Historia orgánica de las grandes unidades (1475 – 2018) (I)

Primera parte: Grandes Unidades temporales

Carga del río Igan por el Regimiento Alcántara. Autor - Augusto Ferrer-Dalmau.

 

Historia orgánica de las grandes unidades (1475 – 2018)

Primera parte: Grandes Unidades temporales

 

Por Fernando Mogaburo López

Suboficial Mayor de Caballería

 

Nota preliminar

Este trabajo de investigación se presentó a la 18ª convocatoria del premio Hernán Pérez del Pulgar (2017) con el título ¡Feliz cumpleaños, mi brigada! Como responsable de la publicación del trabajo galardonado, el Mando de Adiestramiento y Doctrina autorizó al autor, previo consentimiento del jurado, a modificar su título y el formato original. A fin de cumplimentar las normas de la convocatoria, todas las tablas se habían reunido en un anexo independiente, a doble columna. Una vez desaparecido este condicionante, se ha preferido insertarlas en el lugar correspondiente del cuerpo del documento y aumentar la tipografía para favorecer su lectura, de ahí que el número de páginas se haya duplicado. El título se ha cambiado en homenaje a Clonard, ya que su magna obra dedicada a la historia orgánica de las pequeñas unidades acabó de publicarse, precisamente, el mismo año que nacieron las primeras brigadas y divisiones permanentes: 1859.

Los mapas reflejan la organización territorial establecida en el año inicial de cada transformación pero empleando siempre la división provincial de 1833, por lo que los límites entre los virreinatos o distritos anteriores a esa fecha son solo aproximados. Como las adaptaciones orgánicas y los cambios de guarnición suelen retrasarse varios años, en las tablas se ha preferido mostrar el estado final del plan de transición, de ahí que las fechas no coincidan.

En la redacción de este trabajo se han seguido escrupulosamente las normas publicadas por la Real Academia en su Ortografía de la lengua española 2010, así como las recomendaciones incluidas en el Manual de estilo del MADOC. En consecuencia, tanto los empleos del personal como la entidad y la especialidad de las unidades aparecen en minúsculas cuando se emplean de modo genérico, y en mayúsculas cuando forman parte de su denominación oficial. Esta última prescinde de las comillas ya que, a juicio del autor, fueron adoptadas durante el plan META al confundir los nombres propios de las unidades (Regimiento Soria) con sus sobrenombres (“El Sangriento”) y resultan tan ortográficamente incorrectas como en nombres de lugares (provincia de “Soria”) o de personas (sargento “Arturo Soria”).

 

 

Introducción

Nadie lanzará confeti, descorchará botellas de cava ni realizará el preceptivo brindis por su majestad el Rey, pero el 3 de noviembre de 2019 se cumplirán ciento sesenta años de un hecho trascendental: la organización de las primeras brigadas, divisiones y cuerpos de ejército permanentes. Grandes unidades y grandes desconocidas porque, hasta ahora, nadie había desentrañado su genealogía. La publicación doctrinal Glosario de términos militares define la orgánica como:

“Ciencia que investiga y analiza los conceptos básicos que regulan la constitución, conservación y desarrollo de la organización del Ejército de Tierra, a la vista de las misiones que este tiene encomendadas.”

Hasta finales del siglo XX, el principal referente para su estudio era el teniente general Serafín de Sutton, conde de Clonard. Cuando finalizó su Historia orgánica de la infantería y la caballería en 1859, el Ejército seguía articulado en regimientos y batallones independientes. Los investigadores posteriores se centraron en las campañas, la uniformidad, el armamento y, últimamente, en la doctrina de seguridad y defensa, dando rienda suelta a ese gran estratega que todo militar lleva dentro. Solo dos obras publicadas recientemente por el propio Ministerio de Defensa se han preocupado de la orgánica, con resultados dispares:

  • El Ejército de los Borbones, de Gómez Ruiz y Alonso Juanola (1989-2009): sus once volúmenes analizan exhaustivamente las Fuerzas Armadas entre 1701 y 1931, pero apenas mencionan las grandes unidades.
  • La heráldica y la orgánica de los cuerpos de la infantería y caballería españolas en el siglo XX, de Martínez de Merlo y Álvarez Abeilhé (2013-2015): solo relaciona las grandes unidades de esas armas entre 1965 y 1995.

