Lanzacohetes para el ET español

El futuro lanzacohetes del Ejército de Tierra

El “HIMARS”, aparte de usar las mismas municiones que el “MLRS”, incluido el misil “ATACMS”, ofrece una mayor versatilidad y un menor coste.

 

Por Francisco P. Fernández Mateos

 

Los últimos conflictos han demostrado una vez más la necesidad de contar con modernos sistemas lanzacohetes capaces de batir concentraciones de fuerzas, neutralizar o prohibir el empleo de fuerzas acorazadas o mecanizadas, efectuar fuegos de contrabatería, impedir el uso de las defensas contracarro y antiaéreas o realizar fuegos de ocultación o de cegamiento. Por desgracia, España después de la baja de los Teruel no ha sido capaz de adquirir un reemplazo, una decisión que no puede demorarse más.

Un cohete es un proyectil autopropulsado que obtiene su empuje por la reacción de la expulsión rápida de gases de combustión desde un motor cohete. Generalmente, utilizan combustible sólido y pueden montar cabezas de guerra de cualquier tipo (alto explosivo, rompedora, termobárica, incendiaria, de racimo con diferentes submuniciones o minas contracarro, anti-búnker, etc). Siguen una trayectoria balística, si bien existen modelos dotados de un sistema de guía terminal (inercial, satélite, GPS, corrección de la trayectoria…) que, mediante las correspondientes aletas, modifican la dirección en la fase final de su recorrido para dirigirse al blanco, al que atacan con gran precisión.

Los americanos también construyeron lanzacohetes como el T-34 “Sherman Calliope”, si bien los usaron mucho menos que los rusos y alemanes.

 

Sin lugar a dudas los BM-13 “Katiushas”, más conocidos como “Órganos de Stalin”, produjeron un efecto devastador entre las tropas alemanas, sobre todo por la gran cantidad utilizada. De hecho, entre 1941 y 1945 fueron fabricados más de 12.000.000 de cohetes.

 

Cohetes de tipo Congreve para uso naval existentes en el Museo del Ejército español.

 

 

Origen de los cohetes

Las flechas de fuego voladoras chinas son los cohetes más antiguos de los que tenemos constancia, siendo utilizados en la defensa de la ciudad de Kai Fung Fu frente a los mongoles (1232) y, dos años más tarde, contra los tártaros. A partir de entonces, existen numerosas referencias sobre su uso tanto por parte de los chinos como de otros pueblos, entre los que destacan los mongoles, los coreanos y los habitantes de Timor, que los emplearon contra los indios en 1399. En líneas generales, eran largas flechas de bambú que llevaban un cohete atado en la parte delantera, siendo lanzadas desde afustes de madera o bambú, algunos dotados de ruedas. Además, tanto los chinos como los coreanos construyeron ejemplares con soportes para una gran cantidad de flechas, es decir, algo parecido a los lanzacohetes múltiples actuales. En algunos dibujos chinos son apreciables unos lanzadores múltiples y portátiles que se apuntaban a la estima (fueron denominados hwach), por lo que cabe suponer que su eficacia debía ser más psicológica que otra cosa.

Aunque sea en el plano meramente anecdótico, creo que vale la pena reseñar dos modelos de cohetes chinos: El pájaro y el dragón de fuego. El primero fue llamado así porque montaba dos alas similares a las de un pájaro, mientras que el segundo, diseñado para ser lanzado desde el agua, recordaba a ese animal mitológico y disponía de varios cohetes propulsores que entraban en funcionamiento de forma sucesiva, por lo que podemos considerarlo el primer cohete de dos etapas de la historia, siendo su alcance estimado de unos 1.600 metros.

Los árabes introdujeron en Europa las llamadas flechas chinas que fueron lanzadas durante el asedio a Valencia en 1288, siendo usadas a partir de entonces de forma muy esporádica. Según Clonard, un químico anónimo describe aquellas armas de la siguiente manera: «AI cohete se le pondrá una varilla recta y muy ligera que sea dos veces mas larga o algo más que la longitud del tubo á fin de que le sirva de timón cuando se dispare en una dirección, ya sea hácia arriba, ya hácia los lados, conforme convenga. Póngase despues el tubo sobre un caballete, como la saeta en la ballesta, y con semejante apoyo podrá dispararse. El caballete sobre que ha de descansar el tubo, estará dispuesto de modo que tenga una canal, en la cual quede ajustado; la parte de la varilla estará metida en un aparato perforado en toda su longitud, al modo de caña, de manera que pueda entrar toda en el hueco y darla la dirección que se quiera…

Si con este cohete se quiere hacer estragos contra el enemigo, póngase dentro alguna materia sólida, como azúfre, piedras ó pez, y arrójese contra el punto que se quiera y arderá. Si se desea que el tiro haga mucho estruendo y se oiga desde lejos, métanse cartuchos pequeños en el cohete, los cuales se inflamarán con mas retardo y durará por lo mismo más tiempo el ruido».

Dada la escasa eficacia de los cohetes de aquella época, para que su empleo se generalizara en Occidente, hubo que esperar hasta principios del siglo XIX, con la entrada en servicio de los modelos del inglés William Congreve, dotados de una vara alargada montada inicialmente en un lateral, que les servía para mantener la dirección. Su desarrollo se benefició del uso de los modelos empleados contra los británicos por las tropas del sultanato indio de Mysore, gracias a los cuales obtuvieron algunas victorias destacadas.

