Náyaf 2004 (II)

La batalla por la Ciudad de la Muerte

La Ciudad de los Muertos de Náyaf, por la que debieron avanzar las tropas estadounidenses, es un escenario terrorífico para combatir, dada su complejidad.

 

Por Rafael López Mercado

 

Nayaf, la ciudad de la muerte. Ninguna expresión define mejor el origen, el pasado, el futuro y los hechos históricos que acontecen referidos a dicha ciudad. Fue precisamente en dicha localidad en donde tuvo lugar, en el verano del año 2004, uno de los combates más duros de todos los acontecidos desde la invasión de Iraq.

Tras un primer alzamiento chiita que se extendió a varias ciudades de Irak en abril de 2004, el contraataque de las tropas estadounidenses consiguió acabar una a una con las revueltas, no sin pagar un alto precio. La única localidad donde no se pudo culminar la ofensiva aliada fue en la ciudad de Nayaf, debido a sus peculiaridades. Pese a estar completamente rodeada por las unidades de caballería del 2nd Armoured Cavalry Regiment (2nd ACR), el ataque final fue paralizado por la presión política y la intercesión del Gran Ayatolá Sayyid Ali Husaini Sistani.

No acabar con Muqtada al-Sadr, el causante de tanto sufrimiento, lo único que conseguiría fue llevar más destrucción a la región. Para sus partidarios, la retirada de los soldados de la coalición fue considerada una victoria e impulsados por la impunidad que les concedía el acuerdo de alto el fuego, los milicianos impusieron un régimen de terror en las ciudades de Nayaf y en su vecina Kufa.

Aprovechando las zonas de exclusión decretadas entorno a las mezquitas del Imán Ali y Kufa, donde no podían entrar las tropas norteamericanas, los hombres de Muqtada – agrupados en el denominado “Ejército de al-Mahdi” – establecían controles en las calles, robando y asesinando a discreción a sus opositores.

El miedo entre los ciudadanos fue tal que la principal fuente de riqueza de la ciudad, la afluencia de peregrinos para visitar la tumba del Imán Ali, se detuvo. El propio Gran Ayatolá Sistani tomo la decisión de marcharse de la ciudad, aduciendo un tratamiento en Londres, cuando varios de los hombres de Muqtada armados le amenazaron por oponerse a sus decisiones.

El periodo transcurrido entre junio y comienzos de agosto de 2004 fue aprovechado por el “Ejercito de al-Mahdi” para recomponer filas incorporando a nuevos hombres, armándolos y entrenándoles con vistas a las luchas que no tardarían en venir. Gracias a los asesores y los medios facilitados por el vecino Irán, la nueva hornada de milicianos tendrían una capacidad combativa mucho mayor que la improvisada en el pasado abril.

La llegada a la zona a finales de julio de los hombres del 1st Battalion, 4th Marine Regiment – Battalion Landing Team (BLT) 1/4 – cambiaría pronto la situación. Su principal misión era entrenar a los 404th y 405th batallones de la Iraqi National Guard, a la policía y a diferentes unidades del Ejército Iraquí para ayudarles a plantar cara al poder en la sombra que representaba Muqtada al-Sadr y su brazo armado del “Ejército de al-Mahdi”, estableciendo un clima seguridad apropiado para las próximas elecciones de enero de 2005. Pero tal era el nivel de violencia en la ciudad que para el Lt Col John L. Mayer y su superior Colonel Anthony M. Haslam, al mando de la 11th Marine Expeditionary Unit (11th MEU), quedaba claro que no tendrían tiempo material para completar el adiestramiento de sus aliados iraquíes, por lo que si la situación empeoraba tendrían que encabezar una posible solución armada, algo que finalmente sucedió.

Esa impresión quedo reforzada al realizar las primeras patrullas por la ciudad, quedando meridianamente clara cuando el First Lieutenant (1st Lt) Michael Borneo dirigió una misión de reconocimiento cerca de un complejo propiedad de la familia de Muqtada. Descubrieron a varios de sus hombres armados con morteros y lanzagranadas RPG, y cuando se dispusieron a incautarles las armas según los términos de la tregua establecida, el combate que se estableció degeneró en una batalla en toda regla.

Por paradójico que parezca, la actitud de los marines fue una sorpresa para Muqtada. El primer alto el fuego acordado en Nayaf y en el resto de ciudades chiitas, así como el establecido en la ciudad de mayoría sunnita de Faluya, lo había inducido a pensar que los miembros de la coalición no tenían la más mínima intención de luchar y que permanecerían acantonados en sus bases. Pero esa no era ni remotamente la intención de los marines…

La zona del Revolutionary Circle estaba rodeada de edificios de hormigón de varias plantas.