El presente trabajo, fruto de una investigación que ha durado varios años, ha aprovechado la reciente digitalización y publicación en Internet de numerosas fuentes primarias, para completar las lagunas existentes en las dos obras anteriores y exponer, por primera vez, el origen, la evolución orgánica y el destino final de TODAS las grandes unidades del Ejército permanente metropolitano y de las pequeñas unidades que las integraron. Debido a las restricciones de espacio, quedarán al margen las unidades de milicias, reserva, instrucción e inválidos, así como las destinadas a ultramar. Para una mejor comprensión, se ha articulado en dos partes:

  • La primera se inicia en 1475 y se extiende hasta 1892. Todas las grandes unidades tenían carácter temporal, ya fuesen territoriales o expedicionarias, pues se organizaban ad hoc con las pequeñas unidades que rotaban por los distintos dominios de la Corona.
  • La segunda abarca desde la reorganización de 1893 hasta la actualidad. Las grandes unidades reciben, por primera vez, una organización permanente y se articulan en un número fijo de pequeñas unidades que, salvo excepciones, permanecen indefinidamente en sus guarniciones.

Estas partes no son equivalentes en el tiempo ni en el espacio, pues la primera sintetiza cuatro siglos en apenas trece páginas, mientras que la segunda desarrolla una única centuria en las setenta y cuatro restantes. Esta diferencia es ajena a la voluntad del autor y responde a que el ritmo de transformación del propio Ejército se ha ido acelerando progresivamente a partir del siglo XX, como también ha ocurrido con otros procesos relacionados con la política, la economía, la cultura o la sociedad.

 

 

Primera Parte: Grandes Unidades Temporales

1. Las huestes de los Trastámara

Tradicionalmente se considera al reino de Hispania como el más antiguo de Europa, ya que el emperador Honorio entregó en foedus las provincias de Tarraconense y Aquitania al rey visigodo Walia en 418, a cambio de que expulsara a los suevos de Gallaecia, a los vándalos de Bética y a los alanos de Lusitania. Hasta 481 Clodoveo no fundaría Francia, donde se mantuvo durante toda la Edad Media una continuidad dinástica que se vería interrumpida en Hispania por la invasión musulmana. La unidad del reino se considera restaurada desde la firma de la concordia de Segovia, el 15 de enero de 1475. Ese año, Isabel era reina propietaria de Castilla y de León, mientras que Fernando solo era titular de Sicilia, pues no heredaría la corona de Aragón hasta el fallecimiento de Juan II en 1479 (mapa 1). Por lo tanto, Sicilia ya era española antes que Granada, Navarra, Canarias, Ceuta o Melilla. Este hecho resulta crucial para comprender la política exterior de los Reyes Católicos durante la segunda fase de su reinado.

Mapa 1: Organización territorial 1479

Aunque dicha concordia se firmó en pleno Renacimiento, las huestes de ambos monarcas conservaban características feudales. Los únicos guerreros a sueldo de la Corona eran las guardias reales (cien continos) y la caballería de vasallos (acostamiento), pues los nobles y los prelados solo aportaban sus mesnadas cuando beneficiaba a sus propios intereses y a cambio de prebendas.

