada al-Sadr. Hijo del Gran Ayatolá Mohamed Mohamed Saqed al-Sadr, tanto su padre como dos de sus hermanos y su suegro Ayatolá Mohamed Baquir al-Sadr, fueron asesinados por Saddam Hussein. Usando el apellido familiar para ganarse la atención de la comunidad chiíta (el mayor barrio de la capital iraquí se denomina Sadr City), el joven Muqtada fue capaz, desde Nayaf, de ganarse el apoyo en del vecino Irán, país encantado de colocar bajo la órbita chiíta a una nación que hasta entonces había estado bajo el control de la minoría sunita.

Con una enorme ambición y con el apoyo total del país vecino, Muqtada empezó a organizar una milicia armada denominada Ejército de al-Mahdi, para emplearla cuando los medios políticos convencionales no fuesen suficientes. Formada por varios miles de hombres, en su mayoría sin formación militar, estaban repartidos por las principales ciudades del sur de Iraq. Como la figura de Muqtada en 2003 era ínfima y no estaba nada contento con el poder conseguido dentro del gobierno interino, fue hacia este hacia donde dirigió su fuerza. Alentado por Irán – que estaba ansioso por conseguir que los extranjeros salieran de Iraq y tomar así las riendas del país – los actos de brutalidad contra su propia comunidad chiita y sus políticos fueron escalofriantes.

Una de las múltiples manifestaciones en favor a Muqtada al-Sadr. El clérigo chií, pese a su juventud en la época de la invasión de Iraq, se las ingenió para levantar una milicia que llegó a contar con hasta 60.000 combatientes, lo que le convirtió a la postre en una pieza clave de la política iraquí, cuyos gobiernos, marcadamente sectarios, dependían del apoyo del joven miembro de la prominente familia Sadr. El precio a pagar por el país fue alto, pues para amasar tal cantidad de poder el joven Muqtada no dudó en recurrir a un Irán interesado en convertir Iraq en un mero satélite. Fue, sin duda, uno de los primeros y más firmes pasos de Irán por disputar la primacía regional a Arabia Saudita, además de por enfrentarse a Israel, una tónica que ha continuado en Líbano y Siria.

A finales de marzo de 2004, cansados de las innumerables llamadas a la violencia, las autoridades ordenaron cerrar su periódico al-Hawza y la posterior detención de uno de sus lugartenientes. Acusado de ordenar el asesinato de jueces, policías e incluso clérigos chiías que no fuesen favorables a los intereses iraníes o los suyos propios, se dictó una orden de arresto, a lo que Muqtada respondió proclamando una jihad contra las fuerzas de la coalición. Aquello origino una oleada de alzamientos en varias de las ciudades con población chiíta donde el Ejército de al-Mahdi contaba con partidarios.

En esta situación, y mientras estallaba una revuelta sunita en la ciudad de Faluya que era combatida por los Marines, la 1st Cavalry Division y la 1st Armoured Division estadounidenses tuvieron que alargar su periodo de estancia en lraq 120 días más y emplearse a fondo para acabar la rebelión. Tras combatir duramente en Bagdad para acabar con la revuelta, se enviaron fuerzas hacia el sur del país para ir aplastando metódicamente a los insurgentes
A la ciudad de Nayaf y Kufa, donde se ocultaba Muqtada, llegaron en breve algunas unidades de caballería para ayudar a repeler los ataques a las bases aliadas, pero no pudieron pasar a la ofensiva ya que en la ciudad de al-Kut (a mitad de camino entre Bagdad y Nayaf) el batallón de tropas ucranianas y los hombres de la compañía Triple Canopy no habían podido resistir el asalto y habían tenido que escapar de la ciudad en medio de fuertes combates. Las unidades de la 1st Armored Division englobadas en la Task Force Striker fueron las encargadas de retomar al-Kut, objetivo que consiguieron asegurar el 11 de abril.

Mientras, en Nayaf la situación continuaba mal y el mando estadounidense en Iraq – el Lieutenant General Sánchez – ordenó a la 3rd Brigade Combat Team (BCT) de la 1st Infantry Division trasladarse desde la ciudad de Baquba – en el llamado Triángulo Suní – a Nayaf, para capturar o matar a Muqtada y reestablecer el orden en la ciudad.
Denominada Task Force Duke, la 3BCT estaba compuesta por una unidad tamaño brigada bajo el mando del Colonel Dana J.H. Pittard, que incluía elementos del 2nd Battalion – 2nd Infantry Regiment, 1st Battalion – 14th Infantry Regiment y del 5th Battalion – 20th Infantry Regiment, así como unidades de apoyo. Durante el Verano del 2003 se habían entrenado en el National Training Center en la lucha intensa con medios blindados en centros urbanos, contando con medios como los vehículos de combate de infantería M2A3 Bradley, los carros de combate M1A2 SEP y los vehículos sobre ruedas Stryker.

Una vez llegados a la Forward Operating Base (FOB) Duke, situada en pleno desierto a varios kilómetros al Norte de la ciudad, comenzaron a realizar patrullas de reconocimiento y a hostigar a los milicianos del Ejercito de al-Mahdi, causándoles centenares de bajas. El 16 de abril, elementos del 1st-14th IN capturaron el puente sobre el rio Éufrates de la ciudad de Kufa.

Los soldados destacados en bases cercanas a las ciudades eran continuamente atacados mediante morteros durante la noche, por lo que se envió a un avión cañonero AC-130 que mediante sensores detectaba los equipo de milicianos y los tubos de mortero conforme disparaban. Buscando acabar con la amenaza del avión sobre sus cabezas, los insurgentes trajeron medios antiaéreos a zonas residenciales. Mediante la ayuda de un dron Hunter, pudieron localizar un cañón antiaéreo de 57mm escondido en un patio trasero, que fue rápidamente despachado por el AC-130 mediante 38 disparos de 105mm y 100 de los cañones de 40mm.

( ... )

Si desea leer más, ingrese como usuario registrado.

El resto del artículo es exclusivo para los usuarios registrados y los suscriptores de nuestra revista Ejércitos. Si aún no lo es, suscríbase y acceda a todo el contenido de nuestra web y de nuestra revista en su versión digital.

Acerca de Christian D. Villanueva López 36 Articles
Fundador y Director de Ejércitos – Revista Digital de Armamento, Política de Defensa y Fuerzas Armadas. Ha sido también fundador de la revista Ejércitos del Mundo y ha trabajado y colaborado en diferentes medios relacionados con la Defensa como War Heat Internacional, Defensa o Historia de la Guerra, entre otros, tras abandonar las Fuerzas Armadas en 2009.