 

Contra el blindaje del M1A Abrams las armas de los insurgentes no tenían mucha opción. Su cañón de 120mm y sus ametralladoras se encargarían de aplastar casi impunemente las posiciones de sus enemigos.

 

Uno de los Hunvee pertenecientes al Combined Anti-Armor Team situado junto al muro que rodea al cementerio para apoyar a los marines contra los insurgentes que les disparan desde el interior.
Una granada hace explosión en una estructura funeraria cerca de los marines. Desde su posición elevada los militares usan sus armas para tratar de acabar con los insurgentes que usan el cementerio para atacarles.

 

 

El combate del Revolutionary Circle

Tras la patrulla del día 2 de agosto siguieron dos días de tensa calma. Los combatientes de ambos bandos se observaban mutuamente manteniendo cautelosamente las distancias. Los milicianos se dedicaron a recabar información sobre las intenciones de los marines, capturando a policías iraquíes y torturándoles en los interrogatorios.

A las 02:00 del día 5 de agosto – obviamente una hora idónea dadas las temperaturas que se dan en agosto en aquella ciudad – llegaron avisos por radio de que los hombres de Sadr estaban atacando la principal comisaria de Nayaf, situada de forma colindante al sureste con la rotonda denominada Circulo Revolucionario, cruce de las dos principales arterias viales de la ciudad. El gobernador de la ciudad requirió la ayuda de los marines ante el temor de que pudieran capturar las instalaciones, por lo que enviaron como ayuda a la fuerza de reacción rápida consistente en el Combined Anti-Armor Team (CAAT) Alfa del 1st Lt Michael Borneo, una sección al mando del 1st LT Sellars (platoon en términos militares estadounidenses) de la Charlie Company en camiones y varios vehículos de apoyo.

Tras salir la Forward Operating Base (FOB) Hotel, situada 4 kilómetros al Norte de la zona de exclusión de la Mezquita del Imán Ali, descendieron por la Route Miami hasta llegar al Revolutionary Circle. Encontraron el lugar tranquilo y los policías les comunicaron que cerca de un centenar de milicianos les habían atacado con los típicos Ak47, lanzagranadas RPG y morteros, pero que habían repelido el asalto. De vuelta en la base a las 04:30, pasaron dos horas hasta que por la radio volvieron a saltar las alarmas ya que en esta ocasión centenares de partidarios del clérigo chiita atacaban la comisaria con mayor fuerza que la vez anterior. De nuevo la fuerza de reacción rápida se puso en marcha siendo en esta ocasión acompañados por los cuatro Light Armored Reconnaissance (LAR) del 1st Lt MacDonald, otra sección de la Charlie Company el 81mm Mortar Platoon del 1st Lt Breshear (actuando como infantería).

Al llegar de nuevo al Revolutionary Circle, la situación se encontraba en calma, pero con dos claros indicadores de que algo estaba a punto de ocurrir. A primera hora de la mañana no había absolutamente nadie por las calles, y lo más preocupante, las cámaras de la cadena al-Jazeera estaban situadas en la plaza listas para grabar.

Rodeados de edificios de dos o cinco pisos de altura, los miembros de la Charlie Company desmontaron y se dirigieron a la zona Sur de la rotonda para asegurar la comisaria. Al entrar se encontraron a medio centenar de policías en shock y muy asustados tras el peligro por el que habían pasado. Además, estaban casi sin munición y sin posibilidades de rechazar otro ataque.

El resto de las unidades tomaron posiciones, con el CAAT Alfa cubriendo el Norte, el Mortar Platoon el Este y los LAR el Oeste. Apenas llevaban 3 minutos en la posición cuando cerca de uno de los blindados del CAAT estalló una granada de mortero que esparció metralla en los laterales de los vehículos. Pronto le siguieron más artefactos bien apuntados que obligaron a los soldados a buscar protección. Las granadas continuaron cayendo durante todo el combate, pero por suerte para los marines, los disparos se dirigían en su mayoría al centro de la plaza y los soldados pudieron librarse de gran parte del peligro simplemente evitando situarse junto al monumento que decoraba la rotonda. Eso no evito que al poco tiempo comenzasen a tener heridos por fragmentos de metralla.

Desde el muro que rodeaba el lado Este del cementerio de la ciudad empezaron a llegar disparos, inicialmente dispersos pero rápidamente evolucionando hasta obligar a los marines a actuar. Grupos de soldados entraron en los edificios y subieron a las azoteas para tener una posición de combate dominante del campo de batalla, mientras que los hombres del 1st Lt Borneo presionaron hacia el muro del cementerio cubiertos por sus compañeros del Mortar Platoon y de los LAR. Centenares de milicianos armados se escondían detrás de tumbas y mausoleos disparando a los marines y causándoles el primer herido grave. Teóricamente el cementerio estaba considerado un recinto religioso, por lo que ante la duda de si podían traspasar el muro y perseguir a los milicianos, en un primer instante los soldados permanecieron en el exterior aprovechando los cerca de dos metros de altura del muro como cobertura.