Mientras que los primeros modelos eran lanzados desde sencillos caballetes, la introducción de la vara central permitió la adopción de tubos metálicos, con los que aumentó su precisión. Además, como consecuencia lógica, aparecieron diversos afustes multitubo de campaña, que contaban generalmente con 8 tubos de cobre, estudiándose otras variantes como la propuesta por el marqués de Viluma con 10 tubos colocados en dos filas.En España, a pesar de que no se les atribuyó excesiva importancia, también se hicieron algunos ensayos con cohetes a partir de 1817, siendo de destacar los realizados en Cuba en 1832, con versiones de metralla de 6 y 3 libras, aunque los resultados no fueron nada alentadores. De hecho, si bien fueron usados en las operaciones de Navarra (1835) y en Marruecos (1859), lo cierto es que nunca alcanzaron un desarrollo aceptable, si bien, en ciertas cantidades fueron fabricados varios modelos, en gran medida derivados de los diseños de Congreve.

Ya en 1844, William Hale modificó el diseño de los cohetes colocando varios motores inclinados que los hacían girar durante el vuelo, lo que aumentó considerablemente su precisión e hizo innecesario el uso de la vara. Este hecho favoreció el empleo de los cohetes que, a pesar de todo, no se hizo extensivo ante el aumento de potencia de fuego y precisión de la Artillería clásica. En consecuencia, hubo que esperar hasta la SGM para que los cohetes sufrieran el auge definitivo con el empleo masivo, sobre todo, de los Nebelwerfer alemanes o de los Katiushas u órganos de Stalin soviéticos, si bien los americanos también utilizaron el T-34 Sherman Calliope y los canadienses los Land Mattress, de calibres más pequeños. De todos ellos, los modelos alemanes fueron los más variados tanto por las plataformas y las configuraciones adoptadas, como por su calibre, ya que hubo versiones desde los 80 hasta los 380 cm del cohete lanzado por el Sturmtiger. Como datos interesantes, los alemanes utilizaron un modelo para ser lanzado desde aviones (Werfergranate 21), y los aliados también los emplearon a menudo para batir objetivos terrestres desde las bordas de los buques, especialmente en el Pacífico.

Actualmente, todo Ejército que se precie dispone de unidades de lanzacohetes, dotadas básicamente de lanzadores múltiples autopropulsados, montados sobre camiones o en blindados de ruedas o cadenas, aunque también existen numerosos modelos de lanzadores sencillos o múltiples sobre remolques, o para instalar en vehículos ligeros.

Los lanzacohetes “Teruel” fueron dados de baja en 2011. Apenas se llegaron a fabricar 22 ejemplares, 14 para España y 8 para la Guardia Presidencial de Gabón. Foto – Outisnn.

 

 

Lanzacohetes modernos en el ET

En los años 50 se organizó el Centro de Estudios de Cohetes, comenzándose el diseño de algunos sistemas que, a la postre, culminaron con el desarrollo del Teruel. Pero, antes tuvieron que construirse y probarse varios tipos de cohetes y sus correspondientes lanzadores que, a partir de la creación del Regimiento de Lanzacohetes en Astorga, en 1960, se le entregaron para su uso y experimentación. Solo como mera curiosidad, podemos citar que se realizaron cohetes de muy diversos calibres (108, 216, 300 mm…) que fueron instalados en lanzadores tipo jaula con distintos alvéolos (1, 4, 6, 8, 10, 18, 20, 21, 32, etc). Además, como plataformas fueron usados ejemplares tan dispares como un chasis sobre orugas de Stürmgestchutz III, un pequeño remolque de dos ruedas, camiones Reo, Dodge WC-51, Barreiros Comando 4×4 y Panther 6×6, Pegaso 3045… e, incluso, una góndola remolcada.

En el campo de los cohetes, se diseñaron numerosas variantes, algunas basadas en los modelos alemanes de la SGM, como el tipo A de 300 mm, y la versión modificada C de mayor alcance (6,5 km en lugar de 4,5); posteriormente, aparecieron los denominados D, E1/E2/E3, R6, R-7, R-6B1, RB6, R6B2, etc. En cuanto a los lanzadores, fueron denominados L-4C, L-6C, L-10E, L-12E, L-21E, etc. Finalmente, en 1987 entró en servicio el sistema Teruel, del que llegaron a construirse 12 ejemplares (más 2 de pruebas) con los que fue dotado el Regimiento de Artillería de Lanzacohetes de Campaña RALCA nº 62, en el que se mantuvieron en servicio hasta 2011.

Unos años antes de la entrada en servicio del Teruel, en 1983, se puso en marcha el denominado Plan META o de Modernización del Ejército de Tierra, con el que se pretendía pasar de un Ejército de tipo territorial a otro funcional.

Para ello, era necesario reducir los efectivos en un 50% aproximadamente, lo que trajo consigo la desaparición de unas 115 unidades, al tiempo que contemplaba la adquisición de nuevos materiales. Sin embargo, muy pronto se comprobó que los fondos disponibles tanto en ese como en los planes posteriores (RETO, RETO 2, NORTE…), no iban a permitir la adquisición de todos los equipos necesarios. De hecho, en el folleto propagandístico publicado en 1994 con motivo del lanzamiento del Plan NORTE, aparecía el lanzacohetes norteamericano M270 MLRS (Multiple Launch Rocket System) como uno de los principales sistemas a adquirir, pues era considerado el modelo más avanzado de los que se encontraban operativos. Además, prestaba servicio en varios Ejércitos europeos, dato muy interesante desde el punto de vista de la compatibilidad e interoperatividad de materiales entre Ejércitos Aliados.

Pasados los años, se puso de manifiesto que el Ejército español no estaba en condiciones de pagar el precio del MLRS, tomándose la decisión de adquirir la versión HIMARS (High Mobility Artillery Rockets), que utilizaba un lanzador sencillo, para 6 cohetes, en lugar de los 12 del anterior modelo y un camión 6×6 como plataforma.

Finalmente, al ser dados

(Continúa...)

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