Al objeto de garantizar la paz y el comercio en sus reinos, el 19 de abril de 1476 los reyes encargaron a Alonso de Quintanilla que organizase la Santa Hermandad. Pese a las ilustraciones idealizadas de Clonard que tanto influyeron en sus epígonos, no era una unidad de infantería, ya que los concejos prorrateaban el coste de un jinete (caballería ligera) por cada cien vecinos y el de un hombre de armas (caballería pesada) por cada ciento cincuenta. Lejos de ser una unidad permanente, esta especie de milicia solo era movilizada cuando se estimaba necesario, generalmente unos noventa días al año. Solo en un sentido muy laxo podría considerarse un antecedente lejano de la Guardia Civil, pero sin la continuidad histórica que algunos autores se empeñan en atribuirle, pues fue disuelta en 1498 y no en 1834. Este hecho se debió a que, dada su dispersión y lentitud de movilización, demostró una eficacia muy limitada durante la guerra de Granada, por lo que Fernando V pronto desechó su intención original de convertirla en el embrión de una hueste permanente 1.

En su lugar, el 2 de mayo de 1493 recibió a sueldo las Guardas de Castilla, creadas a imagen y semejanza de la Gendarmerie française. Sus veinticinco compañías totalizaban dos mil quinientas lanzas, el equivalente a una brigada de caballería actual, por lo que pueden considerarse la primera gran unidad profesional del Ejército español. Cuatro de sus compañías fueron destinadas a la Capitanía General de Granada, la primera creada en los reinos hispánicos. Su primer titular fue el conde de Tendilla, alcaide vitalicio de la Alhambra.

Los monarcas europeos de la época solo reclutaban peones campesinos o villanos en casos de extrema necesidad ya que, mal armados y peor protegidos, carecían de la instrucción militar reservada al caballero. Todo eso cambió cuando Gonzalo Fernández de Córdoba derrotó a la Gendarmerie en Ceriñola (28 de abril de 1503). Para ello, distribuyó sus seis mil peones en tres colonnas de dos mil, articuló estas en vanderas de doscientos cincuenta, y sustituyó las ballestas por espingardas y las partesanas por picas. Nacía así la ynfanteria de ordenança, verdadera protagonista de la revolución militar moderna.

Pero, al contrario que las Guardas, estas colunelas siguieron desmovilizándose tras cada campaña para ahorrarle a la Corona los costes de la soldada y a las villas que las alojaban los excesos de unas tropas desocupadas. Antes que afrontar un futuro incierto en España, muchos infantes licenciados prefirieron embarcarse hacia América, capitulando la titularidad de las tierras conquistadas a cambio de una parte del botín. Otros se alistaron como mercenarios en los ejércitos de Roma, Venecia o, incluso, Francia 2.

 

 

2. Los ejércitos de los Habsburgo

2.1. Carlos I

Carlos I fue el primer monarca europeo que organizó un ejército interarmas, profesional y proyectable para garantizar la defensa de sus extensos y fragmentados dominios frente a la amenaza combinada de franceses, protestantes y otomanos. A tal efecto, comenzó por asegurar su retaguardia mediante la organización de tres virreinatos en Italia (Nápoles, Sicilia y Cerdeña) y otros cinco en los territorios forales de España (Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca). En Galicia y Guipúzcoa estableció sendas capitanías generales, si bien la segunda sería asumida habitualmente por el virrey de Navarra (mapa 2). Como el coste de embarcar a las Guardas durante la jornada de Orán había resultado prohibitivo, decidió emplear fundamentalmente a la infantería, reforzándola con compañías ligeras de caballeros hijosdalgo que requisaban el ganado sobre el terreno.

Durante la primera guerra Italiana de 1521-1525, el marqués de Pescara humilló a los suizos en Bicoca y a los franceses en Pavía gracias a una nueva formación compuesta por tres escuadrones de piqueros (vanguardia, batalla, retaguardia), flanqueados por cuatro mangas de arcabuceros. En la instrucción de Génova de 1536 cada uno de ellos recibiría el nombre de “tercio” aunque, en realidad, ese año había cuatro maestres de campo en Italia: Grado en el virreinato de Sicilia, Ripalda en el de Nápoles, Mendoza en el ducado de Lombardía y Garcilaso en el de Saboya 3. Los dos primeros se concentraron en la defensa del Mediterráneo frente al Imperio otomano pero el resto constituyó un ejército de maniobra responsable de frenar las aspiraciones francesas en Italia. En 1546 el duque de Alba organizó un segundo ejército expedicionario que pasaría a los Países Bajos tras derrotar a los protestantes alemanes en Mühlberg.