Varios de los vehículos se colocaron también en dicha posición y pusieron en funcionamiento sus estaciones de armas. Particularmente efectivos se demostraron los cañones de 25mm de los LAR, ya que permitían demoler las paredes y tumbas desde donde disparaban los milicianos. Conforme las armas les privaban de su protección, los insurgentes corrían raudos a buscar otra tumba o pared en la que esconderse para seguir disparando a los marines.

Por radio se pidió la ayuda de los medios aéreos del Marine Medium Helicopter Squadron 166 (HMM-166) que, dado que tenían siempre estacionado un destacamento en la FOB Duke, situada apenas a veinte kilómetros al Norte de la ciudad, en pocos minutos comenzaron a sobrevolar la zona, informar de los acontecimientos y apoyar a las tropas en tierra dirigidos por el controlador aéreo avanzado (FAC) Captain Lowe. Volando en parejas, los helicópteros de ataque AH-1W SuperCobra y UH-1N Huey artillados se prestaban mutuo apoyo cada vez que comenzaban su descenso para disparar.

Desde tierra el 1st Lt Borneo pudo ver como al iniciar uno de esos picados para tratar de acabar con un mortero que hacia fuego desde el cementerio, los iraquíes disparaban con todo lo que tenían contra un UH-1N, incluyendo RPGs lanzados para detonar en el aire. Volando a cerca de 150 km/hora en un sentido Sur-Noroeste, el helicóptero fue alcanzado y el piloto quedo cegado, ya que una esquirla o bala perforaron el cristal del casco tangencialmente y le hirieron en el cristalino de un ojo. Instintivamente el piloto tiró hacia atrás de los mandos hasta dejar el morro del aparato prácticamente mirando hacia arriba. El copiloto reaccionó con rapidez y tomó control del helicóptero nivelándolo nuevamente, pero le fue imposible evitar que se estrellasen contra el suelo, deslizándose por el asfalto docenas de metros y derribando una farola hasta detenerse cerca de una esquina. Todo ocurrió de una manera tan rápida que no tuvieron tiempo ni de apagar las turbinas del aparato, que quedó inmóvil sobre el asfalto con los rotores girando de una manera muy similar a la conocida escena de la película Black Hawk Derribado.

La fortuna que tuvieron fue que habían caído fuera del cementerio, en un lugar de la Route Miami localizado a unos 400 metros al Norte del Revolutionary Circle. La tripulación aturdida pudo sacar al piloto herido y ponerlo a cubierto detrás de un muro, ya que comenzaban a escuchar el sonido de las balas impactando a su alrededor.

Sin dudar un segundo ni esperar ordenes, el 1st Lt Borneo partió hacia el sitio donde se había estrellado el aparato con una pareja de Humvee y otra de LAR, seguidos por una sección de la Charlie Company a pie, con el objetivo de asegurar la zona y proceder a una recuperación táctica del personal y del aparato. En escasos minutos llegaron a la posición justo cuando empezaban a asomar por los alrededores milicianos con ametralladoras y RPGs. Tras el primer intercambio de disparos y acabar con varios enemigos, la acción del 1st Borneo consiguió disuadirles y hacerles retroceder, conformándose con dispararles desde una distancia segura. Al mismo lugar empezaron a llegar refuerzos procedentes de la FOB Hotel, con una sección de carros M1A1 Abrams al mando del Lieutenant Thomas y el 1st Platoon de la Bravo Company del Captain Carrasco en un par de vehículos anfibios de asalto AAV-P7.

El lugar del combate y donde estaban situados los restos de aparato derribado estaban muy próximos a una clínica iraquí y el piloto fue tratado allí en una primera instancia. En las instalaciones había una ambulancia que los marines aprovecharon para evacuar al herido y a la tripulación a la FOB Hotel escoltados por los hombres del CAAT Alpha. Desde allí saldría un helicóptero en misión MEDEVAC que trasladó al piloto a un hospital en Bagdad donde más adelante se recuperó de sus heridas aunque perdiendo la visión del ojo alcanzado.

Desde la FOB Hotel salió a las 11:00 el equipo encargado de recoger los restos del UH-1N. El Captain Fosberg, oficial logístico del BLT 1/4, junto con una sección de ingenieros del batallón, emplearon una grúa civil y un carro recuperador de vehículos M88 y bajo intermitente fuego enemigo procedieron a montar en un par de camiones el helicóptero. En el proceso, el Sergeant Moses D. Rocha fue alcanzado mortalmente por un disparo.

