Submarinos de ataque

En busca del relevo generacional

Uno de los aspectos en que los submarinos del futuro, especialmente los estadounidenses, mejorarán, será el de la capacidad para la lucha ártica.

 

Por Alejandro A. Vilches Alarcón

 

En este artículo trataremos la evolución de los submarinos de ataque repasando no solo los principales programas en curso, sino también las tecnologías que marcarán el futuro de estos fascinantes buques de guerra. Hablar a futuro siempre es difícil, desde luego, y se corre un gran riesgo dada la alta posibilidad de equivocarse. Sin embargo, es un ejercicio que se debe realizar cada cierto tiempo con la idea de tratar de extraer conclusiones y generar debate.

No se puede, no obstante, hablar de las nuevas tecnologías sin tomar en consideración las dificultades que muchas veces encuentran para ponerse en práctica -algo que en España sabemos bien gracias al Programa S-80-. Por muy revolucionaria o visionaria que pueda ser una nueva tecnología aplicada a los submarinos debe, en cualquier caso, cumplir dos requisitos antes de convertirse en realidad: Ser viable económicamente y contar con un decidido apoyo institucional/industrial.

Los drones submarinos, conocidos como UUV, jugarán un papel fundamental como complemento a las plataformas tripuladas. Foto – Boeing.

 

 

Los Actores Principales

Los submarinos de ataque, tanto nucleares (SSN) como convencionales (SSK), son diseñados apenas por un escaso número de países o empresas, construidos por una lista un poco más larga y operados por una lista extensa que, no obstante, depende de los anteriores para su mantenimiento en la mayor parte de los casos. Así, la evolución de los submarinos puede entenderse bien atendiendo a las ideas que imperan en los países diseñadores y que nos dejan con unas pocas familias de productos con unas filosofías muy diferentes entre sí.

Los países constructores, por su parte, se pliegan a lo proporcionado por el diseñador aunque aplican cambios ad hoc para sus plataformas a la par que aspiran a poseer la futura capacidad de diseño. Por último, las naciones meramente operadoras se contentan con pagar su producto, mantenerlo y operarlo, mientras reciben transferencias tecnológicas que en un futuro les puedan permitir construir o participar en el diseño de sus futuras plataformas. Nos centraremos aquí en las naciones diseñadoras, ya que sus proyectos a futuro son los que están marcando la tendencia, en función de las necesidades de sus armadas nacionales o de sus clientes prioritarios.

Infografía del futuro S-80. Imagen - Armada Española
Infografía del futuro S-80. En realidad, el club de los países con capacidad para diseñar y fabricar sus propios submarinos, es uno de los más exclusivos del mundo. Imagen – Armada Española

 

 

Estados Unidos de América

En los EE.UU. hace décadas la US Navy decidió basar su poderío submarino en apenas dos clases de ingenios de propulsión nuclear, abandonando el diseño y construcción de submarinos convencionales. Con esto persigue una racionalización en los costes de diseño y construcción, a la par que mantener sus capacidades de construcción naval dentro de un programa de construcción a décadas vista.

En la década de 1980 la columna vertebra del “servicio silencioso” la constituían los SSN Los Angeles, un submarino de capacidades oceánicas y que iba ser sucedido por los SSN Seawolf, submarinos diseñados exclusivamente para la guerra naval con unas capacidades sobresalientes. Sin embargo, como ya hemos comentado en números anteriores, la caída de la URSS y el alto precio de los Seawolf hicieron que la US Navy buscara una salida más económica que le permitiera seguir contando con una numerosa flota de submarinos de ataque nucleares.

De la clase Seawolf tan solo se construirían tres unidades, a las cuales se les aplicarían importantes reformas de todo tipo buscando un submarino más centrado en las operaciones especiales, que en la guerra naval pura como consecuencia del cambio de escenario tras el final de la Guerra Fría, una historia harto conocida. Sin embargo, el desarrollo de estos submarinos dejaría un poso de conocimientos y tecnologías en la industria naval de cara al desarrollo de futuras tecnologías. La US Navy, con un Congreso y unos presupuestos restringidos, escoraría hacia una plataforma submarina polivalente. En definitiva, una plataforma capaz de contentar todos los requerimientos, aunque muchos de forma parcial, efectuados por cada una de las partes que debían financiar el programa y que en ocasiones eran opuestos entre sí.