Mapa 2: Organización territorial 1521

 

 

2.2. Felipe II

En 1556 Carlos I abdicó en su hermano Fernando la corona imperial de Alemania y en su hijo Felipe la real de España, que incluía los territorios italianos y ultramarinos. Pero, contra todo pronóstico, prefirió encomendar a este último la defensa de los Países Bajos. Una vez firmada la paz de Cateau-Cambrésis, su ejército se replegó a Italia, desde donde regresaría siete años después al mando del duque de Alba para sofocar la herejía calvinista. Tras intervenir en Francia durante las guerras de Religión al mando de Alejandro Farnesio (1592), sus tres tercios fijos fueron repartidos entre el ducado de Brabante y los condados de Flandes y Holanda. Además se crearon varios tercios itinerantes compuestos por súbditos de las diversas naciones de la Corona (españoles, italianos, borgoñones, portugueses), o mercenarios (alemanes, británicos).

La defensa de la península Ibérica seguía siendo responsabilidad de las Guardas de Castilla y de algunas unidades de milicias de escasa eficacia. En 1568, Juan de Austria recibió el mando del primer ejército de maniobra peninsular para someter la rebelión morisca en las Alpujarras, pero sería disuelto en 1571 una vez conseguido su objetivo. Simultáneamente, la Capitanía de Granada se trasladó a Vélez Málaga para hacer frente a los piratas berberiscos, de ahí que fuera rebautizada como Capitanía General de la Costa. Alba murió como primer virrey de Portugal tras conquistarlo en 1580 al mando de un nuevo ejército expedicionario. En 1589 se creó la Capitanía de Canarias para defender el archipiélago de los corsarios británicos. Pese a su fracaso en la empresa de Inglaterra, el duque de Medina Sidonia se convirtió en el primer capitán general del Mar Océano y Costas de Andalucía (mapa 3). Desde entonces, varios tercios de infantería ordinaria servirían ocasionalmente en la Armada hasta que Patiño crease oficialmente la infantería de marina en 1717.

Mapa 3: Organización territorial 1590

 

 

2.3. Austrias menores

En el siglo XVII se organizaron en España otros dos ejércitos de maniobra compuestos tanto por unidades veteranas como de milicias. El de Extremadura, al mando de Juan José de Austria, se desmovilizó tras la pérdida de Portugal (1668). En cambio, el estado continuado de guerra contra Francia a partir de 1635 determinó que los cinco tercios provinciales destinados a Cataluña (Burgos, Madrid, Toledo, Córdoba, Sevilla) acabaran siendo permanentes 4.

Todos los tercios que transitaban o residían en cada departamento de la Corona dependían directamente de su capitán general, cargo que podía coincidir con el de virrey pero nunca a la inversa sin experiencia militar. Su plana mayor consistía en un gobernador de las armas, un maestre de campo general de la infantería, un sargento mayor de batalla, un artillero general y sendos generales para la caballería y los dragones 5. Otros funcionarios ejercían como veedores, pagadores, prebostes, etc.

Los restantes ejércitos europeos prefirieron articularse en regimientos independientes hasta que Gustavo Adolfo organizó las primeras brigadas en 1623. Algunos historiadores atribuyen la derrota de Rocroi al rechazo de esta innovación, pero olvidan que el tercio español de Idiáquez y el italiano de Toralto, al mando del Cardenal Infante, se bastaron para aniquilar al Ejército sueco en Nördlingen 6.

A partir de 1640 las compañías de caballería comenzaron a agruparse en unidades superiores que en los Países Bajos recibieron también el nombre de tercios, mientras que en España fueron conocidas como trozos. Las Guardas pasaron su última muestra el 7 de enero de 1694 y fueron disueltas tras la paz de Rijswijk sin que ninguna unidad de caballería, grande o pequeña, recogiera su historial. Al principio los dragones se encuadraron en regimientos, pero desde 1670 lo hicieron también en tercios. En esta época se asientan las primeras contratas de uniformes, por más que el cine se empeñe en convencernos de lo contrario.