Mientras tanto en el Revolutionay Circle y en la comisaría de policía continuaron los combates. La situación se mantenía estática, con varios centenares de milicianos disparando desde el cementerio y desde edificios que daban a la rotonda (principalmente por el lado Oeste). Los primeros informes de inteligencia proporcionados por infiltrados en el “Ejército de Mahdi” señalaban que el lugar donde se agrupaban y armaban los insurgentes eran los alrededores de la mezquita del Imán Ali, para a continuación dirigirse al lugar del combate siguiendo la Route Hartford o pasando a la zona del cementerio. Desde azoteas y tejados los FAC de las unidades intentaban entorpecer esos movimientos dirigiendo el apoyo aéreo y el fuego de morteros y artillería.

La vuelta al combate de las unidades que habían ayudado en el incidente del helicóptero derribado ayudó a inclinar la balanza en favor de los marines situados en el muro del cementerio.

Difícilmente las armas de los milicianos podían contrarrestar la potencia de fuego desplegada por los cañones, ametralladoras y lanzagranadas de las estaciones de armas de los blindados.
Además, a partir de entonces comenzaron a llegar a Nayaf refuerzos procedentes de Nasiriya. Al empezar los combates, el Lt Col Mayer había ordenado que el CAAT Bravo del 1st Lt Cuomo, la disminuida Alpha Raiders Company del Captain Sotire y la Weapons Company del Captain Wallace procedieran a toda velocidad hacia Nayaf dejando a la FOB Echo de Nasiriya con el personal mínimo imprescindible para defensa de la base. Mientras se dirigían a la ciudad se dieron momentos realmente surrealistas, ya que por la carretera se encontraron varias veces con coches y autobuses cargados de iraquíes que se dirigían al mismo lugar que ellos para combatir y les dirigían miradas y gritos de estupor. Pocas veces en una guerra tiene un soldado la oportunidad de cruzarse y contemplar a escasos metros a su enemigo sabiendo que en escasas horas o incluso en minutos ambos contendientes intentaran matarse mutuamente.

Cuando a las 14:30 el convoy de vehículos entró por el Sur en Nayaf siguiendo la Route Miami, fue emboscado a kilómetro y medio de distancia de la zona donde combatían sus compañeros. Desde ambos lados de la carretera, ocultos en edificios de varias alturas, docenas de insurgentes abrieron fuego sobre los estadounidenses desde las ventanas y azoteas. Los conductores de los vehículos pisaron el acelerador y prosiguieron su marcha a toda velocidad mientras los artilleros de los Humvee trataban de mantener a sus enemigos a raya disparando las ametralladoras a plena cadencia.

La llegada de los refuerzos fue muy oportuna, ya que a media tarde los iraquíes renovaron sus ataques con mayor fuerza si cabe. La llegada de centenares de insurgentes hizo que pudieran compensar con creces las bajas que habían sufrido durante toda la mañana y comenzaron a llegar informes que hablaban de miles de enemigos agrupándose en torno a la mezquita del Imán Ali.

Aun así, contra la potencia de fuego de varias compañías de marines no tenían mucho que hacer si decidían realizar un asalto frontal, por lo que gran parte de su acción se limitaba a disparar desde cierta distancia aprovechando la perfecta cobertura que les otorgaban los miles y miles de tumbas y mausoleos.

El fuego de mortero insurgente se cobró, pese a todo, numerosos heridos entre las tropas de los EE. UU.

 

Los milicianos de Muqtada estaban bien dotados de armamento ligero, con los tradicionales AKs, RPG-7 o Dragunov entre otros.

 

 

La batalla por el cementerio

Para el Lt Col Mayer estaba claro que el siguiente movimiento sería privar a los insurgentes de la impunidad que les concedía cementerio, por lo que su equipo comenzó a planificar la siguiente fase de los combates. Esta vez serían ellos los que mantendrían la iniciativa y realizarían un avance simultaneo en sentido Este-Oeste, con las distintas unidades de marines avanzando en paralelo y cubriéndose mutuamente los flancos.

El primer inconveniente con el que tuvo que lidiar fue la reticencia de sus mandos a atacar un camposanto. El tramite requirió el permiso del Colonel Haslam al mando de la 11th MEU, seguido por la autorización del jefe de la I Marine Expeditionary Force (MEF), Lieutenant General James T. Conway y el del comandante de las Multi-National Forces en Irak, el Army General George W. Casey. Por ultimo tuvieron que vencer las reticencias

(Continúa...)

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