El resultado sería la actual clase Virginia. Un diseño de compromiso que, aunque aporta nuevas tecnologías tanto en la construcción como en la operación, tan solo perseguía una reducción de costes respecto a los 4.400 millones de dólares que costaba cada unidad de Seawolf. Esto se consiguió de forma holgada, dejando la factura en torno a los 1.500 millones de dólares en el caso de los Virginia. Son, sin duda, hijos de su tiempo, capaces de ofrecer el despliegue y apoyo a unidades de Operaciones Especiales, de efectuar operaciones en aguas litorales y con una gran capacidad de carga de misiles SLCM de ataque a tierra. Alcanzar esa polivalencia no ha sido sencillo y ha obligado a relegar a segundo plano otras capacidades como la Guerra Naval o las operaciones en el Ártico, aspectos muy criticados tras haber sido básicos en las operaciones submarinas de los EE. UU. Durante décadas. Con todo, la plataforma no puede sino catalogarse de éxito superlativo y gracias a los programas de extensión de vida y las nuevas tecnologías aplicadas en diseño y operación de los reactores nucleares hacen que algunas unidades -el programa de construcción está en plena forma- vayan a mantenerse operativas hasta la década de los 70 del presente siglo, sin duda un hito.

La longevidad, la polivalencia y la reducción de costes no son los únicos logros del programa Virginia. También han incorporado tecnologías como la propulsión basada en pump-jet, la introducción de sistemas digitales basados en arquitectura abierta -reduciendo costos y plazos en su modernización- y han logrado estandarizar una plataforma muy versátil. Un punto muy trabajado, y que supone un gran avance en la construcción de submarinos, es el abandono del sistema de periscopios clásicos, pasando a un sistema de mástiles universales que evita las penetraciones del casco resistente y aporta más seguridad y capacidades digitales.

Y sin embargo, como suele hacer la historia, el mundo cambió. Si durante dos décadas la principal función de los submarinos en el plano militar fue el lanzamiento de SLCM contra Afganistán, Siria o Irak, sorpresivamente -o no tanto la verdad- China apareció con fuerza en el Teatro del Pacifico con despliegues en el Indico y hasta en el Atlántico, Báltico y Mediterráneo. Los programas navales chinos, y rusos en menor medida, comenzaron a presionar a la US Navy con la necesidad de incrementar el número de unidades disponibles y le han forzado a plantearse cuál será la principal misión de sus futuros submarinos, algo que se plasmará en el nuevo programa de submarinos.

Éste, conocido popularmente como SSN(X), está siendo estudiado tanto por la US Navy como por el Congreso, planificando la construcción de las siguientes unidades para la década del 2030 y su entrada en servicio en 2040. En la actualidad se está en la fase de definición de conceptos operacionales a cubrir, lo que dará lugar a la fase de diseño preliminar y posteriormente a su construcción.

Lo curioso de este nuevo programa es que la US Navy ha desempolvado algunos de los conceptos trabajados en la clase Seawolf y en la actualidad se habla de potenciar las operaciones bajo el hielo, así como de incrementar las capacidades de Guerra Naval. Se retorna a un submarino de gran desplazamiento, más de 9.000 toneladas en inmersión, y se abandona la idea de exponer los SSN en la guerra litoral. Aún queda mucho por hacer, por no decir que todo, pero se comienza a virar el timón del diseño hacia el concepto de submarino de ataque puro. Hablar ahora de previsiones de coste parece algo prematuro, pero el Congreso y la US Navy ya están enfrascadas en discusiones acerca del precio por plataforma, que van desde los 3.100 hasta los 5.500 millones de dólares por unidad.

Lo que si es cierto, y todas las partes lo dan por asumido, es que el futuro SSN(X) será una plataforma integrada con sistemas externos y que podrá trabajar en conjunción con distintos UUV y los torpedos de forma que estos reciban información en tiempo real de otras plataformas para su guía. Tal vez los UUV aún no vayan a ser ese sistema milagroso e inteligente que localice, clasifique y destruya un blanco a 500 millas, pero seguramente si serán equipos que multipliquen el alcancen de los sensores de los submarinos y les permitan, por tanto, incrementar el área de control de forma efectiva. En este campo aún esta todo por escribir.

Las futuras evoluciones de los SSN clase Virginia permitirán aumentar el abanico de misiones reduciendo la exposición. Es por ello que EEUU planea aumentar notablemente el número de estas plataformas. Foto - General Dynamics
Las futuras evoluciones de los SSN clase Virginia permitirán aumentar el abanico de misiones reduciendo la exposición. Es por ello que EEUU planea aumentar notablemente el número de estas plataformas. Foto – General Dynamics

 

(Continúa...)

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