 

 

3. El Ejército de los Borbones

3.1. Felipe V

El 10 de abril de 1702, el marqués de Bedmar promulgó unas ordenanzas en los Países Bajos que Felipe V haría extensivas al resto de ejércitos el 28 de septiembre de 1704. Todos los tercios y trozos se transformaron en regimientos, y se ordenó que estos se agrupasen en campaña por brigadas. Se crearon los empleos de brigadier y mariscal de campo, siendo este el primero capacitado para mandar simultáneamente infantería, caballería y/o dragones 7. Estas reformas no impidieron que el ejército que guarnecía Nápoles fuese capturado por los austriacos en 1707, mientras que los dos expedicionarios en Milán y Países Bajos tuvieron que replegarse tres años después. El ejército peninsular cosechó mejores resultados pese a que era, en teoría, de inferior calidad y se había visto muy mermado por la defección de Cataluña, Valencia, Aragón y Mallorca al bando austracista.

Una vez obtenida la victoria de Almansa se promulgaron los decretos de Nueva Planta el 29 de junio de 1707, aunque no tendrían pleno efecto hasta el final de la guerra de Sucesión (1715). Se suprimieron todos los fueros e instituciones particulares de los antiguos reinos aragoneses y, en su lugar, España quedó articulada en doce provincias sometidas a una misma jurisdicción: Andalucía, Aragón, Castilla, Cataluña, Extremadura, Galicia, Granada, Guipúzcoa, Navarra, Valencia, Mallorca y Canaria (mapa 4).

En cada provincia se estableció un triunvirato compuesto por el poder militar (capitán general), el judicial (audiencia) y el económico (intendencia). Los derechos y obligaciones del primero fueron establecidos en la Real Instrucción de 1 de enero de 1714. Un mariscal de campo ejercía como segundo cabo y comandante en jefe de las tropas acantonadas. Cada provincia albergaba un número desigual de plazas fuertes, al mando de un brigadier o coronel. En determinados periodos la plaza de Melilla formó parte de la provincia de Granada y en otros se subordinó a la de Ceuta, que permanecía exenta al mando de un mariscal. Lo mismo ocurría con Orán, que había sido capturada por los otomanos en 1708 y reconquistada por los españoles en 1732.

Como los regimientos dejaron de pertenecer a sus coroneles, la Ordenanza de 28 de febrero de 1707 los uniformó de blanco, sustituyó sus enseñas particulares por otra con las armas reales, y les asignó un nombre perpetuo con su correspondiente blasón. Aunque seguían siendo orgánicamente autónomos, dependían ahora de las inspecciones de las armas en todo lo relativo a doctrina, orgánica, materiales, personal, preparación, contabilidad y justicia.

Una vez acabada la guerra, la Real Ordenanza de 1718 redujo el Ejército a sesenta y tres regimientos de infantería, veintiuno de caballería, diez de dragones y uno de artillería (creado en 1710). Desde la Ordenanza de 14 de junio de 1716, todos ellos estaban obligados a cambiar periódicamente de guarnición para compartir sus ventajas e inconvenientes. Muchos regresaron a Italia en las campañas de 1717, 1733 o 1740, y prácticamente todos rotaron en el nuevo ejército que se organizó en ultramar a raíz de la guerra del Asiento (1739) y la captura de La Habana por los británicos (1762). Hasta entonces, la defensa de las colonias se había basado en la distancia, la supremacía de la Armada, la experiencia bélica de los conquistadores y algunas milicias criollas.

Mapa 4: Organización territorial 1715

 

 

3.2. Carlos III

El tratado VII de las Reales Ordenanzas de 1768 estaba dedicado a la constitución de cualquier ejército destinado a obrar defensiva u ofensivamente dentro o fuera de mis dominios. En el primer caso, el mando recaía en el capitán general de la provincia; en el segundo, se designaba uno para la campaña. En su plana mayor destacaban los nuevos cargos de cuartel maestre (jefe de estado mayor) y aposentador (intendente). En 1766 se creó la provincia de Castilla la Nueva (mapa 5), que sería disuelta en 1773 y reorganizada en 1793 8. Un año antes se había evacuado definitivamente Orán.

Mapa 5: Organización territorial 1766

 

 

3.3. Carlos IV

La aplastante derrota que sufrió Ricardos durante la guerra de la Primera Coalición (1792) y la posterior adhesión incondicional de Godoy al proyecto imperial determinaron una importante transformación militar de clara inspiración francesa:

  • En 1800 se universalizó el servicio militar, que había sido experimentado por Carlos III para completar con vagos y malhechores las unidades de ultramar.
  • En 1802 se creó el Regimiento de Zapadores Minadores.
  • En 1803 los dragones se transformaron en un instituto más de la caballería.
  • En 1805 se adoptó la numeración de las unidades, aunque algunos autores suelen aplicarla de forma anacrónica en periodos anteriores.
  • En 1807 se creó la primera división expedicionaria al mando del marqués de la Romana, para contribuir en Dinamarca al bloqueo continental.

 

 

3.4. Fernando VII

A comienzos de 1808, el Ejército real constaba de cuarenta y cinco regimientos de infantería de línea, doce batallones de infantería ligera, doce regimientos de caballería de línea, doce de caballería ligera, cinco de artillería y uno de zapadores. Al atomizarse el poder tras la invasión napoleónica, cada junta provincial levantó su propio ejército articulado, como el francés, en cuerpos de dos divisiones de infantería y una de caballería, todas ellas a dos brigadas de dos regimientos 9. La artillería aportaba una batería por división y el doble por cada cuerpo, completándose este con una compañía de zapadores minadores y el tren de bagajes. Para facilitar el mando de unas unidades tan complejas, en 1810 se creó el cuerpo de estado mayor 10.

Acabada la guerra de Independencia, Fernando VII disolvió todas las grandes unidades para minimizar la probabilidad de pronunciamientos, pero no pudo evitar el de Riego con los refuerzos concentrados para ultramar. En 1823 se produjo una segunda invasión francesa y el Gobierno liberal huyó a Sevilla llevando prisionero a un monarca resentido. Cuando fue liberado, disolvió todo el Ejército por haber jurado la Constitución y el 5 de abril de 1824 levantó otro purificado. La nueva Guardia Real constituía de facto un cuerpo de ejército con una división de infantería regular, otra provincial y una de caballería.

 

 

4. El Ejército Nacional

4.1. Isabel II

Desde que la regente María Cristina otorgara el Estatuto Real de 1834, este nuevo Ejército ya no sería real sino nacional, de ahí que el Decreto de 13 de octubre de 1843 sustituyese sus enseñas por la nueva rojigualda. En 1836 se creó el cuerpo de sanidad y al año siguiente el de administración militar. En 1841 Espartero disolvió la Guardia Real y los tres ejércitos de maniobra organizados durante la primera guerra Carlista. Ese año las provincias militares pasaron a llamarse distritos, para distinguirlas de las civiles creadas por Javier de Burgos. Todos recibieron un numeral y se creó un decimocuarto segregando cuatro provincias a Castilla la Vieja (mapa 6). En 1848 las provincias recibieron su primer comandante militar y se fusionaron los distritos de Navarra y Vascongadas, que volverían a separarse tres años después.

Mapa 6: Organización territorial 1844

Las dos primeras guerras Carlistas produjeron un sobredimensionamiento del estado mayor general, ya que sus miembros no podían pasar a la situación de retirado por edad o enfermedad. Tampoco ascendían con ocasión de vacante en unas grandes unidades inexistentes, sino por antigüedad, méritos de guerra o afinidad política, por lo que el 80% se encontraba en situación de “cuartel” (disponible). Los expertos calculaban que, organizando un cuerpo de ejército por cada distrito en caso de movilización, aun sobrarían 10 tenientes generales, 100 mariscales y 200 brigadieres.

El 3 de noviembre de 1859 Isabel II nombró al ministro O’Donnell general en jefe del ejército que intervino en la guerra de África: tres cuerpos a dos divisiones, más una de caballería y los apoyos correspondientes 11. Simultáneamente se organizaron en la península otros cinco cuerpos, con una división en cada distrito afectado. El de Castilla la Nueva replicaba la articulación de la extinta Guardia Real y fue el único que sobrevivió a la reorganización de 31 de julio de 1860, convirtiéndose así en la primera gran unidad permanente contemporánea (tabla 1).

Tabla 1: Cuerpo de ejército de Castilla la Nueva 1860

 

 

4.2. Amadeo I y Primera República

Cuando estalló la tercera guerra Carlista el 21 de abril de 1872, Amadeo I designó a Serrano comandante en jefe del recién creado ejército del Norte, cuya área de responsabilidad abarcaba los distritos de Vascongadas, Navarra, Aragón y Burgos. Los restantes capitanes generales combatieron la insurrección con los regimientos residentes y los tercios de la Guardia Civil. En 1873 el Gobierno republicano organizó otros dos ejércitos en Cataluña y Valencia. El 28 de febrero de ese año se crearon las primeras compañías de telégrafos.

 

 

4.3. Alfonso XII

Una vez pacificados esos distritos en 1875, Alfonso XII redujo los ejércitos a dos: Izquierda (Burgos, Vascongadas) y Derecha (Navarra)12. Al desplazarse al teatro de operaciones para ejercer el mando conjunto, el joven rey se granjeó el apoyo incondicional, incluso, de los oficiales republicanos. Acabado el conflicto en 1876, los ejércitos de maniobra fueron sustituidos por dos de ocupación: el primero acantonado en Vascongadas, Burgos y Navarra; y el segundo, en Cataluña, Aragón y Valencia. Este se disolvió el 9 de octubre pero, a fin de evitar nuevos levantamientos, el monarca ordenó que las divisiones y brigadas que lo componían permaneciesen activas al mando de los capitanes generales de los distritos.

La guerra había demostrado, una vez más, que la división territorial se había quedado desfasada, pues complicaba el alistamiento y las operaciones. De hecho, el artículo 8º de la Ley Constitutiva del Ejército de 29 de noviembre de 1878 la calificaba ya de “provisional” y en el 11º decía lo siguiente:

El Ejército en guerra, preparación para ella y siempre que el Gobierno lo crea necesario, se organizará en cuerpos de ejército, divisiones, brigadas y medias brigadas, determinándose en cada caso la fuerza y proporción en que hayan de entrar las diferentes armas, según el objeto a que se destinen.

En 1884 el rey autorizó al ministro López Domínguez para que presentase a las Cortes una nueva división territorial, pero el proyecto tardaría en ver la luz. Al año siguiente se disolvió también el ejército del Norte, no así sus divisiones y brigadas. (Continuará)

 

 

Notas

  1. Martínez Ruiz (2008).
  2. Colección de documentos inéditos para la historia de España, volumen XXV.
  3. García Cerezeda (1873).
  4. Boeri (2002).
  5. Parker (1972).
  6. Sánchez Martín (1989-2004).
  7. Portugués (1764).
  8. Todos los cambios orgánicos entre 1768 y 1873 pueden consultarse en el Estado militar de España.
  9. Su composición puede consultarse en Gómez Ruiz y Alonso Juanola, op. cit., vol. V.
  10. A partir de 1810, toda la normativa citada puede consultarse en la Colección legislativa.
  11. Los partes detallados de las operaciones pueden consultarse en la Gaceta de Madrid.
  12. Su composición puede consultarse en Gómez Ruiz y Alonso Juanola, op. cit. vol. VII.